Good morning!

Posted by on Ago 31, 2016 in Miradas |

Acabo de tener una experiencia mística, lo más parecido a la caída del caballo camino de Damasco que un viejo de principios siglo veintiuno puede esperar que le ocurra. Ha sido hacia las 9:35 horas. Con una taza de café en la mano y proverbial sentido cívico, he encendido el televisor para echar un vistazo a la sesión de investidura. Sánchez desgranaba un discurso cansino, consabido y autocomplaciente, pespunteado por los aplausos militares de los suyos. Rajoy ha subido a la tribuna en el turno de respuesta y, sin ocultar el desprecio que le produce el adversario socialista, ha tirado de, cómo llamarlo, ¿ironía galaica? Demasiado para mi paciencia. La bestia que me habita ha dado un salto y ha buscado la querencia pulsando frenéticamente el mando a distancia para conectar el canal de cine clásico, del que puede decirse con exactitud lo del salmista: Él me hace descansar en verdes praderas. Me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero… etcétera.  Y, oh maravilla, ahí estaban Gene Kelly, Debbie Reynolds y Donald O’Connor brincando y cantando Good morning, good mooorning, good morning to you! La felicidad. Luego viene la secuencia que da título a la película, Singing in the rain, que no puedo dejar de ver sin que mi espíritu baile siguiendo los alados pasos de Gene Kelly. Bendita lluvia. He apagado el televisor para quedarme solo conmigo mismo, presa de la agitación dichosa que debió inundar a Saulo de Tarso. No he vuelto a la película, tampoco al herrumbroso debate del congreso, que se me aparecía como un vestigio de la indeseable vida pasada. Vamos a ver, Manolo, me he dicho, tú eres un espectador, nada de lo que hagas, pienses o digas va a cambiar la realidad, y sin embargo, como espectador, has asistido a historias hermosas, en las que sus protagonistas te han dejado participar, aunque fuera en sueños, ¿cuánto tiempo de tu vida has pasado en la butaca de un cine y en la sala de estar de tu casa frente al televisor?, ¿y qué crees que puedes hacer ahora, de viejo, que no hiciste cuando joven? Tú no puedes cambiar el guión, pero puedes elegir la película, estás rodeado de ventanas electrónicas a mundos de dibujos animados y has de quedarte en el que protagonizan Rajoy y compañía.  Todavía respiras, y disciernes, y tienes el mando a distancia y la industria te necesita como usuario de contendidos, como se dice ahora, y como votante. Eres invencible mientras no te desahucie el banco o el gobierno vacíe por completo la caja de pensiones y, entretanto, ¿cuántas veces puedes volver a visitar Cantando bajo la lluvia? Cuando cierres...

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Verano del 16

Posted by on Ago 30, 2016 in Miradas |

Los toros de Guisando. El chicle de MacGyver. Dos expresiones absurdas, encontradas como dos piedras raras en la torrentera de palabras inanes que discurre bajo los puentes de agosto. La primera ocurrencia es de Rajoy y la segunda, de Irene Montero, una podemita relevante, y ambas remiten a las respectivas subculturas de quienes las han puesto en circulación. Los toros de Guisando proceden del extinto bachillerato nacional-católico y el chicle de MacGyver de la rancia subcultura televisiva de los ochenta. Dos imágenes que habitan en la cabeza de sus autores, sin significación alguna, para descalificar al adversario. Este lenguaje inerte, acuñado con frases hechas, da noticia de la altura del discurso. Los otros dos reyes de la baraja también se han vuelto redundantes: Sánchez en su dontancredismo; Rivera en su hipermotricidad.  La clase política está en estado de pánico. Una mezcla inédita de incompetencia, mala fe y disfuncionalidad de las instituciones la ha llevado al borde del abismo. Las máscaras se han apoderado de los personajes que las portaban y la representación ha adquirido una característica rigidez de cadáver. El fracaso ha hecho metástasis. Lo más atroz de la expectativa de unas terceras elecciones es que repitan al frente de las listas los mismos candidatos que se están suicidando ante un público asombrado. ¿Qué clase de gobierno se pueden formar con estos tipos, cualquiera que sea la combinación disponible? Mientras hilvano estas líneas hacia ninguna parte, el candidato Rajoy perora a su manera cansina y redundante. Los toros de Guisando son unas figuras prerromanas, vale decir, intemporales, macizas, inexpresivas, carentes de gracia, cuya cabeza roma se inclina hacia la tierra, como si no quisieran mirar al horizonte. Mañana es el turno del chicle de MacGyver. Entretanto, la vida sigue: la economía crece, los salarios bajan, los desempleados se desesperan, los turistas vienen, los bosques arden, , las vacas y los pokemonos corretean en armonía por las calles del pueblo y los acreedores esperan que les paguemos lo que dicen que se les debe. Nada que no ocurra cada...

