Stephen Hawking

Posted by on Sep 26, 2015 in Miradas |

Puede decirse que Stephen Hawking es un optimista histórico. Forma parte del reducido grupo de personas a las que los pronósticos más inquietantes les provocan una sonrisa, aunque en su caso sea una sonrisa perenne, no necesariamente por su voluntad. Es la contrafigura de la moda: un sabio penetrativo y visionario en un océano plano de multitudes ignorantes y ágrafas, y un inválido físico total en una sociedad poblada de dinámicos urbanitas que corren al atardecer con la lengua fuera. Tiene todos los atributos de extrañeza y misterio para ser adorado como un fetiche. Pero sus hipótesis vuelan impulsadas por las mismas corrientes que compartimos todos desde que la ciencia ficción es un género literario: máquinas inteligentes que esclavizarán a sus creadores y se adueñarán del planeta, visitantes de otros mundos que acabarán con la especie humana y bizarros exploradores terrícolas que llevarán la semilla de la supervivencia a una galaxia remota. Los libros llamados de divulgación de Hawking son inaccesibles incluso para un lector medianamente entrenado pero, cuando resume sus pensamientos a la mínima expresión -lo cual en él es una exigencia de la naturaleza, jamás podrán acusarlo de prolijo-, no solo le entendemos sino que compartimos su sonrisa con un autosatisfecho “eso ya lo decía yo”. En efecto, ¿quién no ha pensado en salir pitando de casa a otro planeta, digamos, una playa en el Caribe? y ¿quién no ha sentido la insidiosa presencia de alienígenas en una cena de Navidad o en una reunión de antiguos alumnos? En cuanto al dominio de las máquinas, ahora mismo lo estoy experimentando. La divulgación es la jubilación de la ciencia, y por extensión de cualquier esfuerzo humano; el punto donde mengua la curiosidad y la osadía hasta extinguirse; el umbral tras el cual te has convertido en el abuelo Cebolleta y eres patrimonio de toda la familia. “Estás muy bien”, “tienes un aspecto inmejorable”, si eso oye un tipo que aún posee en razonable buen uso sus piernas y manos y su cabeza presenta aún pocos agujeros, ¿qué no tendrá que escuchar el que está inmóvil en una silla de ruedas desde su juventud y, a pesar de ello, es uno de los más reputados científicos del mundo? Larga vida a Stephen...

Leer más

Pasado y futuro

Posted by on Sep 25, 2015 in Miradas |

Los viejos vagamos por la Red como un ciego, por itinerarios cortos, lineales y reiterativos, y apoyándonos titubeantes en webs conocidas y previsibles. Y, como a cualquier ciego, se nos hurta buena parte de la belleza del universo. Ya no hablamos de las profundidades abisales de Internet donde los que saben dicen que se encuentra un maravilloso mundo fosforescente e ingrávido, sino de zonas accesibles a poco que se posea una pizca de curiosidad pero que ignoramos por una mezcla de desdén y temor. Son precisamente las páginas de la Red que visitan nuestros hijos y de las que se nutren. Es decir, ofrecen una representación del mundo seguramente más vívida, más común y menos decadente que la que poseemos sus padres. En esta ocasión, como en otras anteriores, el lazarillo ha sido mi amigo Xabi, que me ha llevado a una web de contenidos bizarros y esquinados, entre los que me hace observar uno en especial: la aventura de un joven matemático de brillante currículo académico, doctorando en su especialidad, creador de software para diversas aplicaciones, que se gana la vida dando clases a universitarios y, un poco más allá, haciendo los trabajos de post grado y máster para los incompetentes. El reportaje relata una de estas suplantaciones, más compleja que otras, porque llevó al suplantador a cambiar la apariencia física – rasurado de cráneo y falsas gafas de pasta incluidos- para parecerse al suplantado en un examen de última oportunidad y obtener una nota suficiente pero mediocre para no levantar sospechas. La preparación se llevó a cabo en la casa del beneficario, bajo la competente dirección de la madre y tía de este mientras solícitas doncellas ofrecían al héroe pastas y dulces. Al término de la operación de maquillaje, las damas rezaron a la virgen santa para que todo saliera bien. Pero enlacen la web para leer la noticia completa, dejen este blog de jubilado y salten directamente al futuro, tal como lo ven nuestros...

