Grupo salvaje

Posted by on Sep 28, 2016 in Miradas |

Arriba y abajo de la carrera de San Jerónimo, de o hacia el portón del reñidero donde, dicen los cursis, reside la soberanía del pueblo, las dirigencias  de los partidos políticos desfilan en línea, el jefe en el centro, flanqueado por sus más próximos y leales. Un rictus que quiere ser sonrisa, el paso ligeramente cansino aunque firme, el ademán resuelto, las armas en bandolera. La imagen, mil veces repetida, trae a mientes el desfile terminal de Grupo salvaje, cuando William Holden y su banda se encaminan a enfrentarse con el ejército mexicano, en realidad a masacrarlo, aunque en el lance también ellos pierdan la vida. Una especie de afán suicida que ha contagiado a la izquierda.  Una inolvidable apoteosis  nihilista. El ejército mexicano somos todos los demás, la multitud innominada que espera a que abran otra vez las urnas, como quien espera el rancho, para seguir adelante o quedarnos empantanados de nuevo, quién sabe, según el resultado de la batalla. El ejército, la gente, para decirlo con la palabra de moda e invocada de continuo, siempre está ahí, rehenes de la historia. Lo que espera un rehén es la libertad  y lo que espera un recluta conscripto es la licencia. Pues bien, parece ser que la desmovilización ha llegado, al menos para los más veteranos, y no tendremos que volver a atrincherarnos en las urnas. Los mayores de cuarenta y cinco años no somos requeridos para la recluta, según Bescansa, porque no hacemos más que estorbar en el despliegue de la fuerza. En su afán por el bienestar de todos, los podemitas no solo van a instaurar una renta universal sino que van a dispensar a los maduros y vejetes del fastidioso derecho al voto que nos hace cómplices del cretinismo de los electos a los que aupamos. Para decirlo en el tono de la consabida profecía revolucionaria, los viejos no asaltaremos los cielos. En lo personal, no puedo más que agradecerlo. Los viejos sufrimos accesos de romanticismo senil y lo mismo nos enamoramos de Rita Maestre que intentamos leer a Ernesto Laclau, olvidando que nos falta concentración arriba y abajo.  Así que la ocurrencia de Bescansa es una pertinente llamada al realismo. He votado a podemos en dos años más veces que a cualquier otro partido en cuarenta y en cada ocasión me pregunto para qué. Así que en las elecciones de diciembre o cuando sea iré al colegio electoral con un recorte de prensa de la afirmación de Bescansa y lo mostraré al presidente de la mesa con la satisfacción de quien presenta un certificado médico de inutilidad total ante el encargado de la caja de reclutas. Claro que Bescansa, que funge de fina analista, podría...

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Los chicos del autobús

Posted by on Sep 27, 2016 in Miradas |

Un puñado de jóvenes berrean en un autobús cánticos improvisados y mal afinados contra un personaje público, al que insultan llamándole imbécil, no se sabe por qué, ya que el insulto no está justificado por la letra y ni siquiera rimado. El coro intenta suplir con desganada mala baba el aburrimiento y desinterés por la tarea que les ha reunido. Podrían ser cualesquiera jóvenes pero son miembros de las juventudes socialistas que se dirigen a apoyar a la candidata de su partido en las pasadas elecciones vascas, y el objeto de sus insultos es quien será pocos días después el ganador electo en los comicios, en los que la candidata a la que jalean sin entusiasmo alguno registrará una derrota estrepitosa. Quizás no sea fácil encontrar una metáfora más acertada de lo que le ocurre al pesoe ahora mismo que el vídeo que documenta este hecho. Los jóvenes del autobús, que en un cierto plazo serán cuadros y dirigentes del partido, se muestran encantados –tanto, que se han grabado a sí mismos- de su descoordinación y desinterés para algo tan sencillo como ensayar unas consignas. Un comentarista de la noticia da este sombrío diagnóstico: “Así suelen ser las juventudes de los partidos: una escuela de sectarios y trepas en las que se ‘matriculan’ los que pretenden vivir de los enchufes porque no valen para otra cosa. Cuando se hacen mayores se convierten en políticos que se han pasado la vida saltando de cargo en cargo sin dar un palo al agua, pero eso sí: a leales y fieles al partido y sus líderes no les gana nadie”. ¿Podría explicar este argumento la bajísima calidad de la dirigencia política de nuestro país y singularmente del partido al que pertenecen los jóvenes del autobús? La última decisión del secretario general ha dejado pasmados a propios y extraños, ya sean partidarios del gobierno de la derecha o de uno alternativo de progreso. ¿Podrá hacerse con el liderazgo y formar un gobierno a su gusto en cinco semanas cuando no lo ha conseguido en diez meses y ha perdido, una tras otra, cuatro elecciones? El conductor del autobús pisa el acelerador al acercarse al abismo. Más madera, que diría Groucho...

