El teorema de Urdangarín

Posted by on Feb 24, 2017 in Miradas | 2 comments

La justicia es igual para todos, ¿sí o no, usted que cree? La pregunta serpentea afanosamente por tertulias, cenáculos, barras de bar y dondequiera que se reúnan un par de españolitos que no tengan que hablar de fútbol o del precio de las verduras, sumiendo a la ciudadanía en un sordo cabreo de impotencia ante la imposibilidad de encontrar una respuesta satisfactoria. La cuestión Urdangarín es al derecho y a la política lo que el teorema de Fermat a las matemáticas o el gato de Schrödinger a la física cuántica. Un problema irresoluble. Intentemos explicarlo como hacen los físicos y los matemáticos, con una fábula. Supongamos un templo católico al que entra un sujeto cualquiera. Este puede encontrar en el recinto diversas funcionalidades que no pertenecen a la naturaleza del edificio. Puede tumbarse en un banco y echar una siesta, introducirse en un confesionario para beberse una lata de cerveza, refrescarse la cara en la pila de agua bendita, teclear en el órgano una melodía profana e, incluso, puede robar el cepillo. Todas estas acciones son irregulares y probablemente le serán impedidas por el sacristán o el párroco, sin más consecuencias. Pero hay una sola acción que ataca directamente a la naturaleza del recinto: el tipo sube al presbiterio, abre el sagrario sobre el altar, se zampa un puñado de hostias consagradas y esparce las demás por el entarimado. El comportamiento del tipo ha pasado del gamberrismo al sacrilegio. Ante un acto así, los curas al cargo están obligados a llevar a cabo una reparación litúrgica que restaure el carácter sagrado del lugar: oraciones, incienso y todo eso, no importa la sanción penal que le corresponda al sacrílego, y mejor si esta parte del procedimiento se lleva con la máxima discreción porque lo que cuenta no es la punibilidad del acto material cometido, y menos aún la publicidad consiguiente, sino la afrenta moral y simbólica (política, en el caso que comentamos) a lo que es centro de la fe católica (de la fe monárquica en este caso, vale decir, de la fe en el sistema constitucional vigente). Urdangarín es a la vez una hostia consagrada y un beodo delirante de la monarquía española. Los delitos cometidos por él no lo han sido en función de su cargo, pues no tenía ningún presupuesto público del que fuera responsable y sobre el que pudiera prevaricar y defraudar, sino por su pertenencia a la familia que habita en el sagrario. Este hecho genealógico –de sangre, se decía antes-, del que no hay ley que pueda apartarle, constituye una poderosa razón que condiciona la acción de los jueces. Cristina de Borbón sabe lo que hace cuando se niega a renunciar a su derecho...

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Presunción de inocencia

Posted by on Feb 23, 2017 in Miradas |

Es el mantra de moda. El último argumento ante la peste que nos envuelve. La descarga de todas las miserias del sistema político sobre los tribunales ha terminado por cuartear a la justicia misma. Jueces y fiscales aparecen fracturados en leales y desafectos. Unos, aclamados; otros, hostigados. El mismo día, un fiscal a punto de ser destituido por su jefe orgánico denuncia los intentos de intimidación sufridos, que incluye el allanamiento de domicilio, y un tribunal resuelve que un convicto de corrupción eluda la prisión sin medida cautelar alguna. La resolución judicial que libra al cuñado del rey de ingresar en prisión no puede calificarse más que propia del antiguo régimen, cuando un selecto grupo de congéneres era distinguido por su sangre azul. El convicto, no solo queda exento del pago de una fianza precautoria sino que puede abandonar el territorio nacional sin más cautela que presentarse una vez al mes ante el órgano judicial del país de residencia, en Ginebra, Suiza. ¿Tienen los tribunales españoles autoridad sobre lo que han de hacer los órganos judiciales suizos?, ¿hay tratado de extradición con Suiza en caso de que el condenado quiera eludir la sentencia definitiva? La extradición se concede, por regla general [punto quinto del procedimiento de la ley suiza], si por lo menos una de las infracciones imputadas está sancionada tanto en Suiza como en el extranjero y da lugar a extradición en las dos legislaciones. Pero, si ante las autoridades suizas es un delito altamente improbable la evasión fiscal en terceros países que tiene como destino su territorio, ¿no es contradictorio que considere delincuente a quien ha practicado tan lucrativo negocio para sus bancos? Y si el cuñado del rey de España no se considera delincuente según la ley suiza, ¿por qué habría de estar obligado a presentarse una vez al mes ante un órgano judicial suizo como si lo fuera?  ¿O estamos ante un nuevo paso en la cooperación internacional por el cual Suiza no solo custodia los capitales defraudados a la hacienda española sino que también custodia a los defraudadores? Ítem más, ¿por qué no seguir el mismo procedimiento de custodia con otros acreditados clientes de la banca suiza como Bárcenas, por ejemplo? Es obvio que este caballero se sentiría más fuerte, como le exhortó su jefe, si pudiera residir en aquel país, e incluso es posible que el hecho de serle prohibido lo sienta como una injusticia. Siempre puede elevar un recurso y retrasar su causa otro montón de meses. La presunción de inocencia acompaña al cuñado del rey más allá de la sentencia condenatoria. Es inocente a pesar de ser culpable. Parece teología pero solo es picaresca marcaespaña. A estas alturas, el fiscal Horrach...

