Tiempo de regreso a la osera para la hibernación. El partido rocoso -el calificativo se debe al propio Rajoy, dicho en la sesión de investidura, sin duda porque el cemento se ha revelado como un privilegiado valor de uso y de cambio en el pepé-, el partido rocoso, decimos, se ha adueñado por último del paisaje y se acabó el atribulado estío. El tempero es todavía cálido y soleado, y las hojas, ya mustias, posponen la muda de color y prefieren engañarse aferradas a sus tallos en la rama. Pero la fauna sabe que ha llegado la hora de aparcar la esperanza y ahorrar energía al cobijo de la madriguera. Algunos moscardones revolotean pesadamente queriendo eludir al destino pero sabemos que no verán la próxima primavera. La calle Estafeta de mi pueblo está recorrida por bandadas de turistas de cabeza de color ceniza, jubilados que vienen, no a experimentar la fiesta que se celebra en julio, ni siquiera a contemplarla, pues ningún vestigio queda de ella en las rutinas del vecindario, sino a evocarla. Sus pies, cansados y torpes, pisan los mismos adoquines que sirven de escenario a la competición de toros y corredores entrevista en la tele. Es un turismo de la memoria, típico del otoño, que necesita de las ruinas para realizarse, y sirve a los turistas para entender lo que son, pero sobre todo, lo que no son y, desde luego, no son corredores del encierro. Turismo del desengaño. El pesoe podría organizar para su gente un tour a esta provincia, en el que, con ayuda de guías locales, los viajeros seguirían el itinerario de su destino político. En esta mínima comunidad de algo más de medio millón de habitantes, la federación regional del pesoe ha atravesado todos los avatares imaginables desde que emergió en los años ochenta y que pueden resumirse en la impotencia para definir un proyecto político propio, autónomo y diferenciado de la derecha. Aquí, un temprano y sonoro episodio de corrupción y su secuela años más tarde desalojó por dos veces a los socialistas del gobierno y malbarató durante dos décadas la posibilidad de una alternativa de centroizquierda, además de cercenar la expansión del partido en una sociedad en la que los trabajadores y las clases medias dependientes del sector industrial son mayoría. Aquí también, el pesoe local intentó sobrevivir –por responsabilidad, como se dice ahora- mediante toda clase de pactos con la derecha, acuerdos de gobierno, gobiernos de coalición, acuerdos de legislatura, pacto educativo y todo el catálogo de fórmulas colaborativas imaginable, incluida la venta de su apoyo al módico precio de unas partidas de gasto público para alimento de sus redes clientelares. Aquí también padecimos en 2007 un interminable proceso...
Ojos verdes
Una mujer afgana de cuarenta y tantos, asilada en un campo de refugiados en el vecino Pakistán, afana unos documentos de identidad falsos para sí y para otras dos personas, al parecer hijos suyos. Es descubierta, detenida, encarcelada y está a la espera de juicio que puede significar desde la expulsión del país hasta una condena de siete años. El episodio no debe ser infrecuente en la azarosa existencia diaria de millones de refugiados en todo el mundo (solo en Pakistán, casi un millón y medio de refugiados afganos, de los que cerca del millón están en situación ilegal). Pero la razón de que este caso concreto haya reclamado nuestra atención al otro lado del mundo es que la mujer posee unos hermosos ojos verdes. De hecho, unos ojos icónicos, como lo fueron, digamos, las piernas de Cyd Charisse, por mencionar un icono de la época juvenil de quien esto escribe. Lo que distingue los ojos de esta mujer de las piernas de Cyd es que a ella no le han servido para ganarse la vida, ni en la industria del cine ni en ninguna otra. Y, sin embargo, son unos ojos muy famosos, universalmente conocidos, que le han otorgado una identidad superpuesta a la real pues ¿a quién que no sea poli paquistaní o maniático de la wikipedia le dice algo su verdadero nombre, Sharbat Gula? Un reportero fotografió en 1985 esos ojos engastados en el óvalo de la cara de una niña y la revista National Geographic público la imagen en portada y de ahí a la eternidad. Lo que los voyeurs occidentales buscamos en esta clase de publicaciones de lo exótico son emociones fuertes, ya sean provocadas por la belleza o por el horror, y tanto mejor si en un destello de belleza en medio del horror. A los ricos que pueden pagárselo les gustan los diamantes, aunque sean de sangre, pero a los demás nos excita precisamente que sean de sangre. Saberlo tiene en nosotros el efecto de un buen estornudo que nos permite excretar un nódulo de indignación por las fosas morales, después de lo cual se respira mejor. Diecisiete años después de captar la famosa imagen, el fotógrafo reencontró a la mujer de los ojos verdes. La noticia que leímos de este encuentro destacaba en el titular que Sharbat nunca había visto a Bin Laden. Es un apunte chusco y de difícil interpretación, que parece querer informar que el líder de Al Qaeda no tenía costumbre de fotografiarse con las celebridades locales, como hacen nuestros políticos. Los ojos verdes seguían en la cara pero la asombrada curiosidad que expresaban en la niña se había convertido en la recelosa mirada de una mujer adulta...
