Comparaciones odiosas

Posted by on Ago 27, 2015 in Miradas |

Que yo recuerde a bote pronto, solo dos personas, aunque hubo sin duda muchas más, pusieron en evidencia el carácter amenazador de Hitler cuando éste era solo el recién llegado canciller de Alemania y no el criminal de guerra y genocida que luego llegó a ser. Una de estas personas fue el periodista Sebastian Haffner; el otro, el cineasta Charles Chaplin. El primero no llegó a publicar sus memorias en 1939, cuando las escribió (Historia de un alemán, Ed. Destino, 1997), y el segundo encontró toda clase de reticencias para producir El gran dictador, que pudo ser estrenada en 1940, cuando ya Hitler había empezado su belicosa campaña en Europa y entonces, sí, fue un gran éxito. En España no pudimos verla hasta 1976 porque, en la burbuja fascista en que vivió el país hasta ese año, Hitler era un personaje respetable que quiso el bien de Alemania y tuvo mala suerte porque sus enemigos -el contubernio judeomasónico- eran más fuertes. Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos que ha amenazado con la deportación de 11 millones de inmigrantes, con la erección de un muro en la frontera con México y con la condena a la condición de infraciudadanos a los hijos e inmigrantes sin papeles “no es Hitler culpando a los judíos de todos los males”, escribe hoy en la prensa en periodista mexicano Jorge Zepeda Patterson, en una recensión ponderada y cauta del personaje. Pero ¿es que acaso Hitler era Hitler antes de 1939? Lo que se juega en este envite es que el tipo que propone las brutales medidas antimigratorias (los judíos de los años treinta son hoy los emigrantes en el mundo desarrollado) estará al frente de la primera potencia del planeta si los votantes lo hacen posible, como de hecho hicieron posible el ascenso del dictador nazi. De momento va en cabeza de las encuestas y ya ha conseguido poner a su estela a los demás candidatos de su partido, que pujan desesperadamente por acercarse al éxito de sus delirantes propuestas. Hitler era un alemán típico, como Trump es un norteamericano típico. Ninguno de los dos oculta ni sus orígenes ni sus metas. El primero, ex combatiente de la guerra, como millones de sus compatriotas, postulaba que su país emergiera de la humillación y la derrota. El segundo, un ricacho como aspiran a serlo millones de sus compatriotas, quiere elevar a una categoría sublime el modo de vida americano. En ambos casos, el proyecto es ampliamente compartido por los suyos y excluyente para los definidos como otros. En ambos casos, exhiben una apariencia extravagante y sin embargo común en la moda de la época: Hitler con su bigotito y su...

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Tigres de papel

Posted by on Ago 26, 2015 in Miradas |

Ha regresado del olvido esta poética expresión del Presidente Mao, en gloria esté, gran timonel de la revolución, adorado por un sinnúmero de izquierdistas del mundo, incluidos los seminaristas de mi pueblo, al ver la lluvia de órdenes de compraventa, pagarés, bonos y demás títulos financieros hechos trizas sobre el parqué de la bolsa del Shangai, y que amenaza con formar un tsunami que anegará los palacios bursátiles de Frankfurt, Nueva York, etcétera. Tigre de papel. La expresión originaria aludía al imperialismo capitalista que gobernaba Estados Unidos y amenazaba a los pobres de la tierra. Jesús, jesús, la de cosas que hemos visto, maese Shallow. Ya lo puede decir, maese Falstaff, cuando éramos jóvenes la realidad estaba protagonizada por las masas y era rotunda y opaca como una bola de billar, así que el único modo de conocerla era a través de la poesía y en este terreno Mao Tse Tung, como se decía entonces, era un virtuoso. Su reinado estuvo jalonado por la Larga Marcha, las Cien Flores, el Gran Salto Adelante, la Revolución Cultural y otros poemas menores cuya memoria dejo al cuidado de Google y que parecían la colección de cartas de un inspirado recluta del ejército rojo a su novia. Llegamos a creer que aquellos jovenzuelos enardecidos y fanáticos, ataviados de obreros ferroviarios, que torturaban en la calle a los llamados revisionistas eran la reencarnación de Baudelaire y Rimbaud. ¡Qué carajo, los chinos, cuidado que se dan maña para tenernos en vilo! ¿Se acuerda de cuando se decía que si todos los habitantes de China dieran un saltito al unísono se alteraría el eje de rotación de la Tierra? Pues ya están otra vez aquí dando saltitos, maese Shallow. Antes todos queríamos ser proletarios para imitar a los chinos y ahora todos somos capitalistas para imitarlos también, sus tasas de crecimiento, su expansión inversora, su capacidad de trabajo sin horarios ni seguridad social… Ya lo puede decir, maese Falstaff, siempre queremos ser chinos, proletarios o capitalistas, pero chinos, y siempre jodidos, como los chinos. (Largo silencio). ¿Se da cuenta de lo mucho que hemos vivido, maese Shallow, lo vertiginosa que ha sido la vida que ha pasado a través de nuestros huesos? Yo desfilé una vez con el Libro Rojo de Mao en la mano y ahora mi fondo de pensiones se ha ido por el desagüe de la bolsa de Shangai. El tiempo lineal y el progreso, maese Falstaff, son supersticiones occidentales; los chinos no creen en...