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Perfil

Posted by on Feb 22, 2017 in Miradas |

Una mañana cualquiera, soleada. Dos jubilados pasean por el bulevar hacia alguna parte. Es invierno: chamarra acolchada, pantalones de pana, zapatillas de senderista, gorra de visera, el atavío estándar de los de su edad y condición. Los dos componen un ballet torpón. Andar demorado y punteado de pausas por las exigencias de la osamenta y también porque a esa edad no hay prisa. Todos los caminos llevan al mismo indeseado fin de viaje, así que, a qué apresurarse. Los paseantes caminarían hacia atrás, si pudieran. Uno de ellos gesticula como si construyera el relato con las manos; el otro las tiene entrelazadas a la espalda y la cabeza gacha, absorto, aunque ni él mismo sabe en qué. La conversación es una esgrima de dos monólogos, un tejido  surcado de rotos y descosidos. Algunas palabras, nombres propios, términos específicos, se esfuman inopinadamente cuando van a ser pronunciados y dejan un agujero en la perorata que desconcierta al hablante. El relato va dando saltos hasta que el relator, perdido, mira al interlocutor en demanda de auxilio, ¿de qué estábamos hablando?, a lo que el interpelado responde encogiéndose de hombros. El perfil, antes llamado carácter, aleja a uno del otro. Es una experiencia de la que el sujeto se libera cuando está solo en casa, frente al ordenador, conectado a internet. Al otro lado de la pantalla están la memoria recobrada y el interlocutor aquiescente. Unos organismos invisibles y obsequiosos de los que ha oído decir que llaman algoritmos se apresuran a devolverle las palabras olvidadas, le conducen al encuentro de acontecimientos perdidos y se ofrecen a  representar las historias diluidas en la desmemoria, sin más esfuerzo que unas pocas pulsaciones indicativas en el teclado. Este diálogo lleva a la máquina a conocer mejor a su usuario después de cada sesión juntos y en algún nivel de su insondable inteligencia recrea el perfil de este, como esos mapas de puntos que unidos por una línea descubren la imagen del retratado. En más de un sentido, ordenador y usuario mantienen una típica relación de amo dominado por su criado, tantas veces recreada en la literatura, no en vano se llama servidor al remoto chisme que gestiona el proceso, en la que el poseído consiente y se complace en su entrega al poseedor. El usuario ofrece a la máquina la destartalada constelación de deseos, ocurrencias y sucesos que atestiguan su paso por este mundo y la máquina se apropia del legado con la naturalidad y el oficio de un ropavejero que acude al remate de las galas del difunto. El viejo ensimismado encuentra consuelo  en la creencia de que su perfil le sobrevivirá en la umbría de la red o de la nube o...

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¿Elogio del populismo?

Posted by on Feb 21, 2017 in Miradas |

El gobierno polaco, reaccionario, populista, autoritario, etcétera, aumenta su base social y su aceptación en la población por el procedimiento de otorgar subvenciones a las familias para la crianza de los hijos. Dame pan y llámame tonto. La subvención polaca por hijo, que alcanza a dos y medio millones de hogares, es de ciento quince euros al mes, una fortuna si se compara con los salarios vigentes en nuestro país después de la reforma laboral. Populismo es un término que quiere ser derogatorio pero que resulta idiota, inventado para justificar la pereza intelectual, o algo peor, de los beneficiarios y gestores del sistema que malamente disfrutamos. Todo viene de un equívoco puesto de moda a principios de los años noventa, tras el desplome del bloque socialista. Es la idea de que libertad de mercado y democracia representativa son términos de un binomio indisoluble. En realidad, a cierto punto de cocción al que se llega pronto, son términos contradictorios, cuando no enfrentados. ¿Para qué debemos votar a x o y cada cuatro años si día a día hay que aceptar sin negociación ni réplica posible la imposición de un  salario cada vez más bajo, las hipotecas más venenosas,  el recibo de la luz en progresión ascendente, las tasas por esto y por aquello o el coste de los medicamentos, sea x o y al que hayamos votado? Cuando esta pregunta saltó a la palestra política, la socialdemocracia renunció a responderla, seguramente porque le parecía ociosa. Los beneficios del nuevo sistema serían tan copiosos que caerían en cascada de la mesa de los ricos a las bancadas de los menos ricos, porque los pobres eran una especie en extinción en la aromática espuma de la clase media. Claro que, para que eso fuera aproximadamente así, era necesario un robusto y equitativo instrumento de redistribución de rentas a través del sistema fiscal. Pero nadie se ha hecho verdaderamente rico entregándose a la debilidad de compartir sus ingresos, ni en la más pequeña medida, de modo que los ricos contraatacaron contra este último argumento de justicia social por dos flancos concertados: un régimen fiscal crecientemente permisivo con los afortunados y la proliferación de paraísos fiscales. Bertolt Brecht es uno de los grandes poetas de la lengua alemana y durante décadas inspiró el teatro occidental, hoy sería tildado de populista. Vean si no: Hay muchas maneras de matar, / Pueden meterte un cuchillo en el vientre / Quitarte el pan. / No curarte de una enfermedad. / Meterte en una mala vivienda. / Empujarte hasta el suicidio. / Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. / Llevarte a la guerra, etc…/ Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado. Casi da...

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