Los ciclistas de Stalin

Posted by on Nov 11, 2016 in Miradas |

Los modos de Donald Trump para alcanzar el éxito político ya han tenido efecto e imitadores en lugares tan inesperados como esta remota aldea donde vivo. En este lugarejo, como en tantos otros, el tonto del pueblo era un personaje vagante por calles y bares que imantaba una mezcla de burla y compasión del vecindario. Ahora, además, debiera darnos miedo porque puede llegar a presidente de algo o, en una economía de escala, a concejal. Así que el concejal Echeverría ha decidido poner en marcha el método Trump y a fe que ha conseguido su primer objetivo: ser conocido, o viral, como se dice ahora, y sin duda, como consecuencia, dividir al público en partidarios y detractores, todos enfervorizados. Se debatía en el consistorio municipal una propuesta del grupo de la izquierda emergente o populista, como se quiera llamar, para ampliar el carril bici en las calles de la ciudad. El concejal Echeverría es un viejito, como Trump y como quien esto escribe, y sin duda se siente hostigado por la apretada y promiscua convivencia de ciclistas y peatones en las calles de la ciudad. De manera que representaba a ese segmento poblacional de jubilados irritados y torpones que sienten cómo el espacio público en el que pastaban mansamente hasta hace poco se ha convertido en una jungla en la que, a los mastodontes de las furgonas de reparto, se suman los silenciosos guepardos de dos ruedas que pasan a su lado rozándoles la manga, así que era previsible que el concejal Echeverría no fuera partidario de ampliar el fuero de los ciclistas, una postura tan razonable, al menos, como la propuesta contraria. También Trump representaba a los hombres blancos de la América profunda que han perdido su empleo, pero si se hubiera quedado en la defensa sectorial de sus intereses no hubiera llegado a nada. El concejal Echeverría ha captado al vuelo la lección y sorpresivamente (método Trump) ha calificado la extensión del carril bici de utopía comunista y, a partir de ahí, ha puesto el piloto automático de su discurso a vagar por los vericuetos más inconfesables de la memoria colectiva, aquellos que quedan pudorosamente fuera del debate políticamente correcto, y la utopía ciclista le ha llevado a Stalin, los campos de concentración, veinte millones de muertos, Corea del Norte, donde hay un tipo llamado chim pompón que dice a todos lo que hay que hacer, Cuba, y, para que no se nos olvide nada ¡Venezuela!, países, ha proclamado, donde nadie quiere estar (como con el carril bici, se entiende) para terminar su delirante alegato con una sonrisa gatuna y una conclusión victoriosa: así que ya comprenderán que no van a tener más carril bici.  Por supuesto,...

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Narcisos

Posted by on Nov 10, 2016 in Miradas |

Espejo, espejito, ¿quién es el más viril, el más patriota y el más apuesto de este reino? Así ha debido interrogar el director de la guardia civil a su retrato oficial, el que inmortaliza su paso por el cargo y deja memoria de sus delirios. El personaje comparece en el lienzo de chaqué, pues no es militar, pero la pechera está esmaltada de medallas, el tronco abrazado por una banda marcial y las manos sostienen un bastón de mando que bien pudiera ser de general. Los hombros cuadrados, el mentón erizado, los labios apretados y la mirada altiva y penetrante. El retrato ofrece una imagen chocante, de quien ha querido mostrar su alma y solo ha alcanzado a mostrar su disfraz. En origen, este militar adventicio fue un auxiliar administrativo de la junta del puerto de Ferrol en funciones de ayudante de jardinería pero tempranamente entró en política por la puerta de la derecha, lo que le permitió cursar altos estudios militares y altos estudios de la defensa, sin reconocimiento oficial, según añade cautelosamente la biografía wikipédica, pero que sin duda sirvieron para alimentar su sueño, forjar su destino y por último componer el gesto en el retrato. La política como vía para hacer realidad las fantasmagorías más íntimas. Por alguna motivación de esa especie debió emprender Trump el viaje que terminó el pasado martes en la casa blanca. Durante mucho tiempo pareció un matón grotesco y ahora parece el presidente de los Estados Unidos. Nunca sabremos si es una cosa o la otra, como nunca sabrá el director de la guardia civil si es auxiliar administrativo o general de división. Al parecer, el retrato del director ha soliviantado a la institución militar por apropiación de emblemas y distinciones que no le corresponden, como la elección de Trump ha soliviantado a la mitad del género humano por apropiación de la democracia. Los sueños –los de verdad, no el sueño americano o el sueño de un joven auxiliar administrativo, que son metáforas- son una materia obscena, por lo que se manifiestan de noche y a oscuras, y sacarlos a la luz suele resultar muy embarazoso para los demás.  Para eso, déjelo en la papelera del psicoterapeuta, que cobra por la tarea. Pero hay tipos que tienen una necesidad compulsiva de hacer evidentes sus anhelos más inconfesables y a este fin tanto valen unos carnavales, una fiesta de halloween, un retrato oficial o una elección...

