Liquidez

Posted by on Ene 12, 2017 in Miradas |

El destino de los humanos es enamorarse de sus palabras. El lenguaje es un intermediario con la realidad que a menudo se emancipa de su función para sostenerse en el aire por sus propias fuerzas, sin anclaje alguno en los hechos sensibles, ante la mirada de los boquiabiertos hablantes que asisten a este fenómeno con el candor y la entrega con que los pastorcillos de antaño asistían a las apariciones de la virgen. Es un fenómeno de ocurre de oficio en la poesía pero también en la filosofía, en el derecho, en la política, desde luego, y, para sorpresa de todos, en las ciencias donde la preeminencia de los hechos debiera ser indubitable. Últimamente lo venimos experimentado, o más bien sufriendo, en las llamadas ciencias económicas, pero no solo. En este universo del lenguaje como fenómeno estético y exorcismo contra los maleficios de la realidad, un cierto de número de palabras adquieren rango de primadonna durante una temporada. Populismo es una de ellas. Otra es líquido. Un adjetivo venturoso  que ha venido acompañando a innumerables sustantivos abstractos durante los últimos veinte años: vida líquida, amor líquido, miedo líquido, tiempo líquido, arte líquido, y englobándolas a todos, modernidad líquida. El artífice de esta navaja suiza de uso semántico, el sociólogo Zigmunt Bauman, falleció hace unos días, justo en el momento en que caducaba su invento como herramienta de interpretación de la realidad. La liquidez se ha terminado en todos los sentidos que le da el diccionario: la de los bancos, la de la caja de las pensiones, la del bolsillo de los asalariados, la de las agencias de asistencia social, la de hacienda, etcétera, quizás con la excepción de la alojada en las cavernas de los paraísos fiscales, y, en consecuencia, la abrupta realidad que envolvía la liquidez ha quedado al descubierto. No creo que personajes tan pedregosos como Trump, Putin y compañía, los nuevos amos del mundo, puedan ser calificados de líquidos sin que respondan a la alusión con un sólido puñetazo. El hallazgo de la condición líquida de la sociedad y de sus instituciones y valores puede entenderse como un espejismo del descubridor de la palabra. Bauman, un judío polaco nacido en 1925, recorrió el siglo acosado por fuerzas de muy sólida composición y extrema brutalidad, así que la dilatada verbena neoliberal del último decenio del siglo, a la que asistió en el ocaso de su existencia, le debió parecer, por contraste, líquida. Lo cierto es que la lluvia benéfica ha terminado y con ella el tintineo de los manantiales y la feraz vegetación que nos envolvía a todos, y lo que queda es el desierto que pinta 2001 Odisea del espacio, poblado de primates que aprenden a...

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Los alemanes tienen un plan

Posted by on Ene 11, 2017 in Miradas |

La fuerte lluvia irrumpe en el paseo vespertino e invita a entrar en la biblioteca pública al otro lado de la plaza. El paseante deja el paraguas a la entrada y distrae la mirada por los anaqueles dedicados a la historia, y la casualidad o la querencia le llevan a un volumen de Laurence Rees, que ya había leído años atrás y que contiene parte del material documental que el autor utilizó en sus célebres programas de la bebecé sobre la última guerra mundial. Los verdugos y las víctimas es el explícito título de la colección de entrevistas que constituyen la materia del libro. El lector vuelve a las cansinas argumentaciones y excusas de los funcionarios del exterminio nazi que se fueron de rositas tras la guerra y reemprendieron una respetable existencia en la próspera Alemania de posguerra. Los entrevistados sin excepción reconocen que fue su convicción de la responsabilidad de los judíos en la penosa situación de su país lo que alentó sus actos y los despojó de cualquier sentimiento de culpa ante las atrocidades en las que participaban. Lo cuentan con la naturalidad y el distanciamiento de un sociópata que se siente a salvo de la justicia. Nada nuevo. El antisemitismo ha sido sin duda la más tenaz ideología de odio que ha segregado Europa a lo largo de su historia y a finales del siglo diecinueve y primer tercio del veinte impregnaba toda clase de discursos y publicaciones y estaba universalmente aceptada en las elites, en la clerecía y en el pueblo llano. Al evocarlo, se produce una asociación de ideas en el lector sobrevenido por la lluvia. Esa misma tarde ha leído que alternativa para Alemania, el partido de extrema derecha que le viene royendo el espacio electoral a la señora Merkel propone la expulsión del euro de Francia, España, Portugal, Italia y Grecia porque tienen economías débiles. El argumento aspira a la respetabilidad científica pero nunca se hubiera encarnado en una opción política con probabilidad de éxito si no hubiera sido sembrada y regada durante años con una campaña propagandística de descalificación de los países mediterráneos, rutinariamente tildados de pigs en los medios de masas y en publicaciones elitistas como Der Spiegel. Hoy, ningún alemán respetable -tanto como lo era el probo ciudadano que llevaba en Auschwitz las cuentas del botín arrancado a las víctimas y al que entrevista Rees- duda de que los países mediterráneos están habitados por una raza de vagos, impuntuales y corruptos, que, en el mejor de los casos, producen una economía débil. En la cultura alemana se da una explosiva combinación de ensoñación romántica y eficiencia técnica que obliga a tomarse muy en serio sus delirios más improbables porque...

