De palique

Posted by on Feb 8, 2017 in Miradas |

Los paliques entre jefes de estado y de gobierno debieran retransmitirse en abierto. Los parpadeos, las pausas, los sutiles cambios en el tono de voz, el movimiento de las manos, aportan una información impagable, que no solo completa lo que dicen las palabras sino que a menudo las desmienten. Podemos imaginar la conversación telefónica de Trump y Rajoy. El primero, asertivo, impaciente, explosivo; el segundo, elusivo, cauto, inerte. El primero quiere ir a alguna parte; el segundo espera a que le lleven las circunstancias. Dos peces de distinta especie y de muy desigual tamaño cara a cara procedentes de orillas opuestas del océano y de ecosistemas incompatibles, en medio de un silencio abisal. Puede que se ignoren, puede que el grande se coma al chico, pero cuesta creer que haya saltado alguna chispa de empatía recíproca. Si hemos de fiarnos de lo que dice el comunicado del gobierno español, Rajoy ha repetido la lánguida nana con la que intenta adormecer a la ciudadanía doméstica: un gobierno estable, una economía boyante, la voluntad de robustecer la integración europea… y con este bagaje se ha ofrecido a Trump para mediar por sus intereses en un área planetaria que va desde el lago Titicaca hasta el monte Ararat de oeste a este y, de norte a sur, desde el círculo polar ártico hasta las arenas del Sáhara. Tal vez Trump ha tomado nota pero como a continuación no le ha dedicado un tuit es posible también que ni siquiera le haya oído. Como, por lo visto, los líderes mundiales dicen a sus homólogos lo mismo que a sus parroquias, Trump habrá recordado a Rajoy la necesidad de que apechugue con un aumento de los gastos de defensa, pero no podemos esperar que este tema de la conversación se recoja en la nota oficial. El incremento del gasto bélico se hará oportunamente, en el mogollón de la otan, si se puede en secreto o al menos con discreción, y como si fuera una iniciativa del gobierno soberano y no una imposición del emperador. De las cuitas de los hermanos mexicanos y el muro oprobioso, ni palabra. Primer tema de América Latina en el que no ha mediado Rajoy. Vendrán más. Y eso parece todo lo que hay que contar sobre el palique.  Ni siquiera en larazón ocupa la noticia un lugar destacado. ¿Para qué? Ya tenemos bastante entretenimiento con podemitas y...

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Las palabras

Posted by on Feb 7, 2017 in Miradas |

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. La célebre y pomposa sentencia atribuida a Voltaire es más fácil de aplicar en una conversación de casino que en un parlamento democrático, donde la probabilidad de perder la vida en algún sentido no es del todo remota. E incluso entre los contertulios del casino es necesario que las opiniones no se extralimiten fuera de algún consenso básico, por ejemplo, que la opinión defendible no postule la destrucción de la institución que acoge el debate. El demagogo británico Nigel Farage es un eurodiputado que, simplemente, quiere destruir la institución desde cuya tribuna se expresa y lo hace apropiadamente mediante un lenguaje bronco y derogatorio, quizás ofuscado por la fe en el poder demoledor de su propio discurso.  Esto plantea al resto de los diputados de la cámara, que son mayoría, el dilema que Voltaire parecía haber resuelto en su famosa sentencia porque, en este caso, la pérdida de la vida significaría entregar al provocador las llaves de la institución que quiere destruir y en la que confía, al menos por ahora, la mayoría de los europeos. ¿Qué hacer, entonces? La eurocámara ha decidido, al parecer, establecer un mecanismo expeditivo de bloqueo del lenguaje insultante, cuyo manejo y arbitrio para operarlo estará a cargo del presidente de la sesión. No parece una buena idea porque, se quiera o no, es una forma de censura, además ineficiente porque el discurso indeseado no se oirá en la cámara pero sí podrá ser captado por dispositivos móviles privados del propio tribuno o de sus correligionarios y difundido por las redes sociales. En realidad, la sentencia de Voltaire es una exageración melodramática. No se conoce ningún caso de alguien que haya dado la vida por el derecho del otro a dar su opinión y menos de insultarle. Tampoco las palabras matan. En Europa habremos de acostumbrarnos a que la aplaciente calma de los parlamentos se ha terminado y que grupos emergentes han llegado a sus escaños con el deliberado propósito de dar la vuelta al régimen reinante y, como primera medida, poner en circulación un lenguaje tan explosivo como sea posible. Hay dos maneras de enfrentarse a este fenómeno histórico. La más eficiente y prometedora, aunque también la más difícil, es que las fuerzas del establecimiento adopten un discurso político digno de ese nombre, capaz de decir la verdad, captar la atención de la ciudadanía, responder a sus demandas y darle esperanza, y arrumbar de una vez la ratonera retahíla vigente de medias verdades y promesas incumplidas que constituye la materia básica de los discursos actuales. La otra manera de enfrentar la cuestión es la que parece...