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El desierto

Posted by on Ago 25, 2015 in Miradas |

No es casualidad que las religiones del Libro hayan brotado en el desierto. Un dios abstracto, omnívoro y amenazadoramente eterno necesita el vacío para medrar: un lugar donde habitan los espejismos visuales y las alucinaciones auditivas y las zarzas arden sin consumirse a la puesta del sol. Al contrario que sus congéneres de otras partes del planeta, el dios de los beduinos no nació de una leyenda ofrecida por la naturaleza en la que participan la lluvia, las flores, los ríos, las nubes y los pájaros, sino que fue revelado por el silbido del viento entre las rocas peladas y el cielo incendiado sobre la cabeza. Su historia no es un cuentecillo que dé solaz en el fuego de campamento sino una fatigosa construcción teológica, una interminable pirámide de disquisiciones y mandatos que no tiene fin porque su propósito es llegar al cielo. El vengativo dios del desierto empuja a las caravanas a emprender la marcha, las hostiga por el camino y las espera en el punto de destino para pedirles cuentas. Los adeptos al Libro están, en consecuencia, aquejados de ansiedad, de intransigencia y, en último extremo, de nihilismo. Si su dios está en todas partes, ¿dónde están ellos?, ¿y qué deben hacer? Las tres religiones del desierto han seguido rumbos diferentes. Los cristianos se instalaron pronto en Roma y Bizancio -las babilonias de la época-, codificaron férreamente las enseñanzas del Libro para evitar disidencias y hacerlo manejable para la autoridad, y levantaron sendos imperios en oriente y occidente que les permitieron gozar sin medida de los frutos del paraíso terrenal reconstituido. Los judíos, a su turno, llevaron su desorientación y el susurro de sus plegarias por todo el mundo hasta que una señal (bien contundente, por cierto) les ordenó el retorno al desierto donde les esperaba una parcela de tierra prometida, no importa que hubieran nacido desde generaciones atrás en Cuenca, Vladivostok, Buenos Aires o Ciudad del Cabo. La tercera corriente de adeptos del Libro, los musulmanes, nunca abandonaron el desierto (no puede decirse que Al-Andalus fuera un vergel antes de que llegaran los huertanos árabes) y, por el contrario, se vieron invadidos en él, así que han iniciado su reconquista. La destrucción de los monumentos de Palmira por los fanáticos del estado islámico es un intento de restaurar el vacío primigenio. La dinamita abate la arquitectura y deroga la historia, hace tabla rasa del espacio y del tiempo, y devuelve los sillares tallados a la arena de la que proceden. Ahora, los fieles podrán oír sin interferencias la revelación que silba entre las dunas bajo el cielo...

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Bocazas

Posted by on Ago 24, 2015 in Miradas |

La portavocía de un partido político es un empleo de alto riesgo, y, si es del partido actualmente en el gobierno, linda con el suicidio. La principal función de este personaje es evitar, o desviar si no se puede otra cosa, la lluvia de cascotes que trae la realidad y para ello debe improvisar una cubierta tallada en el lenguaje de madera del partido, hecho de omisiones, medias verdades, mentiras enteras y consignas autoritarias contenidas en el orden día, llamado ahora argumentario. De modo que los que ocupan este puesto suelen ser gente intrépida y un tanto inconsciente, de los que no se sabe si se sienten tan jóvenes como para arrostrar cualquier riesgo o tan viejos como para que les importe un comino las consecuencias. La imagen que queda de la anterior nómina de portavoces populares –los Pons, Pujalte, Floriano, etcétera- es la unos tipos con la piel abrasada por la sobreexposición a la evidencia de los hechos. A veces me pregunto cómo se presentarán ante sus nietos en las fiestas familiares. La nueva hornada de portavoces para sustituir a los quemados está encabezada por un joven que opositó al puesto con una humorada grotesca proferida ante todo el partido reunido en asamblea, en la que se atribuyó gaseosamente haber detenido a los tanques en la plaza de Tianamen y haber tirado con sus manos el muro de Berlín. Con ese currículo y la osadía de proclamarlo, lo menos que podía hacer su partido es nombrarle portavoz. He vuelto a pensar en este selecto cuerpo de héroes –como los bomberos de Nueva York, digamos- al leer las declaraciones del portavoz popular en el consistorio de Madrid (del que obviaré su nombre por pereza y para facilitar la tarea al olvido) sobre las vacaciones de la alcaldesa. El arriscado edil ha adoptado un tono de profeta bíblico: «La alcaldesa puede gastarse su dinero como quiera, pero en una situación de crisis en la que muchos madrileños no han podido irse de vacaciones, un cargo público tiene que ser ejemplar en su conducta». Vamos a ver, si los datos alegados sobre el gasto en las dichosas vacaciones por quienes los han gastado son ciertos -4.000 euros de alojamiento para 8 personas durante 10 días-, quiere decir que la alcaldesa ha pagado 50 euros por noche, menos de la tarifa de un hotel medianito. Si a este precio ha conseguido unas “vacaciones de lujo”, como dice el profeta municipal, quiere decir que la alcaldesa es una chica muy lista y tiene ojo para detectar las oportunidades en los buscadores de Internet. ¿Creen ustedes que este sencillo cálculo enmendará la tendencia a las bobadas del Isaías madrileño? Ni lo piensen, esta clase...

