El espectador

Posted by on Jun 13, 2017 in Miradas |

Aquí hemos estado todo el día frente al televisor, como un conejo deslumbrado ante los focos nocturnos de un automóvil. Me digo, y me dicen algunos buenos lectores de esta bitácora, que debiera alejarme de la política  para explorar otros ámbitos, quizás menos obvios y más placenteros,  susceptibles de ser comentados. Lo intento pero, cuando se ha disipado la esperanza, queda la adicción. He aquí un viejo en un vertiginoso tiempo de cambio, otra transición, para decirlo con un tópico, de la que la gente de su generación, que vivió la primera, no llegará a experimentar las consecuencias porque ya es demasiado tarde. Ante a la tele, el viejo creía sujetar las riendas del tiempo. La ruptura generacional que marca esta época política se ha manifestado nítidamente en el debate, que, cuando escribo estas líneas, se ha concentrado en un duelo entre los promotores de la moción, Montero e Iglesias, y el interpelado Rajoy. Una historia que declina y otra que nace cara a cara. Rajoy ha salido a la tribuna desde el primer turno de réplica, armado con discursos de contraataque preparados de antemano, en un gesto que algunos analistas juzgan sorpresivo pero que parece indicar una resolución torera –¡dejadme solo!- dictada por varios motivos entrelazados: la conciencia de la importancia del lance, la convicción de que sus novatos oponentes eran pan comido o la desconfianza hacia sus ministros, que han asistido al duelo sin intervenir. Rajoy funge de buen orador pero su retórica pretendidamente irónica, rancia, elusiva y desdeñosa, agresiva por último, no ha conseguido derruir ni a Montero ni a Iglesias, que sin duda le irritan y le inquietan. Ambos, cada uno a su turno y de acuerdo con los papeles que se habían repartido, han hecho discursos serios, sentidos, bien trabados y atenidos a su propósito de evidenciar la corrupción como el paradigma de la gobernanza del pepé. En muy notable medida, han sido muy didácticos. La longitud del discurso de Iglesias tenía sin duda el objetivo de demostrar que está en condiciones de ser lo que suele llamarse un hombre de estado y no un agitador de tuiter, y a fe que lo ha conseguido. Luego viene el trampantojo, como diría Rajoy en algún momento del debate. El espectador quiere creer que asiste a la realidad y lo que se le ofrece en una representación. El resultado final está predeterminado y la dialéctica que se gasta es una impostura -¡y qué esperabas, viejo!-. Rajoy se maneja mejor en este universo de estructuras rígidas y argumentos oportunistas pero queda por saber el efecto, más o menos duradero, que lo visto y oído haya podido sembrar en la opinión pública. De momento, voy a apagar la...

