Un euro

Posted by on Jun 7, 2017 in Miradas | 1 comment

No es nada la devaluación que ha sufrido el trabajo y los bienes y servicios que produce para lo que se ha devaluado el dinero mismo, la unidad de medida de los precios y en consecuencia de todo lo que hacemos y somos. Si doña Botín puede comprar el banco del opus dei por un euro, ¿cómo no va a comprar gobiernos, medios de comunicación, testaferros, lacayos y clientes a precio de nada? El mundo está en almoneda y doña Botín et alii son los distraídos adquirentes de la oferta. Hay algo de irreal y obsceno en la adquisición de un notable patrimonio de oficinas, empleados, clientes, créditos, cartera de valores y años y años de trabajo y confianza social por un puto euro, el mismo euro que le echas desganadamente a la escudilla del mendigo arrodillado en la esquina de tu casa. Aunque, si bien lo piensas, el efecto es análogo: accionistas y empleados del banco naufragado han pasado de la noche a la mañana a la mendicidad y su futuro depende, no de un contrato, ni de los ahorros acumulados ni de un derecho adquirido, sino de la magnanimidad del nuevo dueño de la que fue su casa. Lo ilustrativo de esta operación de raque es que puede presentarse como una acción patriótica, casi filantrópica, pues cualquier otra alternativa respecto al pecio desvencijado que la marea loca había empujado a la playa hubiera exigido la intervención del estado y la escarba consabida en los bolsillos de los paganos contribuyentes. De este modo, doña Botín ha salvado las cuentas y los cuentos de don Guindos y don Montoro, a la vez que se ha hecho un poco más rica. No es la primera operación de este tipo de la que somos testigos desde que vivimos en la costa de los piratas. Hace unos pocos años, y ya parece una eternidad, el otro tiranosaurio de la banca española compró a precio de saldo un conglomerado de cajas de ahorro entre las que estaba la caja  provincial de este remoto territorio subpirenaico desde el que escribo. El resultado fue que el gobierno regional se quedó sin su instrumento financiero, merced a la concienzuda acción de los propios agentes del gobierno puestos al frente de la caja, que engordaban su bolsillo a medida que aumentaba la anemia de la institución. El asunto aún anda en los tribunales porque el proceso previo a la adquisición de la caja pudo estar trufado de engaños y estafas, que parecen el componente básico de las finanzas de este tiempo de corsarios. Y ahora viene la consecuencia política. Los mismos que derruyeron la caja de ahorros de mi pueblo y la entregaron a precio de baratillo...

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El tigre de Esnapur

Posted by on Jun 6, 2017 in Miradas |

En algún momento inesperado de la edad tardía, el mundo se convierte en un inabarcable mercado de las pulgas, en el que la atención solo se detiene en los cachivaches que resuenan en la memoria del paseante. Innumerables objetos de toda clase se exponen a la mirada pero el tipo los desdeña porque no los identifica o no interpreta su significado. La mayor parte de la mercancía a la vista le resulta disfuncional o indescifrable. En este mercadillo universal, la novedades carecen de interés y las antiguallas y despojos no ofrecen una oportunidad sino para reconocerse a uno mismo. Pero el encuentro con el objeto suele iniciarse con una sorpresa y terminar en una decepción. Eso le ocurrió al viejo el otro día. Pulsaba el mando a distancia de la tele cuando topó con El tigre de Esnapur. Caray. La memoria estalló de júbilo y el viejo volvió al cineclub de su juventud, y al misterio de esa película excéntrica y tardía del gran Fritz Lang de la que siempre creyó que se le había escapado alguna clave. Ahora, la experiencia acumulada le ofrecería sin duda una perspectiva para reconocerla cabalmente y se retrapó en el sofá con el sentimiento de gozo que quien vuelve a sentir en el paladar el gusto de un manjar olvidado. La peli es una historia de aventuras de tinte colonialista ubicada en una India de cartón piedra en la que el héroe europeo se enamora de la bailarina hindú y debe vencer las asechanzas de un ramillete de previsibles villanos enigmáticos y amenazadores -el maharajá también enamorado de la bailarina, su ambicioso hermano que quiere arrebatarle el trono, el sacerdote de la diosa kali insidioso como un clérigo vaticano, etcétera-, todos provistos de alfanjes y gumías y de una nutrida camada de tigres de bengala para perpetrar sus aviesos designios orientales. La historia se prolonga en una segunda parte –La tumba india-, que el viejo se apresura a consumir después en youtube. Al final, una sensación de vacío se ha apoderado de él. El intento de recuperar la curiosidad y la emoción cinéfila del pasado se ha zanjado con un fracaso. La película no consigue devolverle a los quince o dieciséis años que tenía cuando la vio por primera vez. Sí, vale, está en condiciones de apreciar mejor el estilo geométrico de la narrativa de Fritz Lang, en la que los personajes aparecen trazados por un carácter inapelable y trágico y vagan por escenarios grandiosos e intrigantes, e inocentes como un tebeo. Así escribiría un crítico de la época pero ¿de qué sirve? El viejo no ha conseguido revivir la ocasión en que pasar dos horas en una sala a oscuras ante El...