Sobre la libertad
La edad lleva a la desafección, y personas y cosas a las que creías estar vinculado por sentimientos y experiencias compartidas se tornan indiferentes, ajenas, lejanas. Hace ya tiempo que he dejado de leer el diario de referencia, que ha sido mi compañero y mi alimento intelectual durante cuatro décadas. No soporto la parcialidad, el resentimiento y la mala fe que destilan sus páginas hacía lo que es nuevo; no soporto su impostado liberalismo que le hace pasearse por la realidad con los ojos orgullosamente cerrados. No soporto que se haya convertido en un viejo engolado y avaricioso de sus rentas, que hace aspavientos cada vez que los hechos empíricos contrarían sus intereses. Pero, ay, aún habitan sus páginas algunas, no muchas, de las firmas a las que debo iluminaciones memorables y me resulta imposible sustraerme a la atracción de su lectura por si conservaran la energía que me inspiró antaño. Una de estas firmas es la del historiador José Álvarez Junco, al que debemos un libro impagable –Mater dolorosa– sobre los orígenes y la naturaleza del nacionalismo español. En las páginas de opinión de la edición de ayer, este autor escribía un artículo titulado Sobre la libertad, que era una glosa de la obra del mismo título de John Stuart Mill. Leí la pieza con impaciencia, maliciándome el sentido del discurso, que era, en efecto y como se descubría en el último párrafo, una argumentación ad hominen contra el líder podemita por los sucesos de la universidad autónoma de Madrid. ¿Es pertinente una lección de moral política de primero de carrera para juzgar estos hechos?, ¿no hay más matices en el hecho juzgado que el concepto de libertad que formula Stuart Mill?, ¿no ha habido otros desarrollos posteriores sobre la noción de libertad, por ejemplo, los que contemplan la desigualdad material que la hace imposible? Dejemos de lado, para no caer en la demagogia, que el autor escribe en defensa de la libertad de expresión de quienes le pagan el artículo. La primera apariencia del suceso de la uam es que se trata de un teatrillo. Veamos: dos de los personajes políticamente más poderosos del país, que disponen a diario de cuantos foros de opinión quieran, concurren juntos a un innominado acto académico del que no se ha explicado ni el contexto, ni la naturaleza, ni el propósito, cuando son boicoteados por quizás dos docenas de estudiantes, provistos de la correspondiente parafernalia de pancartas y embozados con unas ridículas máscaras de cartón. El boicot, no exento de algunos forcejeos de los boicoteadores con los ujieres de la universidad, tiene lugar en un estrecho y abigarrado pasillo frente a la puerte de lo que parece ser el aula donde...