Leer más

Máquinas inteligentes

Posted by on Sep 24, 2015 in Miradas |

Hoy, la inteligencia se mide por su capacidad para engañar al Estado, es decir, para tomar el pelo a la sociedad entera. Es una inteligencia directamente aplicada al delito, hasta el punto de que pueden considerarse sinónimos. La experiencia nos legitima a preguntarnos cuántos delitos habrá cometido el juez, el banquero, el político, el catedrático, el delantero centro de nuestro equipo, el fabricante de buñuelos o el papa de Roma, para llegar a donde han llegado. Por extensión, una máquina inteligente es también la que engaña a los inspectores, clientes, usuarios y público sobre su verdadera función, vale decir, una tragaperras amañada o un motor diesel de Volkswagen. La inteligencia no consiste en resolver un problema que afecta a todo el mundo sino en crearlo sin que nadie en el mundo se dé cuenta. Los crímenes más interesantes son aquellos en los que la policía ve el resultado, porque es evidente, pero no comprende el método de ejecución. La inteligencia que lleva a una corporación automovilística a aplicar a sus vehículos un dispositivo electrónico que permite eludir los controles de emisiones de gases es la misma que lleva a un narcotraficante a pasar la droga por la aduana en el recto de un bebé. La tecnología no nos hace mejores, aunque sea alemana y esté avalada por Claudia Schiffer. Bien, descubierto el pastel, se ha levantado la consabida polvareda: bajan en Bolsa las acciones de la empresa, los gobiernos prometen una investigación a fondo, y la corporación anuncia el despido de su presidente (que, por cierto, ayer se resistía a dejar el cargo y apostaba por seguir en él, aunque arrepentido y con propósito de enmienda, como un político español, y dicho esto, ¿por qué debemos tanta pasta a los alemanes si son como nosotros?). No tardará en volver la normalidad. Las acciones subirán en cuanto los bolsistas vean que las multas a la empresa no han sido para tanto; las investigaciones a fondo concluirán en el informe de alguna comisión que no leerá nadie, y, en cuanto a la suerte del presidente, le encontraran un empleo alternativo y similar o, en el peor de los casos, le mandarán a casa con una indemnización equivalente a todo la masa salarial de todas factorías de la empresa. En esto, los alemanes pueden pedirnos know how; le mandaremos a Dolores de Cospedal para que les explique el finiquito diferido. Nuestro gobierno ha reaccionado al escándalo con preocupación porque el quebranto económico que las multas le supongan a la empresa pueda afectar a las inversiones de sus plantas en Navarra y Barcelona. Es la mentalidad del alcalde de una aldea siciliana que lamentó que los carabineros se hubieran incautado de un alijo...

Leer más

El pasado se mueve

Posted by on Sep 23, 2015 in Miradas |

El nacionalismo se guía por dos vectores que, en periodos de agudización de la crisis, discurren entrelazados, como en la teoría de cuerdas. Por arriba opera la voluntad de las élites del país de dominar sin competencias indeseadas un territorio y una población y, por abajo, la necesidad del pueblo de asentarse en una plataforma identificable y segura, de rasgos familiares y manejables para la imaginación. Ambas fuerzas necesitan los nutrientes del pasado: los de arriba, para extraer la legitimidad de la acción que han emprendido; los de abajo, para encontrar el consuelo de la tradición. El nacionalismo es el intento más serio que realizan las sociedades para contener el tiempo en el espacio. Es un proceso que, en ciencias, se llama fosilización y en la naturaleza es muy dilatado  pero que puede acelerarse mediante un acontecimiento extraordinario, el choque de un meteorito o unas elecciones plebiscitarias que nos separen del continente. La mala noticia es que el referente inmóvil, el pasado, también se mueve. Los fósiles hablan, gesticulan y están encantados de salir del lecho de arcilla donde dormitaban y conocer gente nueva con la que conversan y a la que cuentan su vida con hambre de náufrago. Una de estas conversaciones inteligentes ha llevado a la antigüedad de los vascos, que de repente se ha visto reducida a un miserable lapso de cinco mil años. Vamos, que no estaban ahí el séptimo día de la creación, como creía aita Barandiaran. Cinco mil años no es abolengo ni es nada. Y, al parecer, están emparentados con los castellanos de Atapuerca ¡lo que faltaba! Sé de una familia catalana, propietaria de una finca morrocotuda con capilla románica y todo, que declara una antigüedad que se remonta a Guifré el Pilós. Lo dicen como de pasada pero mirando por encima del hombro a los Pujol, Mas y demás parvenus. En esa medida del tiempo, los nacionalismos que nos fatigan pueden considerarse juveniles, una enfermedad infantil, para decirlo con las palabras del otro. Una de las actividades culturales más conspicuas del nacionalismo moderno ha consistido en subir montañas y buscar fósiles para atizar con ellos al vecino. Pero fósiles hay por todas partes ya que corresponden a cuando la tierra no tenía fronteras, y ahora, con las técnicas de investigación genética, viajan más que los refugiados a los que no queremos en casa y cuyos ancestros, vaya por dios, coinciden con los nuestros porque la población primitiva de la Península Ibérica se formó de migraciones procedentes de Oriente Medio, según los mismos fósiles aguafiestas. Hasta aquí lo que sabemos, que no es nada para lo que...

