Países lejanos

Posted by on Dic 15, 2016 in Miradas |

Alepo. Tardaremos en comprender lo que está ocurriendo en esa ciudad y en ese país, si llegamos a comprenderlo algún día. En realidad, nuestra esperanza, apenas secreta, es que consigamos olvidarlo antes de que nos envuelva por completo. Por primera vez, nos sentimos concernidos y amenazados por una guerra lejana, lo que explica nuestra actitud ante los refugiados. No se trata de que vengan a robarnos los puestos de trabajo o que tengamos que compartir con ellos la sala de espera del médico o los pupitres de la escuela, sino de que no queremos saber de la experiencia que traen consigo: una mezcla de dolor y vergüenza que interpela a nuestra deliberada ignorancia sobre el mundo en que vivimos, sobre la naturaleza de las guerras que empujan a esa gente hacia nuestras vidas. En una reciente exposición del fotógrafo Gervasio Sánchez sobre los efectos de la guerra civil en un país subsahariano sentí esa mezcla de horror y alivio que los europeos solo experimentamos en el cine. Lo que mostraban las imágenes de la exposición era espantoso pero, al mismo tiempo, ocurría en un país muy lejano, exento de referencias y casi imaginario si no fuera por el insoslayable  realismo que la voluntad del reportero había impreso en los documentos que mostraba. ¿Qué sabía el espectador de la guerra de cuyas consecuencias era testigo?, ¿qué podía hacer al respecto? El impacto de la exposición me llevó a un libro alojado en uno de los anaqueles más remotos de la biblioteca y titulado significativamente Lejana África (Gianni Giansanti, 2004; trad. José Luis Gil-Aristu). El libro, hoy descatalogado, es una publicación ilustrada con llamativas imágenes a color que ejemplifican bien la característia curiosidad de los europeos sobre África y que tiene su canon en el trabajo de la cineasta nazi Leni Riefensthal sobre los nuba de Sudán. Grupos tribales de pastores o cazadores nómadas en su entorno natural, entre la sabana y la selva, hombres musculados y altivos y mujeres enjaezadas y cargadas como bestias que hacen de su cuerpo un estremecedor lienzo de escaras, perforaciones y cicatrices de violencia ritual. Las fotografías de Giansanti y de Gervasio Sánchez establecen los puntos de partida y de llegada, respectivamente, no solo de la deriva de esos países que están más allá de nuestra imaginación sino, sobre todo, la evolución de la mirada europea sobre su propia periferia, de la que nada sabe y donde el folclore muta en barbarie ante nuestros desavisados ojos. Las imágenes de ambos fotógrafos tienen un solo elemento común: la presencia del kalashnikov, descuidado sobre el hombro en los nómadas de Giansanti junto a sus rebaños de vacas y firmemente aferrado en las manos de los enloquecidos adolescentes...

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La aparición que no cesa

Posted by on Dic 14, 2016 in Miradas |

Cada vez que asoma la cresta en el gallinero es para amargar el desayuno a sus vástagos. Si fuera más corpulento y gastara una luenga barba entrecana daría clavada la imagen freudiana del padre al que los hijos han de asesinar si quieren ser libres. Pero no es corpulento, aunque sí atlético, y su cara, con o sin bigote, alberga una ligera vis cómica, que intenta enmascarar con un gesto de perpetuo cabreo y una risa hueca, entrecortada y tenebrosa con la que rubrica algunas de sus ocurrencias sin maldita la gracia. El exorcismo ante sus apariciones públicas lo practican los humoristas en los clubes de la comedia porque es uno de esos personajes que más rápido han ido a identificarse con su caricatura, pero en el partido que fundó, dirigió y moldeó no están para chistes. Vástago de la clase dirigente de la dictadura, demócrata reticente en sus albores políticos, devino liberal cuando esta ideología había dejado de significar algo en la sociedad para convertirse en el santo y seña del dinero y fue votado mayoritariamente cuando declinó el felipismo, versión local de la socialdemocracia, y  la derecha consideró que había llegado la hora de enmendar la deriva de la transición. Antieuropeísta convencido, o mejor, adversario jurado del estado social y democrático sobre cuyo consenso se urdió la unión europea, cabalgó sobre la ola atlántica que impulsaron Reagan y Thatcher, cuyos frutos postreros han sido, respectivamente, Trump y el Brexit, y su ardor guerrero, intacto porque eludió la mili, le empujó a llevar a su país a una guerra universalmente rechazada y a posar como dominguillo de sus mentores en una imagen que le perseguirá hasta el epitafio. Su política económica, a la moda del fin de siglo, se basó en poner el patrimonio público en un despeñadero de buitres.  Autopistas, urbanizaciones, aeropuertos, hospitales, ahora vacíos e impagados, son las osamentas que quedan de aquel festín, además de una nube de parásitos que en estas fechas desfilan a su pesar hacia los banquillos de los juzgados. Su herencia más conspicua se resume fácilmente: una economía exangüe, una sociedad quebrada e irritada, una parte del país empeñada en la secesión y una corrupción política endémica. En un estado de democracia saneada y con una sociedad civil vigorosa y autónoma hace tiempo que un personaje de este cariz estaría en los libros de historia pero aquí se adquiere la condición de fantasma antes de ser difunto y ahí está el tipo, emergiendo cuando le place de entre los cortinones del escenario para que sus cuitados herederos den un  brinco en la poltrona cuando oyen su...