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Es lo que hay y es irremediable

Posted by on Jun 5, 2017 in Miradas |

El asunto es trivial pero da para el palique. El alcalde de Cádiz, de podemos, ha concedido la medalla de oro de la ciudad, qué menos, a la virgen del rosario, a petición de la orden de los dominicos y por acuerdo casi unánime del consistorio, salvo el voto en contra de izquierda unida, que así le va en las elecciones. Los que cacarearon largamente contra una concesión idéntica del anterior ministro de la policía, opusdeísta de nómina, a la virgen santísima del amor, se han quedado sin habla o, como en el caso de Monedero, se han entregado a una penosa melopea argumentativa de la que se deduce que la virgen acepta mejor las ofrendas de los pobres que las de los ricos, como ya sabíamos desde la catequesis. La piadosa acción del ministro del opus está a examen de los tribunales por si fuera inconstitucional. Una pérdida de tiempo. En este país no hay ni un solo referente simbólico reconocido y aceptado universalmente que no sea religioso, con la posible excepción de los equipos de fútbol, los cuales no reconocen la autoridad del fisco pero, apenas ganan un trofeo se apresuran a ponerlo a los pies del santo o de la virgen de turno, y la prima correspondiente en la caja fuerte de algún paraíso fiscal. El laicismo entre nosotros es un desiderátum imposible. Tenemos sobre nuestras cabezas a toda la corte celestial, y cortesanos y cortesanas, como corresponde a su condición de parásitos sociales, no cesan de reclamar ofrendas y tributos, y tanto mejor si son en oro. Kachi y los podemitas gaditanos nos van a librar de las cadenas del capitalismo pero no de los diezmos debidos a la virgen del rosario. Cuenta la leyenda que Hitler pensó que su aliado Franco era un despreciable estúpido cuando supo que había nombrado capitán general del ejército a la virgen de la fuencisla. Pues bien, Hitler terminó con un tiro en boca disparado por propia mano, rodeado de enemigos, quemados sus restos y aventadas sus cenizas, mientras que Franco murió tres décadas después en la cama, adorado por su pueblo y sostenido por las democracias de su entorno, y está enterrado en la basílica más ostentosa de Europa erigida por sí mismo para sí mismo. ¿Quién fue más listo? Aquí, la carrera política de cualquiera, sea de izquierdas o de derechas, tiene un rito de paso: asistir a la misa mayor el día de la festividad del santo, y pobre del que pretenda eludir este compromiso porque tiene los días contados en la poltrona. El alcalde de Cádiz, al que se le supone una robusta formación política, quizás haya recordado estos días el poema: La Virgen del...

