La comunidad

Posted by on Nov 25, 2016 in Miradas | 1 comment

El fallecimiento de Rita Barberá ha devuelto al pepé el sentido de comunidad, momentáneamente enajenado por la presión de la opinión pública y la acción de los tribunales. Corrupta, quizás, nunca lo sabremos, pero sobre todo, una de los nuestros. ¿Y si Rita no murió abrumada por su responsabilidad sino porque los suyos la habían abandonado? No han pasado ni cuarenta y ocho horas de su fallecimiento y Rita presta un último servicio al partido del que fue fundadora y al que sirvió con lealtad, provecho y desatada alegría durante toda su vida, al recordar a los supervivientes quiénes son, cómo llegaron al poder y qué han de hacer para conservarlo. La pregunta que atenaza ahora mismo a los desconsolados populares es, ¿y si lo de Rita es solo un síntoma y estamos ante una epidemia de defunciones entre los innumerables imputados, responsables, beneficiarios, cómplices, causahabientes y autores de esemeeses durante veintitantos años de corrupción sistémica?, ¿a cuántos funerales habremos de asistir, incluido el de cada uno de nosotros? El portavoz popular ya ha reflexionado en voz alta, como se dice ahora cuando aludimos a  una amenaza, de que tal vez haya que darle una vuelta al pacto con ciudadanos en lo referido a cesar a los imputados por corrupción. Es un reconocimiento de la incompatibilidad del poder con la decencia. No hay de qué avergonzarse. Del mismo modo que en la carrera militar tienen poco futuro los demasiado escrupulosos con los derechos humanos, nadie cree que se pueda gobernar una ciudad o un estado durante un cuarto de siglo sin que el lubricante te manche las manos. En cuanto al pacto con Rivera, hasta este chico tan listo debe de haber comprendido ya que es papel mojado, en la cláusula aludida y en cualesquiera otras, por razones que todo el mundo entiende intituitivamente. El pepé necesita dos condiciones para recuperar la hegemonía sobre el país: romperle el espinazo al pesoe y absorber a ciudadanos. Lo primero ya lo ha conseguido, Felipe González mediante, y lo segundo es cuestión de cocina y tiempo en el horno porque ni el más miserable pollo se deja comer mientras está vivo, así que empecemos por darle una vuelta al pacto. Y una vez que volvamos a ser hegemónicos como antes, ¿qué necesidad habrá de discernir entre santos y pecadores? Eso ya lo hará dios, como nos recordó el cardenal Cañizares en la iluminadora homilía del funeral. En estos meses de turbulencias, el pepé ha cometido dos graves errores: fingir ser el partido que no es y apartarse de las enseñanzas de la santa madre iglesia. En el pecado lleva la...

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Lecturas interesantes

Posted by on Nov 24, 2016 in Miradas | 1 comment

La primera vez que oí hablar de Oulipo fue una tarde lluviosa de los años setenta en una cafetería madrileña de la carrera de San Jerónimo y mi informador era Javier Mina, que entonces cursaba estudios de literatura en La Sorbona. Hasta donde recuerdo aquel encuentro, su pasión de panegirista fue pareja a mi confusión. Oulipo no es el nombre de un extraterrestre encontrado en el patio trasero de la casa de Mina, como me pareció entonces, sino un movimiento o cofradía de escritores contemporáneos, franceses en su mayoría, que practican el oficio de acuerdo con ciertas reglas restrictivas o propositivas a fin de estimular la investigación y la creatividad en el texto. Por ejemplo, urdir un relato en el que esté ausente una determinada letra del abecedario o escribir un mismo cuentecillo en todos los estilos imaginables, desde el bíblico hasta el telegráfico, por citar dos productos canónicos del movimiento. A estas experiencias de literatura festiva, y diría que ociosa si no fuera una redundancia, la cofradía le pone nombres como lipograma, tautograma, etcétera, destinados sin duda a pasar la vejez en algún diccionario de literatura. Después, y antes también, de aquella tarde lluviosa, Mina ha practicado con tenacidad y a su aire disciplinas literarias y pictóricas,  de las que ha acumulado una obra copiosa. amena y muy variada, y en los últimos años ha escrito libros de ensayo que yo no dudaría en calificar de oulipianos. Esta tarde se presenta en la librería Walden el último, Libros para la guerra, cuyo título es más explícito que el contenido. Si no me equivoco, el plan de Mina para redactar estos ensayos consiste en adoptar un lugar común, una especie de plataforma nocional o de premisa propositiva, y rastrear su huella por todo el espacio y el tiempo conocidos, desde la prehistoria hasta la post modernidad y desde el desierto de Gobi hasta la playa de la Concha en San Sebastián. Así lo hizo con los tiranos y la tiranía (Tigres de papel), con parejas de individuos aquejados de simetrías existenciales (Vidas paralelas), con la ceguera (La mirada fósil), con el pensamiento ensayístico (Montaigne y la bola del mundo), con los paseantes literarios (El dilema de Proust)  y ahora con la literatura belicosa. El lector puede imaginar la cantidad de material documental en el que es preciso escarbar para escribir un libro así (y si no consigue imaginarlo, puede consultar la bibliografía al final para tener una idea del esfuerzo). El resultado está entre lo interesante y lo sorprendente. Lo interesante radica en la torrentera de historias que se ofrece en las páginas de estos libros.  El lector es aquí transportado por un tour operator de la literatura a...

