La cuestión es: ¿cuándo vamos a declarar por fin la guerra a Venezuela? El rasgo más intrigante a la vez que grotesco de la tangana que se traen entre el establishment político español y el régimen venezolano es su carácter de gresca de vecindad o de bronca en celebración familiar. Maduro y antes Chávez, y González, Aznar, Rajoy, etcétera, y los secuaces de ambos bandos parecen cuñados trasudando testosterona. En estos rifirrafes, hasta el rey emérito intervino encantado a su turno para rebajar en unos cuantos grados su papel de jefe del estado y su jaleada campechanía borbónica con aquello de por qué no te callas, quizás la única grosería diplomática –si es que estos términos no son antitéticos-que ha merecido un artículo de la wikipedia. Los caudillos venezolanos, no por republicanos, son más finos en sus juicios tabernarios. Si ambos países no fueran tan menguados y folclóricos, cualquiera diría que se están retando para hacerse la guerra. Los dos gobiernos practican un deliberado y tedioso teatro de sombras. El bolivariano cree tener en la antigua metrópoli colonial un fantasma perfecto para agitarlo atribuyéndole los males de la patria y, en la jerga doméstica española, venezuela no es tanto un país como un santo y seña de la casta o la trama o como se llame para ocultar las propias vergüenzas y llevar a cabo ajustes de cuentas internas con los podemitas como objetivo. Este tejido de improperios a ambos lados del océano es típico de una época en la que los gobernantes han de ocuparse de su propio autobombo escupiendo opiniones para tener distraída a la parroquia a través de la tele o de tuiter, chismes convertidos en una máquina de jibarizar la política y de encanallar a quienes la practican. Venezuela fue en este siglo pasado generosa con los españoles expulsados de su país, ya fueran emigrantes económicos o desterrados políticos. Las buenas relaciones entre los países no excluyeron la corrupción. Felipe González fue ahijado político, amigo y beneficiario de Carlos Andrés Pérez, el líder socialdemócrata cuya gestión, plagada de corrupción y desigualdad, estuvo en el origen del golpe de estado de Chávez y sus bolivarianos. Un golpe de estado es indefendible, pero un estado de corrupción so capa democrática, también. Los negocios limpios y sucios entre los dos países no han cesado, al parecer, hasta ahora mismo, desde la venta de armamento hasta el soborno de funcionarios bolivarianos a cargo de corruptos del partido del gobierno español o el pútrido asunto del vídeo comprometedor de Rajoy que unos chantajistas se proponían vender al gobierno de Caracas. Ni venezolanos ni españoles se merecen este tráfico de...
Cuentacuentos
La amable iniciativa del profe de la nieta de seis años ha convertido al abuelo en un contador de cuentos ante un público de dos docenas de escolares curiosos e impacientes. El cuento elegido es una versión del lobo feroz y habla de un lobezno educado como una mascota por la abuelita en la casa del bosque que, ante las incitaciones de un lobo viejo, defiende su identidad de lobo y su pertenencia a la especie pero se niega a devorar a la abuelita. Es una historia que contiene interrogantes sobre la naturaleza y la educación, sobre la identidad grupal y el propio carácter, sobre la seducción y la fuerza, la verdad y la mentira. El cuentacuentos se ha preparado a conciencia el debut para atrapar la atención del auditorio y asegurarse la claridad del mensaje. Ha reflexionado sobre la moraleja, ha buscado claves naturalistas para abundar en el intríngulis de la historia, ha ensayado aullidos y gruñidos para imitar la voz de los personajes, se ha repetido varias veces la historia en voz alta para hacerse con su ritmo e incluso se ha provisto de una colmillos de pega para sorprender al auditorio con un toque convenientemente teatral. Pero apenas se sienta frente a la audiencia siente un ataque de pánico escénico. Para salir de su propia perplejidad pregunta quién ha visto un lobo real y todas las manos se levantan al unísono. La entusiasta respuesta anima a iniciar el relato. Es una experiencia a la vez vivificante y desalentadora compartir una historia con una pequeña manada de lobeznos trnasitoriamente domesticados. Reina una impaciencia que da vida al cuento compartido a la vez que lo devora y pone a prueba el tiempo ordenado y caduco del viejo frente al hervor de los tiempos de la chiquillería. El aula es un hervidero apenas contenido de intervenciones y gestos que los maestros se esfuerzan en controlar y el narrador se empeña en dominar con la presunta autoridad de su relato. La historia tiene un final enigmático. El lobo viejo ha intentado manipular la identidad del lobezno sugiriéndole que solo puede demostrarla devorando a la abuelita. La insinuación golpea el sentido de la lealtad y el afecto del lobezno y despierta en él una furia, una agresividad y una fuerza lobunas y hasta entonces desconocidas; se abalanza sobre el lobo viejo, lo tumba y lanza un aullido de triunfo sobre el derrotado adversario. En ese momento llega la abuelita, cree que los dos lobos están jugando y les invita a merendar un trozo de tarta y una taza de chocolate. En la conversación consiguiente alrededor de la mesa camilla, el lobezno apremia al lobo viejo a ser un lobo bueno y...