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El día de mañana

Posted by on Jun 12, 2017 in Miradas |

Trece y martes. Los voceros gubernamentales ya han adelantado algunas gracietas a propósito de la fecha, que ellos mismos han impuesto. El resultado aritmético de la moción de censura está descontado y lo que cuenta son los efectos políticos que tendrá el debate en el inmediato futuro. De los dos antecedentes de este tipo de iniciativa registrados, el primero sirvió en 1980 para entronizar a Felipe González como creíble candidato a la presidencia del gobierno y el segundo en 1987 hundió al promotor en busca de visibilidad -un tal Hernández Mancha del que nadie se acuerda excepto quizás porque ha aparecido recientemente en los papeles de panamá– y convenció a la derecha de que tenía que renovar la marca. El pepé salió de este fiasco. Así que Iglesias y podemos ya pueden contar con que se la juegan en alguna importante medida. La moción de censura es un instrumento parlamentario que el régimen constitucional español, diseñado para blindar al gobierno, hace inoperante en su objetivo principal –el cambio de gobierno- de manera que sus promotores deben esperar frutos de sus efectos colaterales. Iglesias ha demostrado ser un cabecilla guerrillero muy hábil en ataques relámpago, pero todavía no se ha medido en el asedio de una fortaleza, que tiene las almenas melladas pero está aún lejos de estar tomada, y en el empeño estará algo peor que solo, en compañía de los malos preferidos del establecimiento político, los independentistas vascos y catalanes. A Iglesias y a Montero les espera una jornada muy dura. El pepé hubiera preferido tomarse a broma la moción y los chistecillos segregados por sus portavoces en los días previos así parecía indicarlo, aunque también podrían ser muestras de nerviosismo, pero la corrupción en la que están enfangados y que va a ser la munición principal de los asediadores aconseja tomarse en serio el lance. La merdé provocada por la cerril y tabernaria estrategia adoptada por el pepé madrileño en la moción contra Cifuentes la semana pasada enseña a no repetir el espectáculo. En Madrid, la candidata y su propuesta de gobierno resultaron invisibles en la niebla de la bronca pero los autores de la moción no perdieron el envite. Si finalmente mañana participa en el debate Rajoy será porque cree que puede apuntillar dialécticamente a Iglesias y, como consecuencia, lanzar un mensaje de fortaleza y complicidad a ciudadanos y pesoe, dos fuerzas decisivas en cualquier fórmula de gobierno que mañana permanecerán inertes en el burladero a la espera de los réditos electorales que puedan salir de los jirones de piel que se dejen los contendientes. Iglesias va a contar con pocas simpatías en el hemiciclo. En realidad, va a estar solo ante el peligro, lo que...

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El despatarramiento

Posted by on Jun 11, 2017 in Miradas |

Primer día de piscina a cielo abierto en este verano precoz. El bañista sigue una rutina decantada de años anteriores. Después de ataviarse con el calzón de baño se sienta en un murete de cemento de unos treinta centímetros de altura que marca el límite del césped que rodea la pileta, sembrado de otros bañistas, y lee un libro que ha traído consigo mientras el sol le acaricia la espalda antes de darse un chapuzón. La primera distracción en la lectura le hace advertir que está despatarrado: los antebrazos se apoyan en los muslos y las rodillas están separadas. Tras un instante de confusión, levanta los brazos con el libro en las manos, alza y yergue el tronco y junta las rodillas. El resultado es una posición no solo rígida sino hierática, como la de las estatuas sedentes del antiguo Egipto. Y ahí está el bañista, como un estirado faraón contemplando a sus pies al pueblo que ocupa el césped del recinto, todos y todas despatarrados como corresponde a la circunstancia de tiempo y lugar. El despatarramiento se ha apoderado del magín del bañista, porque la lectura ha dejado de interesarle. Los hombres, se explica a sí misno, sabemos que nuestra forma habitual de sentarnos es con las rodillas separadas y, a pesar de que no se puede considerar una postura elegante, es para evitar que los muslos presionen desagradablemente sobre el aparato reproductor externo, como el propio bañista experimenta en ese momento en su pose de deidad egipcia. Mientras la visión del despatarramiento quedaba en el ámbito de la percepción  masculina, no había problema: los machos nos despatarrábamos. Ahora, como tantos otros aspectos de la vida pública, la cuestión ha incorporado la visión femenina. Curiosamente, para el bañista la primera señal llegó hace unos meses del mundo islámico chií. En la película El viajante, del director iraní Asghar Farhadi, el protagonista toma un taxi compartido con otros viajeros y la mujer que iba a su lado en el asiento de atrás exige cambiarse al asiento del copiloto. En el pudoroso cine iraní la causa de esta perentoria demanda no se explicita pero no puede ser otra que el despatarramiento del hombre que iba a su lado. Más tarde en la película, un diálogo entre hombres aludirá al suceso y se apuntará una posible agresión sexual sufrida por la mujer como la causa de su comportamiento. El otro mensaje es público y notorio: el ayuntamiento de Madrid incorporará advertencias contra el despatarramiento en el transporte público. El argumento es irreprochable, el viajero despatarrado ocupa un espacio adicional que quita a sus vecinos, y sobre todo vecinas, de asiento, pero la misma lógica se podría aplicar a los obesos y...

