Tiempo de fútbol. Tiempo de victorias y de derrotas. Tiempo de héroes y de villanos. Tiempo de fuertes y de débiles. Tiempo de trampas. Tiempo de Trump.

El emperador de la cresta naranja ha ordenado a su cónsul al frente de la federación internacional de fútbol –que no por casualidad se llama Infantino- que suspenda la sanción que impediría a un jugador de la selección imperial alinearse contra Bélgica. ¡Bélgica! ¿Se imaginan? La p… capital de esa Europa reguladora, decadente y pedigüeña, que sería un corral de tribus sin el amparo imperial. ¡Los europeos! ¡Los p… inventores del fútbol! El emperador no iba a consentir que se repitiera lo del mundial 2014, cuando la escuadra imperial del águila calva fue derrotada por Bélgica con sendos goles de Rumelu Lukaku y Kevin De Bruyne, un negro tizón y un blanco lechoso, como si esos p… europeos pretendieran dar lecciones de sociedad democrática y abierta. Pero vayamos a los hechos, como haría un historiador serio.

Folarin Balogun es un futbolista estadounidense de Nueva York que juega en el Mónaco, hijo de padres nigerianos, lo que indica, por si hiciera falta recalcarlo, que el fútbol es un refugio inexpugnable para las políticas antiinmigratorias que implementan las democracias occidentales, como ya anunció el clarividente Samuel Eto’o, camerunés, al fichar por el Barça hace más de veinte años: correré como un negro para vivir como un blanco. Folarin juega de delantero de la escuadra de Trump y en su último partido contra Bosnia-Herzegovina (pero ¿se dan cuenta de qué países tan raros hay en Europa?) recibió una tarjeta roja por una plancha infligida a la pierna de apoyo del defensa bosnio  Tarik Muharemovic, el nombre lo dice todo. Esta falta comporta automáticamente un partido de suspensión según el artículo 10.5 de las reglas del mundial que patronea el cónsul de Trump, y quien pone la ley puede suspenderla, así que Flo, como le llamamos sus amigos, podrá jugar contra Bélgica defendiendo los colores del imperio. La federación de fútbol belga protesta solemnemente y Trump felicita personalmente a su cónsul al frente de la fifa (como filfa pero sin l) por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia.

Obsceno es un término procedente del teatro clásico griego que indica lo que ocurre en la trama pero no debe ser representado en escena. El antónimo de obscenidad es hipocresía. El fútbol es un elemento básico para el control del malestar social que inevitablemente debe ser graduado con alguna dosis de corrupción. Sin embargo, estas prácticas técnicamente obscenas deben estar cubiertas por la impecable limpieza que reina en la competición, regida por un reglamento universalmente aceptado y operado por jueces inapelables. En la medida que esta hipocresía sea creíble y aceptada, el fútbol cumple su misión estabilizadora de las pasiones sociales, siempre motivadas por otras causas irresueltas y ajenas al balompié.

La era Trump está marcada por la obscenidad y ha abolido el cuentecillo del rey desnudo y la moraleja correspondiente. El infante del cuento es el Infantino de la realidad. La desnudez del nuevo poder es ostentosa, invasiva, insolente y sacude las convenciones que hacen la vida soportable y factible. En la protesta de la federación belga de fútbol hay un timbre de impotencia; la felicitación del emperador a su lacayo es un gesto de deliberado matonismo. El fútbol como pantalla de otros negocios es cosa sabida, que se lo pregunten al menguado don Florentino, pero nadie nunca había tenido la osadía de rasgar aposta el velo de hipocresía que separa los dos niveles de la realidad. Infantino había utilizado sus poderes como preboste del fútbol internacional para hacer negocios con los jeques del petróleo, pero los beduinos son muy cuidadosos con las reglas de la hipocresía y obsequian a sus socios con joyas que luego no pueden exhibir. Este principio de que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda se ha venido abajo cuando el ogro de la cresta naranja ha entrado en escena, y cuidado con que el mundial de fútbol no termine con una guerra mundial propiamente dicha.

Entretanto, ¿qué podemos hacer? Este escribidor está con el pueblo soberano y esta tarde asistirá con el pueblo al enfrentamiento: España de Lamine vs. Portugal de Cristiano. Y que ganen los nuestros, quienes quiera que sean.