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El tren

Posted by on Jun 4, 2017 in Miradas |

La señora May es antipática y no cae bien a casi nadie pero va a ganar las elecciones del Reino Unido. Su oponente izquierdista, el señor Corbyn, resulta simpático y atractivo y en debates y encuentros con los votantes empieza a superar el cerco de la caricatura a la que le había sometido la prensa conservadora (perdón por el pleonasmo), pero va a perder las elecciones. Si algún signo inequívoco nos manda este tiempo es que no hay un camino a la izquierda. El ejemplo portugués es la excepción que confirma la regla, y lo es por su excentricidad. Nadie va a emigrar a Portugal atraído por la benéfica rareza de su gobierno, que recuerda a esas remotas tribus perdidas en la jungla en las que los etnógrafos roussonianos creían ver el buen funcionamiento del comunismo original de la especie humana. Pero, vamos, donde hay civilización, es decir, hipotecas, deudas, empleos precarios, salarios de miseria, ricachos enfebrecidos, gobernantes que operan en paraísos fiscales, servicios públicos en ruinas, y el proceso en esa dirección está lo bastante avanzado, la gente es de derechas. Si las cosas les van bien, porque quieren que vayan mejor, y si van mal, porque tienen pavor a que vayan peor. Como dice el tópico, la derecha gestiona mejor la economía, y si no lo creen, pregúntenselo al señor Rato. El ciudadano que ha conseguido un hueco en el sistema, aunque sea en el estribo del vagón de cola –las famosas clases medias, tan jaleadas y aduladas en estos tiempos de zozobra- no quiere ni oír hablar de que el tren se detenga o cambie de rumbo. Si alguien lo propone, la clase media, a la que el billete del viaje le ha costado un riñón, responde: por mí no lo haga, yo voy bien aquí, en el estribo, a la fresca. La derecha está tan sobrada que incluso ha renunciado a su natural vocación expansiva y ha optado por regresar a la caverna de donde procede: el nacionalismo. Es un viaje imaginario, pero qué se puede esperar cuando la realidad se ha convertido en un parque temático. Trump se ve a sí mismo como un conquistador del far west que puede matar indios y esclavizar negros con la vieja y buena impunidad de toda la vida, y May se mira en el espejo y ve en el cardado sobre su cabeza el blanco casco colonial de los fusileros de la reina que repelieron el ataque de miles de zulúes en la desigual y heroica batalla de Rorke’s Drift. El nacionalismo, tan excitante, es la kryptonita de la izquierda: un terreno de juego donde tiene la partida perdida de antemano. Ha bastado que los soberanistas catalanes...