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La memoria

Posted by on Ene 10, 2017 in Miradas |

(Ocurrencias reunidas alrededor de una facultad agonizante) La supervivencia es la única disciplina en la que todos somos expertos, mientras podemos contarlo. Hemos vivido poniendo precio a todo y nos hemos descubierto habitados por la calderilla. La memoria es una masticación del pasado para hacerlo digerible y justificar la (buena) salud del presente. El historiador es el ortodoncista de la memoria. Los nombres propios son los primeros en ausentarse de la oración; es el principio de un relato fantasmagórico. La humanidad habita en la memoria y se desvanece poco a poco en la niebla de la amnesia, esa droga sedante. El eterno retorno, un artilugio que nos estimula a la fuga a la vez que revela la inutilidad de intentarla. Una mujer devastada por la enfermedad de Alzheimer, sentada en silla de ruedas, musita: menos mal que no he perdido la cabeza. (Contado por Quirón). El público asiste a los lapsos de memoria del conferenciante y contempla el derrumbe de la historia, y abandona la sala antes de que los cascotes caigan sobre sus cabezas. El estatus de la memoria artificial es la primera cesión de soberanía de los humanos a favor de los robots, antes de la rendición total e incondicional. Buscadme en el disco duro del ordenador, o mejor, en la nube, el cementerio de la memoria. Unos pocos términos alfanuméricos  nos dan acceso a la existencia y certifican que estamos vivos: las claves de la cuenta corriente, del móvil, del correo electrónico, del sistema de seguridad del edificio, de la asistencia sanitaria  Todo lo demás, desde los balbuceos del recién nacido hasta los grandes monumentos que nos ha legado la literatura, es prescindible. Es terrible levantarse cada mañana y no saber quién eres. (Oído en la calle a un...

