La constancia del ‘knut’

Posted by on Ene 15, 2017 in Miradas |

La participación, hace unos días, en un club de lectura sobre Albert Camus me llevó a repasar su obra y entre las páginas de uno de los volúmenes que conservo en casa encontré el programa de mano de una remota  representación de Los justos, que pusimos en escena un grupo de amigos cuando aún no habíamos cumplido los veinte. El retorno a la lectura de Camus me devolvió el gozo que este escritor me produjo entonces y que, por lo que he podido comprobar ahora, aún conservo diría que intacto. Los justos, como es sabido, versa sobre el dilema moral que se plantea un grupo de revolucionarios rusos ante la posibilidad de que el atentado que planean contra un alto cargo de la autocracia zarista pueda acarrear la muerte de los niños que le acompañan. Un interrogante de absoluta actualidad, como vemos, por ejemplo, en Alepo. En un momento de sus deliberaciones en busca de argumentos para llevar a cabo su propósito, los revolucionarios se preguntan: ¿cómo construyó Pedro el Grande San Petersburgo?, con sangre y latigazos. San Petersburgo es una ciudad muy hermosa, abierta al mar, de amplias avenidas sobre los canales del Neva y un urbanismo claro y racionalista, levantada durante la Ilustración para significar que Rusia era una potencia moderna. Pero el látigo (el knut mongol, cuyo nombre aprendimos también en las novelas y tebeos de la infancia) estuvo presente en su construcción y, al parecer, nunca ha abandonado la cultura política rusa. El paraíso comunista también quiso construirse con unos que empuñaban el knut contra otros, con los resultados sabidos. Ahora, el parlamento de Moscú se propone despenalizar la violencia doméstica contra mujeres y niños. La razón es que la legitimidad del estado se basa en la familia patriarcal y el jefe de la familia, epígono del padrecito zar, debe estar aforado por los métodos que emplee para ejercer su autoridad. Toda legislación tiene una casuística y, en este caso, el maltratador no puede repetir la paliza en un año si no quiere verse incurso en un proceso penal. El legislador, pues, ha dado un plazo para medir la eficacia del castigo, la contumacia del castigado y quizás también para que se curen los hematomas pero no el recuerdo que dejan en el alma. Vuelve, pues, el knut del mismo modo que volvió el manganello en la Europa de los años treinta del siglo pasado, y es que resulta una ingenuidad creer que el nuevo orden mundial que se avecina pueda imponerse sin repartir unos cuantos mangazos a los díscolos. En Los justos la violencia es referencial, obscena en el sentido clásico de que ocurre fuera del escenario, y lo que se dirime en el...

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Tinc tanc

Posted by on Ene 14, 2017 in Miradas |

El término inglés think tank suena en castellano como un toque metálico con un leve eco; un golpecito de aldaba sobre una superficie blanda, sin apenas resonancia; un timbrazo en la puerta de alguien renuente a abrirla. Esta figuración fonética del término se corresponde con la realidad de lo que es y hace este artefacto: nadie lee, ni atiende, ni comprende, ni está interesado en lo que hay detrás de un tinc tanc. Quien va con uno de estos chismes por la vida se ve a sí mismo como un rey mago a la puerta de una expectante familia que aguarda la munificencia de los regalos que trae consigo pero, al otro lado de la puerta, en el interior de la vivienda, la familia ve al recién llegado como un fastidioso mendigo que viene a sacarles unas perras y a amargarles la cena de navidad con sus murgas. Este es exactamente el papel que hizo Aznar –rídículo a fuer de solemne, cómico a fuer de sombrío- hace unos días con la re-presentación de su artilugio. La familia del pepé, para la que ex líder carismático se ha convertido en un maldito engorro, ya está pensando en poner en marcha otro tinc tanc sustitutorio, que es como cambiar la cerradura de casa. Al distraído estilo decimonónico de Rajoy el cachivache podría llamarse humanismo y democracia, un título que evoca el polvo y las telarañas que acumula el expediente en un tiempo en que humanismo y democracia están siendo concienzudamente baqueteados en las políticas gubernamentales de todos los países, incluidas las del propio Rajoy. Si faes sugiere la voluntad acerada y resuelta que su patrón aprendió en sus contactos con la exitosa ultraderecha norteamericana, humanismo y democracia parece la previsible homilía dominical en una parroquia rural cuyo primer banco, tapizado de terciopelo, ocupa el registrador de la propiedad y su familia. La función básica de los tinc tanc es dar empleo a algunos individuos que anidan en las insaciables redes clientelares de los partidos y fingir que el partido piensa, no por sí mismo, como sería su obligación (nada menos parecido al intelectual orgánico gramsciano que un partido español), sino por medio de lo que podríamos llamar una inteligencia externa. En el caso de la fundación de Aznar, la inteligencia externa del pepé ha llegado al punto de independizarse del cuerpo que habitaba, en la onda futurista de la rebelión de los robots, y este extraño acontecimiento ha avivado las especulaciones sobre si la inteligencia aspira al poder por sí misma, vale decir, si Aznar va a crear un partido. Sería el último paso de la dominación de la inteligencia artificial sobre el humanismo y la democracia, que ya anunció el...