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La epístola de Pablo

Posted by on Dic 13, 2016 in Miradas |

Leemos la carta que Iglesias ha dirigido a Errejón como de jóvenes leíamos, u oíamos en misa, las dedicadas por el otro Pablo a los tesalonicenses, a los corintios o a los efesios, porque también aquella época era muy pluralista, como se dice ahora y había mareas y confluencias por todas partes. Las epístolas de aquel Pablo, como la de este Pablo, destilan un tono fraternal que no oculta el carácter autoritario y dogmático que las inspira y la amenazante promesa implícita a los disidentes. Aquel Pablo y este Pablo tienen en común suficientes rasgos como para escribir un nuevo episodio de vidas paralelas. Ambos vivieron en tiempos de crisis y mudanza; ambos vagaron en sus años de aprendizaje en pos de una causa a la que entregar su talento; ambos la encontraron en la calle, de manera fulgurante e inesperada; ambos tenían enfrente un magma social nuevo, populoso y caótico que se sintieron llamados a dirigir, y, en último extremo, a encarnar. Aquel Pablo destaca entre la anónima tropa de los primeros discípulos que siguieron al disidente judío crucificado en Palestina del mismo modo que este Pablo sobresale de la oscura turba de los indignados que están en la raíz del partido que dirige. La plebe que oye el mensaje está atónita. Fascinada por la promesa pero instintivamente renuente a abdicar de sus antiguas convicciones, hábitos e intereses, deben elegir entre asaltar los cielos o convertirse en una ecclesia como otras. Este estado de perplejidad explica, por ejemplo, el millón y pico de votos perdidos y aún no encontrados en las elecciones de junio o la notoria desorientación del grupo podemita en el parlamento donde su rendimiento está muy debajo de la fuerza que tienen. No han quedado registros de los disidentes que se opusieron a aquel Pablo, aunque sin duda los hubo, como lo prueba su febril actividad epistolar. De este Pablo sabemos, sin embargo, que tiene enfrente a un hereje correoso, al que ha dirigido la única y famosa epístola. Iñigo, el hereje, es el preferido por el establecimiento político y mediático porque le suponen más realista y acomodaticio. Pero, ¿qué necesita ahora el movimiento, un realista o un visionario? No es política, es carácter, y nada define mejor a un visionario que la ocurrencia de este Pablo, podemos ganar o darnos una hostia de proporciones bíblicas,  formulada después del error estratégico de impedir un gobierno alternativo al del pepé y del siguiente malogrado objetivo de las elecciones del junio. Los dos Pablos han enfrentado un dilema existencial sin transacción posible: alcanzar la cúspide de un movimiento universal  o quedar de gurú de una secta deleznable. Aquel Pablo ganó la apuesta; la de este Pablo está...