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Héroes

Posted by on Ago 23, 2015 in Miradas |

Cuánto nos gustan las historias en las que la princesa se salva de las fauces del dragón por la intervención in extremis del caballero armado. Es una leyenda de los tiempos del Rey Arturo, cuando el Imperio Romano estaba en el desguace y había que dar sentido a los innumerables soldados de las legiones desperdigadas que andaban por los caminos en busca de empleo. Llega la caballería, dicen en los telefilmes los inocentes colonos, viejos, mujeres y niños, cercados por los indios, cuando oyen a lo lejos el trémolo del cornetín de órdenes.  La última versión de esta historia heroica se reencarnó hace un par de días en el tren Ámsterdam-París, cuando dos marines, rangers, rambos o lo que fueran en el ejército norteamericano saltaron de la pantalla del televisor para salvar a los pasajeros del vagón de una muerte segura a manos de un fanático que empuñaba un fusil ametrallador. Ojo, ninguna broma cuando alguien salva la vida, aunque sea de una manera tan inopinadamente novelesca. Leo estos días los diarios de Victor Kemplerer, el lingüista alemán y judío, que también se hurtó a la cámara de gas por una inesperada y contundente intervención de los buenos. El día en que esperaba una inmediata citación del cuartel de la Gestapo en Dresde para su segura liquidación, 13 de febrero de 1945, los aliados arrasaron la ciudad desde el aire. Él y su esposa sobrevivieron entre los escombros pero el cuartel de la Gestapo no. Desde que lo sé, estoy dispuesto a creer que el bombardeo de Dresde, una ciudad bellísima, fue un acto de justicia. En el tren francés, el trámite se ha zanjado con menos ruido, pero los soldados salvadores pertenecen a la misma orden de caballería que los pilotos que salvaron la vida a Kemplerer. Desde aquella fecha, no podemos vivir tranquilos sin ellos a nuestro lado. En esa ensoñadora historia, el único personaje difícil de imaginar es el dragón. La dama y el caballero exhiben rasgos nítidos y claros, si bien también estereotipados, pero el dragón es oscuro, de perfiles borrosos y formas mutantes, y sin embargo es el más real de todos. En esta ocasión el dragón era una lagartija solitaria y rabiosa, criada en un humus de pobreza, desarraigo y fanatismo religioso que no desaparecerá cuando los demás personajes se hayan ido a sus hogares a celebrar su increíble suerte y nosotros los hayamos...

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La Tsipríada

Posted by on Ago 22, 2015 in Miradas |

La quebradura del partido de Alexis Tsipras, la dimisión de este al frente del gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones son la vajilla rota en el enfrentamiento de la izquierda griega con la troika, el eurogrupo o como se llame esa quimera que planea sobre nuestras cabezas y vela por nuestro bienestar. Los griegos tienen una larga tradición folclórica de enfrentamientos de héroes con entidades fabulosas, y quizás creyeron que podían repetir con éxito la jugada de Teseo o de Jasón. Se equivocaron porque, en el nuevo Olimpo, el único excedente de cupo son los héroes. Así que Grecia ha puesto en marcha el mecanismo democrático -que, como su nombre indica, es una cosa propia de plebeyos y menestrales- de renovación del gobierno para adecuar a la nación a las exigencias de la quimera. Hace algún tiempo, aunque los griegos parecen haberlo descubierto ahora, que la democracia no es expresión de la soberanía nacional, y mucho menos la plataforma para asaltar los cielos, como dicen los nuestros, sino la fórmula de alcanzar un consenso dirigido a satisfacer las exigencias de los dioses mayores, que, como es lógico, están ahí y no han sido elegidos por ningún mortal porque de lo contrario no serían dioses. Como los precedentes aqueos ante las murallas de Troya, los griegos contemporáneos discuten la estrategia a seguir. Ahora viene un periodo de marrullerías, pactos y puñaladas en sede parlamentaria que ya no se corresponden al periodo clásico sino que proceden de la tradición bizantina. En un destilado exquisito de esta tradición, la derrotada izquierda se fragmenta para constituir la unidad, a la que, según costumbre, ungen con la púrpura del calificativo popular. Lagarto, lagarto. No hay ninguna formación que haya ganado las elecciones con el logo de Unidad Popular, o que no haya sido derrotada a la primera oportunidad e incluso expulsada por la fuerza después de un pequeño periodo de euforia. La única circunstancia en que lo popular gana las elecciones es cuando representa a una impopular elite de afectos a la quimera. Los románticos griegos debieran fijarse en la vecina España, donde han desaparecido los héroes y el gobierno está dirigido por un popular hombre corriente, paradigma del sentido común y que hace en cada momento lo que hay que hacer y, como Edipo, sin saber muy bien lo que...

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