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Alaridos en la clase media

Posted by on Jun 10, 2017 in Miradas |

Los espectadores del vídeo pueden creer que están ante la ejecución de un asesinato, o ante un atentado terrorista, para decirlo con un referente que nos habita estos días, en todo caso ante un hecho de extrema violencia y radical injusticia. Los alaridos de la mujer son atroces, insoportables, pero el mensaje que destila su voz es nítido y alude a otra forma de violencia. También la imagen del vídeo es extrañamente estática: lo que se ve son las piernas de innominados sujetos que están en una cola, una de las proliferantes filas de ciudadanos a cuyo término está, o debiera estar, la solución al problema de quienes la forman. Lo he perdido todo y tú me dices que no ha pasado nada, aúlla la mujer con indescriptible ira. De inmediato rompe en llanto y explica, como si quisiera explicárselo a sí misma, que ha perdido un millón de euros que heredó de su marido y ahora, dice, no tiene nada. He perdido un millón de euros y tú me dices que no ha pasado nada. El contexto de la escena ayuda a explicar su significado. La mujer doliente es una accionista del banco popular que invirtió, al parecer, la herencia de su marido en acciones de la última ampliación del banco, un año atrás, cuando dirigentes de la institución, agencias reguladoras y autoridades financieras ya debían saber que el armatoste se iba a pique pero prefirieron sostener el engaño para mantener lo más posible sus emolumentos, seguros de que la catástrofe no les alcanzaría. El interlocutor de la mujer que lo ha perdido todo es el jefe de la sucursal que le indujo a la inversión, por lo que seguramente cobraría una prima, y que tampoco quiere cargar ahora con el marrón, de modo que la amenaza con llamar a la policía, que es el tratamiento que se aplica a los pobres cuando creen tener derecho a no serlo y además lo dicen en voz alta. Un millón de euros no es una cifra que esté en el bolsillo del común,  ni mucho menos, pero tampoco es equiparable al patrimonio de los grandes del dream team financiero del país: por ejemplo, los inconstitucionales mangantes beneficiarios de la amnistía fiscal de don Montoro y don Rajoy. Un millón de euros es clase media, una franja social de la que nadie está interesado en describir sus límites y a la que todos creemos pertenecer, pero que ahora está a merced de los bárbaros. ¿Qué ocurre cuando una maruja se convierte en clase media por una herencia? El pueblo ha tenido enfrente tres enemigos tradicionales: el ejército, la iglesia y la banca. El primero parece definitivamente neutralizado, la segunda es una...

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El suelo se mueve

Posted by on Jun 9, 2017 in Miradas |

Las conclusiones que pueden extraerse de las elecciones británicas no son las que preveía quién las convocó. Doña May no dispondrá de un gobierno strong and stable, como pregonaba, sino débil y dependiente: De hecho no está descartado que le resulte imposible formar gobierno. Las soluciones a la derecha, con ser mayoritarias todavía, están en declive. A los analistas o a los simples mirones, como quien esto escribe, nos cuesta entender lo que está pasando. Funcionamos con una lógica binaria que está en crisis, incluso en el Reino Unido, donde la alternancia bipartidista, favorecida por el régimen electoral mayoritario, ha sido la  regla de oro del funcionamiento del sistema. Ahora, hay varios partidos en el parlamento de Westminster, y todos cuentan a la hora de formar gobierno. La izquierda está despertando y presiona sobre el poder establecido por la creciente incorporación de los jóvenes, que necesitan ganar el futuro y aportan entusiasmo, creatividad y entrega en las campañas. Todavía no han encontrado la fórmula que los entronice en el poder, pero un rasgo común de este movimiento ascendente se manifiesta en que es más importante, vigoroso e imprevisible que sus líderes. Ni Corbyn en Inglaterra, ni aquí Sánchez o Iglesias,  dominan con su carisma el campo político que los ha elevado al liderazgo. La articulación entre el líder, el partido y la sociedad que les vota es un desafío vigente. También en la derecha. Doña May se empeña en parecer una caricatura de la dama de hierro pero ¿qué sentido tiene posar como una estatua de bronce cuando el suelo se mueve bajo los pies? Este seísmo es una contingencia inesperada que la derecha, y en general la vieja política, no consigue ni entender ni en consecuencia gestionar. Don Tancredo Rajoy también empieza a ser víctima de estos temblores subterráneos que vienen del empecinamiento de querer ser la solución del problema cuando se es el responsable de haberlo provocado. Cada decisión se convierte en una pifia de imprevisibles consecuencias: desde el brexit hasta la liquidación del banco popular. Las elecciones británicas han puesto de manifiesto la ceguera de los conservadores, su estúpida arrogancia cebada en años de navegación sobre la ola del dinero, ya fuera legal o ilegal. Una ceguera que aquí pudimos experimentar el mismo día en la moción de censura contra doña Cifuentes. Incapaz de reconocer la hedionda carga de corrupción que lleva a su espalda el pepé, sus portavoces derivaron en una defensa del fortín filibustera y tabernaria. Ni los laboristas británicos ni los podemistas madrileños han vencido en este envite, pero tampoco han...

