Correlación de debilidades

Posted by on Nov 20, 2016 in Miradas |

Un típico brujuleo sin objetivo específico en el océano internáutico me ha llevado por el canal de youtube hasta Manuel Vázquez Montalbán, del que hay varios vídeos editados de cuando ya era una celebridad absoluta, años noventa, y había concluido la construcción de su proteica obra. Parece una ley de hierro que los escritores célebres en vida atraviesen un purgatorio de olvido a raíz de su muerte, a la espera de que la posteridad los rescate si los editores y el público lo consideran oportuno y rentable. ¿Podríamos encontrar la obra de MVM tan alacre, sugerente e inspiradora como cuando la leímos durante los agitados años del último tercio del siglo? Uno de los vídeos lleva por título epílogo y es una entrevista genérica destinada a publicarse cuando el entrevistado ya no estuviera entre los vivos. Esta fantasmagoría de youtube nos devuelve al marxista que MVM fue en un mundo que descreía de la revolución, un progresista en la charca del relativismo post moderno, un creyente en un universo cínico y un revolucionario epicúreo en el novísimo supermercado de delicatessen, en fin, un tipo en lucha a brazo partido con las contradicciones de su tiempo, que eran también las suyas y las nuestras, armado de un idiolecto característico e irrepetible, lúcido, sugestivo, penetrante, que en algún momento parece hablar de lo que ocurre ahora mismo, veintitantos años después. Las respuestas de MVM a las cuestiones planteadas por sus entrevistadores son precisas y alambicadas, alimentadas por el deseo pero cocinadas por la experiencia, chispeantes a la vez que sobrias, y ofrecen una interesante lección de comportamiento intelectual, político y cívico. Preguntado por la transición, despierta su ironía y retuerce el tópico explicativo más utilizado por la izquierda de entonces para decir que aquello no fue debido a la correlación de fuerzas del momento sino a una correlación de debilidades, y la historia, presta a darle la razón, nos muestra anteayer mismo un reportaje histórico sobre las circunstancias que rodearon a la promulgación de la ley para la reforma política, donde se nos informa por boca de su artífice principal que no se convocó un referéndum sobre la forma de estado porque lo hubiera perdido la propuesta monárquica. Debilidad de la monarquía pero también debilidad de la república, que nadie defendió entonces. Debilidad del búnker franquista, que se hizo el harakiri con aquella ley, pero también debilidad de la oposición democrática que no pudo imponer su proclamado propósito de ruptura con el pasado dictatorial. Debilidad del pueblo soberano, cuyas manifestaciones de protesta jalonaron e impulsaron el cambio de régimen pero no lo determinaron, y debilidad de las elites instaladas, que hubieron de renunciar a su privativo proyecto de futuro. Correlación de...

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Energía

Posted by on Nov 19, 2016 in Miradas |

Foro contra la pobreza energética auspiciado por el ayuntamiento de mi pueblo, que se celebra en la casa de cultura de uno de los barrios de la ciudad. Lo primero que llama la atención al curioso desavisado es el edificio y su salón de actos donde se celebra la presentación: espacioso, cómodo, bien dotado de recursos técnicos. El segundo motivo de asombro es el escaso número de asistentes, quizás un par de docenas. El reciente fallecimiento de una anciana abrasada por el incendio que provocó la candela de la que tenía que valerse porque la compañía eléctrica le había cortado el suministro por impago no ha movilizado a la gente. Otra noticia más del telediario, que se desliza por sobre la conciencia cívica como el agua del estanque por la espalda del pato. El paisaje del foro ilustra la resaca en que vivimos: un recinto de primorosa arquitectura, vestigio intacto de la época del dinero fácil, que espera ser ocupado para algún fin útil. Por ahora, el pueblo, o la población, o la plebe, o como quiera llamarse, se muestra renuente a hacerlo. ¿Dónde está? Quizás pulsando nerviosamente la pantallita de su dispositivo móvil para colgarse en  la nube. Si hubiera que hacer una metáfora rancia y no muy atinada, diríamos que estamos en el palacio de invierno que el pueblo no quiere asaltar, ni siquiera servirse de su uso, pues al contrario que el palacio de los zares esta casa de cultura es de dominio público. El foro lo dirigen jóvenes de aspecto informal –concejales y asesores de ayuntamientos de izquierda y promotores de cooperativas de consumo energético-, experimentados en el tema que los ocupa y que saben de lo que están hablando. Se expresan en un tono didáctico, que a veces parece tentativo, cauteloso a fuer de mesurado y preciso, y que si bien no oculta ni las intenciones últimas –una vida decente para todos en la que esté erradicada la pobreza-, tampoco las dificultades para conseguir el objetivo. El tratamiento del asunto tiene aquí un carácter operativo (hay previsto un taller para aprender a leer el recibo de las compañías eléctricas) y a los legos como quien esto escribe les evidencia su complejidad. Mientras escucha a los expertos, un sentimiento de precariedad asalta al aprendiz de ciudadano, ¿y si en este momento la compañía eléctrica cortara la luz por impago del ayuntamiento? Prometeo robó el fuego a los dioses para entregarlo a los humanos, y lo celebramos por eso. Desde entonces, la existencia se nos ha complicado bastante y si bien los asistentes al foro parecen guiados por un impulso prometeico, por ahora nos adiestramos en descifrar el maldito recibo del fuego del Olimpo, que cada...

