La función del organismo

Posted by on Jul 2, 2016 in Miradas |

Una noticia de relleno en el periódico nos lleva a un pasado que parece una fábula. La censura franquista sajó y recortó en lo que le plugo las novelas del llamado boom latinoamericano, la última gran eclosión de alta literatura que ha registrado nuestra lengua. Hay algo de irreal, a fuer de ininteligible y remoto, en esta noticia, pero mi amigo lee con atención el reportaje durante el café de media mañana. Él perteneció a la esforzada secta de editores y libreros que abrieron a los lectores de la época puertas celosamente cerradas por la inquisición oficial mediante una tenaz esgrima de gato y  ratón con la censura, que para entonces era una institución anacrónica e ineficiente pero cuyos servidores seguían en su función y la ejercían con estúpida arrogancia. Funcionarios en un empleo por encima de sus capacidades intelectivas, escribidores de dictámenes obtusos, que gozaban del privilegio de conocer obras inéditas, novedosas y audaces, y que ejercían sobre ellas el placer de negar su conocimiento a los demás. Tipos a los que el estado les pagaba para que dieran rienda suelta a su resentimiento y arbitrariedad. Mi amigo levanta la mirada del periódico con una sonrisa de quien recuerda su vida de contrabandista. “Recurríamos a argucias inocentes, por ejemplo, cambiar alguna palabra del título del libro en el albarán de entrega de los distribuidores. El cambio era mínimo, a los enterados nos permitía identificar el libro pero se suponía que debía despistar al censor. Un día enviamos un lote de libros a la biblioteca pública de aquí que contenía La función del orgasmo, no sé si os acordáis, el librote aquel del alemán ese marxista, cómo se llamaba, Wilhelm Reich, y en el albarán pusimos, para despistar, La función del organismo, pero nos descubrió. Aún puedo ver al secretario de aquel director de la biblioteca diciéndome: El señor bibliotecario sabe muy bien lo que necesita la cultura de este pueblo”. Era a principios de los años setenta y habían pasado cuatro décadas desde que aquel bibliotecario, que marcaba los límites oficiales del conocimiento en la provincia, fuera un furioso caudillo carlista sublevado contra la república y la inteligencia, y el organismo seguía funcionando, con él, impertérrito, al pie del cañon, y nunca mejor dicho. Viejas historias, geología de la memoria, que ha registrado un extraño vuelco. Hoy nadie recuerda  a Wilhelm Reich y a su indigestible librote pero la memoria del bibliotecario aciago sigue en hablillas estos días porque sus descendientes están empeñados en evitar que se le recuerde tal como fue en la realidad: un servidor de la dictadura, un dictador delegado él...

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Los pavos fundadores

Posted by on Jul 1, 2016 in Miradas |

Un ramillete de intelectuales (así se les llama de antiguo sin que la palabra tenga todavía un significado preciso) -Félix de Azúa, Francesc Carreras, Albert Boadella, Arcadi Espada,  et alii-, a los que se atribuye la fundación del partido de los ciudadanos de Albert Rivera ha pedido a éste que renuncie al veto que viene proclamando contra Rajoy y facilite así su investidura como presidente del gobierno. Rivera mantiene hacia Rajoy una relación edípica y necesita matar al padre para quedarse con el negocio, de modo que, a la primera oportunidad que tuvo en la tribuna del parlamento, llamó a las huestes del pepé a la sedición para derrocar al patriarca. No es fácil desdecirse de algo que se ha proclamado desde tan alto sitial y que se ve compelido a repetir cada vez que se encuentra ante un micrófono. El rencor que se guardan el patriarca y el hereu es recíproco. Rajoy, que ha hecho de la experiencia que da la edad su único patrimonio político,  ningunea a Rivera como a un fastidioso avatar juvenil. De hecho, Rajoy jamás fue el agitado y glamoroso repentizador que es Rivera, ni cuando era un adolescente con granos en la cara porque entonces estudiaba para registrador de la propiedad, y solo le faltaba que a la vejez le viniera ese chico a arrebatarle la propiedad, precisamente. Pero dejemos a ambos con sus cuitas. Lo que nos interesa aquí es el despliegue de la iridiscente cola de este grupito de intelectuales, dizque fundadores del partido. Azúa, el esteta que ha hecho del desdén patricio un estilo inconfundible; Boadella, el inspirado comediante de antaño; Carreras, el pedagogo plúmbeo y reiterativo en las páginas de opinión del periódico de referencia, y Espada, un periodista esquinado y propenso a la fantasía. Todos ellos tienen en común su irritado malestar por el soberanismo catalán pero cuesta creer que ese aclamado ramillete de personajes narcisos, ensimismados y excéntricos haya fundado un partido, aunque sea pequeñito, y que hayan gastado su precioso tiempo en mítines, en reuniones con las bases, en pegadas de carteles, e incluso en nerviosas emisiones de tuits. Todos ellos conservan, sin embargo, la creencia en la autoridad de su voz y en la pertinencia de su función como abajofirmantes, y la vanidad de creer que producen la realidad, la cual sería un mucílago informe sin sus gestos y lecciones. Rivera tiembla porque se juega su carrera política en la arena mientras los pavos fundadores asisten al espectáculo desde la tribuna y alzan o abaten el pulgar a su arbitrio en la seguridad de que siempre habrá un césar que los querrá para adorno de su...

