El término inglés think tank suena en castellano como un toque metálico con un leve eco; un golpecito de aldaba sobre una superficie blanda, sin apenas resonancia; un timbrazo en la puerta de alguien renuente a abrirla. Esta figuración fonética del término se corresponde con la realidad de lo que es y hace este artefacto: nadie lee, ni atiende, ni comprende, ni está interesado en lo que hay detrás de un tinc tanc. Quien va con uno de estos chismes por la vida se ve a sí mismo como un rey mago a la puerta de una expectante familia que aguarda la munificencia de los regalos que trae consigo pero, al otro lado de la puerta, en el interior de la vivienda, la familia ve al recién llegado como un fastidioso mendigo que viene a sacarles unas perras y a amargarles la cena de navidad con sus murgas. Este es exactamente el papel que hizo Aznar –rídículo a fuer de solemne, cómico a fuer de sombrío- hace unos días con la re-presentación de su artilugio. La familia del pepé, para la que ex líder carismático se ha convertido en un maldito engorro, ya está pensando en poner en marcha otro tinc tanc sustitutorio, que es como cambiar la cerradura de casa. Al distraído estilo decimonónico de Rajoy el cachivache podría llamarse humanismo y democracia, un título que evoca el polvo y las telarañas que acumula el expediente en un tiempo en que humanismo y democracia están siendo concienzudamente baqueteados en las políticas gubernamentales de todos los países, incluidas las del propio Rajoy. Si faes sugiere la voluntad acerada y resuelta que su patrón aprendió en sus contactos con la exitosa ultraderecha norteamericana, humanismo y democracia parece la previsible homilía dominical en una parroquia rural cuyo primer banco, tapizado de terciopelo, ocupa el registrador de la propiedad y su familia. La función básica de los tinc tanc es dar empleo a algunos individuos que anidan en las insaciables redes clientelares de los partidos y fingir que el partido piensa, no por sí mismo, como sería su obligación (nada menos parecido al intelectual orgánico gramsciano que un partido español), sino por medio de lo que podríamos llamar una inteligencia externa. En el caso de la fundación de Aznar, la inteligencia externa del pepé ha llegado al punto de independizarse del cuerpo que habitaba, en la onda futurista de la rebelión de los robots, y este extraño acontecimiento ha avivado las especulaciones sobre si la inteligencia aspira al poder por sí misma, vale decir, si Aznar va a crear un partido. Sería el último paso de la dominación de la inteligencia artificial sobre el humanismo y la democracia, que ya anunció el sabio Stephen Hawking.