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Divinas palabras

Posted by on Sep 26, 2016 in Miradas | 2 comments

Entre la innumerables perplejidades que trae la política en esta península, acaso la mayor sea –lo es, desde luego, para quien esto escribe, y de antiguo- la devoción de los gallegos por el partido popular. Que esta devoción fuera moldeada por Manuel Fraga, el más incombustible ministro de la dictadura devenido líder de la democracia, no hace sino adensar el misterio. Una nacionalidad histórica que vota masivamente por los herederos de quienes abolieron su estatuto de autonomía y que ahora postulan una estado centralizado; un país de emigrantes que vota al partido de los propietarios; una población con una tasa de paro cercana al 50% entre los jóvenes que vota al gobierno de la reforma laboral; un territorio devastado por problemas económicos que vota a los caciques; una sociedad gravemente afectada por el narcotráfico que vota a quien exhibe la amistad que le une a un contrabandista. Reconocerán que, desde esta perspectiva, Galicia es un caso muy raro. No ayuda a aclarar el misterio el pudor con que los comentaristas políticos aluden a la, digamos, anomalía gallega. El éxito del pepé en la región es tan abrumador e incontestable que solo caben loas al vencedor, no exentas de un punto de incredulidad que nadie manifiesta. Cuando el criptograma es indescifrable en sus propios términos, la tendencia a explicarlo con una metáfora literaria es irresistible. Y así ha venido a mientes Divinas palabras de Valle-Inclán. Este deslumbrante escritor fue, como todos los de su generación, políticamente equívoco. En los años setenta, cuando se cocía la transición, su drama Luces de bohemia era jaleado en los escenarios españoles como un retrato feroz y verídico del pasado que habría de superarse en la etapa por venir y el autor era considerado un profeta del progreso social. Un poderoso crítico de la época, Juan Antonio Hormigón, llegó a incluirlo en el cuadro general del progresismo marxista. Más recientemente, una nueva biografía del escritor, debida a Manuel Alberca, lo retrata como lo que en realidad fue: un legitimista y un reaccionario político. Divinas palabras es una historia de redención y consuelo: una mujer a punto de ser linchada en una aldehuela atroz es salvada por las palabras del sacristán de la parroquia -quién esté libre de culpa, que tire la primera piedra- leídas del misal en umbrío latín: Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem mittat, predica el sacristán sin saber muy bien lo que dice. Las palabras latinas, con su temblor enigmático y litúrgico, vuelan al cielo de los milagros, acota Valle. El efecto del latinajo es fulminante sobre la chusma de linchadores, que se dispersa, y Mari Gaila, la mujer condenada, percibe el ritmo de la vida bajo un velo...

