O el ángel desairado. Tal podría ser el título de la croniquilla de cierto evento de tono menor brotado del folclore religioso-político y acaecido hace unos días en medio de la ventolera de debate anticlerical que ha recorrido el patio de vecindad. En la remota provincia subpirenaica donde pasa sus días quien esto escribe hay una reliquia del arcángel san miguel que se guarda en un santuario en lo alto de la sierra llamada de Aralar. En los albores de la primavera, esta reliquia deja su hornacina y en brazos del cura custodio se pasea por la capital de la provincia y visita hospicios, conventos, residencias de ancianos, parroquias y, ay, también el ayuntamiento, la sede del gobierno y la del parlamento. La visita en cada caso es breve. El ángel dorado es recibido con protocolo de respeto  y cierta pompa, se bisbisean algunas preces, se canturrea un himno decimonónico de inspiración carlista que pide ayuda celestial para combatir la peste liberal (con escaso éxito, a lo que sabemos), los más afectos adoran la reliquia y el cura pasa el cepillo, que en el caso de las instituciones oficiales se nutre de un óbolo del presupuesto público. Desde un tiempo atrás, la visita del ángel pone a prueba, como es obvio, la laicidad  de las instituciones constitucionales y, en el parlamento, donde las voces son plurales da ocasión para la esgrima dialéctica sobre un tópico que ni al pelo. Para que los improbables forasteros que lean esta crónica alcancen el meollo de la cuestión hay que decir que el ángel de aralar está connotado políticamente porque su residencia se ubica en la zona vascófona de la provincia y puede decirse que, a pesar de la común devoción que se le profesa, si eso significa algo, es un santo más vasquista que españolista. Esta circunstancia topográfica obliga a las así llamadas fuerzas del cambio a conjugar sentimientos de segmentos de población distintos, el tradiconal vasquismo rural del lugar de origen de la reliquia y el laicismo rampante en los sectores emergentes de la sociedad. El grupo que apoya al gobierno regional actual, nacionalista vasco, lo resolvió el año pasado absteniéndose en la votación en la que el órgano que dirige el parlamento decidía si se aceptaba o no la visita del ángel, pero este año ha votado a favor y ha dejado el marrón de la negativa al conglomerado de la izquierda. Resultado: el parlamento autoriza por mayoría la visita del ángel pero, amigo, nadie contaba con la opinión del propio ángel, el cual, harto de que se ponga en duda la tradicional beatitud de su visita y de que se someta a votación como, si en vez de ser su presencia un don celestial fuera la pejiguera de un familiar gorrón, ha decidido por boca del capellán que lo porta en brazos no visitar este año el parlamento, según se ha leído en el diario decano del lugar. Hala, toda la soberanía popular de la provincia condenada a las tinieblas. Hasta aquí los hechos, por si sirvieran de ilustración sobre el asunto a debate, pero no negaré que a la gente de mi generación le produce un inevitable repelús tener enfrente a un arcángel que nos señala con su espada flamígera.