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La nueva edad media

Posted by on Jun 3, 2017 in Miradas |

Es el título de un librito de ensayos de Umberto Eco y otros académicos italianos publicado en castellano en los años setenta, en el que los autores indagaban en nuestra época para encontrar en ella rasgos que nos acercaban a un paisaje medieval: el declive de la organización del estado en beneficio de poderes sectoriales, territoriales y corporativos, la quiebra del hombre público y de la noción de ciudadanía, el retorno a un concepto privativo y particularista de la sociedad, el carácter sincrético del arte y de la cultura, y, por último, la experiencia de la inseguridad y la desconfianza de los individuos y los grupos hacia el futuro. El primer ensayo del libro, firmado por el mismo Eco, describía, con la proverbial elegancia narrativa que reconocemos en el autor, una concatenación de acontecimientos aciagos que transformaban una sociedad urbana desarrollada e hipertecnificada en un desolado paisaje del periodo posterior al momento en que los bárbaros se adueñaron de Europa. He recordado el ensayo de Eco, que ahora no tengo a mano pero que me impresionó vivamente cuando lo leí hace cuatro décadas, porque su profecía disruptiva se iniciaba por un apagón debido a una caída del suministro eléctrico; un accidente tecnológico idéntico -internet mediante-  al que golpeó hace unos días el funcionamiento de la compañía British Airways y que sumió en el caos el destino inmediato de cientos de miles de pasajeros en un centenar de países. No es el único síntoma de la deriva medieval  que se registra estos días. La desigual batalla de los taxistas con las nuevas corporaciones transnacionales proveedoras de servicios de transporte revela, entre otros aspectos de la cuestión : la crisis del sistema productivo, la devaluación del trabajo, la aparición incontrolada de fuerzas que extraen su poder de la ausencia de regulación del mercado, pero, sobre todo, la deslegitimación de los poderes públicos, incapaces de mediar y en consecuencia de servir a la justicia, en situaciones cuyos términos rebasan los límites de sus competencias y de sus conocimientos. La posmodernidad, el movimiento filosófico al que se adscribe Umberto Eco, dominante en el último tercio del siglo pasado, puede definirse a grandes rasgos como una enmienda a la totalidad del pensamiento dialéctico y progresista, una detección precoz de que la máquina de la Ilustración había agotado su impulso. La posmodernidad sacó a la Edad Media del pozo negro en el que había sido arrojada desde el Renacimiento. Al principio creímos que era solo un movimiento estético, un juego de abalorios adobado con mucha ironía y muchos guiños semánticos, un acertijo en el que se trataba de saber cual era  el nombre de la rosa, hasta que hemos descubierto que va en serio y...

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Rostros

Posted by on Jun 2, 2017 in Miradas | 1 comment

Los ensayos de las compañías de teatro son fascinantes, aún más que la representación ante el público, porque en ellos tiene lugar la construcción de los personajes, en la que actores y actrices están empeñados en una dura conquista de la máscara, una lucha que libran contra si mismos y en la que no tienen la coartada de los espectadores y nadie hay en la sala vacía para reaccionar ante sus emociones y gestos. En el curso del ejercicio deben elegir quiénes quieren ser, qué apariencia darán a su carácter sobre el escenario, lo que significa que no pueden fingir porque solo se engañarían a sí mismos. El ser humano es un animal en busca de su máscara, que es al fin su propio rostro. Los padres de la especie humana estaban desnudos, es decir, inermes e innominados, y puede decirse que la historia de la humanidad y su conquista del mundo no son más que una interminable procesión de máscaras, una tenaz compañía de cómicos ambulantes que recorre la tierra. La paradoja reside en que la máscara es siempre cambiante y a la vez lo único auténtico del individuo. Impostura y verdad en un solo trazo. El único asidero de los comediantes ante este vertiginoso desafío es el guión, una historia con principio y fin, tejida por una inteligencia racional, bien escrita y estructurada, sobre cuyo andamiaje se construye la paradójica verdad de la representación. En el ensayo, los comediantes deben explorar, y saquear también, el depósito de sus experiencias para ponerlas al servicio del personaje que quieren ser. A este fin, la directora les obliga a improvisar en la situación creada prescindiendo de la apoyatura del texto y durante los tensos momentos del ejercicio asistimos a la lucha de unos seres débiles y vulnerables por conquistar el dominio de la escena y la atención de los otros; el poder, a la postre. Cuando se alcanza el objetivo, llegan los aplausos, que también son efímeros, y vuelta a empezar: nueva situación, nuevos personajes, nuevas máscaras. El teatro ocupa un lugar marginal en la sociedad a la vez que central en la imaginación humana. El oficio del comediante consiste en franquear este abismo que se abre entre nuestra imaginación y la sociedad que la envuelve. El teatro otorga una especial sensibilidad para detectar el engaño, lo que hay de hueco en nosotros y en los que nos rodean, a la vez que nos empuja a la verdad. Esta es la razón, sin duda, por la que los griegos clásicos lo consideraban escuela de ciudadanía.   P.S. La imagen que acompaña este texto pertenece a un ejercicio de interpretación a cargo de alumnos de la Escuela Navarra de Teatro, una...

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