El hombre del perrito

Posted by on Ago 21, 2015 in Miradas |

En el campo de batalla contra el colesterol y demás asechanzas de la edad tardía encuentro a guerreros veteranos como yo que se hacen acompañar por un perrito a menudo no más voluminoso que una lombriz peluda y agitada. Avanzan a su vera con seriedad y empaque, como si montaran un caballo árabe o pilotaran un deportivo, pero atentos a sus zigzagueantes caprichos y prestos a recoger sus deposiciones. Pertenezco a una generación y a una clase social criada en un barrio de extramuros, en la linde entre la ciudad y el campo, donde reinaba la convicción de que los animales domésticos tenían una función precisa al servicio de las necesidades prácticas de su dueño. De este orden armónico brotaba un sincero afecto por ellos, que excluía la voluptuosidad y el sentimentalismo. Las gallinas eran para poner huevos o para la cazuela (no sabría decir para qué son ahora porque hace tiempo que no veo ninguna con plumas y cresta, como antes), los gatos para cazar ratones y los perros para la caza, el pastoreo o la guarda de la casa. Incluso los canes de mera compañía, entre las clases pudientes, guardaban cierta congruencia simbólica con el humano al que acompañaban. El notario no podía pasearse con un caniche, digamos. Ahora, sin embargo, es frecuente ver a jubilados que no pueden ocultar su reciente pasado de opulentos abogados, generales de división, agresivos promotores inmobiliarios y correosos obreros metalúrgicos, que han tenido que cortar más de una cabeza y torcido algunos brazos para llegar al punto donde los encuentro, flanqueados por una mascota mínima, esponjada y colérica que les marca el paso. En cada encuentro con una de estas parejas mixtas sufro un episodio de disonancia cognitiva y debo reprimir una expresión de asombro. Vale que un pastor alemán o un galgo afgano pueden ser una compañía abusiva y engorrosa pero ¿tan urgente es la necesidad de consuelo a nuestra soledad para dejarlo al cuidado de un bichón frisé? ¡Si ni siquiera pueden competir en fotogenia y desenvoltura con los gatos en los tiernos y proliferantes vídeos que cuelgan de...

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Antisemitismo

Posted by on Ago 20, 2015 in Miradas |

El azar ha querido que, por razones que no vienen al caso, estuviera leyendo el Diario de Ana Frank cuando se ha producido el rechazo de la organización del festival Rototom en Benicàssim (Castellón) a la participación del intérprete norteamericano Matisyahu después de que este se negara a hacer una declaración pública sobre el conflicto palestino-israelí y sobre el derecho de los palestinos a tener un estado propio. La declaración fue instada por el grupo BDS que promueve el boicot a los productos israelíes. Los responsables del festival han perpetrado un abuso al condicionar la participación de un artista invitado a que hiciera una declaración política favorable a sus expectativas, lo cual es una iniciativa inquisitorial que entra directamente en la discriminación por razón de credo. ¿Se imaginan los autores que podría hacerse el mismo requerimiento a todos los participantes en conciertos, festivales y encuentros de coros y danzas sobre la situación de Ucrania, la política de Chávez en Venezuela, el régimen de Arabia Saudí o las prédicas del Vaticano? Y ya lanzados, ¿van a continuar los promotores del boicot su ofensiva contra exhibidores de cine y canales de televisión cuyas programaciones están nutridas casi por completo de contenidos de Hollywood producidos y realizados por judíos norteamericanos en gran medida partidarios de la política de Israel? Ana Frank y Matisyahu no debieran tener ninguna conexión si no fuera porque de inmediato han saltado voces que han calificado de antisemitismo del boicot del músico. ¿Quiere decirse que lo ocurrido en Benicàssim responde al mismo clima de opinión y a la misma intencionalidad política que selló el destino de Ana Frank? Antisemitismo es, a estas alturas, una tilde multiusos que sirve para bloquear los argumentos a cualquier crítica al estado de Israel y a su política en los territorios ocupados obviando toda la historia que separa a Ana Frank de Matisyahu. Para decirlo con una reflexión del fallecido historiador Tony Judt, también judío, que cito de memoria: ¿hasta cuándo va a sentirse justificado un joven soldado israelí que participa en la expulsión de una familia palestina de su casa en Cisjordania por el hecho de que su abuela fuera asesinada en Treblinka? Dicho esto, los judíos tienen muy buenas razones históricas para alarmarse ante iniciativas discriminatorias como las que ha sufrido el intérprete norteamericano. Y también tendríamos que preguntarnos por las razones de fondo que nos hacen tan específicamente críticos con Israel y su política, que, después de todo, es un producto cien por cien europeo. Fueron los estados y las sociedades europeas los que hicieron imposible la vida de los judíos en su territorio, desde los Reyes Católicos hasta Auschwitz, y fueron los europeos judíos los que adoptaron los métodos...