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Las cautelas del padre Zalba

Posted by on Jun 30, 2016 in Miradas | 2 comments

El padre Marcelino Zalba S.J., nacido a principios del siglo pasado en un lugarejo de la remota provincia desde la que escribo y muerto en loor de santidad a principios de este siglo, fue autor de un tremendo tratado de teología moral en cuatro volúmenes, escrito en latín, que sirvió a la formación de una generación de clérigos educadores y enseñantes entre los años cincuenta y setenta del pasado siglo, la época en que la clerecía católica gozó del monopolio absoluto de la educación y en la que forjaron su moral los miembros de nuestra clase dirigente de la que el ministro de Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, es un conspicuo representante. El padre Zalba dedica un apartado de su tratado a discernir cuándo y en qué circunstancias puede ser pecado la visión de la cópula de los animales, un riesgo frecuente en el numeroso campesinado que se formaba en los noviciados religiosos de la época, y enumera cuatro condiciones que evitarían la cualidad pecaminosa de esta visión: a) que se hiciera de lejos (a longe), b) que fuera imprevista (ex inopinato), c) durante un tiempo breve (breviter), d) muy poquito y sin detenerse en los detalles (perpaucis) y e) sin complacencia o consentimiento (sine consentire). La afinada casuística del padre Zalba nos permite responder a la pregunta de por qué los votantes de derecha persisten en su apoyo al pepé sumido en la corrupción. Pues bien, porque la corrupción es un hecho de la naturaleza, como la cópula de las reses, al que asisten de lejos (cosa de políticos), de forma inopinada (quién iba a imaginar), durante un tiempo breve (un par de minutos de telediario), sin detenerse en los detalles (todos hacen lo mismo) y desde luego sin complacencia alguna (por dios, la corrupción, qué ordinariez). El padre Zalba ya advierte que, si se cumplen estas condiciones, la contemplación de la corrupción (o de la cópula, si hablamos de otra cosa) no alcanza ni a pecado venial. Y ¿dónde esta escrito que haya que sacrificar al ganado porque se le haya visto copulando en el prado y no en la umbría  de la cuadra? Y aquí llegamos al colofón de la moral católica: el perdón después de la confesión de la culpa. En el caso de los tejemanejes del ministro del Interior para destruir a sus adversarios políticos, la confesión fue involuntaria, debida a una grabación inesperada, pero confesión al fin y al cabo -¿cuántas veces el padre Zalba y sus secuaces no forzaron la confesión de un réprobo después de haber espiado su conducta?- y la absolución la ha recibido de sus votantes en las urnas. Pero, ¿por qué no dimite como hacen los políticos...

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Parte meteorológico

Posted by on Jun 29, 2016 in Miradas |

¿Dónde está el millón de votos que le han volado a los unidos-no-podemos y dónde los seiscientos mil que se ha encontrado el pepé en la bolsa? El ocioso jubilado sale a la calle en busca de respuestas. La mirada de los peatones es tan apagada y evasiva como siempre. Todos afanados en sus asuntos, como si nada hubiera pasado. Hay que acercarse a alguna conversación de café o de acera para detectar un eco apenas inteligible de lo ocurrido el domingo. Esta opacidad de las pruebas es la que permite a sociólogos y opinantes especular a cascoporro. Los sondeos y las tertulias son el confeti de la democracia y la democracia es un sistema en el que la conciencia política de los ciudadanos se moviliza momentáneamente a fecha fija mediante un chispazo destinado a activar, y también a legitimar, el funcionamiento de la máquina. Después, en algún estrato superior de la atmósfera esta controlada descarga eléctrica provoca rayos, truenos y precipitaciones. Los rayos caen lejos, los truenos son inaudibles y, en cuanto a las precipitaciones, tanto pueden ser un manso y vivificante aguacero como un pedrisco que destroce lo sembrado, según la suerte de cada uno. Horro de evidencias sobre el terreno, el jubilado levanta la mirada a las nubes, que es donde buscaban inspiración los antiguos, las cuales le otorgan una intuición que explique el misterio. Veamos. El cuerpo electoral se compone de tres partes, baja, media y alta, según el lugar que ocupa cada sillar en la columna de la fortuna. Los que habitan la parte baja, gente sin recursos, marginada de los beneficios del sistema, golpeada en sus condiciones de vida y airada por la injusticia de que es objeto, no han votado porque ya lo hicieron  con ganas en ocasiones anteriores y se han cansado de la inoperancia de los llamados ayuntamientos del cambio, del arrogante ensimismamiento de los partidos a los que votaron, de la interminable prórroga electoral y de los meses malgastados para la resolución de sus problemas en medio de un galimatías en el que han sido sucesivamente comunistas, socialdemócratas, transversales, patriotas o bolivarianos, sin que ningún calificativo les rentara provecho alguno. Los residentes de los barrios altos no necesitan votar porque sus privilegios son intangibles cualquiera que sea el resultado electoral, pero como a todo ser vivo, les gustar experimentar emociones, y en esta ocasión han sentido un ligero estremecimiento inducido por el señuelo de que la columna sobre la que anidan se viniera abajo, así que de manera cautelar han votado a quien ampara sus hábitos: pagar lo menos posible a sus empleados, escaquear impuestos, tener servicio doméstico en régimen de semiesclavitud, y, en caso de apuro, poner la...

