El misionero (Richard Loncraine, 1982) es una comedia británica cuya primera secuencia muestra a un pastor anglicano sentado a la sombra de una acacia en la sabana de África Oriental con un grupo de adolescentes nativos, pastores de vacas, a los que ilustra con infinita paciencia sobre la verdad del mundo. Vamos ahora con una fácil, insiste el abnegado clérigo, ¿en qué año se firmó la Carta Magna? Este gag fue no hace tanto tiempo la expresión literal del proceso de aculturación que practicaron las potencias europeas sobre las sociedades colonizadas de África, América y Asia, a la vez que saqueaban sus riquezas materiales y humanas. Hoy es un chiste que provoca una fastidiosa sonrisa.

También los franceses ejercieron esta pedagogía. Los manuales escolares de los niños de Senegal, Camerún y otros países del África Occidental empezaban con el introito: nos ancëtres les gaulois. También parece un chiste. En España, donde la desmemoria es la garante de la supervivencia del país, todo esto ocurrió hace tanto tiempo que podemos hiperventilar con Hernán Cortés y Malinche y enviar a tierras de México a doña Cayetana, que, como el misionero de la película, ilustra a los mexicanos sobre lo que son y lo que nos deben. La ignorancia es muy atrevida, decían nuestras abuelas, pero es peor: la ignorancia sistemática está a punto de convertirse en el patrón dominante del discurso público. La barbarie es cool y en este contexto va don M. Rajoy y suelta su chistecillo de casino rural, que ha alterado a sabiendas el clima de la semifinal del mundial de fútbol.

Lamine ha respondido con acierto a la provocación de don Rajoy: Si el fútbol sirve para algo es para integrar a la sociedad. Lamine Yamal es más importante para España que el ex presidente don Rajoy. Y no solo porque del futbolista depende en gran medida el resultado del partido de esta tarde, ni porque es joven frente al vejestorio que no renuncia a expeler ocurrencias malintencionadas, sino porque representa los valores que salvarán a Europa, saboteados sistemáticamente por los don rajoys de todos los casinos reaccionarios del continente.

Lamine y Mbappé pertenecen a una generación y a una época en la que los futbolistas no sólo dan patadas al balón sino que saben por qué lo hacen y qué significa para ellos mismos y para los suyos, sus padres, hermanos y vecinos con los que comparten una epopeya histórica. ¿Quieres ganarles la partida? Pues corre, regatea, controla, pasa y chuta mejor que ellos. Eso es el fútbol; eso es la vida. Pero como diría un camastrón gallego, it is very difficult todo eso.

Asistiremos al partido de esta tarde con la esperanza de que gane el futuro.

Fotografía de la Selección Española de Fútbol.