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El ogro ya está aquí

Posted by on Nov 9, 2016 in Miradas | 3 comments

En algún momento de los años ochenta del siglo pasado germinó en las elites del mundo la prometedora ocurrencia de que la sociedad y el estado eran obstáculos para el desarrollo del individuo, cifrado éste en la consecución de tanta riqueza como fuera capaz de afanar, no importa cómo. A medida que esta idea libertaria y voraz se popularizaba, las mismas elites se ocupaban de ampliar el campo de extracción de riqueza, de derribar los controles a su acumulación, de crear espacios fiscalmente exentos y de poner precio a todo lo que había sobre la faz de la tierra, singularmente a los propios seres humanos, la mayoría de los cuales quedó convertida en calderilla. El proceso de demolición del viejo orden democrático y de los estados nación aún no ha concluido pero hoy ha alcanzado un hito memorable con la elección de un gorila rabelesiano como emperador de occidente. El ogro de cresta color panocha, que encarna como nadie este nuevo evangelio, ha dejado de ser una esperanza para convertirse en un monarca ejecutivo por los votos de sus mayoritarios seguidores. En términos de religión revelada, que entenderán los innumerables cristianos que pueblan la metrópli y que le han votado, se trata de una epifanía, una transubstanciación y una redención, todo en uno. No se entienden los aspavientos de los mercados, las cancillerías y los centros de opinión, aprendices de brujo que han trabajado intensamente para que ocurriera lo que ha ocurrido. Lo que nadie sabe es qué va a ocurrir. El fascismo es una alianza entre las elites y la chusma, según Hannah Arendt, y ahora toca sustanciar ese pacto en medidas concretas que satisfagan las apetencias de los irritados y vindicativos votantes del ogro. ¿Cómo? Después de que hayan agotado el repertorio de eslóganes nacionalistas, se hayan cansado de hostigar a las minorías y de inventar enemigos y responsables de sus problemas, ¿habrá más empleo?, ¿las grandes corporaciones verán recortados sus privilegios?, ¿la sociedad se verá aliviada de sus tensiones de clase?, ¿el mundo será más pacífico y cooperativo?. Hasta el nacionalismo, por rudimentario que sea y prometedor que parezca, es de difícil gestión en este tiempo. Que se lo pregunten a la señora May en Reino Unido. Entretanto, el ogro tendrá ocasión de corretear por el mundo, hacer amigos, acumular intereses, destrozar la vida de unos cuantos y volver luego a sus negocios privados más fuerte y rollizo de cuando los dejó para entrar en política. Como...

