El discurso de Casado ha sido excepcionalmente brillante, en una asamblea que no destaca por la calidad de sus oradores, y muy probablemente va a cambiar el tono de la legislatura. Casado se ha reinventado a sí mismo, ahora tiene que reinventar el partido y su estrategia, librándola de las adherencias voxianas en las que él mismo se ha visto contaminado en numerosas ocasiones.
La voz de ‘vox’
Vox ha confundido un trámite parlamentario con un golpe de estado y en vez de buscar apoyos en la cámara ha amenazado a la mitad de los diputados con ilegalizar sus partidos y a algunos en especial con llevarlos esposados ante el juez junto a los menores inmigrantes a los que se la tiene jurada.
Friquis
Doña Cayetana aspira a que su partido apoye, o en su caso se ponga de perfil, ante la perorata atronadora que le espera a don Sánchez, y que sin duda subrayará en su intervención el portavoz del pepé. Así que la conclusión cae por su peso: si estamos de acuerdo en todo, no vamos a negarnos a nosotros mismos con un no a la moción ‘voxiana’.
Estado fallido
La emersión de las agencias independientes tiene su correlato en otro término que se abre paso en el debate: el estado fallido, es decir, aquel que ha perdido autoridad en parte del territorio o entre ciertas clases sociales y no es capaz proveer de servicios para cumplir la función que le es reconocida.
Abolir la historia
La derecha trumpiana tiene en este mundo dos objetivos: ganar dinero y detener la historia, y, si lo segundo no fuera posible, reventarla, frenarla, diluirla en el caos por último. Don Abascal no quiere devolver al pedestal la estatua ecuestre de Franco sino ocupar él mismo el plinto vacío para lo que practica equitación y ya se ha retratado de esta guisa en vídeo.