Viento del este
1) Retorno a la antigua moneda nacional, el marco alemán; 2) reducción de la unión europea, no a los rescates de Grecia, no al ingreso de Turquía y salida de Alemania; 3) freno a la inmigración; 4) restricciones al derecho a la práctica de su religión para los musulmanes; 5) no al matrimonio gay, no al aborto en la sanidad pública e incremento de las ayudas a las familias numerosas pero solo alemanas; 6) potenciar las ayudas a la industria del automóvil, que genera empleo y no afecta al cambio climático, no a los subsidios a energías renovables; 7) recuperar el servicio militar obligatorio para los varones a partir de los dieciocho años, retomar las buenas relaciones con Rusia y no participar en operaciones de la otan en las que no esté en riesgo la seguridad nacional, y 8) enseñar en la escuela una historia que resalte los valores del pasado y dejar de sentir culpa por lo hecho por Alemania. Este es el florilegio de principios políticos que inspiran al partido xenófobo alemán que le está quitando el pan del morral a la señora Merkel por la derecha, según leo en un reportajillo de dominical en el que se entrevista a Frauke Petry, la líder de Alternativa para Alemania (AfD). Petry, como Merkel, procede de la Alemania oriental, pero pertenece a una generación posterior, la que accedió al mundo laboral cuando estaban de moda los minijobs, ese invento del socialdemócrata Schroeder que nos pareció genial cuando solo era el preámbulo de la liliputización laboral que vino después. Hoy, en España, todos los nuevos empleos son minis, casi de dimensión molecular, tanto que, a pesar de su aumento en la atmósfera, no es posible comprobar sus efectos en las rentas, ni en las pensiones, ni en el consumo. Sabemos poco de muchos asuntos que nos conciernen; uno de ellos, el peso y el sentido de los países del este europeo que se han adherido a la unión en la última ampliación. En todos ellos se advierten corrientes de opinión dominantes que desembocan en el mismo estuario: el nacionalismo. Dos rasgos identifican estas corrientes. Primero, estos países experimentaron una suerte de globalización -pues no otra cosa era el internacionalismo soviético- como una viva opresión, lo que les lleva a desconfiar tanto de los espacios económicos como de las instituciones políticas de dimensiones supranacionales; la experiencia histórica, cosida con bramante de ideología tradicional, les dice que esta clase de proyectos se levantan contra los sentimientos y vivencias más íntimas del verdadero pueblo. El segundo rasgo es que estas sociedades dieron un salto vertiginoso desde el pleno empleo y la sociedad jerarquizada a una desconcertante libertad que nos les era retribuida en...
Ya lo dije
La expresión ya lo dije es una acreditada señal de mala educación. Ya dije que ese jarrón se iba a caer, cuando el jarrón yace hecho añicos en el suelo, delata a un cenizo, sabiohondillo y por último impotente individuo. Pues bien, yo ya dije que tendríamos un gobierno de derecha con la abstención del pesoe. Los viejos podemos permitirnos el lujo de ser impertinentes, para el caso que nos hacen. Lo dije el día de las últimas elecciones, 26 de junio, antes de acercarme al colegio electoral para cumplir con el voto, y dejé el testimonio escrito en esta bitácora. La autocita, otra ordinariez, pero a lo que íbamos: de aquel pronóstico permanece un apunte certero y un deseo –los viejos también tenemos deseos- que manifiestamente no iba a cumplirse. El acierto fue/es la atribución al Brexit -del que nadie habla ya pero que había ocurrido dos días antes- del sesgo conservador del resultado electoral. La madrastra Europa gravita sobre nuestras decisiones, aunque finjamos no verla. Aún hay por alguna parte un millón y pico de votos perdidos por la coalición unidos podemos en aquella circunstancia que nadie sabe a dónde fueron a parar pero que, sea por miedo o por cautela, no llegaron a su destino. La abstención socialista para que la derecha formase gobierno, que era obvia aun antes de abrir las urnas en junio, tendría que ser al precio de la liquidación de Sánchez, como así ha sido. De hecho, uno de los objetivos de la mayoría socialista salida del comitefederal de ayer es impedir que Sánchez, convertido ahora en críptico tuitero, vuelva a levantar la cabeza. El deseo manifiestamente incumplido de la entrada del 26 de junio en este blog era la alocada hipótesis de que el acuerdo de gobierno podría ser también al precio de la cabeza de Rajoy, que aún conserva sobre los hombros. Hasta aquí el pronóstico y los hechos. La cuestión es: ¿cómo es posible que lo que era obvio para un invisible jubilado de una provincia del extrarradio haya tardado cuatro meses en hacerse evidente en la capital del reino? ¿A qué ha estado jugando la clase política en estas interminablemente tediosas semanas en las que, por lo demás, no han dejado de cobrar sueldos y dietas y de ocupar nuestra atención con toda clase de triquiñuelas y declaraciones fraudulentas? Apenas conocido el satisfactorio resultado del comitefederal de ayer, un comentarista político de los de ricitos engominados en la nuca anunciaba golosamente en la tele que la misión de Rajoy es ahora restaurar ¡el consenso de 1978! Los ricitos del comentarista me distrajeron y tardé en comprender que tenía razón. Después de casi una década de devastación del aparato...