El efecto Macron
La edición en papel del diario de referencia viene hoy sembrada de cráteres, e informantes, columnistas y opinantes pululan por sus páginas trazando a su paso un alboroto de sirenas, órdenes y consignas, como bomberos después de un seísmo. Debe ser la primera vez desde la creación del periódico hace cuarenta años que la realidad osa moverse sin hacer caso a las admoniciones y epístolas de sus voces editoriales. Resulta un contrasentido que el diario que se autoproclama global registre en su propia casa una rebelión de los acontecimientos. Es el efecto Macron. Después de la euforia provocada por la victoria de este deslumbrante turboeuropeísta en Francia, la cocina del periódico ha debido darse cuenta de que aquí no hay ningún mirlo blanco parecido y que su público diana, el grueso de los votantes socialistas, está enzarzado en unas elecciones domésticas que pueden terminar como el rosario de la aurora. La primera observación que debe hacerse es que la edición en papel del periódico no coincide con la edición digital, la cual se parece bastante a una revista de peluquería y se nos muestra despojada del dramatismo y la demagogia que impregna el formato de papel y tinta, como si los editores del periódico tuvieran en cuenta que los menguantes lectores en papel son más viejos, más tradicionales y más impresionables que los navegantes digitales pero sobre todo son los que votan en las primarias del pesoe. Así que la primera noticia tranquilizadora para ese público es un debate, auspiciado por el propio periódico, entre representantes de las tres facciones que se enfrentan en las primarias socialistas con un único mensaje tranquilizador: no habrá fractura del partido. Vale. El desencadenante de esta confusión está fechado en Francia y da noticia de que el hasta ahora primer ministro Valls, quien tuvo el cuajo de afirmar que el socialismo está muerto, va a ser expulsado del partido pero, al mismo tiempo, lo han rechazado en el equipo del emergente Macron al que con la misma desenvoltura había ofrecido sus servicios, es decir, el que fuera hasta ayer heredero natural del partido socialista francés está a punto de quedarse fuera de la historia. ¿Y si eso ocurre también con los altos cargos socialistas de aquí? ¿Cómo se convierte lo socialista en liberal sin que sus votantes lo adviertan? Felipe González lo consiguió con éxito pero eran tiempos en los que cualquier pasado era peor, una percepción que ahora no es mayoritaria. A esta pregunta viene a responder un politólogo de cabecera del diario de referencia, que sienta un crudo diagnóstico: el socialismo lleva a la derrota, id pensándolo. Así, pues, según este relato, el pesoe enfrenta un doble desafío: a) evitar la...
Europa vacía
Un solemne repostero azul noche con la corona de estrellas doradas y orlado con una greca de motivos muy floridos colgaba ayer del balcón principal de la sede del gobierno de la provincia. Tardé algunas horas en descubrir -navegación por la red mediante- el motivo de este alarde de europeísmo. Resulta que ayer fue el día de europa, y el tratado de roma cumplía sesenta años, lo que convierte a la unión europea en una chavala para los estándares actuales de longevidad. Nadie, excepto los servicios de protocolo del gobierno local, se acordó del cumpleaños. La jornada discurrió sin novedad, como de costumbre, y sin que los europeos supiéramos que era el día de la abuela, y nos hubiéramos ido a la cama sin saberlo si no fuera porque siempre hay publicaciones devotas que te lo recuerdan. El diario de referencia ocupaba su página de tribuna con un llamado manifiesto del nueve de mayo encabezado con el esforzado título de Reinventemos Europa. Todo manifiesto es una hinchazón del ego de los abajofirmantes, entre los que figuraba Felipe González, que entre otras medallas porta la de expresidente del grupo de reflexión sobre el futuro de Europa, así que estamos en buenas manos. Los firmantes se congratulan de haber salvado los muebles en las recientes elecciones nacionales en las que los populistas/nacionalistas han sido derrotados; sostienen que la ciudadanía ha salido a la calle para manifestar su adhesión a la unión europea; aluden a una hoja de ruta que al parecer presentaron hace un año y de la que no dan detalles y con modestia franciscana afirman que en este día han inaugurado un gran debate cívico para tratar de (sic) reequilibrar el proyecto europeo y tener más en cuenta (sic) las preocupaciones de nuestros conciudadanos. Todo bien matizado, no vaya a ser que les ofrezcas la mano y quieran el brazo. La clase ociosa tiene sus rituales y crea sus fantasmas para solaz de los de arriba y curiosidad de los de abajo; antes fue el club bildeberg, luego el foro de davos y ahora, al parecer, el llamado cívico europa, promotor del manifiesto y títular de una cuenta en facebook de la que te puedes hacer amiguito. El europeísmo ha dejado de ser una política compartida para convertirse en una adicción. Un europeísmo que se burla de los europeístas como el caballo o la farlopa se burlan de los yonkis; que cada vez exige un mayor esfuerzo y cada vez sus efectos son más débiles y menos duraderos. La elección de Macron en Francia ha sido el último chute de europeísmo en vena. En realidad ha sido la liquidación de los partidos que construyeron Europa para sustituirlos por un...