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Abrazados al leño

Posted by on Ene 9, 2017 in Miradas |

(Cuento de tierras remotas) Paisaje después del naufragio. Dos de las víctimas han alcanzado tierra seca (firme sería exagerado decirlo) y hacen jubilosos aspavientos junto al cacique de la isla, que les esperaba en la playa abanicándose parsimoniosamente con una penca de palmera. La tercera víctima aún permanece en alta mar, abrazada a un leño, al albur del oleaje provocado en gran parte por la descontrolada agitación de su propio braceo sin coordinación ni propósito. En la errabunda patera que es la política española fue manifiesta desde el primer momento la voluntad de los que ocupaban las cubiertas superiores de arrojar por la borda a los últimos advenedizos y a fe que lo han conseguido. Así lo explica hoy en el diario de referencia uno de los responsables del naufragio. Lo importante era pisar tierra seca, no salvar al pasaje. El cacique de la isla, que en algún momento se sintió amenazado por la turba que se acercaba a su predio con ademanes corsarios, ha terminado por aceptar la situación sobrevenida y ha invitado a su mesa a las dos víctimas salvadas, singularmente a la más fuerte de las dos, con la que espera compartir el menú. Habrá alguna dificultad, aunque el cacique confía en que sea solo aparente, porque este sobreviviente del naufragio, descabezado, torpón, desorientado, exangüe, aún insiste en que podrá sobrevivir de las frutas de los árboles y del cuento del no es no, mientras sus capitostes se relamen ante la idea de una buena comida caliente sobre mantel de lino y con cubiertos del plata, porque en la devastada isla no hay de casi nada pero mantelería y cubertería finas provenientes de tiempos mejores hay de sobra, hasta el punto de que están siendo juzgados algunos de los que se las llevaron en la faltriquera durante los festines del pasado, y si el cacique asistió entonces con benevolencia a estos desmanes, por qué no habría de consentir en participar de sus prebendas con los supervivientes a condición de que le reconozcan su rango. La alternativa para ellos sería peor: volver a donde vinieron y donde les esperan los tiburones de la realidad. Entretanto, a muchas millas de la playa sobre la mar océano, los impotentes siguen aferrados a una madera a la que, en el delirio que provoca la sed, han atribuido poderes oraculares. Cuando el líder del grupo compareció abrazado a un leño, que evocaba cierta serie televisiva tan apreciada por algunos públicos como tediosa para otros, lo hizo con un propósito a medio camino entre el cuento de navidad, que siempre termina bien, y la magia aplicada a la imaginación audiovisual de sus seguidores. Pero no pareció comprender que la metáfora del tronco...

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La conquista de la memoria

Posted by on Ene 8, 2017 in Miradas |

En una entrevista al escritor británico Kazuo Ishiguro a propósito de su última novela recién publicada en español (El gigante enterrado, Ed. Anagrama) atrapo una reflexión intrigante sobre la construcción de la memoria colectiva de las sociedades, que, en su opinión, se realiza por diversos caminos, uno de los cuales es el de borrón y cuenta nueva. Ishiguro lo ilustra con el ejemplo de la Francia de postguerra, incapaz de mirar a su inmediato pasado de país  colaboracionista con el ocupante nazi, una realidad que apenas ocultaba el mito oficial  de la resistencia instaurado por De Gaulle después de la liberación. Esta insalvable dificultad para enfrentarse a la verdad histórica se resuelve con un salto adelante, que es lo que representan los movimientos de la nouveau roman en literatura y la nouvelle vague en cine. La generación a la que pertenezco accedió a la cultura a través de los libros y películas de aquellos movimientos que eclosionaron en todos los países europeos a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta con el marbete de nuevo y con un rasgo común: hablaban de la gente, de la calle, de lo vulgar y transitivo, de la mínima aventura de cada día, de lo social, en resumen, y lo hacían en términos directos, irónicos y generalmente más livianos que trágicos, teñidos por lo que podríamos llamar un cierto optimismo progresista. En España, el nuevo cine y la nueva literatura tuvieron, por mor de las circunstancias, un tenue halo antifranquista, pero ni los temas, ni los argumentos de estas producciones permiten deducir ninguna intención directamente política, como puede comprobar quien las examine ahora. Tampoco en otros países –Francia, Inglaterra, Alemania; quizás con la excepción de la vigorosa cultura italiana de la época- las creaciones tuvieron un cariz político, ni dirigían su mirada hacia la reciente historia. Puede decirse que, el nuevo cine y la nueva literatura de la época tuvieron la intención y la virtud de absolver a Europa de sí misma. Las condiciones materiales de la pax americana bajo la sombrilla nuclear y el pleno empleo inducido por la reconstrucción de países devastados por la guerra favorecieron que nadie tuviera la tentación de la mujer de Lot. ¿Vivíamos en el limbo? A juzgar por lo que sabemos ahora, podemos decir que sí. Las circunstancias han variado por completo. El escudo americano se retira de Europa y el pleno empleo es una ensoñación imposible. Vuelve, pues, la urgencia de la historia y el afán de conocerla para saber qué fuimos y qué nos espera. Vuelven las identidades nacionales, el fantasma que aquellos nuevos libros y películas de Truffaut, Wenders, Sillitoe, Regueiro y compañía intentaron exorcizar haciéndonos ver que compartíamos un...

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