La dimisión clarea el escenario, rebaja la tensión emocional del público y favorece la investigación del suceso por un poder independiente. Es un gesto de probidad y gallardía, palabras en completo desuso. Tan en desuso como la dimisión misma.
Un tuitero al mando de la nave
No hay duda de que el ministro es un hombre de partido, robusto y belicoso en sus convicciones, y, por lo que dice su currículo como alcalde de una ciudad de dimensión media, un buen gestor, pero ahora mismo carga con dos accidentes ferroviarios ocurridos en menos de nueve meses con un saldo de 110 fallecidos.
Relevo en la guardia pretoriana
Pero ha llegado el momento de afinar un poco los argumentos y, sobre todo, la calidad de los guardianes de la finca. Los ladridos terminan por enervar a todo el mundo, así que el líder se ha hecho flanquear en la lista de Madrid por doña Cayetana Álvarez de Toledo (2ª) y don Borja Sémper (3º), en puestos de salir, como suele decirse.
Un califa contra el califato
En este paisaje planetario, don Abascal es una partícula procedente del casticismo hispánico, hecho de épica zarzuelera, ideas extravagantes, resentimiento autoritario y terratenientes a caballo con un pistolón al cinto. La mala noticia es que si se cumplen el pronóstico de las encuestas será nuestro vicepresidente del gobierno en unas semanas.
Gabriel Rufián, demagogo
Los demagogos medran en tiempos de desorientación -en la antigua Atenas hicieron su agosto tras la muerte de Pericles- y esos tiempos han vuelto, sobre todo en la república de la izquierda/izquierda, donde los pericles surgidos hace una década están notablemente descoloridos por el vértigo de los acontecimientos.