Cada día se extinguen no sé cuántas especies vivas en la naturaleza que habitamos y todo indica que estamos asistiendo a la extinción de una de las más conspicuas del ecosistema europeo: la socialdemocracia. Las causas de la extinción en cada especie son muy variadas y a menudo operan interrelacionadas. Se registran agentes externos que modifican gravemente el entorno ambiental, y dificultades internas para la reproducción, y mutaciones en los hábitos de los individuos de la especie, entre otras, y todas llevan a un estado de aflicción por el pasado perdido y a un estéril intento de recuperarlo cuando las condiciones actuales son irreconocibles para la mirada adiestrada en los patrones del pasado. Lo que suelen obviar los individuos supervivientes es que hace tiempo que dejaron sin saberlo de pertenecer a la especie de la que ahora se reivindican. Es el dinosaurio que aún no sabe o no acepta que se ha convertido en un ágil pájaro de plumas polícromas y desenvuelto vuelo o el caniche que se niega a verse de otro modo que no sea como un lobo estepario. Las elecciones primarias en el pesoe, que culminan mañana, no son más que la escenificación de un agónico proceso de incapacidad para reconocer el verdadero rostro de la realidad. Nadie sabe a qué sirven estas elecciones excepto para dirimir un enconado conflicto entre dos facciones que se odian ni siquiera cordialmente, con un tercero de comodín que ha convertido su presencia en la pelea en un seguro para continuar en el machito cualquiera que sea el ganador. En el pesoe, la frustración política y el sentimiento de declive se ha encarnado en dos caras idénticas excepto en los modos y en las redes clientelares que tienen detrás y a las que, gane quien gane, no podrán dar plena satisfacción por falta de botín para la recompensa. Si hemos de fiarnos de lo visto y oído en el debate del pasado lunes, ningún candidato tiene un programa político que merezca tal nombre y, en cuanto a lo que puedan hacer para remodelar el partido y convertirlo en una herramienta útil para la sociedad, el margen de maniobra que da una organización esclerotizada y enfrentada es mínimo. El pesoe está emparedado entre fuerzas emergentes y los muros de una fortaleza, bien que agrietados pero aún fuertes, y lo que todo el mundo cree entender que se juega en estas elecciones internas es la política de alianzas, es decir, de quién debe ser socio el partido, y aquí los dos candidatos principales ocultan sus verdaderas intenciones, entre otras razones porque no tienen respuesta y esperan que el albur de las circunstancias los guíe en una u otra dirección. Estamos en un...
La lista
El fisco de esta provincia desde la que escribo ha hecho pública una lista de grandes morosos que agrupa a 316 personas físicas y entidades que adeudan 238 millones. No son cifras menores a tenor del censo total de población y de que los figurantes en la lista adeudan cada uno cantidades superiores a los doscientos cincuenta mil euros. Pero, como siempre, lo más indicativo son los nombres propios porque nos ayudan a conocer la geografía moral de la sociedad mejor que las estadísticas. Dos nombres llaman la atención en este paisaje. El primero es el de una empresa bodeguera que debe al fisco cerca de setecientos mil euros, propiedad de la familia de la portavoz del pepé en la provincia, la cual fue durante un tiempo gerente de la empresa, y en su actual quehacer político calificó de sanguinaria (nada de remilgos) una pequeña reforma fiscal del gobierno provincial. ¿Qué hace esta persona en la política que no sea proteger los intereses corporativos de su patrimonio familiar?, ¿cómo aplicarle la presunción de inocencia en su dedicación política y, a la luz de lo que sabemos de los Rato, Blesa, González y demás correligionarios, no sospechar de ella también como de una presunta delincuente? El segundo nombre que resalta en la lista de morosos forma parte de una dilatada pesadilla de nuestra generación. Fue en los años ochenta el primer presidente democrático de la provincia, socialista, y terminó en la cárcel por los mismos delitos de corrupción que ahora atarean a los jueces de la audiencia nacional. Este tipo, un curita ambicioso y engreído cuando saltó del hábito talar a la política, violó nuestra inocencia democrática (sí, hubo un tiempo en que éramos inocentes), arrasó para siempre a su partido en la región y resulta que aún nos debe medio millón de euros. No es posible saber si esta crisis económica interminable y la epidemia de corrupción que ha revelado terminarán por modificar la actitud de la gente ante el fisco, del que por ahora solo conseguimos apreciar su carácter extractivo y no la función distributiva que es su consecuencia en forma de gasto público. Jamás hemos sido una sociedad de individuos libres y la noción de ciudadanía, con su correlato de derechos y obligaciones, nunca ha arraigado en la conciencia común. La percepción del fisco responde a este esquema up and down. Hay un régimen impositivo ineludible para los de abajo, asalariados y pensionistas, que se relaja a medida que se ascienden peldaños en la escala social mediante excepciones, distingos, oportunidades de evasión, hasta el mero y descarnado fraude al que, como se está viendo todos los días, no le faltan ocasiones para quedar impune. La derecha, que...