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Héroes desvanecidos

Posted by on Ene 13, 2017 in Miradas |

Los viejos soldados no mueren, solo se desvanecen. Esta máxima del militarismo romántico está asociada en mi imaginación, no sé si con acierto, al recuerdo de una escena de una de las películas que John Ford dedicó a la caballería, quizás Fort Apache o La legión invencible, de tal modo que puedo ver a un escuadrón de jinetes uniformados de azul con un pañolón al cuello que se alejan de la mirada del espectador mientras les envuelve el polvo que levantan sus monturas. Esta mañana, durante el ritual café con Quirón, nos ha asaltado uno de esos héroes, un curtido sindicalista de los setenta, la época cenital del movimiento obrero en la provincia, ya jubilado, que aún mantiene el vivac en la escombrera que es hoy el pesoe, su partido de siempre. Es un buen hombre y un militante comprometido, activo en los foros digitales de su cuerda y al que puede verse en las manifestaciones por todas las causas progresistas que se celebran en la ciudad. Ahora bracea en el gigantesco vacío creado por la izquierda del país. El veterano está empeñado en contagiarnos su perplejidad porque los sindicatos han renunciado a movilizar a los trabajadores y  a la sociedad en esta circunstancia de crisis, y, en sus palabras, no hay poder político sin el poder social en la calle. La organización de una huelga general es factible, si se prepara bien, afirma. La perorata discurre en piloto automático y es impermeable a nuestras objeciones, ya se sabe, los cambios habidos en la estructura de la clase obrera, la acomodación institucional de los aparatos sindicales, su poder menguante entre el precariado de los nuevos empleos, la globalización, y todo eso. El viejo héroe continúa impertérrito su arenga mientras sorbe el café que se ha quedado frío.  El encuentro llega a su fin, el héroe se queda solo con su periódico del día y, antes de despedirnos, apostilla que está indignado, lo que da ocasión a recomendarle que cuide su ritmo cardíaco porque la única responsabilidad de los viejos es con nosotros mismos. No estamos muertos pero sí desvanecidos, en blanco y negro entre el polvo del desierto que nos envuelve, como los neblinosos soldados de John Ford. No sé qué clase de encanto exultante encuentran los románticos al estado de desvanecimiento de los héroes, lo que significa algo peor que convivir con tu sombra, es saberte convertido en sombra tú mismo. “La izquierda se está llenando de personajes del Amenábar de ‘Los otros’: muertos, políticamente hablando, que no son conscientes de que lo están”, como escribe hoy Andrés Ortega en la pieza enlazada más...

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Liquidez

Posted by on Ene 12, 2017 in Miradas |

El destino de los humanos es enamorarse de sus palabras. El lenguaje es un intermediario con la realidad que a menudo se emancipa de su función para sostenerse en el aire por sus propias fuerzas, sin anclaje alguno en los hechos sensibles, ante la mirada de los boquiabiertos hablantes que asisten a este fenómeno con el candor y la entrega con que los pastorcillos de antaño asistían a las apariciones de la virgen. Es un fenómeno de ocurre de oficio en la poesía pero también en la filosofía, en el derecho, en la política, desde luego, y, para sorpresa de todos, en las ciencias donde la preeminencia de los hechos debiera ser indubitable. Últimamente lo venimos experimentado, o más bien sufriendo, en las llamadas ciencias económicas, pero no solo. En este universo del lenguaje como fenómeno estético y exorcismo contra los maleficios de la realidad, un cierto de número de palabras adquieren rango de primadonna durante una temporada. Populismo es una de ellas. Otra es líquido. Un adjetivo venturoso  que ha venido acompañando a innumerables sustantivos abstractos durante los últimos veinte años: vida líquida, amor líquido, miedo líquido, tiempo líquido, arte líquido, y englobándolas a todos, modernidad líquida. El artífice de esta navaja suiza de uso semántico, el sociólogo Zigmunt Bauman, falleció hace unos días, justo en el momento en que caducaba su invento como herramienta de interpretación de la realidad. La liquidez se ha terminado en todos los sentidos que le da el diccionario: la de los bancos, la de la caja de las pensiones, la del bolsillo de los asalariados, la de las agencias de asistencia social, la de hacienda, etcétera, quizás con la excepción de la alojada en las cavernas de los paraísos fiscales, y, en consecuencia, la abrupta realidad que envolvía la liquidez ha quedado al descubierto. No creo que personajes tan pedregosos como Trump, Putin y compañía, los nuevos amos del mundo, puedan ser calificados de líquidos sin que respondan a la alusión con un sólido puñetazo. El hallazgo de la condición líquida de la sociedad y de sus instituciones y valores puede entenderse como un espejismo del descubridor de la palabra. Bauman, un judío polaco nacido en 1925, recorrió el siglo acosado por fuerzas de muy sólida composición y extrema brutalidad, así que la dilatada verbena neoliberal del último decenio del siglo, a la que asistió en el ocaso de su existencia, le debió parecer, por contraste, líquida. Lo cierto es que la lluvia benéfica ha terminado y con ella el tintineo de los manantiales y la feraz vegetación que nos envolvía a todos, y lo que queda es el desierto que pinta 2001 Odisea del espacio, poblado de primates que aprenden a...

