Debate televisivo de los cabezas de lista en las elecciones gallegas. Los candidatos de la oposición renuncian a recordar la famosa noticia del candidato del pepé, y próximo ganador de las elecciones, en la que aparece fotografiado en compañía de un conocido contrabandista -más tarde convicto de narcotráfico, por lo que cumple condena en prisión-, en el yate de vacaciones de este. La noticia se publicó en 2003 y el hecho que narra data de 1997. Según una crónica del debate electoral, el candidato podemita, un magistrado en excedencia, llevaba la fotografía en el bolsillo pero, al final, renunció a exhibirla. Esta contención de los candidatos ante la tentación de poner en evidencia al adversario político con el testimonio de un hecho objetivamente escandaloso solo puede calificarse de pudor. ¿En qué país de democracia avanzada, como nos gusta soñar, podría un político competir por un alto cargo institucional con semejante baldón en su biografía? El narcotráfico en Galicia no solo es una actividad ilegal, claro está, sino que constituye un mal endémico y un inquietante poder económico y social, como prueba la fotografía que pudorosamente permaneció oculta en el bolsillo durante el debate. La pregunta es, a qué se debe este acceso de pudor en los demás candidatos, y las respuestas son varias y todas desasosegantes. La primera razón es de carácter funcional: no es previsible que el recordatorio de la archiconocida noticia fuera a tener efecto electoral alguno. Es un tópico universalmente aceptado que todo el rechazo ciudadano de la corrupción del pepé quedó descontado en las elecciones del pasado diciembre, después de las cuales el mismo partido tenazmente enfangado en más episodios de corrupción, no ha cesado de subir en el aprecio de los ciudadanos, como se comprobará en Galicia el próximo domingo. También podría ser que el pudor fuera en este caso la máscara del cansancio. La simbiosis entre la corrupción y el aprecio que los corruptos encuentran en la ciudadanía es un hecho inextricable, que los candidatos, aun los más esforzados, sinceros y decentes, han comprendido que no puede resolverse en unas elecciones ni quizás de ninguna otra manera. La simultaneidad con que se oyen las manifestaciones de condena de la corrupción en boca de personajes que casi en el mismo instante son imputados por corruptos constituye un misterio inescrutable. Y lo mismo puede decirse de los retóricos pactos anticorrupción, convertidos en papel mojado antes de que se seque la tinta de la firma. Es posible incluso la hipótesis de que la corrupción desapareciera de la vida pública y permaneciera en la gente la melancolía de su recuerdo, como se recuerda el truco formidable de un prestidigitador al que no hemos vuelto a ver en...
Identidades borrosas
“El miedo a encontrarse en malas compañías no es una expresión de pureza política sino de falta de confianza en uno mismo”. Atrapo esta cita de Arthur Koestler de una libreta de notas mientras busco inspiración para acometer la entrada del día en esta bitácora. Koestler fue un buscador incansable en el laberinto. Diríase que un hombre en pos de una identidad, así que ensayó muchas poses miméticas empujado por los vientos de la historia: fue comunista, condenado a muerte por el bando de Franco en la guerra civil española, más tarde sionista y renombrado autor de novelas y ensayos al servicio de la causa anticomunista durante la guerra fría, y en sus últimos años, explorador de la parapsicología y otras aficiones esotéricas. Fue defensor de la eutanasia voluntaria, quizás la única identidad verdadera a la que puede aspirar un ser humano, a la que se sometió para ganarle la partida a la leucemia que padecía. Koestler es autor de El cero y el infinito, una novela que, despojada de su inmediato referente histórico como argumento antiestalinista, es una penetrante indagación sobre la identidad política en circunstancias atroces de engaño, traición, tortura y muerte. Koestler, que a sí mismo se veía perteneciente a la humanidad de los perseguidos y los exiliados, no estuvo nunca solo, ni siquiera en su voluntaria salida de este mundo, que abandonó junto a su esposa Cynthia, veinte años más joven. Koestler compartió con toda clase de compañías desde mesa y mantel hasta el paredón de fusilamiento sin dejar de sentirse desplazado e inquieto. La cita que encabeza estas líneas me he llevado a la escaramuza tuitera que han protagonizado estos días los podemitas Iglesias y Errejón, y en especial una afirmación del primero: «El 15M dijo algo muy sencillo: no seáis como ellos nunca. Y os aseguro que mientras yo siga aquí no vamos a ser como ellos nunca». Ellos, pero ¿quiénes y cómo son ellos? ¿Quién el amigo y quién el adversario, y cuándo, y por qué, y de qué modo? La revelación más fulgurante necesita una normativa posterior que la materialice y haga tangibles sus frutos. Hasta Moisés bajó del Sinaí con las tablas de la ley que no eran sino el código penal y civil del pueblo hebreo. Iglesias y Errejón, como Koestler, están a la busca de una identidad política, para lo que necesitan a los otros, ya sean adversarios o seguidores, y, como Koestler, son conscientes del riesgo de las malas compañías y de la falta de confianza en sí mismos. Iglesias parece estar siempre descendiendo del Sinaí mientras a Errejón se le ve preocupado por el desconcierto que reina en el pueblo acampado a la falda del monte....