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El maestro armero

Posted by on Jun 8, 2017 in Miradas |

Hay un dicho en castellano que resulta pertinente a esta circunstancia: las reclamaciones, al maestro armero. Este oficio militar fue creado en 1703 por Felipe V, cuando la tradicional pica de la infantería fue sustituida por mosquetes, es decir, cuando el ejército dio un salto tecnológico desde la simpleza de la lanzada, en la que toda la habilidad guerrera estaba residenciada en el brazo, a la complejidad mecánica de un tubo que disparaba proyectiles. Desde ese momento, el maestro armero fue parte ineludible de las dotaciones de los regimientos. Este personaje se ocupaba del apresto de las armas de fuego pero no era responsable del resultado de la batalla. En la historia, algunos maestros armeros fueron muy competentes y unos pocos han sido celebérrimos, como Mijaíl Timoféyevich Kaláshnikov, que, sin embargo nunca fue responsabilizado de las revoluciones impulsadas a punta del fusil que llevaba su nombre y por último fracasadas. Pero eso pertenece a la época en que las guerras se hacían con armas de fuego. Sin poder afirmar que esa época sea ya el pasado, lo cierto que vivimos en una guerra invisible e inodora  (pecunia non olet), pero no indolora ni insípida. La última deflagración de esta guerra ha podido detectarse en el banco popular donde varios cientos de miles de accionistas, bonistas y acreedores diversos se han quedado sin su dinero en un instante, como en un número de prestidigitación. Confieso que desde hace veinticuatro horas no descanso en busca de información para entender qué ha ocurrido, porque, como suele decirse, algo así le puede pasar a cualquiera. Las explicaciones que se encuentran en los medios son más bien sumarias y ofrecen poca información particularmente relevante. Es como si para explicar los efectos de un bombardeo se resumiese que un avión ha soltado una bomba cuando sobrevolaba sobre nuestras cabezas. Pero, entonces, por qué no han funcionado las alarmas, ni el fuego antiaéreo, y ni siquiera hemos oído el silbido atronador del proyectil. En esta búsqueda de la lógica procesal que ha convertido en pulpa los activos de un banco que en un tiempo fue uno de los más rentables de Europa, he topado con el maestro armero, llamado aquí junta única de resolución, que se ocupa de los bancos deteriorados y como todos los maestros armeros tiene su taller en una dependencia alejada del campo de batalla, en Bruselas. En cierto momento, la dirección del banco encasquillado comprende que no puede seguir operando y avisa al gobierno del país, que puede considerarse la autoridad inmediatamente superior en la escala de mando, y este avisa al maestro armero de Bruselas, el cual se hace cargo del banco y en un plis plás diagnostica la situación y...

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