Democracias histriónicas

Posted by on Mar 24, 2017 in Miradas |

Hace unos días, un amigo se preguntaba si debíamos tener miedo de Trump. La política de la época tiene dos cualidades que operan al unísono sobre la opinión pública y que hacen de las democracias regímenes contaminantes en el sentido que lo son ciertas sustancias químicas sobre el medio ambiente. La primera cualidad está en la raíz del sistema: los gobernantes los elige el pueblo y, en consecuencia, este es el responsable de sus decisiones, sin apelación posible. El acto, que no siempre fue banal, de introducir una papeleta en la urna determina lo que vaya a ocurrir en los próximos cuatro o más años, esté o no de acuerdo con el sentido del voto depositado. Lo que básicamente eliges en las urnas, como aprendimos de los anarquistas españoles, es el amo o patrón que habrá de gobernar tu destino de ciudadano durante un periodo, y luego otro, y otro, hasta que seas lo bastante viejo y estés lo bastante desahuciado para que te interese un carajo quién gobierne. El segundo rasgo del sistema es que los gobernantes deben revalidar continuamente su popularidad mediante presentaciones públicas que forzosamente adquieren un tinte histriónico. La opinión se forma mediante una secuencia discontinua y a menudo inconexa de imágenes y sonidos producidos por los gobernantes –una especie de pixelación de la realidad a través de la pantalla del móvil- con el fin de retener la atención del público en un contexto en el que el espectáculo es un hecho atmosférico. Así, los líderes políticos, lo mismo se abrazan a un tronco de árbol para emitir una consigna de unidad que profieren un insulto brutal contra los que son sus socios y aliados, como hizo el otro día ese estúpido holandés que preside un organismo europeo del que nadie sabe para qué sirve. El público, entretanto, está en las gradas a la espera de dar rienda suelta a sus emociones y querencias, desde reír el gag del clown a esperar que el político se caiga del trapecio y se parta el espinazo. En este circo, hasta el que hace de estatua viviente, como Rajoy, tiene un espacio para lucir sus habilidades. La necesidad de espectáculo es tan intensa que un actor profesional que ha declarado como testigo en uno de los proliferantes juicios por corrupción que llenan el telediario, ha sido machaconamente calificado de el payaso de la Gürtel, no en su demérito, ya que es su oficio, sino para contaminar el proceso de irrisión y ridículo. En este marco de democracias histriónicas, Donald Trump es el rey absoluto. Un tipo en cuya biografía se entrelazan sin contradicción tres vocaciones: la política, los negocios y el espectáculo. Es difícil hacer un diagnóstico de...

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Alienación

Posted by on Mar 23, 2017 in Miradas | 1 comment

(En memoria de Aysha Frade, de soltera Ahmet Caldelas, oriunda de Betanzos, Galicia, de nacionalidad británica, nombre árabe y casada con un portugués. Una de nosotros) En ninguna otra ocasión como ante los episodios de terrorismo se advierte de manera más vívida el desconcierto del lenguaje para cumplir su función de ordenar y explicar la realidad, más allá del mero recuento de los hechos que están a la vista. La lógica que inspira las palabras es impotente para dotar a un atentado de significación. El terrorismo acontece, por definición, fuera del consenso discursivo y lo sacude como un golpe de viento a una candela, Es una experiencia con la que, desdichadamente, hemos vivido largas décadas por estos lares. Ahora, las últimas manifestaciones del terrorismo de inspiración nacionalista vasca, que tuvo una dimensión doméstica a pesar de su larguísima duración, se producen en medio de la indiferencia de la sociedad, pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que sus acciones criminales penetraron hondamente en la moral social y la infectaron de sospecha, de ira, de miedo, de rencor. ¿Quién que tenga ahora más cincuenta años puede decir que no estuvo atrapado por alguno de estos sentimientos? La sobreactuada persecución que llevan a cabo los tribunales españoles contra tuiteros marginales es una reminiscencia de este alterado estado de ánimo, que ha quedado estampado en el código penal. Por lo que llevamos aprendido, el terrorismo es una forma extrema de alienación que se da en momentos de cambio político y económico, o cultural en sentido amplio, en el que las mutaciones afectan desigualmente a la población, ante lo cual, un puñado de individuos que se sienten excluidos, ya entiendan que lo son por su clase social, su comunidad religiosa o su origen étnico o nacional, y que no tiene más recurso operativo que una exacerbación de sus señas de identidad tradicionales, decide atacar a lo que llaman el sistema con el vano objetivo de destruirlo o, más sencillamente de dañar a los presuntos beneficiarios que pasaban por la calle. El mundo islámico está en una encrucijada histórica que puede resumirse como la necesidad de salir de su ensimismamiento e incorporarse a la modernidad, al mismo tiempo que los países occidentales del hemisferio norte, que patrocinaron, ejercieron y a menudo impusieron esa misma modernidad, viven una crisis sobre su propio modelo cultural que, de abierto, inclusivo, liberal e igualitario, está mutando en cerrado, excluyente, autoritario y desigual. En este quicio histórico, plagado de acontecimientos nuevos, no es tan difícil convencer a unos cuantos atrapados en la bisagra para que se lancen contra la sociedad que les rodea, y, en su visión, les asedia. El adoctrinamiento, las armas y el dinero no...