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Militancia otoñal

Posted by on Nov 18, 2016 in Miradas |

Café de media mañana con un viejo y buen amigo. Fue el primero que me sugirió que pusiera en marcha un blog, muchos años antes de que este echara a andar. Él mismo es titular de uno, que no alimenta con la frecuencia que nos gustaría a sus lectores. Risas, intercambio de historias y de chismes. Reencuentro de supervivientes. A cierta edad, las conversaciones tienen un tinte utópico, legendario, y más si, como en este caso, los interlocutores son propensos a la literatura. Tema: la política singularmente, ese fastidio que nos envuelve y del que querríamos liberarnos para ocuparnos de otras cosas, pero no sabemos qué cosas. El fútbol está descartado. Querríamos tener más vida interior, como dice algún personaje de Samuel Beckett. La política, en consecuencia. El paisaje es ahora mismo una playa después de la borrasca, sembrada de pecios y excrecencias entregadas por la marea en retirada. Confusión en el presente, incertidumbre ante el futuro y retorno al único patrimonio disponible, el pasado. La izquierda, en la que difusamente se reconocen los dos contertulios, es un náufrago que recoge materiales de la arena para construirse una chabola y vivir lo más cómodamente posible la soledad que le espera. Los dos contertulios frecuentan y en ocasiones son ponentes de esas reuniones culturales en bibliotecas públicas y asociaciones culturales a las que solo asisten vecinos y vecinas de cabeza color ceniza. Gente que parece que tuviéramos alguna asignatura pendiente del bachillerato y que escarbamos en los manuales del pasado en busca de un chispazo de esperanza. Encuentros que sirven para que la brecha generacional se manifieste como una experiencia directa, tangible. ¿Dónde están los jóvenes?, pregunta uno. Desde luego, no donde estamos nosotros, responde el otro. En el palique emerge la  evocación de alguno de estos eventos: un coloquio de la escritora Ana Puértolas que presentó unas memorias noveladas de su juvenil militancia política o una conferencia del periodista Joaquín Estefanía… que llenaron los recintos donde se celebraron de un público fiel y sobradamente oversixty. Hay en esta militancia otoñal algunas preguntas inquietantes, que nadie se hace en voz alta: ¿tuvo sentido lo que hicimos?, ¿vivimos como queríamos vivir?,  ¿sirvió para cambiar la sociedad o a nosotros mismos? ¿imaginamos que llegaríamos a estar aquí sentados, haciéndonos estas preguntas? Al menos, no fuimos mala gente, se oyó decir en alguno de estos encuentros. Risas de nuevo. Para dentro de unas fechas hay prevista una cena de ex; una cena prenavideña de reyes magos que acuden con el zurrón lleno de juguetes rotos y recuerdos ajados.  Nos despedimos, hasta el próximo...

