Bien, como era previsible, Renzi perdió su referéndum en Italia. El efecto boomerang de los referendos es una de las tendencias del tiempo por el que discurrimos. El patinazo italiano ha devuelto a Rajoy la razón y la preeminencia del magisterio en el sur europeo. En tiempos de tribulación no hacer mudanza. Sólo le falta, a Rajoy y a toda la derecha europea, que se cumpla la otra tendencia ambiental: la debacle de la izquierda remanente del siglo pasado, que se derrite como un casquete polar en el calentamiento del planeta. Ya ha ocurrido aquí y está a punto de ocurrir en Francia, donde el partido socialista ha descubierto que las primarias para la candidatura a la presidencia de la república constituyen una magnífica pista de circo para llevar a cabo la autodestrucción del partido y de todo lo que representa. El sector oficial del partido francés ha presentado a un socialista que no lo parece. Valls es, como Renzi, un autoproclamado reformista, encantado de haberse conocido, deslavado de señas de identidad y al que secretamente le tiemblan las piernas frente a la derecha, la cual se presenta a la elección en dos cuerpos de ejército: la extrema derecha de Le Pen y la derecha extrema de Fillon. La victoria final será para el que dé menos miedo de estos dos. Lo que distingue las primarias en la derecha y en la izquierda es que la derecha elige a un candidato para hacer lo mismo que haría cualquiera de los otros, pero la izquierda quiere elegir un modelo socioeconómico, fingiendo ignorar que el modelo no está en cuestión, aunque esté en crisis. Ya no hay derecha e izquierda, sino globalizantes, también llamados liberales, y proteccionistas, también llamados populistas. El suelo se ha abierto bajo nuestros pies y, como es obvio, los primeros que lo han notado son los que viven en el sótano, donde todo son gemidos, protestas inarticuladas y un desesperado intento de alcanzar los pisos superiores para sentirse a salvo. Por ahora, el manejo de este imaginario ascensor está en manos de partidos fascistas, y los llamados reformistas están perdidos, tanto más si se lo tienen creído, como Renzi o Valls. Iglesias, el líder podemita, propone cavar trincheras pero, hasta donde sabemos, las trincheras están llenas de fango y ratas y expuestas a los obuses. ¿Será vistalegre la próxima pelea de barrio que nos espera?