Leer más

Seguridad nacional

Posted by on Sep 22, 2015 in Miradas |

Es el sintagma más intimidatorio del léxico político. Lo sabemos por las teleseries. El bueno dice, con cara de pocos amigos, “es una cuestión de seguridad nacional”, y ya podemos estar seguros de que el tipo que ha aparecido en la secuencia anterior –con barba, calvo, con gafas, con chilaba, basta cualquiera de estos atributos pero mejor si reúne los cuatro- se encontrará con la bala de un sniper alojada en la cabeza. “Es una amenaza para la seguridad nacional”, fue lo mejor que se le ocurrió decir al premier Cameron sobre la elección de su compatriota Jeremy Corbyn al frente de los laboristas. Teniendo en cuenta que ambos han convivido largos años en la Cámara de los Comunes, sorprende que Cameron no se diera cuenta antes. Se ve que el parlamento es una madriguera de bichos y mutantes de todas las especies, como el bar de La guerra de las galaxias, y no te fijas en los detalles. El mismo Cameron se ha transformado del pijo convencional de clase alta que fue en centinela de la seguridad nacional. Claro que cuando se ha sido lo bastante pijo siempre queda un rastro de farlopa que enturbia la imagen y quizás la vista del centinela. No es una casualidad. Visto en perspectiva –galáctica, digamos-, los euforizantes y la seguridad nacional mantienen un lazo inextricable. Berlusconi blindó, por razones de seguridad nacional, su finca particular en Cerdeña, donde celebraba las sesiones de bunga bunga con sus homólogos y homólogas. Ahora la finca la ha comprado un jeque árabe, suponemos que también por seguridad nacional. Israel es el país que más réditos internacionales ha sacado a este mantra, hasta el punto de incluir las bodas en el protocolo de la seguridad nacional, siempre que los contrayentes sean lo bastante pijos y estén lo bastante eufóricos. La modelo Bar Refaeli y su futuro esposo han pedido a su gobierno que cierre el espacio aéreo del lugar donde se van a celebrar las nupcias y obligarán a los invitados a dejar sus dispositivos móviles, cámaras y demás hardware en la garita de los seguratas a la puerta. Así evitarán los misiles de Hezbollah, a los terroristas suicidas y, sobre todo, a los paparazzi, que podrían aguarles la venta en exclusiva de la boda por un buen montón de lingotes de oro. Seguridad...

Leer más

Pavlov

Posted by on Sep 21, 2015 in Miradas |

Confieso que no creía en la victoria de Syriza en las elecciones griegas. Me he dejado arrastrar por el desatendido seguimiento de la campaña que han hecho los medios españoles y me pareció lógico el empate con la derecha de Nueva Democracia que pronosticaban los sondeos publicados. Pero, si todo en la política se ha vuelto falible y disfuncional, ¿por qué no habría de afectar la crisis también a las empresas de demoscopia y a sus productos? Al final, todos los agentes que participan en la acción de gobierno, el gobierno mismo, las factorías de ideas, las instituciones parapolíticas, los medios de comunicación, los sondeos, conforman una jungla en la que no puedes distraerte ni un momento sin riesgo a ser víctima de un alacrán o de una boa constrictor. Estos peligros son tan familiares que terminas creyendo que la jungla es tu hogar y ni siquiera piensas que han hecho de ti un pigmeo selvático. En las previsiones sobre Grecia nos guiamos por el principio de Pavlov, que, aplicado a la política, quiere decir que la ciudadanía se mueve por actos reflejos ante los estímulos exteriores y, después del brutal varapalo que los amos de la Unión Europea infligieron a Tsipras en la negociación del último rescate, y que fue convenientemente vendido a la opinión pública como una derrota de este osado izquierdista, parecía lógico que el perro o la rata del experimento optara por una salida más acomodaticia y votase al partido más dócil a las exigencias de la patronal que gobierna Europa. El eurogrupo, la troika, el FMI, los mercados o quien demonios sea el Leviatán que gobierna nuestras vidas tiene un repertorio escaso y contundente de medidas para recompensar o castigar nuestros impulsos hasta conseguir los que son convenientes para sus intereses. Subvenciones o recortes. Préstamos libérrimos o rabiosas reclamaciones de deuda. Nunca sabemos cuándo ni por qué tocan unas u otras porque, de saberlo, el experimento no funcionaría. Así que en cada ocasión, la ciudadanía tiene que hacer una elección “racional” sobre datos que desconoce. Este experimento, como cualquier otro del ámbito científico, tiene que hacerse en condiciones ambientales, numéricas, etcétera, tasadas para que se dé el resultado buscado. En Grecia algo ha fallado. Las ratas han dejado de ir alocadamente de un lado a otro del laberinto, lo que también se conoce como bipartidismo, y se han visto a sí mismas como lo que son, no inversores, ni consumidores, ni contribuyentes, ni, si me apuran, ciudadanos, sino material de laboratorio. Es la pesadilla de todo científico: la rebelión de las...

Leer más