Centenario

Posted by on Feb 13, 2017 in Miradas |

Bueno, ya está. Unos han ganado y otros han perdido, and the Sun also rises. Va a ser difícil que los podemitas escapen al poderoso influjo analógico que irradia el centenario de aquello. En Vista Alegre ha habido bolcheviques, mencheviques y socialrevolucionarios, como entonces, y han ganado los mismos de entonces. No hay duda de la gran movilización del partido y del carácter democrático de la elección. De lo demás se sabe poco o nada porque los documentos aprobados no son más que dilatadas reflexiones generalistas. Dos dudas, sin embargo, más retóricas que otra cosa, asaltaban después de la asamblea a comentaristas y politólogos: ¿cómo se aplicará el mantra de unidad y humildad con el que el ganador selló el encuentro? y ¿qué va a ser del perdedor? El sistema electoral a todo o nada que reguló la elección da pistas para la respuesta. La unidad debe entenderse alrededor del líder electo y la humildad es la virtud que debe adoptar el perdedor para aceptar su condición y las consecuencias. En cuanto al futuro personal de este se puede aventurar una hipótesis casi segura: perderá el cargo de secretario político, que será amortizado a favor del secretario general, y será apartado de la portavocía del parlamento a favor de una voz femenina afecta al líder electo, es decir, será recluido en el anonimato de su minoría en el consejo dirigente, que siempre es una forma de ostracismo más confortable que otros destinos similares en el pasado. En la mesa de billar de la política, el resultado de Vista Alegre ya ha producido un par de carambolas previsibles. Susana está más cerca que hace setenta y dos horas de hacerse con el mando del pesoe y devolver a pedros y patxis a la nada donde chapotean, y a Rajoy le ha sido dado un oponente al que ya tiene tomada la medida.  A podemos le espera una larga marcha (otra analogía de cuando entonces) para superar la fractura interna, construir una organización que aplique los mandatos de la asamblea, que, por cierto, no se sabe cuales son, romper la barrera de desconfianza que las últimas elecciones demostraron que existe entre el electorado virtualmente más próximo y encarar un montón de problemas nuevos de política general de los que el partido ha estado ausente mientras permanecía ensimismado en su cocción interna. Uno de los rasgos característicos de ciertos regímenes del pasado siglo era la permanencia del líder cualquiera que fuera la tesitura, adversa o favorable, en que se encontrara el partido y el propio régimen. El reelegido líder viene de dos patinazos notorios ocurridos el año pasado: la negativa a favorecer el desplazamiento de la derecha del gobierno mediante un  gobierno...

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Nombres propios

Posted by on Feb 12, 2017 in Miradas | 2 comments

Adquiero en una librería de lance el escueto volumen de las leyendas nórdicas de Snorri Sturluson (Ed. Alianza, 1984), traducido y prologado por Jorge Luis Borges y María Kodama. Recuerdo haber leído que Borges aprendió en su vejez el sajón antiguo para acceder a estos textos en la lengua original. Pero no es esta proeza intelectual, que me maravilló cuando tuve noticia de ella, la razón de que adquiriera ahora el librito. Tampoco me interesa la lírica arcaica islandesa, como no me interesó la vez o las dos veces anteriores en que he comprado el mismo libro del que aún debe dormir un ejemplar en algún remoto anaquel de la biblioteca de casa. Una vez más, pues, no leeré esta leyenda nórdica y quizás tampoco el prólogo de Borges y Kodama. Lo que hace irresistible la atracción de este libro es el nombre del autor: Snorri Sturluson, cuya musicalidad parece emancipada del sujeto histórico al que nombra para evocar un estado de naturaleza: mares de color plomo, altos prados verdes sobre acantilados sumidos en la niebla, bahías recónditas, susurro de remos en el agua… Hay un cierto número de nombres propios que la memoria roba a sus legítimos propietarios para utilizarlos como clave de acceso a mundos ignotos y de los que, por lo demás, nada en especial queremos saber. El roce dulzón de fricativas y oclusivas en Abdelaziz Buteflika; la seca trepidación de Uro Kekkonen, como pisadas en la nieve del absorto bosque boreal; el viento que peina la hierba en las consonantes nasales de Manès Sperber, son incitaciones sonoras a desconocer al personaje al que nombran, que jamás será tan grande y tan evocador como el breve encuentro feliz de consonantes y vocales que forma su nombre. La fonación articulada fue una dura conquista evolutiva de la humanidad, y el esfuerzo de la especie aún se advierte en la gran cantidad de sonidos abruptos, cacofónicos, que anidan en el lenguaje. La mayoría de los nombres propios son meramente funcionales, un trámite de registro civil, pero unos pocos son sin duda fruto de un enamoramiento fonético, una melodía que surge de la sima del habla. Debe ser muy duro convivir con un nombre tan eufónico, llevar la poesía en el carné de identidad, estar acompañado de un epitafio memorable desde el momento mismo en que llegas al mundo. El cristianismo, que en su colonización de la realidad se apoderó también de la onomástica, dio a los nombres un valor vicario, una suerte de salvoconducto nominativo para encarrilar al neófito hacia la salvación de su alma, así que los nombres en nuestro entorno cultural son repetidos, monótonos, despojados de resonancias poéticas. Tampoco el descreimiento de las sociedades postindustriales y...