Hablemos del tiempo
La frecuencia de los sondeos de intención de voto es tan asfixiante como la información meteorológica. A cada minuto del día, decenas de chismes de toda clase, móviles de bolsillo, murales callejeros, muebles domésticos, auriculares pegados a la oreja, etcétera, mantienen al público al tanto de la temperatura, la nubosidad, la dirección e intensidad del viento y demás datos ambientales inútiles excepto para dar pábulo a la cháchara vecinal. Los sondeos de intención de voto, aunque no haya urnas a la vista, tienen la misma omnipresencia y parecida cualidad atmosférica. Nos envuelven pero no traen información del mismo modo que el sol no trae lluvia y el invierno no trae temperaturas más altas. Meteorología y demoscopia son ciencias banales, al menos en lo que tienen de uso público. Nos desayunamos con un nuevo sondeo que nos recuerda que no hay novedad en la querencia de los votantes. Las diferencias respecto al sondeo anterior son de unas décimas arriba o abajo, aquí y allá, y pueden considerarse circunstanciales. Hay una razón obvia para que esto sea así. Los partidos políticos perseveran en su ser y centran su esfuerzo en poner orden en sus filas y en mantener compactado su caladero de votos, y los votantes dan una respuesta congrua a esta estrategia absorta. La fidelidad del voto es la única seguridad que los ciudadanos encuentran en medio de una realidad desconcertante. ¿Para qué habrían de cambiar de apuesta? y, sobre todo, ¿a favor de qué otro jugador? El plus de corrupción del pepé parece haber desviado un puñado de votos a los juveniles ciudadanos y la expectativa de las primarias socialistas puede haber llevado a esa sigla otro puñado de votos que habría prestado antes a podemos, formación habituada a arrancadas repentinas y trayectos cortos a gran velocidad que ahora parece tener el motor gripado. Estos mínimos deslizamientos de voto no cambian el paisaje, siempre igual a sí mismo. Si fuéramos afectos al pensamiento mágico, podríamos decir que Rajoy el brujo, no solo domina la escena sino que ha conseguido transformarla a su imagen y semejanza. La demoscopia nos muestra un desierto rocoso, silencioso y ensimismado, de colinas romas y repetidas, en el que las especies vivas que lo pueblan no se reconocen ni interactúan entre sí. Es una sensación extraña. El mundo parece estar cambiando alrededor pero no podemos salir de nuestro pasmo. Un estado que nos devuelve a la meteorología. En la vorágine del cambio climático nos encogemos de hombros y salimos a la calle con ropa de entretiempo y un paraguas para por si...
Un toque idiosincrático
Qué salada, qué entrañable, doña Ferrusola, la matriarca, con su desarrollado sentido de la familia y del ahorro, todo envuelto en una acendrada, además de utilitaria, piedad religiosa. En su oficio de traficante de dinero negro tuvo que inventar ciertas claves de comunicación que despistaran a los investigadores y su ingenio le llevó a emplear un código indescifrable: reverendo mosén, soy la madre superiora de la congregación y desearía que traspasase dos misales de mi biblioteca a la biblioteca del capellán de la parroquia, y él le dirá dónde deben colocarse. Qué ingenio para la criptografía, que deja a la máquina Enigma y a su descifrador Alan Turing en el parvulario del negocio. Quién podría sospechar que el reverendo mosén era el director del banco donde la congregación guardaba el botín, que la madre superiora era en efecto la madre superiora, que un misal es un millón de euros, que la biblioteca, donde se alojan los misales era la cuenta corriente donde se guardan los millones, y que el capellán de la parroquia era el hijo mayor de la congregación, el hereu. Y el mensaje estaba escrito de puño y letra de la remitente bajo un estadillo bancario, para desconcertar aún más a los investigadores. La perspicacia de doña Ferrusola viene a abonar la jurisprudencia sentada en algunas de las últimas sentencias por corrupción según la cual las esposas de los corruptos son por definición tontas de capirote, lo que les permite eludir las condenas que afligen a sus maridos. La evidencia sitúa a doña Ferrusola a la vez dentro y fuera de la trama familiar de corrupción. Si los misales son millones se habría probado que estaba dentro, pero si los misales son misales, queda fuera. ¿Y quién puede decir con certeza que el criptograma tiene una traducción necesariamente financiera y no, por ejemplo, erótica? Tampoco sería la primera madre superiora que se entiende con el mosén de la parroquia, a la vez que se apaña con el capellán del convento. Y aún cabría una tercera interpretación, que el mensaje fuera financiero pero el dinero aludido proviniera de una herencia, otra herencia, esta vez procedente de un legado del padre de doña Ferrusola, según el relato familiar. He aquí un admirable ejemplo de idiosincrasia nacional: el dinero viene y va, no se sabe de dónde ni a dónde, pero la familia, incluidos los ancestros difuntos, permanece como una piña, rocosa e impertérrita. Es, además, una familia sagrada, que representó el destino de Cataluña y en la intimidad vestían hábitos talares, como las imágenes de los santos del románico local, mientras esperaban la...