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Los alemanes tienen un plan

Posted by on Ene 11, 2017 in Miradas |

La fuerte lluvia irrumpe en el paseo vespertino e invita a entrar en la biblioteca pública al otro lado de la plaza. El paseante deja el paraguas a la entrada y distrae la mirada por los anaqueles dedicados a la historia, y la casualidad o la querencia le llevan a un volumen de Laurence Rees, que ya había leído años atrás y que contiene parte del material documental que el autor utilizó en sus célebres programas de la bebecé sobre la última guerra mundial. Los verdugos y las víctimas es el explícito título de la colección de entrevistas que constituyen la materia del libro. El lector vuelve a las cansinas argumentaciones y excusas de los funcionarios del exterminio nazi que se fueron de rositas tras la guerra y reemprendieron una respetable existencia en la próspera Alemania de posguerra. Los entrevistados sin excepción reconocen que fue su convicción de la responsabilidad de los judíos en la penosa situación de su país lo que alentó sus actos y los despojó de cualquier sentimiento de culpa ante las atrocidades en las que participaban. Lo cuentan con la naturalidad y el distanciamiento de un sociópata que se siente a salvo de la justicia. Nada nuevo. El antisemitismo ha sido sin duda la más tenaz ideología de odio que ha segregado Europa a lo largo de su historia y a finales del siglo diecinueve y primer tercio del veinte impregnaba toda clase de discursos y publicaciones y estaba universalmente aceptada en las elites, en la clerecía y en el pueblo llano. Al evocarlo, se produce una asociación de ideas en el lector sobrevenido por la lluvia. Esa misma tarde ha leído que alternativa para Alemania, el partido de extrema derecha que le viene royendo el espacio electoral a la señora Merkel propone la expulsión del euro de Francia, España, Portugal, Italia y Grecia porque tienen economías débiles. El argumento aspira a la respetabilidad científica pero nunca se hubiera encarnado en una opción política con probabilidad de éxito si no hubiera sido sembrada y regada durante años con una campaña propagandística de descalificación de los países mediterráneos, rutinariamente tildados de pigs en los medios de masas y en publicaciones elitistas como Der Spiegel. Hoy, ningún alemán respetable -tanto como lo era el probo ciudadano que llevaba en Auschwitz las cuentas del botín arrancado a las víctimas y al que entrevista Rees- duda de que los países mediterráneos están habitados por una raza de vagos, impuntuales y corruptos, que, en el mejor de los casos, producen una economía débil. En la cultura alemana se da una explosiva combinación de ensoñación romántica y eficiencia técnica que obliga a tomarse muy en serio sus delirios más improbables porque...

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La memoria

Posted by on Ene 10, 2017 in Miradas |

(Ocurrencias reunidas alrededor de una facultad agonizante) La supervivencia es la única disciplina en la que todos somos expertos, mientras podemos contarlo. Hemos vivido poniendo precio a todo y nos hemos descubierto habitados por la calderilla. La memoria es una masticación del pasado para hacerlo digerible y justificar la (buena) salud del presente. El historiador es el ortodoncista de la memoria. Los nombres propios son los primeros en ausentarse de la oración; es el principio de un relato fantasmagórico. La humanidad habita en la memoria y se desvanece poco a poco en la niebla de la amnesia, esa droga sedante. El eterno retorno, un artilugio que nos estimula a la fuga a la vez que revela la inutilidad de intentarla. Una mujer devastada por la enfermedad de Alzheimer, sentada en silla de ruedas, musita: menos mal que no he perdido la cabeza. (Contado por Quirón). El público asiste a los lapsos de memoria del conferenciante y contempla el derrumbe de la historia, y abandona la sala antes de que los cascotes caigan sobre sus cabezas. El estatus de la memoria artificial es la primera cesión de soberanía de los humanos a favor de los robots, antes de la rendición total e incondicional. Buscadme en el disco duro del ordenador, o mejor, en la nube, el cementerio de la memoria. Unos pocos términos alfanuméricos  nos dan acceso a la existencia y certifican que estamos vivos: las claves de la cuenta corriente, del móvil, del correo electrónico, del sistema de seguridad del edificio, de la asistencia sanitaria  Todo lo demás, desde los balbuceos del recién nacido hasta los grandes monumentos que nos ha legado la literatura, es prescindible. Es terrible levantarse cada mañana y no saber quién eres. (Oído en la calle a un...

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