Había señales en el cielo que avisaban a doña Ayuso que nunca podría ocupar el lugar que en la historia ocupa su predecesora. Es más joven, más cortica, más tosca y más alocada que doña Aguirre y le tocaba administrar su maltrecha herencia cuando ya no hay pasta en las arcas públicas para repartir entre los amigos.
El teatrillo de los libres e iguales
Hay en esta historia un cautivador aroma de leyenda medieval: la princesa valiente confinada en la torre del castillo, en un país extranjero, y a cuyo rescate acuden los más apuestos caballeros del reino. No puede descartarse que los libres e iguales vean así el asunto. Todos son gentes de letras y de escena, y he aquí que la declinante existencia les da ocasión, quién sabe si la última, de participar en una charada. A ver si hay suerte y se suman a ella los jueces del tribunal constitucional, que también llevan una vida muy aburrida.
La América que mata
El crimen del gobierno es una constante histórica pero los vejetes embozados en estos días pertenecemos a la primera generación a la que se hizo creer que el esfuerzo político podría erradicar esta lacra. Ya se ve que no. Volvemos a un siglo atrás, a la época de nuestros abuelos. Y con la mascarilla puesta.
Órbitas distantes
En alguna parte de la constitución española hay un artículo que dice que el estado es incompetente en la dirección de las finanzas nacionales y debe renunciar a ella en aras a la libertad de mercado, y que si fuera menester deberá desprenderse de sus participaciones públicas al precio que convenga al comprador privado. Para eso han llamado a la ministra doña Calviño.
Otro dinosaurio
Todavía no sabíamos que la insolencia, la agresividad y el desprecio a los perdedores iba a ser el espíritu filosófico que imperara en los años siguientes, hasta Trump y comañía. Han pasado cuatro décadas desde entonces y la costumbre de Bernard-Henry Lévy de empinarse para sobresalir entre sus interlocutores sigue intacta, esta vez entre los kurdos bajitos, pobres, qué habrán hecho para merecerlo.