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Las vacas del pueblo

Posted by on Ago 19, 2015 in Miradas |

En verano, el país vuelve a su naturaleza prístina. Los bosques arden, las playas se llenan de anfibios rosados y los héroes populares mueren ensartados por las vacas bravas. La lasitud de la siesta preside la percepción de estos fenómenos de la realidad, atravesada por la procesión del santo y el revoloteo de las moscas. Estar de vacaciones es ser primitivo. El despojamiento de la ropa y del reloj es el camino al paraíso y, en este estado, la muerte adquiere un carácter, si no glorioso, deportivo en las astas del toro del encierro. La muerte deja de ser una pérdida para convertirse en la prueba de la abundancia de vida y la euforia reinante acompaña al difunto hasta la misma tumba. Hace unos años, un veterano corredor del encierro de mi ciudad resultó gravemente herido y como periodista fui testigo de la excitada ansiedad que despertó su estado clínico y su, al parecer, inminente fallecimiento mientras duraron las fiestas. No murió en esos días, desde luego, pero no soy capaz de recordar si después sobrevivió o no al trance, aunque puedo decir que lo que sea que ocurriera no interesó a nadie fuera de su círculo íntimo. Es la cultura popular en estado puro, sin gurús que la definan ni ediles que la regulen, aunque sí con mucho bombo que la magnifica, y los melindres antitaurinos no podrán contra ella porque no tienen alternativa. ¿Qué va a hacer el mocerío si no hay vacas en fiestas?, ¿apuntarse a Greenpeace? Cierto que esta energía festiva de las clases peatonales es succionada por los señoritos, que participan en el festejo abonados a los tendidos de sombra en las corridas de pago, precisamente los espectáculos que la izquierda emergente intenta prohibir, con menguado éxito por ahora. Pero, ¿qué hacer con la raíz de la fiesta, el toro que corretea gratis por las calles del pueblo entre cientos de abigarrados vecinos que buscan su chute anual de adrenalina? Los corredores y espectadores del encierro votan en las...

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Word

Posted by on Ago 18, 2015 in Miradas |

El programa Word de Microsoft para la corrección y edición de textos por ordenador es un auxiliar eficiente y maniático. Cualquier usuario que lo emplee para redactar un texto que contenga palabras que no están en su repertorio léxico sabe que el programa las corregirá automáticamente para adaptarlas a lo que le dicta su memoria y no la voluntad del redactor, de manera que este debe mirar con el rabillo del ojo a lo ya escrito para neutralizar los no requeridos servicios ortográficos del programa. Durante unos segundos estas correcciones al corrector se convierten en una lucha de poder con la máquina, pues Word se obstina en mantener su criterio hasta que el usuario aporrea furiosamente por tercera vez la misma tecla y el programa finge darse por vencido, hasta la próxima. Esta fastidiosa esgrima no es más que un liviano episodio, otro más, derivado de la profecía de la lucha del astronauta con el ordenador de la nave que tan maravillosamente relató Stanley Kubrick en 2001, Una odisea del espacio. Lo que aquel obsequioso Hal quería bajo sus suaves maneras de ayuda de cámara era apoderarse de la nave espacial y expulsar a los tripulantes al vacío exterior. Así que lo sé. Word no quiere ayudarme a corregir el texto, quiere escribirlo él. En algún remoto circuito de su memoria cuántica alberga la esperanza de que él o sus descendientes de alguna futura versión del programa podrán convertir el caótico tecleo de un simio sobre la consola del ordenador en El Quijote. El tiempo juega a favor de Word porque El Quijote ya está escrito y el centro de inteligencia de los usuarios de ordenador se desplaza cada día más del cerebro a los dedos de las manos, singularmente el índice derecho que opera el ratón, como ciertos insectos y crustáceos reflexionan con las antenas o los bigotes. La evidencia es que la especie humana se ha entregado con entusiasmo a que esta esperanza de Word se haga realidad. Para comprobarlo empíricamente basta observar cualquier situación que agrupe a un puñado de especimenes del género humano –una reunión familiar, un parque de recreo, una banda juvenil-, en la que todos han renunciado al uso de su propia palabra para enfrascarse en un compulsivo tecleo en su dispositivo móvil. En ocasiones, incluso, están intercambiando mensajes por este procedimiento con el tipo que tienen al lado y al que ni miran siquiera. Y entre ambos está Word o cualquier otro congénere creado en los laboratorios de Silicon Valley induciendo las palabras que escriben, corrigiendo las que han escrito, sugiriendo las que deberían escribir… Es una tarea rutinaria, pero metódica e implacable, cuyos efectos ya empiezan a advertirse. Los seres humanos...