Devastación
Si su compulsiva atención a los requerimientos del iphone les deja un rato libre, echen un vistazo a Internet no es la respuesta, un ensayo de Andrew Keen que tiene todas las virtudes del ensayismo anglosajón clásico: conocimiento acreditado del tema, investigación sobre el terreno, acopio de fuentes documentales, excelente estilo narrativo y sentido del relato, y un objetivo político, además de intelectual, que no empece el rigor, la claridad y la imparcialidad del argumento. Internet ha dejado de ser una tecnología para convertirse en un estado transnacional, con sus instituciones, su público cautivo, su ideología y sus muy selectivas elites oligárquicas. La tesis del ensayo es que la anunciada democratización de las comunicaciones que habría de propiciar la red ha generado una sociedad global marcada por desigualdades sociales y económicas abisales. El proceso pasa, está pasando, por la destrucción de las estructuras intermedias, y los correspondientes empleos cualificados pero innecesarios ahora, en todas las áreas de servicios en las que incursionan las grandes compañías tecnológicas, ya sea en las comunicaciones entre individuos (Facebook), el comercio al por menor (Amazon), el transporte urbano (Uber), la producción musical (Napster), etcétera. La irrupción tecnológica, y la piratería consiguiente, alcanza a áreas que son competencia del poder público, como la seguridad, en la que las tecnológicas se convierten en proveedoras de bancos de datos individuales, captados a sus usuarios, que transfieren bajo precio a las agencias del estado. La ideología que nutre esta revolución es una suerte de libertarismo, en primer término económico, en el que el adversario a batir son las instituciones comunes que regulan nuestras sociedades, empezando por la hacienda pública, pero que aspira a convertirse en una ideología universal y en un estilo de vida personal para quienes estén en la onda, desde el desenfadado clima de trabajo de las factorías tecnológicas hasta la imagen informal que proyectan de sí mismos los grandes y riquísimos triunfadores de la carrera. «Si el gobierno no funciona, no importa, todos seguimos adelante, porque no tiene importancia», es una cita de uno de estos exitosos emprendedores, los cuales celebran unas convenciones de fracasados (FailCons) en las que desde la peana de su éxito se complacen en contar a los neófitos asistentes las ocasiones en que sus creaciones, plataformas y aplicaciones informáticas fueron rechazadas por el mercado, que les obligó a empezar de nuevo. Las referencias de Keen pertenecen casi en exclusiva a Estados Unidos, y en especial a la Costa Oeste, Silicon Valley y la bahía de San Francisco, donde se ubica el motor de la industria y las faraónicas residencias de los amos de la red, pero, curiosamente, al describir las convenciones de fracasados (pag. 268) apunta que sus promotores aspiran a...