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La que se nos viene encima

Posted by on Nov 23, 2016 in Miradas |

Distraídos en nuestras quisicosas domésticas -ya conocen el repertorio de zarzuela: Pedro y Susana, Pablo e Iñigo, Soraya y María Dolores– y ofuscados por la antipatía instintiva que sentimos hacia Nicolás Sarkozy, hemos recibido con una tibia mezcla de satisfacción e indiferencia el resultado de las primarias en la derecha francesa, en las que el hiperactivo ex presidente de la república ha sido derrotado por quien fuera su primer ministro, François Fillon. Al contrario que su adversario electoral, Fillon no es glamoroso ni necesita coturnos para pasear con su chica, sino que presenta la apariencia respetable, grisácea, ligeramente cargada de hombros, el rostro ojeroso, típica de un enarca francés, así que, por alguna razón, parece más inofensivo que su derrotado contrincante. Los politólogos, esa chusma en declive, no previeron su victoria (¿les suena de algo?), de modo que tuvieron que leerse su programa aprisa y corriendo para descubrir, caramba, que el candidato cree que estamos en la tercera guerra mundial, esta vez contra el totalitarismo islámico y que hay que emprenderla con cualquier método, aunque sea antidemocrático, léase mediante una alianza con Putin y el dictador El Assad en Siria para seguir pulverizando Alepo, como durante la segunda guerra mundial pulverizaron Berlín, Hamburgo y Dresde con el concurso de Stalin. La querencia rusa está en el adn de la política de estado francesa y se manifiesta en cada ocasión a riesgo de tergiversar la historia. Lo cierto es que la alianza de las democracias occidentales con Stalin fue reticente y tardía (entre otras razones porque durante un periodo crítico Hitler y Stalin fueron aliados) y, en último extremo se hizo para liberar Europa occidental, es decir, el propio territorio de Francia, del dominio nazi al que obsequiosamente había abierto la puerta el gobierno francés de la época. Pero, ¿qué territorio hay que liberar ahora? El proponente parece olvidar que ya se liberaron Irak y Afganistán, con los resultados sabidos. Una intervención militar masiva –mundial, en la terminología de Fillon- en los países árabes sería vista por sus aparentes beneficiarios como una reedición del colonialismo para el que Fillon tiene palabras obscenamente naïves: la colonización se hizo para compartir con otros pueblos nuestra cultura. Es un lugar común que tiene de antiguo su versión paródica en francés. Nos ancêtres les Gaulois era la fórmula patriótica que tenían que aprender los niños de Senegal y Costa de Marfil en la escuela primaria de la colonia, y el último que la enunció en esta misma campaña electoral fue el húngaro Sarkozy, lo que provocó grandes carcajadas de la progresía nacional. En fin, esta es la derecha que se nos viene encima porque lo que va a ocurrir en las presidenciales francesas es...