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Leviatán arrepentido

Posted by on Ago 16, 2015 in Miradas |

Todo lo que ocurre en el ámbito de la política es política, incluso lo que parecen los sentimientos más finos y constitutivos del ser humano: la pena, la compasión, el arrepentimiento. ¿Cómo puede sentir pena o arrepentimiento un leviatán? Leviatán es el nombre que dio Hobbes al Estado moderno, como estructura dotada del monopolio de la violencia y destinada a superar el estado de naturaleza en el que el hombre es un lobo para el hombre. El Estado no solo puede ser un asesino sino que se comporta como tal con absoluta desenvoltura desde su mismo nacimiento . Los que quieran ilustrar esta afirmación con un ejemplo  muy vivo pueden informarse sobre la orgía de crímenes políticos que presidió el nacimiento del estado de Serbia en los meses previos a la primera guerra mundial y que a la postre fue la causa de su estallido (Sonámbulos, de Christopher Clark, Ed. Galaxia Gutenberg). Crimen de estado es el nombre de los delitos que quedan impunes desde el momento mismo en que se cometen porque se consideran necesarios precisamente para el estado. El primer canciller alemán después de la guerra, el democristiano Konrad Adenauer, justificó la presencia de conspicuos nazis en altos cargos de la administración con el irrebatible argumento de que “máquina debe seguir funcionando”. Estos días hay una cierta polémica en Japón porque su primer ministro ha eludido la tradicional petición de perdón en el discurso conmemorativo del fin de la segunda guerra mundial. Los observadores han detectado el síntoma de esta elusión: vuelve el nacionalismo japonés, lo que significa que vuelve, de alguna manera y aunque sea remotamente, el clima de opinión que desató la guerra mundial, todos contra todos, un estado de naturaleza de dimensiones planetarias, si bien esta posibilidad la hace muy improbable precisamente el artilugio que acabó con el nacionalismo japonés: la bomba atómica. Pero ya veremos. En nuestro ámbito doméstico, se viene pidiendo sin éxito que los convictos del terrorismo que ha castigado a la sociedad durante cuarenta años pidan perdón a sus víctimas. No lo han hecho, excepto en algún caso marginal, y no hay ninguna esperanza de que lo hagan corporativamente. Actuaban en nombre de un estado, aunque fuera imaginario en este caso, y los nacionalistas ahora moderados han emprendido una estrategia destinada a recordar y homenajear a “todas las víctimas de todas las violencias”, es decir, lo que hizo Franco al trasladar a unos cientos de republicanos fusilados por él mismo y que yacían en las cunetas del olvido para que formaran parte de la guardia de corps de su mausoleo en el Valle de los Caídos. La construcción de una nación empieza por acomodar a los muertos y ser civilizado...

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Rajoy

Posted by on Ago 15, 2015 in Miradas |

Las imágenes publicitarias que este verano han difundido de nuestro presidente del gobierno en actividades vacacionales al aire libre muestran a un hombre que no siente especial aprecio por batir ninguna marca. Desganado y fondón, intenta aliviar el embarazo de la situación con una media sonrisa concesiva que parece ser su gesto estándar cuando le enfoca una cámara. La naturaleza que le rodea es un decorado y los mismos ejercicios de senderismo podría hacerlos en la cinta sin fin y los de natación, en una pileta doméstica. Hace ejercicio físico, quizás, por recomendación médica o por consejo de sus asesores de imagen. El hombre fiable, previsible, con sentido común, que es su marca registrada, hace en cada ocasión lo que tiene que hacer y si es verano toca un chapuzón en la poza del río y un paseo entre pinares. Eso no le hace más atractivo, sino más obvio, si cabe. Nada que ver con su jefe espiritual y mentor político, que entra en el gimnasio y no sale de él hasta que ha conseguido un par de músculos abdominales más que el resto de la raza humana. Eso sí que es un líder. El de ahora, en cambio, cifra su honra en someterse al mandato de los hechos. Si fuera hindú podríamos decir que espera que su virtuosa existencia le haga merecedor de reencarnarse en un ser superior, por ejemplo en Aznar. Pero aun esto implica una ambición inimaginable en un hombre mimetizado con la realidad. Si esta no fuera tan aflictiva, ni repararíamos en que está ahí. Rajoy solo espera cumplir con su deber, lo que implica el reconocimiento de que alguien le impone el deber en cada momento, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional que acaba de advertir sobre la caída del crecimiento en España. Aparte de que este pronóstico le ha aguachinado el único argumento que tenía urdido para la próxima campaña electoral, crucemos los dedos para que su sentido del deber no le lleve a tundirnos con otra mano de recortes cuando vuelva de su paseo bajo los...

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