Rendíos
Hace semanas que las cabezas más afinadas de la opinión política del país presentan inquietantes síntomas de que se las ha ido la pinza, y ante la rocosa situación en que se ha instalado la cosa pública se limitan a expeler ocurrencias y gracietas que por último solo reflejan la confusión del opinante. Esta mañana, mi admirado Xavier Vidal-Folch, uno de los pocos vestigios del viejo y buen periodismo de opinión que puede encontrarse en el periódico de referencia, proponía en su columna una abstención masiva y a discreción de todos los partidos del parlamento para favorecer la investidura de Rajoy con el fin de dejarlo solo y en minoría en el gobierno frente a las demandas de regeneración y reformas que encarnan las demás fuerzas, en este caso abstencionistas. Trasladada a la estrategia militar, la propuesta equivale a la rendición de equis divisiones de infantería mal equipadas y descoordinadas, antes de disparar un solo tiro y sufrir otra derrota, a fin de que el enemigo se vea obligado a dar alojamiento y comida a los innumerables prisioneros y agote de este modo sus recursos y por último también la razón de su victoria. Menos mal que el articulista reconoce que esta abstención múltiple y mutualizada es muy difícil. La falla de esta brillante ocurrencia reside en que el presunto damnificado con tan astuta estratagema ni harto de grifa presentaría su candidatura a la presidencia del gobierno ante la expectativa de que iba a ser apoyado con los solos votos de su gente cuando a fuerza de nuevas elecciones podría recuperar la mayoría absoluta. Dos o tres convocatorias electorales más, es decir, otro año en funciones, y no habrá nadie que recuerde la corrupción, los recortes, el desempleo y el trabajo precario, el rescate de la banca que pagamos todos, la contrarreforma educativa, la emigración de los licenciados, etcétera, que han movilizado a lo mejor de la ciudadanía en estos años. En la misma edición del periódico en el que escribe Vidal-Folch, el candidato del pepé que va a ganar por mayoría absoluta las elecciones de Galicia condesciende en que la corrupción costó a su partido tres millones de votos por actuar tarde, y lo declara el tipo que se mostró encantado de pasar sus vacaciones veraniegas en el yate de un narcotraficante. Hegel sostuvo que todo lo que es real es racional y a la inversa. Pues bien, no siempre. El divorcio que advertimos entre la razón y la realidad se debe a lo que en psicología se llama disonancia cognitiva. En nuestro caso, se ilustra porque creemos vivir en una democracia avanzada y vivimos en realidad en un parque jurásico en el que el tiranosaurio rex, con...
¿Qué hacías ahí, abuelo?
¿Y cuál será la respuesta cuando tu nieto o nieta descubra en un viejo vídeo alojado en youtube tu cara en el tapiz de rostros de sonrisa alelada que compone el telón de fondo del discurso televisado de un ignoto político? Nadie sabe quién es el tipo que discursea ni nadie entiende lo que dice pero ahí está el abuelo detrás del orador, el cuarto por la izquierda, segunda fila, con la boca entreabierta como un pavisoso y aplaudiendo mecánicamente a una señal del corifeo invisible. La costumbre mitinera de situar detrás del orador un coro de jóvenes, como ángeles de retablo, para representar no se sabe si al ancho pueblo fiel o la majestad del oficiante, delata el artificio de función colegial de la política, la vaciedad del discurso y la tontucia de quienes secundan el tinglado. ¿Crees que dentro de unos años podrás decir a tus nietos sin avergonzarte que estabas ahí porque Rajoy o Sánchez o cualquiera otra prima donna de la ópera nacional te parecía un líder irresistible y convincente que te inflamaba el corazón de esperanza? ¿Conoces a alguna persona adulta que se complazca en verse en una foto desfilando en la parada militar del día de la hispanidad o dando saltitos en una agrupación de coros y danzas de la sección femenina? Vale que eres joven y por lo tanto gregario, y vale que te gusta la política, pero es como si tuvieras vocación de cantante y empezaras tu carrera con un casco de cuernos, una lanza de cartón y unas trenzas de lana amarilla en el coro de Parsifal. Si has de entrar en ese negocio, sigue los pasos de aquella prestigiosa escaladora, que fuera alcaldesa primero y presidenta después en esta provincia, la cual confesó en una entrevista publicada que el primer mitin político al que había acudido fue para darlo ella misma. Aquí estoy yo. Eso es empezar una carrera triunfadora que ha terminado, por ahora, dulcemente mecida en un carguete de las altas finanzas, de la mano de su relación sentimental, por cierto, corifeo de otro mitin famoso en el que el protagonista era el incomparable Rato. Cierto que la política necesita rituales y, como ocurriera cuando eras niño, hay quienes se mueren de ganas por portar un cirio en la procesión y, quién sabe, a veces se empieza de monaguillo y se termina de cardenal primado, como Susana...