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Inquisiciones

Posted by on Nov 8, 2016 in Miradas |

Vuelve el concejal Zapata al banquillo de los acusados, esta vez del dogal de dos asociaciones erigidas en acusación particular, una de ellas con su presidente en la trena por dirigir una organización criminal y la otra especializada en hostigar judicialmente a la izquierda emergente en cualquier oportunidad posible. Enfrente, el acusado tiene a dos jueces manifiestamente relacionados con el partido del gobierno que, en último extremo, es el principal  interesado en la destrucción política del reo, los cuales han asumido la reapertura del caso después de que un juez instructor lo cerrara en tres ocasiones con el acuerdo del fiscal. Es imposible imaginar un escenario más gráfico de lo que se entiende por politización de la justicia, tanto más si, como es el caso, lo que se juzga es un presunto delito de opinión penalmente punible como ofensa a las víctimas del terrorismo, para lo cual ha sido necesario privar a efectos judiciales a la única víctima aludida en los mensajes por su nombre de su competencia para sentirse o no ofendida. Un presunto delito genérico y de opinión está a un tantico así de convertirse en delito ideológico y la audiencia que lo juzga, en tribunal de la inquisición. Puedo recordar el sentimiento de ira primero y de malestar después que nos invadió –no creo equivocarme con el plural- cuando se hicieron públicos los desgraciados tuits del concejal madrileño. La publicidad de estos mensajes, rescatados del pasado, tuvo desde el primer momento una clara intencionalidad política pero no por eso su literalidad era menos repulsiva. Lo hubiera sido en cualquier contexto, ya fuera una conversación privada o un monólogo humorístico, porque utilizaba como materia el sufrimiento de víctimas inocentes muy cercanas y banalizaba situaciones de injusticia que cualquier sociedad decente rechaza. Había en aquellos tuits una expresión de gamberrismo verbal muy desagradable, tanto más si su autor era ahora un concejal electo. Una rápida petición de disculpas y la dimisión voluntaria del concejal hubieran apagado de inmediato el conato de incendio pero esa salida es inimaginable en nuestro ecosistema político. El siguiente paso es el juez y Zapata ha recorrido durante meses los pasillos del procedimiento con la ceniza en la frente. La famosa pena del paseíllo es la misma cualquiera que sea el delito y aquí se trataba, aún se trata, de prolongarla tanto como sea posible. Lo que distingue al concejal de los tuits de los prebostes del cohecho y la prevaricación que se juzgan en alguna sala contigua es la mirada. Baja, confundida, derrotada en el concejal, y altiva, desafiante, belicosa, en los gurtelianos. No es imposible que el desafuero verbal del concejal le cueste una pena mayor que la que reciban quienes han...

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El currículo

Posted by on Nov 7, 2016 in Miradas |

Dentro de unos días he comprometido mi participación en un encuentro-coloquio de una asociación cultural de mi pueblo, y el organizador, un viejo amigo, me ha pedido el currículo para la presentación. El currículo tiene que ver, como el nombre latino indica, con la carrera, pero ¿qué sentido tiene cuando la carrera ha terminado? Sugerí a mi amigo que la presentación se ciñera a la única evidencia comprobable y que podría resumirse en pocas palabras así: el tipo que asiste hoy aquí está razonablemente vivo y espero que eso sea suficiente. No obstante, no quise parecer descortés con mi amigo y le envié un currículo datado hace ya algunos años, que guardaba en un remoto archivo informático, de cuando el referido aún estaba en la lucha por la vida. Volví a leer lo escrito en aquel papel y, si bien los datos que se aportaban parecían exactos a la luz temblorosa de la memoria, el conjunto ofrecía una extraña apariencia de irrealidad. ¿Es posible que yo haya sido todas esas cosas que se dicen ahí, que haya usado todas esas máscaras, que haya atravesado todas esas circunstancias de las que nadie más tiene memoria? Llegado a cierto punto, el currículo te devuelve una imagen de ti mismo exagerada, retorcida, grotesca. El currículo es una herramienta administrativa para el medro profesional y tiene dos fases y dos funciones fácilmente discernibles. En la primera, los jóvenes acumulan datos para el currículo como los tuaregs acumulan agua y dátiles antes de emprender la travesía del desierto, en la confianza de que esa reserva ayude en el largo e incierto camino que les espera. Pero, cuando la caravana ya está en marcha y el que fuera joven monta la grupa de un hermoso camello bajo un baldaquino de seda, el currículo se convierte en las gualdrapas que dan noticia de su rango y masajean su vanidad. En 2012, un hombre que ya soñaba con ser ministro agradeció que lo presentaran en cierto acto de relumbrón como doctor por Harvard, lo que no era, y esta bola se deslizó inercialmente por webs institucionales y actos oficiales, emboscada en una ambigua redacción curricular, hasta que, nombrado ministro el otro día y sometido su pasado al rutinario escrutinio público de estos casos, se ha descubierto la mentira de su doctorado. Álvaro Nadal aparece como un personaje típico de la alta administración para los que la travesía del desierto es un carrusel de cargos de confianza, asesorías diversas, puertas giratorias, becas sustanciosas y estancias académicas en universidades de vitola que, por sí mismas, nada dicen de la probidad del personaje al que envuelven como un capullo de oro. En el país de la picaresca en el que...

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