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Claveles de otoño

Posted by on Nov 22, 2016 in Miradas |

El pasado fin de semana, el vasto atrio del llamado monumento a los caídos de mi pueblo ha estado alfombrado de cientos de claveles rojos que la intemperancia de la estación ha revuelto con las hojas caídas de los árboles y finalmente entregado al olvido por obra de los barrenderos municipales. Los claveles han sido el homenaje breve de los nostálgicos de la dictadura a los golpistas, generales Mola y Sanjurjo, cuyos restos mortales han sido exhumados de la cripta de este monumento a la división y a la muerte con destino a una sepultura más piadosa y privada donde se encontrarán con la eternidad sin más cobijo que sus actos, un destino que todos compartimos. El proceso de exhumación ha sido políticamente legal, administrativamente impecable, y discreto y pudoroso en su ejecución, tanto que resulta difícil encontrar en la red vestigio de la noticia, y desde luego se ha realizado con el acuerdo de la población. El ayuntamiento ha elevado a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle era plenamente normal, para decirlo con la acreditada sentencia de Adolfo Suárez, el padre de nuestra democracia que, en estos días y por mor de unas declaraciones rescatadas de los archivos, ha pasado de héroe nacional a chiflado que había perdido la chaveta. Los claveles otoñales de mi pueblo y la atribución de demencia a Suárez brotan de un mismo humus ideológico que exige mantener clausuradas ciertas criptas de nuestra historia. La razón, también histórica, es que la democracia española no se construyó, como en el resto de Europa, incluso en las más tardías, como las de Portugal o Grecia,  sobre el consenso antifascista sino justamente para integrar el fascismo en la democracia mediante la amnistía, que significa olvido, de sus acciones más flagrantes. Esta anomalía otorga a España su condición de país excéntrico, ensimismado en su pasado como en un bucle sin fin. Es el mismo humus cultural que conserva instituciones subvencionadas y dirigidas ensalzar al dictador, cuyos guardianes saltan a la palestra de vez en cuando para divertimento o irritación del respetable según quién atienda a sus peroratas, como ha ocurrido también estos días de brumario con cierto portavoz franquista, una especie de friqui del que no sabemos si es un fanático, un indocumentado o un provocador, pero cuyas ocurrencias se librarán del escrutinio de los tribunales porque no es un titiritero ni un concejal de podemos.  Claro que todo esto va a ser pacotilla con la que se nos viene encima. El mismo portavoz  franquista reconoce que la victoria de Trump y la probable de Le Pen en Francia son signos de madurez de la sociedad. Aún es posible que veamos el retorno...

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Dios

Posted by on Nov 21, 2016 in Miradas |

¿Cuántos años hace que Aznar el implacable le tildó de abuelo cebolleta relegándole así a la sarcástica hornacina de los tebeos del pasado? Más de veinte, sin duda. Y ahí está, tan terne, bronceado y orondo, requerido por cámaras y micrófonos, solicitado a través de móvil, secundado por el sanedrín que gobierna el país, entregado al distraído pasatiempo de demoler el partido que le aupó a la presidencia del gobierno. En el desierto en que se ha convertido el pesoe, Felipe González es la zarza que arde sin consumirse a la espera de un moisés que sea de su gusto para entronizarlo al frente del pueblo fiel. En la biblia particular de los socialistas, el pepé es la geografía y la geología, el paisaje de la tierra prometida que siempre está ahí y que hay que arar trabajosamente, y podemos es la típica plaga de langosta que ya pasará, pero el pueblo elegido, con una antigüedad de no sé cuántas centurias, es el pesoe. Y su dios, como dijo el otro, es Felipe, que antaño (1982) abrió las aguas del mar y hogaño (2016) ordenó que degollaran al primogénito de la tribu. Rediós, eso si es un dios como dios manda, y no el sindiós de una democracia de perdedores. ¿Qué quiere dios de nosotros? El pueblo elegido está en un ay a la espera de que se manifieste. Hace unas pocas fechas, en un foro auspiciado por el principal grupo mediático andaluz, dios cobró sesenta mil euros por hablar durante media hora de españa y en el curso de su homilía se permitió alguna gracieta sobre el sacrificado Pedro (en el doble sentido de esforzado y ejecutado) del que dijo que intentó hacer lo que mejor sabía, pero no sabía, y añadió en su característica jerga jeroglífica, sería una desgracia para Susana que yo apoyara su candidatura, para concluir, hay no sé cuántos más con las mismas cualidades de fuerza y coraje. Desconcierto andaluz, temblor de cristos y vírgenes en procesión ante el silencio de dios, una expresión que era moderna cuando quien esto escribe también lo era. Quién iba a imaginar que el partido dizque modernizador del país no ha atravesado aún el fresco arroyo de la ilustración y anda en el reino de las sombras esperando una indicación de dios. Una sencilla enmienda en los estatutos permitiría al partido abandonar las supersticiones y recuperar la racionalidad y el sentido histórico. La enmienda podría decir algo así: serán suspendidos de militancia los afiliados al pesoe integrados en los consejos de administración de las corporaciones oligárquicas y con intereses financieros en territorios ajenos a la soberanía nacional. Y por si dios no se diera por enterado, convendría incluir...

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