Es libre el que está por encima del que permanece sujeto. (El proceso. Franz Kafka).
Al juez Peinado le sustituye el juez Viejo. No es personal, solo el procedimiento. Peinado está de vacaciones y Viejo se encarga de sus legajos y encomiendas; entre otras, la decisión de si doña Begoña Gómez puede escapar del celo de la justicia y convertirse en una forajida. Lo que le faltaba a don Sánchez, encontrarse en el vestíbulo del aeropuerto con la cara de su esposa en el pasquín de los más buscados por la interpol. De momento, en la imaginación de Peinado y Viejo, doña Begoña Gómez está en la cueva de Luis Candelas. Los y las justiciables gozan de la presunción de inocencia hasta que se dicte sentencia firme pero, dado el rango social de doña Begoña, esta goza de presunción de presunción de inocencia. Presunción al cuadrado; es decir, se presume que hay que presumir que es inocente cuando en realidad todos sabemos que es culpable. ¿Le retirarían el pasaporte para que no escape si simplemente se presumiera que es inocente?
Lo del pasaporte es una iniciativa del juez Peinado, que se ha revelado como un sagaz operador de los más refinados matices del procedimiento penal y ha demostrado que la justicia también puede ser creativa. Al consultar su decisión sobre la retirada del pasaporte a las jaurías de acusadores personados en la causa se garantiza el correspondiente estruendo mediático y otra razón más, siquiera sea presunta, para remachar en la conciencia del buen pueblo la culpabilidad de la chica y de su inductor y protector, que todos sabemos quién es.
La encausada había solicitado que la retirada del pasaporte le fuera levantada para viajar con su marido a la cumbre de la otan en Ankara y para acudir a Londres para la graduación de su hija. Este es el papel que ha heredado el juez Viejo, de intachable probidad, como su antecesor, y lo ha resuelto como lo hubiera hecho un caballero español. La madre podrá viajar a Londres para estar con su hija en tan conmovedor momento pero no a Ankara para acompañar a su marido y donde no pinta nada. La resolución revela el humanismo cristiano que informa nuestro derecho penal. La familia, sí, pero nada de pavonearse con los mandamases del mundo como si no hubiera roto un plato. En el imperio occidental deben saber que el gallito don Sánchez (otra vez empeñado en rechazar el aumento del gasto militar) comparte lecho con una delincuente (presunta) a la que tiene embridada la justicia española. La cumbre de Ankara tendrá dos protagonistas: Trump, que vuelve reclamar el dominio de Groenlandia y el juez Viejo, por delegación del juez Peinado.
Claro que este argumento subtextual no puede estamparse en una resolución judicial, así que el juez Viejo ha echado mano de razonamientos procedimentales basados en la fiabilidad de los sistemas judiciales de Reino Unido y Turquía -el primero es fiable; el segundo, no- para el caso muy probable de que la acusada intente emprender la fuga. Es típico del discurso maníaco-obsesivo ofrecer argumentos disparatados de impecable apariencia racional. En esta resolución se ofende a Turquía (podemos imaginar a doña Gómez oculta tras el velo en el harén del sultán para escapar del juez Peinado y de su sustituto) y se da por supuesta la conformidad de los empelucados jueces británicos con los puntos de vista de los jueces españoles. Es curioso que el juez Viejo haya ponderado la fiabilidad de la justicia británica a pesar del bréxit (sic). Cualquiera podría decir que en este argumento hay un sesgo supremacista. Pronto se han olvidado de los sinsabores del juez Llarena en su fallida persecución del levantisco y taimado don Puigdemont.
Entretanto, el expediente viaja a otra instancia y será la audiencia provincial la que decidirá sobre el pasaporte y los viajes de doña Gómez. Hay Kafka para rato.