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Una lucha de esta época

Posted by on Feb 6, 2017 in Miradas |

La renta básica universal es, o debiera ser, el objetivo central de las luchas sociales de este principio de siglo XXI, como lo fue la jornada de ocho horas en el XIX. Este último anhelo fue una utopía realizable y la renta universal también lo es. Ambos objetivos  son diáfanos e inmediatamente inteligibles, aceptados por la inmensa mayoría y en consecuencia susceptibles de arrastrar en su estela a grandes grupos de población para hacer el mundo más habitable. La limitación de la jornada de trabajo fue, no solo un alivio de la horrible carga que sufría el proletariado de la revolución industrial sino el basamento de la democracia de masas y la mejora del funcionamiento del capitalismo mediante la racionalización de la producción en las cadenas de montaje y un más equilibrado reparto de la rentas con la consiguiente introducción del consumo doméstico como factor del ciclo del dinero. Hoy, la voracidad desbocada del capital al hilo de la revolución digital y la consiguiente desaparición del empleo masivo ha convertido la reducción de jornada en una piltrafa inoperante. Para los empleados, porque la desregulación del mercado de trabajo y la extrema competitividad por el empleo les obliga a aceptarlo en cualesquiera condiciones, sin posibilidad alguna de negociación. La desaparición del empleo masivo ha supuesto la desaparición del estamento social que lo encarnaba, la clase obrera industrial, hoy fracturada, falta de liderazgo y con sus sindicatos paralizados y mudos. Lo que queda fuera de este espacio de la economía industrial tradicional es un vasto paisaje de desempleados y precarios de todas clases, desde titulados universitarios hasta inmigrantes sin más fuerza que sus brazos en un entorno donde operan robots. La huelga, el arma tradicional de los trabajadores, se ha vuelto inoperante o, en el mejor de los casos, indicativa solo de un malestar mayor que la huelga no resuelve. En esta fase de acumulación del capital financiero o digital, la globalización se ha convertido en una coartada para poner de rodillas al estado nacional, quebrar su hacienda y eludir sus leyes. Los paraísos fiscales son las sanguijuelas aplicadas por los plutócratas en los músculos del sistema para aliviar la enorme congestión del dinero acumulado, pero ellos mismos necesitan ese cuerpo al que están sangrando para seguir vivos. Corporaciones bancarias, tecnológicas, energéticas, alimentarias o del entretenimiento necesitan el mercado de las sociedades desarrolladas para su supervivencia, pero ahora no se trata de arrancar la plusvalía generada por sus cualificados trabajadores, porque son pocos y ya lo hacen de oficio merced a la legislación laboral puesta al servicio de este objetivo, sino de arrebatar sus rentas a todos los demás a través del consumo, que no solo es suntuario, ni mucho menos,...

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¿Por quién doblan las campanas?