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Un recuerdo budista

Posted by on Sep 24, 2016 in Miradas |

Una noticia arrastra un recuerdo. El dalai lama ha estado en Francia ignorado por las autoridades del país. La excusa dada es que el líder religioso no pidió ser recibido por el gobierno, pero, ¿alguien se imagina una explicación semejante en el caso de que el visitante hubiera sido el papa de Roma? Lo cierto es que el dalai lama va por el mundo ceñidamente vigilado por la diplomacia china que ha hecho cuestión de estado de cualquier expresión política que pueda insinuarse en sus viajes, y los pequeños gobiernos europeos actúan respecto al monje tibetano coaccionados por el poder político y económico de la segunda potencia mundial. Las visitas del dalai lama tienen un carácter furtivo, como lo tendrían, digamos, las del papa romano si un día la unión europea decidiera ocupar militarmente el vaticano y expulsarle del sitial. El budismo tibetano no tiene embajadores en ningún país, solo seguidores de cuya mano circula del dalai lama por el mundo. En uno de estos viajes furtivos, visitó la provincia subpirenaica desde la que escribo -el tres y cuatro de junio de mil novecientos noventa-, traído por un fervoroso seguidor local, ya fallecido, al que se debe la existencia de un centro de meditación budista en los montes cercanos a la capital de la provincia, antaño covadonga de la cruz y la espada. Fue aquélla la época en que no era infrecuente cruzarse en las calles de la ciudad a vecinos, y sobre todo vecinas, envueltas en ropones de color azafrán y en la que el buda se reencarnó en un niño granadino de nombre Osel, que en aquella ocasión acompañaba al dalai lama. Pueden imaginarse la excitación que produjo en las autoridades de la provincia una visita tan exótica. Un tipo de cabeza rasurada y envuelto en un manteo de color rojo, amarillo y ocre es lo más parecido a un marciano que podía esperarse en aquella época huérfana de internet y previa al programa erasmus, así que nos pusimos a la tarea. El gobierno de Felipe González y su a la sazón ministro de asuntos exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, por lo demás uno de los ministros más progres que ha tenido el país, se apresuraron a enfriar el entusiasmo budisata de las instituciones provinciales. Los chinos no querían que hubiera ningún reconocimiento gubernamental del monje, así que el presidente regional se quedó sin su foto y hubo que buscar otro acomodo a la recepción. Fue en el parlamento, pero tampoco podía ser tan solemne que se ubicara en el salón de plenos, de modo que el tinglado se desplazó a una pequeña sala de reuniones, situada en un anodino edificio de oficinas, en la que todos los...

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Islam

Posted by on Sep 23, 2016 in Miradas |

Sabemos poco del mundo islámico. La polémica estival y meramente anecdótica del burkini da noticia de nuestra tendencia a la caricatura como modo de despreciar cuanto ignoramos, para decirlo en recuerdo al maestro Machado. Pero lo cierto es que, no solo la mayoría de nosotros sino la mayor parte de los opinantes, ya sean profesionales o aficionados, como quien esto escribe, no sabríamos decir lo que distingue a un creyente suní de un chií y qué significa en lo político esta diferencia, a pesar de que, hasta donde podemos observar, se trata de una fractura religiosa determinante para explicar los hirvientes conflictos de la zona. Esta ignorancia es equivalente a la que podría imputarse a un observador de Europa que no distinguiera entre protestantes y católicos, cuando la diferencia entre ambos marca la divisoria entre países a un lado y a otro de la crisis económica que padece la presunta unión europea. La religión, entendida como cultura y estructura social, y no solo como culto, aún ofrece una explicación holística en un mundo en el que laicismo es un pipiolo recién llegado. Por lo que leemos, el rechazo recíproco de chiíes y suníes ya se ha elevado hasta el nivel de conflicto entre las dos potencias regionales. Irán y Arabia Saudí, que representan conspicuamente esta fractura. El gobierno iraní ha pedido una actitud beligerante contra el wahabismo, la doctrina islámica oficial del reino saudí, que está en el sustrato del terrorismo yihadista y que este país exporta a comunidades islámicas en países que no lo son mediante una generosa financiación para erigir mezquitas y retribuir a predicadores. Y aquí llegamos al punto en el que nuestra ignorancia se convierte en nuestro enemigo.  Mientras el adversario  político de occidente se ha focalizado durante décadas en Irán,  considerado en los paranoicos tiempos de Bush júnior, Blair y Aznar como parte del inventado eje del mal (aún fue utilizado por nuestra derecha para atacar electoralmente a podemos), el reino de los Saúd se situaba entre nuestros socios comerciales y políticos preferidos para los buenos negocios, desde la exportación de armas e infraestructuras a la provisión de fondos a comisionistas reales. La fractura entre Irán y Arabia Saudí da pistas también sobre la relativa opacidad de Israel -la primera potencia militar de la región- en los conflictos de la zona, donde se ha esforzado por mostrar un perfil bajo que, sin embargo, no oculta su acercamiento a Arabia Saudí. Un juego de diplomacia y de guerra en la que solo hay un perdedor seguro: los palestinos. Definitivamente, sabemos poco del islam, ni siquiera sabemos a quién pedirle cuentas cuando un chiflado fanático revienta con una bomba un tren o la terraza de una...

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