Un concejal en la red
A los que ya somos abuelos no deja de admirarnos la agilidad de los dedos de la chiquillería en la tarea de comunicarse a través de los dispositivos móviles. Los viejos no podemos alcanzar ese virtuosismo, y no solo por la artrosis y otras pejigueras que anidan en nuestra osamenta sino por la reminiscencia de un respeto reverencial por la palabra escrita y sus consecuencias, que es desconocido para los adolescentes pues la tecnología les autoriza a tamborilear impunemente sobre el lenguaje y la gramática e incluso les proporciona un código alternativo con un repertorio creciente de los llamados emoticonos que devuelven la comunicación gráfica a la era prealfabética. Poco sabemos de lo que contienen esos mensajes adolescentes, que sin embargo han sustituido con creces el habla popular de antaño. Era inevitable que los políticos estuvieran presentes en este nuevo espacio de vecindad digital para caer simpáticos entre la gente y alcanzar alguna visibilidad en la maraña de eso tan cool que llamamos las redes. El sistema político es piramidal y jerárquico y los medios convencionales solo permiten asomar la cabeza a unos pocos líderes y figurones en los telediarios y en las páginas de los periódicos, pero, qué caramba, los concejales de pueblo y los militantes de base también estamos aquí y tenemos nuestras opiniones tan respetables como las de cualquiera. La comunicación digital ha derribado innumerables barreras, no solo sociales sino también psicológicas, y ha entronizado la desvergüenza. El tuitero lanza desde su intimidad a la plaza pública un mensaje mediante unas pocas pulsaciones, como quien arroja una lata de cerveza al césped en busca de la cabeza del delantero contrario desde la marabunta que ocupa las gradas del estadio, sin filtro alguno entre el deseo y la acción. Un sentimiento de impunidad gozosa le invade. Durante unos segundos confunde la realidad con sus obsesiones y domina el mundo. Un edil de cierta localidad lindante a mi pueblo, hombre ya talludo, es un esforzado tuitero. La letanía de las entradas de su cuenta refleja una actividad cerebral plana pero de vez en cuando se deja llevar por la necesidad de estampar alguna reflexión más profunda y, de acuerdo con lo que le dicta la ideología y el carácter, llama violadores y pederastas a sus adversarios políticos y el mensaje se convierte en lo que podríamos llamar un choque cultural, la chiporroteante colisión de las nuevas tecnologías con la más vieja jerga tabernaria, lo que otorga a las ocurrencias del concejal una momentánea celebridad. Cuando viene la réplica, el concejal pide disculpas por su comentario poco afortunado, y añade a modo de explicación, fue un calentón y no quise molestar a nadie, a lo que quizás pudo añadir,...
Relecturas
A cierta edad, no puedes aprender nada ni maldita la gana que tienes de intentarlo. Si de la cosa nada sabes, también careces de modestia y energía para empezar a conocerla de cero, y si sabes algo, por poco que sea, ya crees que es bastante. Esta indolencia hacia la novedad es compatible con cierta curiosidad que se confunde con la nostalgia por el conocimiento pasado, a menudo enterrado en el olvido. Las relecturas forman parte de esta tentación. ¿Qué conocimientos y experiencias nos han conducido a donde ahora estamos? La indagación distraída del pasado tal vez sea una versión del eterno retorno, que tiene una cualidad menguante. La existencia como una espiral que se dirige al vacío de su propio centro. Un personaje de dibujos animados devora todo lo que le rodea y su insaciabilidad le lleva a devorarse a sí mismo cuando ya nada queda a su alrededor. Es una secuencia, si no se equivoca el memorioso, de la remota película Yellow submarine, basada en la célebre canción de los Beatles. Es curioso que esa imagen de comerse el mundo fuera entonces una metáfora de la ambición juvenil y sea ahora metáfora del hartazgo senil. Viene a cuento este prólogo para introducir la historia del paseante que encuentra en el escaparate de una librería una reedición de los escritos de Antonio Gramsci, el mismo volumen y, según cree, el mismo sello editorial que le llevó a su lectura cuatro décadas atrás. Quizá sea una exagerada frivolidad decir que Gramsci está otra vez de moda, pero no se puede negar que su nombre suena aquí y allá en estos tiempos de mutación como reliquia de una fe emergente. El paseante no puede evitar la tentación de tomar en sus manos el libro –el mismo formato de bolsillo, la misma elegante composición de los textos-, y finalmente lo adquiere para llevárselo a casa como quien recupera a un amigo de juventud perdido. Pero ¿acaso no sabe el paseante lo engorroso que puede ser un amigo de juventud? Los papeles reunidos en el volumen abarcan las dos etapas de la vida intelectual del autor: artículos de agitación y militancia en la prensa y reflexiones desde la cárcel donde fue recluido por el régimen de Mussolini y de la que salió con la salud quebrantada para morir poco después. La atención del lector discurre por los escritos y el efecto inicial es el despertar de una voz conocida, un rumor o un eco sepultado en algún entresijo de la memoria cultural, que probablemente el lector intentó en su juventud traducir a su propia experiencia, pero, a medida que avanza en la lectura, la literalidad del texto se desvanece en la insignificancia...