Posted by on Feb 5, 2017 in Miradas |

Leo un análisis de lo que está ocurriendo en podemos acompañado por el tañido inclemente, pendenciero, de las campanas de San Miguel, que exhiben burlonamente su badajo sobre mi ventana desde el otro lado de la calle. Las campanadas y el artículo que estoy leyendo son llamadas a la ecclesia, a la asamblea, también al ágape, y resulta aleccionador informarse sobre las claves del futuro bajo la música abrupta del pasado o, si se prefiere, sobre los negocios de la corte al cobijo de la aldea. El contraste entre los dos polos de atención produce una desasosegante distopía que estimula las neuronas en este domingo lluvioso. El melancólico artículo que estoy leyendo está firmado por Luis Alegre, uno de los académicos fundadores de podemos, en el que anuncia su retiro del mundanal ruido de la política para volver a su cátedra, a sus libros, a sus alumnos, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido. Este anuncio está envuelto de un prolijo razonamiento sobre las circunstancias que le han llevado a tomar la decisión, el cual introduce al lector en un drama histórico renacentista en el que las campanas son pertinentes. Resulta que la confusa batalla de capuletos y montescos que esta teniendo lugar en la partido morado es debida a las maniobras de la camarilla que rodea al secretario general, de cuyo maleficio este no es consciente. Así de simple y literal, según el autor: “El actual equipo de Pablo Iglesias (que no conserva ya ni a una sola de las personas que le hemos acompañado desde el principio) entró en Podemos con un objetivo que sólo podía conducir a la destrucción del proyecto”. A los vejetes nos tranquiliza saber que los fenómenos ininteligibles –la física cuántica o la política, digamos- pueden explicarse mediante metáforas claras y  consabidas, y mejor si son un punto melodramáticas. De modo que todos estos tensos meses de producción de documentos programáticos, acumulación de fuerzas, convocatorias a elecciones internas, llamadas a la unidad y, sobre todo, tuits a porrillo, pueden explicarse por la existencia de una camarilla de boyardos “dispuesta a destruirlo todo con tal de no perder su condición de cortesanos”. La leyenda de la conspiración es un clásico de la política; y también lo es la inocencia del líder inmarcesible en medio de la tela de araña que lo envuelve: “Pablo es un hombre de honor por encima de todo. Y cuida hasta la muerte a la gente que considera sus amigos. Pero creo que ahora se confunde: llama amigos a quienes no tienen más interés que el de mantener su posición excluyente, incluso si eso implica la destrucción de Pablo (y, por lo tanto, de...

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Los reyes católicos

Posted by on Feb 4, 2017 in Miradas |

Todos lo hemos hecho alguna vez, lo que explica el titubeo y el desconcierto cuando lo vemos en casa ajena. La orden ejecutiva de Trump para impedir la entrada a viajeros de países árabes a los que se tilda de terroristas tiene lugar exactamente quinientos quince años después de la promulgación de la pragmática de los reyes católicos, emitida el 14 de febrero de 1502, para la expulsión de los moriscos de las tierras del reino. Dejemos de lado la barbarie de la deportación y el daño económico y social derivado de la expulsión de una numerosa población de labriegos y artesanos. Lo que cuenta de este hecho es su carácter fundante de la historia nacional. La expulsión de moriscos y judíos, la inquisición, el pensamiento único del nacionalcatolicismo, la abusiva concesión de prebendas a la iglesia, el carácter absolutista del poder, la apropiación de la tierra por los nobles terratenientes que hicieron la llamada reconquista y el saqueo y despilfarro de las riquezas de indias son los capítulos de la historia que hemos aprendido en la escuela, de la que no podemos escapar y que nos ha vaciado de argumentos y en ocasiones también de esperanza. Todo indica que Estados Unidos ha decidido dar un salto atrás. Ha sido un país abierto, construido por la inmigración, la variedad humana y la tolerancia, y una república titular de un modelo imperial inédito en el que no se trataba tanto de ocupar y explotar otros países cuanto de integrarlos, no sin violencia, desde luego, en un modelo político y económico común, que ahora ha decidido parecerse más al reino que urdieron los reyes católicos, que, después de todo, fue el primer estado moderno de occidente. Nuestro gobierno está aquejado del mismo nerviosismo que ha recorrido todas las cancillerías ante las primeras medidas de Trump pero ¿qué puede decir? Serenidad y calma, aunque castañeteen los dientes. Lo cierto es que el gobierno no tiene ni fuerza ni argumentos para actuar de otro modo. La historia de España es la de una larguísima decadencia desde prácticamente el mismo momento en que se constituyó y solo en las últimas décadas, merced al envoltorio europeo, ha conseguido tener un lugar en el concierto internacional proporcional a su peso económico y político. Ahora, la crisis está a punto de desbaratar también esa conquista y Trump amenaza la integridad de la construcción europea que le da soporte. Así que toca confiar en que el tornado no se llevará la casa. Estados Unidos liberó a Europa de sus demonios domésticos después de la segunda guerra mundial; ahora los ha hecho suyos. No pasará mucho tiempo hasta que a este o a otro gobierno se le ocurra resucitar...

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