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La hojarasca

Posted by on Ago 29, 2016 in Miradas |

Entre la hojarasca del pacto pepé-ciudadanos, cuya virtualidad última se comenta por sí sola, llama la atención al tipo que esto escribe la medida 119, que reza así: “Aprobar una Ley de Protección de los Denunciantes de Corrupción, con el fin de reconocer y proteger a quienes arriesgan su carrera profesional en la defensa del interés general”. ¿En qué pensaban los firmantes cuando redactaron esta intrigante propuesta? Seguramente en nada. La protección de testigos se activa cuando el crimen es organizado y el denunciante teme razonablemente por la represalia de los socios y parientes del delincuente denunciado. En un cierto sentido, toda denuncia es una delación y una ruptura del sobreentendido que rige la cohesión del grupo social y cualquier delator puede esperar la venganza de los perjudicados por la denuncia, que en esta circunstancia no es solo el denunciado. En todo caso, esta protección necesaria del estado nos remite a sociedades atávicas, con bajísimo nivel de conciencia cívica y dominadas por grupos de interés organizados. Es una definición que cuadra a este país. Para no hablar del pepé, que ha elevado el delito de corrupción a la condición de situación atmosférica, como la sequía, ni ceñirnos a lo ocurrido en estos últimos años, podemos recordar al concejal socialista madrileño Alonso Puerta, expulsado de su partido en fecha tan temprana como 1981, apenas estrenada la democracia, por denunciar un caso de cohecho en el ayuntamiento de la capital. Caso que, claro está, nunca fue investigado porque una comisión de investigación concluyó que Puerta se había equivocado. La comisión estuvo formada solo por concejales de la izquierda (pesoe-pecé) que formaban el gobierno municipal del profesor Tierno Galván. ¿Alguien cree que con estos legisladores y los que vinieron después se vaya a aprobar ninguna ley que estimule la denuncia de la corrupción? Solo hay tres clases de ciudadanos que pueden hacer estas denuncias con solvencia y credibilidad judicial: 1) los propios políticos, 2) los empleados de la empresa corruptora y 3) los funcionarios. Los primeros aprendieron la lección del protomártir Alonso Puerta y antes se dejarían la piel en el potro que soltar prenda, como hemos visto desde entonces, porque de la corrupción depende la financiación del partido y en consecuencia su ganapán. No olvidemos que la miríada de cargos públicos que parasita el sistema político no es elegida por la ciudadanía sino por el partido que los ha puesto en la lista electoral en un lugar de salir, como se dice en jerga, o los ha nombrado a dedo si no había espacio elegible en la lista.  En cuanto a los empleados de la empresa corruptora, si son de alto nivel, los únicos que están en condiciones de hacer estas...