Partículas y ondas
El recién elegido presidente francés ha nombrado a un hombre del partido de la derecha como primer ministro. La primera dificultad radica en ubicar al electo. Philippe, que así se llama el personaje, inició su carrera política en el partido socialista, luego se pasó a los republicanos, el partido de la derecha, si bien en la facción moderada, lo que quiera que signifique eso, y, por último, durante la pasada compaña electoral, ofició de comentarista político en un periódico de izquierdas desde el que atizó sin tregua a Macron, que ahora le ha nombrado primer ministro. En física cuántica, las partículas se comportan a veces como ondas. Es la hipótesis de De Broglie, francés, por cierto, que dice más o menos así: toda entidad infinitesimal de materia presenta características tanto corpusculares como ondulatorias y se comporta de uno u otro modo según el experimento específico. En uno de los comentarios de prensa en los que en nuevo primer ministro Philippe embestía contra su ahora patrón Macron dejó escrito: en Francia odiamos los partidos pero la democracia es imposible sin ellos. En efecto, los partidos son el marco del experimento cuántico por el que discurren los políticos, partículas zigzagueantes, reptilianas, mutantes, convertidas en ondas en el vacío. Las partículas dejan de tener dimensiones específicas y reconocibles para mostrarse como movimientos que se deslizan por el campo del experimento, que es el sistema de partidos. Así que el destino de las fuerzas políticas y más singularmente de los políticos de alta graduación es volverse ondulantes. Algo de eso se vio ayer en el debate de los tres candidatos a la jefatura del pesoe, que invirtieron tiempo en reprocharse entre sí los cambios de opinión y los zigzagueos orgánicos de sus respectivas carreras políticas. El espectáculo, visto desde la física cuántica, era el de tres personajes que añoran el peso y la densidad de las partículas de antaño –un partido de ciento treinta y ocho años de antigüedad y todo eso- a la vez que no pueden dejar de reconocer que están obligados a comportarse como ondas. El eje derecha/izquierda deviene eje partícula/onda. El joven y ondulante Rivera es el primero que lo ha captado y puesto en práctica en nuestro ecosistema. La siguiente cuestión es qué trayectoria siguen las ondas, a dónde se dirigen y con qué fin, y la única respuesta posible es que se mueven atraídas por fuerzas gravitacionales que, en política, forman la nebulosa del dinero, el agujero negro donde se encuentran los que mandan en los políticos y cuya puerta de acceso está en Berlín, primera etapa del itinerario de la onda. De nuevo nos ilustra el ondulante Philippe: sin los partidos podría ser que los zorros...
La carrera del tigre
La realidad se niega a dejarse moldear. Alguien o algo la impulsa, la agita, la maneja pero quién sabe en qué dirección y con qué fin. La historia, mientras transcurre, es la carrera de un tigre, que solo mucho después, cuando ya ha pasado y la fiera esta desfallecida, se deja domesticar en imágenes manipuladas y tranquilizadoras. Tres noticias del día atrapadas en la torrentera de la actualidad, que olvidaremos apenas leídas u oídas: 1) Merkel derrota por tercera o cuarta vez a su oponente socialista Schulz, esta vez en el land rojo de Renania del Norte-Westfalia, que alberga la cuenca minera del Rhur; 2) la policía acusa a un grupo de taxistas sevillanos de organización criminal por haber incendiado vehículos de las emergentes compañías de transporte urbano, en una lucha a muerte, provocada por la irrupción del nuevo mundo tecnológico, entre trabajadores de toda clase, como definía españa la constitución republicana de 1931; y 3) se cumple el sexto aniversario de la eclosión de los indignados en el famoso 15-m, cuya memoria ha quedado empantanada en algún lugar entre el mito y la política. En medio de este turbión, la noticia que más comentarios ha recibido durante la jornada y seguramente en los días siguientes hasta el próximo domingo, a pesar de su insignificancia, es el debate de los tres candidatos al liderazgo del pesoe, Díaz, López y Sánchez. La retransmisión televisiva da al acontecimiento una relevancia universal aunque el mensaje solo concierne a los militantes del partido. ¿Cuántos de estos hipotéticos votantes han asistido al intercambio de invectivas y tópicos y en qué medida ha podido modificar las expectativas del resultado? Para el curioso externo que se ha incorporado a la greña familiar socialista a través de la ventana abierta de la tele, la impresión es de algo ya sabido. El encono sin tregua ni remedio entre Díaz y Sánchez y el narcisismo infatigable de ambos, en medio de los cuales López parecía un dechado de sensatez y solvencia, y el único que se ha elevado en algunos momentos sobre la nube tóxica que envuelve hoy al partido, lo que quizá le reporte algunos votos adicionales de los hastiados de ese otro par de jóvenes henchidos de ambición y huérfanos de equipaje político y también, hay que decirlo, de carisma. En política, todo lo pone el votante, igual que en economía lo pone el pagano y en religión el creyente porque detrás de esta adhesión a priori no hay más que ruido y furia y retransmitirlo por televisión es una obscenidad. Nada de lo que se ha dicho en el mal llamado debate da ni para un minuto de reflexión. ¿Por qué gana la derecha elección tras...