Hace semanas que las cabezas más afinadas de la opinión política del país presentan inquietantes síntomas de que se las ha ido la pinza, y ante la rocosa situación en que se ha instalado la cosa pública se limitan a expeler ocurrencias y gracietas que por último solo reflejan la confusión del opinante. Esta mañana, mi admirado Xavier Vidal-Folch, uno de los pocos vestigios del viejo y buen periodismo de opinión que puede encontrarse en el periódico de referencia, proponía en su columna una abstención masiva y a discreción de todos los partidos del parlamento para favorecer la investidura de Rajoy con el fin de dejarlo solo y en minoría en el gobierno frente a las demandas de regeneración y reformas que encarnan las demás fuerzas, en este caso abstencionistas. Trasladada a la estrategia militar, la propuesta equivale a la rendición de equis divisiones de infantería mal equipadas y descoordinadas, antes de disparar un solo tiro y sufrir otra derrota, a fin de que el enemigo se vea obligado a dar alojamiento y comida a los innumerables prisioneros y agote de este modo sus recursos y por último también la razón de su victoria. Menos mal que el articulista reconoce que esta abstención múltiple y mutualizada es muy difícil. La falla de esta brillante ocurrencia reside en que el presunto damnificado con tan astuta estratagema ni harto de grifa presentaría su candidatura a la presidencia del gobierno ante la expectativa de que iba a ser apoyado con los solos votos de su gente cuando a fuerza de nuevas elecciones podría recuperar la mayoría absoluta. Dos o tres convocatorias electorales más, es decir, otro año en funciones, y no habrá nadie que recuerde la corrupción, los recortes, el desempleo y el trabajo precario, el rescate de la banca que pagamos todos, la contrarreforma educativa, la emigración de los licenciados, etcétera, que han movilizado a lo mejor de la ciudadanía en estos años. En la misma edición del periódico en el que escribe Vidal-Folch, el candidato del pepé que va a ganar por mayoría absoluta las elecciones de Galicia condesciende en que la corrupción costó a su partido tres millones de votos por actuar tarde, y lo declara el tipo que se mostró encantado de pasar sus vacaciones veraniegas en el yate de un narcotraficante. Hegel sostuvo que todo lo que es real es racional y a la inversa. Pues bien, no siempre. El divorcio que advertimos entre la razón y la realidad se debe a lo que en psicología se llama disonancia cognitiva. En nuestro caso, se ilustra porque creemos vivir en una democracia avanzada y vivimos en realidad en un parque jurásico en el que el tiranosaurio rex, con sus ridículos andares de paseo, está a punto de hacer trizas al pesoe, ha dejado en estado catatónico a podemos, ha confinado a los catalanes en su pequeño y ensimismado ecosistema, y ha convertido a ese espécimen oportunista de ciudadanos en un peluche. Qué más da que se abstengan o que se extingan.
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