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Diplomacia celestial

Posted by on Mar 22, 2017 in Miradas | 1 comment

O el ángel desairado. Tal podría ser el título de la croniquilla de cierto evento de tono menor brotado del folclore religioso-político y acaecido hace unos días en medio de la ventolera de debate anticlerical que ha recorrido el patio de vecindad. En la remota provincia subpirenaica donde pasa sus días quien esto escribe hay una reliquia del arcángel san miguel que se guarda en un santuario en lo alto de la sierra llamada de Aralar. En los albores de la primavera, esta reliquia deja su hornacina y en brazos del cura custodio se pasea por la capital de la provincia y visita hospicios, conventos, residencias de ancianos, parroquias y, ay, también el ayuntamiento, la sede del gobierno y la del parlamento. La visita en cada caso es breve. El ángel dorado es recibido con protocolo de respeto  y cierta pompa, se bisbisean algunas preces, se canturrea un himno decimonónico de inspiración carlista que pide ayuda celestial para combatir la peste liberal (con escaso éxito, a lo que sabemos), los más afectos adoran la reliquia y el cura pasa el cepillo, que en el caso de las instituciones oficiales se nutre de un óbolo del presupuesto público. Desde un tiempo atrás, la visita del ángel pone a prueba, como es obvio, la laicidad  de las instituciones constitucionales y, en el parlamento, donde las voces son plurales da ocasión para la esgrima dialéctica sobre un tópico que ni al pelo. Para que los improbables forasteros que lean esta crónica alcancen el meollo de la cuestión hay que decir que el ángel de aralar está connotado políticamente porque su residencia se ubica en la zona vascófona de la provincia y puede decirse que, a pesar de la común devoción que se le profesa, si eso significa algo, es un santo más vasquista que españolista. Esta circunstancia topográfica obliga a las así llamadas fuerzas del cambio a conjugar sentimientos de segmentos de población distintos, el tradiconal vasquismo rural del lugar de origen de la reliquia y el laicismo rampante en los sectores emergentes de la sociedad. El grupo que apoya al gobierno regional actual, nacionalista vasco, lo resolvió el año pasado absteniéndose en la votación en la que el órgano que dirige el parlamento decidía si se aceptaba o no la visita del ángel, pero este año ha votado a favor y ha dejado el marrón de la negativa al conglomerado de la izquierda. Resultado: el parlamento autoriza por mayoría la visita del ángel pero, amigo, nadie contaba con la opinión del propio ángel, el cual, harto de que se ponga en duda la tradicional beatitud de su visita y de que se someta a votación como, si en vez de ser...

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Callejero zen y elogio de la penicilina