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Patria

Posted by on Feb 11, 2017 in Historias | 4 comments

Es seguro que ningún interesado podrá ignorar Patria en el futuro si quiere tener una idea cabal de lo que ha ocurrido en este país en este quicio entre dos siglos.

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Pintando monas

Posted by on Feb 10, 2017 in Miradas | 1 comment

Mi amigo y excelente periodista Javier Doria ha debido tener esta mañana un subidón de autoestima profesional al ver que la edición en papel del diario de referencia, del que es corresponsal en esta remota provincia subpirenaica, ha destacado su crónica en primera página con una fotografía ¡a cuatro columnas! En un mundo que parece despeñarse en el abismo cada día, los indígenas nos hemos abalanzado sobre la noticia, que, ah, relata la vista oral de un juicio entre un empresario y un dibujante por la propiedad intelectual de ciertos diseños gráficos que ambos se disputan. Los diseños son simpáticos y muy famosos en los mercadillos de parafernalia turística porque han popularizado las fiestas de este pueblo cuando estas han dejado de ser fiestas populares para convertirse en, cómo decirlo, un acontecimiento global, lo que significa que tienen un apreciable valor mercantil. Pero el pleito por los derechos de su utilización no deja de ser en sí mismo un asunto privado entre dos profesionales, socios de una misma empresa. Nada que merezca cuatro columnas en primera página como el hecho más relevante del día. Al menos así deben pensarlo los millones de potenciales lectores del diario que nunca han adquirido una camiseta, una taza o un bolígrafo estampados con los diseños en disputa. La importancia que el diario global ha dado a la noticia ilustra menos sobre la cuestión noticiosa que sobre las anteojeras del propio diario. Uno de los rasgos más conspicuos de este indivisible país es la asimetría de las perspectivas entre la metrópoli y las provincias, estas últimas condenadas a servir material anecdótico y folclórico para recreación de las cultivadas clases de la capital. Entre nosotros hay un notable novelista local que durante muchos años cimentó su fama en la capital como develador de las tortuosas maquinaciones de la negra provincia, de las que él mismo era víctima principal. Pasadas de moda aquellas fiebres, todo quedó reducido a su tamaño natural: el escritor, las maquinaciones y la provincia. Es muy probable que, cuando se dicte sentencia por este pleito de los dibujos, la noticia no pase de media columna en página interior par. Entretanto, aquí seguimos los aborígenes, pintando monas que quizás nos compren los visitantes del mundo...

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El hombre nuevo

Posted by on Feb 9, 2017 in Miradas |

Lo crean o no los más jóvenes, el anhelo, y la manía, de lo nuevo es más viejo que las momias egipcias. El hombre nuevo, la  nueva política. No hay generación que haya pisado el barro de esta bola en la que pasamos nuestros días que no haya deseado emanciparse de la madeja de músculos, nervios y ocurrencias que nos identifica como humanos. El hombre nuevo fue el señuelo de todas las revoluciones del siglo pasado. Fidel Castro envió a Ernesto Guevara al Congo y luego a Bolivia a plantar las simientes planetarias del hombre nuevo, con los resultados sabidos. No es probable que ningún veinteañero cubano, en La Habana o en Miami, se mire ahora al espejo y diga de sí mismo, caramba, soy el hombre nuevo. La nueva política ha sido la sonaja de los podemitas, que ahora están destrozando su juguete ante los ojos asombrados de propios y extraños. Lo único nuevo, transformador, en la experiencia humana es la tecnología y el pensamiento científico que la informa. La moral es la constante de la ecuación. No somos ni mejores ni peores que el hombre de las cavernas, simplemente disponemos de más y mejores artefactos para dominar la naturaleza exterior, no a nosotros mismos. Por lo que creemos saber, la deriva suicida de podemos tiene precisamente su origen en la fricción irresuelta de la moral y la tecnología: la expresión de una idea tomada del ajedrez -el juego más antiguo, sedentario y ensimismado que existe alrededor de un enfrentamiento primario en blanco y negro- formulada a través de la hípermodernidad de las redes sociales. El relato es una novela de espías.  Un funcionario descubre en un ordenador cierta información bajo la clave ajedrecística mate pastor, que resume una victoria sobre el tablero en pocos y audaces movimientos. Lo que está detrás de esta jugada de ajedrez, que se difunde a través de un canal encriptado de internet a cierto número de usuarios, es una operación para hacerse con el poder del partido y desbancar o en su caso condicionar al secretario general. Este es informado por el funcionario que ha descubierto la conspiración y destituye de un plumazo al responsable de organización del que presume la traición y, entre sonrisas y palmaditas en la espalda, se abre una guerra de posiciones y trincheras que terminará este fin de semana en una conflagración de la que no se puede prever el grado de destrucción que ocasionará. La buena noticia, la única buena en realidad, es que de las purgas no se derivará derramamiento de sangre. En eso sí hemos progresado algo. Somos mejores en algunas circunstancias y se debe a un tenaz pensamiento antiutópico. Todo es más liviano,...

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