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Uy, lo que he dicho

Posted by on Nov 17, 2016 in Miradas |

Urbanidad era una pequeña asignatura, o contenido, como se diría ahora, de la enseñanza primaria en la que nos educamos los de mi edad, que intentaba inculcar ciertas normas de comportamiento en sociedad, referidas a, cómo saludar y presentarse, cómo hablar y qué decir en público, etcétera. El diccionario de la rae define urbanidad como cortesanía [sic, no cortesía], comedimiento, atención y buen modo. En aquella época y en la práctica era un adiestramiento para mantenerse calladitos. La vida en sociedad, dentro y fuera de la propia casa, estaba reglada por la autoridad, la jerarquía y el silencio, y las estereotipadas viñetas que ilustraban qué era la urbanidad pintaban a unos jóvenes muy bien peinados, tiesos e insípidos que comparecían ante el maestro, el cura o la tía abuela prestos a hacer lo que estos les mandaran y a la espera de la dádiva que recibirían por su buen comportamiento. La urbanidad como noción y como práctica se fue pronto al garete, desde los años sesenta quizás, porque era un cepo para la libertad y la verdad. Pero, a pesar de esta liberalización de los modales, el insulto y la grosería, que son el límite extremo de la falta de urbanidad, no eran frecuentes mientras el trato era personal y los interlocutores se miraban a la cara o se oían la propia voz a través del teléfono, es decir, mientras las relaciones sociales conservaron algún vestigio de realidad. Simplemente, se aceptada que un límite de respeto era necesario para la mera convivencia social. Esta convención se vino abajo cuando las comunicaciones pasaron a ser virtuales y se hicieron a través de artilugios digitales. En ese momento, el último resto de urbanidad que pudiera quedar se convirtió en una papilla infecta. Digamos, en los tuits del concejal madrileño  o en el muro de facebook de cierta alcaldesa norteamericana. Son barbaridades que es inimaginable que puedan decirse a la cara. Las nuevas tecnologías han echado a la calle las flatulencias que se producen en la intimidad. El vecino se asoma a la ventana, cierra los ojos y arroja el contenido del orinal mientras anuncia jubilosamente, agua va. Pero la urbanidad, ahora llamada corrección política, no ha sido abolida, así que esta nueva situación ha dado lugar a otra práctica muy fastidiosa, la del personaje que pide disculpas, que dice que no ha querido decir lo que ha dicho o que intenta explicar el contexto de su exabrupto. La urbanidad a la antigua traía la obligación de expresarse en tiempo y forma mediante un lenguaje claro, preciso y mesurado. Elaborar con estas premisas una réplica mordaz o un comentario derogatorio exige mucha inteligencia verbal. Rajoy es un maestro en este arte porque...

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En el laberinto

Posted by on Nov 16, 2016 in Miradas |

Esta tarde participo en una charla-coloquio organizada por una asociación cultural de mi pueblo sobre el tema Europa y el euroescepticismo y desde que vengo preparando mi intervención, hace unos días,  me siento como un ratón en el laberinto. ¿En qué momento la inteligencia del ratón sometido a este experimento evoluciona hasta comprender que no hay queso al término de su búsqueda y que en consecuencia resulta estéril toda su enfebrecida actividad por los pasillos de la argumentación? Mi conciencia europeísta, que yo creía acendrada, tiene dos hitos que puedo identificar en mi biografía. En una especie de revelación, comprendí que el europeísmo era un proyecto deseable y beneficioso un día cualquiera de verano de la segunda mitad de la década de los ochenta cuando en un viaje de placer a Francia atravesé la frontera por Hendaia sin necesidad de mostrar el pasaporte y unos kilómetros más adelante, en la carretera hacia San Juan de Luz, adelanté con mi renault nuevo a otro vehículo de matrícula francesa. Aquello era ser europeo: igualdad de derechos, libre circulación y competitividad dentro de una regla común. Treinta años más tarde, recibo como una afrenta la decisión de las fuerzas mayoritarias de esta provincia, dizque progresistas y a las que yo he votado, que han arriado la bandera de la unión europea de la fachada del parlamento regional. ¿Qué ha pasado en estas tres décadas bajo nuestros pies para que el europeísmo se haya quedado sin argumentos y un clamor crecientemente mayoritario apueste por el retorno al control de fronteras, los aranceles comerciales y el chovinismo nacionalista? Cierto es que las fuerzas políticas que en mi pueblo han arriado la bandera azul estrellada no son de la cuerda de Le Pen, Farage et alii, sino más bien todo lo contrario, y que su gesto de protesta antieuropeo se debe al maltrato que se ha infligido a los refugiados de las guerras de Siria. Pero, ¿ganan algo los refugiados con ese gesto o el gesto da la razón a quienes han forzado a los gobiernos a expulsarlos fuera de nuestras fronteras? Los que han arriado la bandera azul no protestan por la suerte de los refugiados sino por sí mismos: jóvenes a los que Europa y los gobiernos que la representan han negado el futuro que de alguna manera les habían prometido. Por lo demás, nadie en mi pueblo, de derecha o de izquierda, ha reparado en la ausencia de la bandera en la fachada del parlamento, y, en todo caso, les importa una higa. Ninguna protesta articulada ha surgido de los partidos europeístas, huérfanos de razones para defender su causa. Así que el ratón, exhausto, medita, y si lo que hemos llamado pomposamente...

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