El rey es el tótem de la nación, vale, pero no un bulto de piedra o de madera plantado en mitad de la plaza mayor en el que los creativos de la tribu tallan máscaras benefactoras sino un individuo de carne y hueso, con sus certidumbres y apetitos, ¿y qué hará si le impiden el recreo de presidir esto o aquello? El ocio es muy mal consejero, y encerrado en el despacho, donde no tiene mucho curro, peor, como se ha visto, y no es necesario señalar con el dedo.
Jirí Menzel y la memoria
Dos viejos de biografía y talante muy distintos y distantes, unidos por una circunstancia compartida e indeseable para ambos, emprenden un viaje al interior del país para descubrir la verdad que afecta a uno de ellos, para lo que se hace acompañar por el otro, que le sirve de intérprete.
El rey se escaquea
Don Felipe y don Sánchez están en el comienzo de una hermosa amistad, que diría el guión de Casablanca y que tiene precedente en los inmediatos ancestros de ambos. El pesoe se prepara para atravesar un proceloso periodo histórico habitado, entre otras tentaciones fatales, por los cantos de las sirenas republicanas.
La chiflada y el césar
La pantomima encubría la rendición de Madrid en una versión hortera de la ‘Rendición de Breda’. Las picas en alto, los modales muy finos, pero rendición al fin. Doña Ayuso reconoce que no puede con la misión que tiene encomendada y entrega a don Sánchez las llaves del marrón que le ha caído encima.
El aburrimiento crea panteras
Vivimos una situación calcada a la que caracteriza al servicio militar obligatorio: secuestrados por un poder superior e inapelable, acuartelados o confinados en un perímetro tasado, bajo una severa regulación de movimientos y relaciones interpersonales, disponibles para cualquier emergencia que forzosamente será negativa y a la espera de un licenciamiento o vacuna que, si llega, en el mejor de los casos será cuando dios quiera.