Ha regresado del olvido esta poética expresión del Presidente Mao, en gloria esté, gran timonel de la revolución, adorado por un sinnúmero de izquierdistas del mundo, incluidos los seminaristas de mi pueblo, al ver la lluvia de órdenes de compraventa, pagarés, bonos y demás títulos financieros hechos trizas sobre el parqué de la bolsa del Shangai, y que amenaza con formar un tsunami que anegará los palacios bursátiles de Frankfurt, Nueva York, etcétera. Tigre de papel. La expresión originaria aludía al imperialismo capitalista que gobernaba Estados Unidos y amenazaba a los pobres de la tierra. Jesús, jesús, la de cosas que hemos visto, maese Shallow. Ya lo puede decir, maese Falstaff, cuando éramos jóvenes la realidad estaba protagonizada por las masas y era rotunda y opaca como una bola de billar, así que el único modo de conocerla era a través de la poesía y en este terreno Mao Tse Tung, como se decía entonces, era un virtuoso. Su reinado estuvo jalonado por la Larga Marcha, las Cien Flores, el Gran Salto Adelante, la Revolución Cultural y otros poemas menores cuya memoria dejo al cuidado de Google y que parecían la colección de cartas de un inspirado recluta del ejército rojo a su novia. Llegamos a creer que aquellos jovenzuelos enardecidos y fanáticos, ataviados de obreros ferroviarios, que torturaban en la calle a los llamados revisionistas eran la reencarnación de Baudelaire y Rimbaud. ¡Qué carajo, los chinos, cuidado que se dan maña para tenernos en vilo! ¿Se acuerda de cuando se decía que si todos los habitantes de China dieran un saltito al unísono se alteraría el eje de rotación de la Tierra? Pues ya están otra vez aquí dando saltitos, maese Shallow. Antes todos queríamos ser proletarios para imitar a los chinos y ahora todos somos capitalistas para imitarlos también, sus tasas de crecimiento, su expansión inversora, su capacidad de trabajo sin horarios ni seguridad social… Ya lo puede decir, maese Falstaff, siempre queremos ser chinos, proletarios o capitalistas, pero chinos, y siempre jodidos, como los chinos. (Largo silencio). ¿Se da cuenta de lo mucho que hemos vivido, maese Shallow, lo vertiginosa que ha sido la vida que ha pasado a través de nuestros huesos? Yo desfilé una vez con el Libro Rojo de Mao en la mano y ahora mi fondo de pensiones se ha ido por el desagüe de la bolsa de Shangai. El tiempo lineal y el progreso, maese Falstaff, son supersticiones occidentales; los chinos no creen en ellas.
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