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La vida prestada

Posted by on Ago 28, 2016 in Miradas |

Es media mañana en la terraza del café de la Media Luna. El calor aún es soportable y queda en el aire un vestigio de lo que nuestros mayores llamaban la fresca. Desde el estanque del parque, bajo los árboles, se acerca una pareja que se ha convertido en típica en nuestras calles: una joven que empuja una silla de ruedas en la que se sienta un viejo sarmentoso de cuerpo retorcido e inmóvil y expresión inerte en la que el único rasgo reconocible es una mezcla de estupor y dolor. La muchacha es preciosa, de veintitantos, larga melena sobre los hombros, faldicorta, con unas piernas esbeltas y torneadas, y se comporta con extraña calma y pericia, como si la tarea en la que está ocupada demandara toda su atención pero, al mismo tiempo, no le produjera ninguna tensión. Acerca la silla del viejo a un velador y se sienta enfrente. En las manos lleva la carpetilla de un libro electrónico que coloca sin abrirlo sobre sus muslos cruzados y, sin quitar la mirada del viejo, pide un café. Soy yo el que dejo de mirar a la pareja, por pudor, o por urbanidad, o por miedo. Al poco, la voz de la muchacha reclama de nuevo mi atención. Dulcemente, le está contando algo al viejo, en segunda persona. El relato, hasta donde la buena educación me permite entender, recrea una reunión familiar y recuerda al viejo quiénes estaban contigo, el pastel que probaste, la mamá te dijo, la música te gustó mucho, la pequeña no paraba de correr a tu alrededor… El personaje que protagoniza la historia de la muchacha es un fantasma ininteligible para el destinatario del cuento, aunque sea él mismo unos días antes, quizás el día de su cumpleaños. No era una historia para entretener al viejo sino para mantenerlo vivo. Un ejercicio de respiración artificial. Al fin, la función de las palabras es prestarnos la vida que no vivimos. El efecto del cuento era el de la lluvia sobre el desierto pero resultaba imposible no sentirse conmovido por la paciencia y la ternura con que la muchacha llevaba a cabo su empeño, aunque fuera...

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Vacas y chotos

Posted by on Ago 27, 2016 in Miradas |

Nada. La calle está vacía y el sol obliga a las gafas ahumadas o a cerrar los párpados, lo que es una manera de ausentarse. Las vacaciones dejan de ser un acto voluntario y se tornan invasivas, como los incendios forestales. Una calima de polvo, moscas, vacas y tedio aldeano impregna el paisaje en el entrevero de agosto. En un incierto lugarejo, una peña de gañanes que se llaman a sí mismos las termitas han sacrificado con toda pompa y apoyo del municipio a unos añojos en una parodia de corrida taurina: En otra aldea han sustituido por bombillas las antorchas tradicionales que colocaban en las astas de las vacas de fiestas. Es el paso de la pira a la silla eléctrica, el tránsito de la tradición a la modernidad, que, según reconocen los lugareños, ha sido objeto de un duro debate. En otra parte de este paisaje de secano y estiércol, populares y ciudadanos ultiman un acuerdo de gobierno con la renuente actitud del corredor que no quiere llegar a la meta. Los primeros porque no desean un acuerdo con nadie: el mando no se comparte ni se discute. Los segundos, porque temen con razón que no sirva más que para apuntillarles. En las maniobras de distracción, los negociadores se han enfrascado en ahormar el significado de la palabra corrupción, para desahogo de los corruptos. La tauromaquia y la corrupción son aquí sistémicas. Una corrida en Las Ventas es arte pero ¿qué es la matanza festiva de unos chotillos con defensas del tamaño de pezones? La duda se extiende a la consideración que merece Rita Barberá, por decir un nombre, ¿es una eximia representante de la fiesta nacional o una delincuente? Estas disquisiciones son la letra pequeña del contrato social, por la que navega con desenvoltura un registrador de la propiedad, adiestrado de oficio. Pero a los jóvenes y sedicentes reformadores que se sientan frente a él en la mesa de negociación les está dejando sin resuello ultimar el...

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