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Vida

Posted by on Dic 12, 2016 in Miradas |

El fin del mundo está al otro lado del objetivo de la cámara de Gervasio Sánchez. Las imágenes que este excepcional reportero capta nos trasladan vertiginosamente a un paisaje que adivinamos que es real, incluso cercano, pues está poblado de hombres y mujeres, familias ocupadas en la crianza de los hijos,  que habitan una vivienda y cultivan el huerto, pero todo ha sido atravesado, sacudido, devastado por un viento de ira, crueldad y vergüenza. El fotógrafo documenta la supervivencia de estas gentes cuando el ciclón ha pasado. Es un relato que no admite componendas sentimentales ni recursos a la lógica. Nada de lo que traslucen estas fotografías es racional ni moral, y sin embargo lo reconocemos como humano.  Hombres y mujeres de todas las edades, también niños y bebés, con las extremidades amputadas -las inferiores, por efecto de las minas; las superiores, por la venganza y el castigo del machete infligido por la última horda de guerreros drogados que pasó por la localidad- reanudan las acciones elementales que ponen de nuevo en marcha la vida: el acarreo de un bidón de agua, la escarda de una raquítica parcela de cultivo, un partido de fútbol juvenil en una campa polvorienta, una madre con su hijo colgado del pecho, dos niñas que intercambian confidencias al oído, formas de vida enmarcadas en edificios vacíos, reventados, cosidos a balazos, y en campos extensos y yermos, entornos que erosionan la esperanza. Individuos ante el fotógrafo poseídos por una tristeza insondable tallada en la cara; no solo las víctimas, también los verdugos, desafiantes con sus fusiles de asalto en el regazo. Rostros que parecen interrogarnos con una pregunta indescifrable, quizás esta: ¿por qué ha ocurrido lo que estás viendo? El espectador no tiene respuesta y menos solución. Es un error creer que podemos integrar en los parámetros de nuestra existencia lo que cuentan las imágenes porque cualquier reacción por nuestra parte sería insuficiente y, en último extremo, falsa. Las imágenes han convertido el espacio de la exposición en un recinto sagrado donde tiene lugar la representación de una tragedia de la que se deriva una catarsis: el reconocimiento de que quienes viven en esas fotografías son, como nosotros, humanos. Tal vez no podemos o no queremos hacer algo por ellos, pero tampoco nos lo piden. Han echado a andar sin nuestra ayuda. P. S. Gervasio Sánchez ha presentado hoy en Zaragoza su libro Vida en el que, a través de sesenta y ocho imágenes tomadas durante toda su vida profesional en una veintena de zonas de conflicto, muestran la fuerza de la vida en los momentos más dramáticos a los que se enfrenta el ser humano, según sus propias...

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Tendencias II

Posted by on Dic 11, 2016 in Miradas |

Bien, como era previsible, Renzi perdió su referéndum en Italia. El efecto boomerang de los referendos es una de las tendencias del tiempo por el que discurrimos. El patinazo italiano ha devuelto a Rajoy la razón y la preeminencia del magisterio en el sur europeo. En tiempos de tribulación no hacer mudanza. Sólo le falta, a Rajoy y a toda la derecha europea, que se cumpla la otra tendencia ambiental: la debacle de la izquierda remanente del siglo pasado, que se derrite como un casquete polar en el calentamiento del planeta. Ya ha ocurrido aquí y está a punto de ocurrir en Francia, donde el partido socialista ha descubierto que las primarias para la candidatura a la presidencia de la república constituyen una magnífica pista de circo para llevar a cabo la autodestrucción del partido y de todo lo que representa. El sector oficial del partido francés ha presentado a un socialista que no lo parece. Valls es, como Renzi, un autoproclamado reformista, encantado de haberse conocido, deslavado de señas de identidad y al que secretamente le tiemblan las piernas frente a la derecha, la cual se presenta a la elección en dos cuerpos de ejército: la extrema derecha de Le Pen y la derecha extrema de Fillon. La victoria final será para el que dé menos miedo de estos dos. Lo que distingue las primarias en la derecha y en la izquierda es que la derecha elige a un candidato para hacer lo mismo que haría cualquiera de los otros, pero la izquierda quiere elegir un modelo socioeconómico, fingiendo ignorar que el modelo no está en cuestión, aunque esté en crisis. Ya no hay derecha e izquierda, sino globalizantes, también llamados liberales, y proteccionistas, también llamados populistas. El suelo se ha abierto bajo nuestros pies y, como es obvio, los primeros que lo han notado son los que viven en el sótano, donde todo son gemidos, protestas inarticuladas y un desesperado intento de alcanzar los pisos superiores para sentirse a salvo. Por ahora, el manejo de este imaginario ascensor está en manos de partidos fascistas, y los llamados reformistas están perdidos, tanto más si se lo tienen creído, como Renzi o Valls. Iglesias, el líder podemita, propone cavar trincheras pero, hasta donde sabemos, las trincheras están llenas de fango y ratas y expuestas a los obuses. ¿Será vistalegre la próxima pelea de barrio que nos...

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