Bueno, ya está. Unos han ganado y otros han perdido, and the Sun also rises. Va a ser difícil que los podemitas escapen al poderoso influjo analógico que irradia el centenario de aquello. En Vista Alegre ha habido bolcheviques, mencheviques y socialrevolucionarios, como entonces, y han ganado los mismos de entonces. No hay duda de la gran movilización del partido y del carácter democrático de la elección. De lo demás se sabe poco o nada porque los documentos aprobados no son más que dilatadas reflexiones generalistas. Dos dudas, sin embargo, más retóricas que otra cosa, asaltaban después de la asamblea a comentaristas y politólogos: ¿cómo se aplicará el mantra de unidad y humildad con el que el ganador selló el encuentro? y ¿qué va a ser del perdedor? El sistema electoral a todo o nada que reguló la elección da pistas para la respuesta. La unidad debe entenderse alrededor del líder electo y la humildad es la virtud que debe adoptar el perdedor para aceptar su condición y las consecuencias. En cuanto al futuro personal de este se puede aventurar una hipótesis casi segura: perderá el cargo de secretario político, que será amortizado a favor del secretario general, y será apartado de la portavocía del parlamento a favor de una voz femenina afecta al líder electo, es decir, será recluido en el anonimato de su minoría en el consejo dirigente, que siempre es una forma de ostracismo más confortable que otros destinos similares en el pasado. En la mesa de billar de la política, el resultado de Vista Alegre ya ha producido un par de carambolas previsibles. Susana está más cerca que hace setenta y dos horas de hacerse con el mando del pesoe y devolver a pedros y patxis a la nada donde chapotean, y a Rajoy le ha sido dado un oponente al que ya tiene tomada la medida. A podemos le espera una larga marcha (otra analogía de cuando entonces) para superar la fractura interna, construir una organización que aplique los mandatos de la asamblea, que, por cierto, no se sabe cuales son, romper la barrera de desconfianza que las últimas elecciones demostraron que existe entre el electorado virtualmente más próximo y encarar un montón de problemas nuevos de política general de los que el partido ha estado ausente mientras permanecía ensimismado en su cocción interna. Uno de los rasgos característicos de ciertos regímenes del pasado siglo era la permanencia del líder cualquiera que fuera la tesitura, adversa o favorable, en que se encontrara el partido y el propio régimen. El reelegido líder viene de dos patinazos notorios ocurridos el año pasado: la negativa a favorecer el desplazamiento de la derecha del gobierno mediante un gobierno del pesoe y la pérdida, aún no explicada, de un millón y pico de votos en junio. En las dos circunstancias el líder fue masivamente refrendado por la militancia, lo que indica que la responsabilidad es de todo el partido, lo que quiera que signifique eso en política. En cierta ocasión, Iglesias descalificó a sus adversarios comparándolos con Winston Churchill al que, en su épica particular, oponía a la activista Angela Davis. Pero es de Churchill la máxima que quizás tenga que aplicarse: de derrota en derrota hasta la victoria final.
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