Posted by on Mar 21, 2017 in Miradas |

El nomenclátor de nuestras ciudades propende al vacío: calle de la paz, avenida de la igualdad, plaza de la libertad, pasaje de la democracia, términos gaseosos y un tantico ridículos con los que es imposible estar a favor o en contra porque su carácter genérico los hace indescifrables. En el mejor de los casos pueden interpretarse como un anhelo o una vía para alcanzar el nirvana, que, por definición, es el ámbito en el que la historia -la sucesión de acontecimientos que constituyen el karma de un organismo vivo– ha sido superada. Vivimos en un país de karma aciago y, en términos prácticos, el neobautismo de calles y plazas constituye la única e insípida iniciativa semántica para establecer, malamente, un consenso sobre lo que nos identifica como sociedad. Los nombres del callejero ilustran sobre el poder y quienes lo ostentan, antes de volverse insignificantes con el tiempo porque nadie recuerda a qué o a quién aluden. Pero, ¿qué hacer cuando el callejero está sembrado de referencias a los protagonistas de un golpe de estado, responsables de una guerra civil y gobernantes de un régimen totalitario que duró cuatro décadas? Del mismo modo que un habitante del paleolítico no era capaz de comprender que vivía en la edad de piedra y si le llegaba algún atisbo de su situación, tendía a desecharlo por comodidad, la mitad de la población de este rincón del planeta encuentra natural, porque así ha vivido siempre, la convivencia con fantasmas históricos que en otros países del entorno hace tiempo que fueron desterrados por mera salud cívica. La atribulada y reticente aplicación de la ley de memoria histórica revela, mejor que cualquier otro síntoma,  la fragilidad  del suelo político de la nación. Bajo el límpido espejo de calles dedicadas a la libertad, la igualdad, etcétera, bulle una profunda desconfianza hacia lo que somos y, para decirlo todo, hacia lo que queremos ser. Y aquí estamos, sin pasado compartido ni futuro imaginado, agarrados a la brocha de un presente continuo. Una modesta proposición en este sentido sería la de cambiar los nombres franquistas del callejero por nombres de personas e instituciones sobre los que haya pocas dudas del carácter universalmente benéfico de su obra, singularmente científicos, lo que tendría una función pedagógica, al menos de momento. Claro que para llegar a esta conclusión, nuestra clase dirigente tendría que remediar su pavorosa ignorancia, que compartimos todos, sobre la ciencia y poner fin al brutal desdén con que tratamos a nuestros científicos. Llegados a este punto del argumento, el nombre tópico que asalta a los de nuestra generación es el del doctor Alexander Fleming, descubridor de las propiedades antibióticas del hongo de la penicilina y a todas luces un...

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Alemania 1, España 3

Posted by on Mar 20, 2017 in Miradas |

Hablamos de ese enfermo, no sabemos si convaleciente o terminal, que recorre Europa: la socialdemocracia. El partido socialista alemán (espedé) ha elegido a su líder por unanimidad, cien por cien de los votos. Un resultado que otrora se calificaba despectivamente por aquí de a la búlgara, y que ahora deja a los concernidos socialistas españoles con la boca abierta y un irreprimible gesto de inferioridad y envidia pintado en la cara. El pesoe enfrenta un trance similar al de su colega alemán en un inédito estado de ansiedad, desconfianza e incertidumbre, con tres candidatos en liza para la secretaría general que no cesan de cubilitear con los mantras típicos –unidad, izquierda, liderazgo, etcétera-, pero que no pueden ocultar que están desunidos, que carecen de un programa de izquierda y que el liderazgo está en el alero y al albur de circunstancias imprevisibles y fuera del control del aparato. De alguna manera, diríase que el partido alemán se reencuentra siempre con una robusta tradición socialista, anclada en la memoria histórica de la sociedad, que favorece su estabilidad. Estuvo en la resistencia contra el nazismo, tiene un acreditado sustrato ideológico, ha sido cofundador de la Europa de postguerra y de lo que llamamos estado del bienestar, y por último, opera en un país cuya economía se apoya en el tejido industrial en el que nació la socialdemocracia y le otorga razón de ser. El partido español no tiene ninguna de estas acreditaciones. Históricamente, tuvo enfrente una derecha caciquil, agrarista, propensa al golpe de estado, con la que el posibilismo era un arte imposible y, en su propio campo, siempre tuvo un fuerte competidor a su izquierda: el anarcosindicalismo durante la república, el comunismo durante la dictadura y, tras el periodo felipista, ahora mismo, los competidores son podemos y las otras formaciones regionales de cariz nacionalista. Políticamente, el pesoe acabó fracturado tras la guerra civil, estuvo ausente durante la dictadura, y la refundación felipista fue a costa de romper, incluso orgánicamente, con su pasado, y reinventar un proyecto que más que otra cosa fue un surfeo sobre la ola favorable de la historia, ya saben, aquello del gato negro y el gato blanco, etcétera. En este momento, el problema básico de los socialistas españoles se reduce a un dilema: seguir en la onda fabulosa del felipismo cuando las condiciones que lo hicieron posible han desaparecido por completo o refundarse por enésima vez, nadie sabe con qué mimbres y objetivos.  A este fin, tenemos a tres candidatos en...

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