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Pánico digital

Posted by on Jun 28, 2016 in Miradas |

Habría que preguntarse qué parte de los resultados electorales del pasado domingo es imputable al rechazo, si no pánico, de una parte de la sociedad española a los alienígenas digitales. Ha sido una experiencia obvia de los últimos meses que el establecimiento mediático tradicional atacara  a unidos-podemos, a la vez que ignoraban como un hecho marginal a los ciudadanos de Rivera, a pesar de la hiperactividad comunicacional de éste. Los medios de comunicación mantienen una férrea colusión de intereses con los partidos establecidos hasta el punto de que sus audiencias se identifican casi exactamente con el caladero de votos del partido al que defienden y patrocinan. La complicidad político-mediática permite al medio identificar a su público y ahormar el mensaje a la vez que el partido encuentra un canal gratuito para sus intereses; en este marco carente de sorpresas, el usuario recibe una dosis homeopática de información, suficiente para sus exigencias. Este compadreo ha llegado hasta la caricatura que ilustran las parejas cómicas de Rajoy-Marhuenda o Cebrián-González. La prensa de papel, por hablar de una droga de la que he sido adicto hasta ahora mismo, es, en comparación con sus competidores digitales, tarda de reflejos, menguada de recursos y en consecuencia sesgada cuando no sectaria. ¿Qué decir de la obscena campaña venezolana emprendida por El País contra los podemitas y a favor de los intereses empresariales de Felipe González, que, cumplido su objetivo, fuese y no hubo nada? Lo cierto es que los medios tradicionales están a un tris de perder la hegemonía en el negocio de la comunicación. Los emergentes han crecido en el otro ecosistema, el que forman la web, las redes sociales y las plataformas digitales. La torpeza y lentitud con que los partidos tradicionales reaccionaban a las exigencias tecnológicas y a los desafíos comunicacionales provenientes de este ámbito y promovidos por los emergentes tiene también su propia caricatura en los funcionarios del pepé rompiendo a martillazos sus propios ordenadores por lo que pudieran contener de incriminatorio contra el partido. En un universo sobrevolado por corsarios informáticos, la imagen de un tipo aporreando un circuito integrado para dejarlo mudo da idea del partido al que han votado mayoritariamente los españoles. Y aquí llegamos al meollo de la cuestión. Los emergentes han crecido en esa zona pantanosa de la comunicación digital donde la información es vibrátil, instantánea y superficial pero que ya ha generado circuitos de retroalimentación, callejones sin salida y yonquis. Es fácil enamorarse del paisaje del pantano, y más si eres indígena digital,  y no ser capaz de salir de él. Fuera, sin embargo, hay un mundo roturado y ajardinado donde el esquema lineal emisor-canal-receptor es todavía unívoco y está vigente. Es el mundo en...

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El macizo de la raza

Posted by on Jun 27, 2016 in Miradas | 1 comment

Sé que es de mala educación y un tanto hortera recordar yo ya lo dije cuando acaba de ocurrir algún estropicio pero yo ya dije ayer en esta bitácora que tendríamos un gobierno de centroderecha con la muleta del pesoe. Las urnas se han encargado de marcarle el camino a Sánchez de manera inequívoca. La de ayer fue una victoria clara del conservadurismo y contra cualquier reforma. Reacción en estado puro. La progresía de este país tiende a olvidarse del macizo de la raza en sus momentos de euforia. Por edad, me considero un progre escaldado y poco propenso a la euforia, y si alguna vez me dejo intoxicar por sus efluvios, ahí está mi amigo Quirón para apearme de las nubes, así que la predicción no tiene mérito. Las encuestas alimentaron la euforia, ignorando el dato básico de que los más viejos del censo están educados para guardar silencio sobre sus pensamientos, actos e intenciones, ya sea ante la guardia civil o ante el entrevistador del sondeo demoscópico. Tú no te signifiques, fue la consigna de nuestra generación, si bien algo debió influir también en la decisión ante las urnas que el gobierno adelantara cuarenta y ocho horas el ingreso de las pensiones del mes en las cuentas de los jubilados. Es lo que los expertos llaman el voto oculto que ayer afloró a borbotones y dejó a todos pasmados, incluido a Rajoy cuya proverbial impasibilidad parecía afectada días antes por la unánime euforia en su contra de la que participaba incluso su antiguo padrino Aznar. Acaso la sorpresa mayor fue para los ciudadanos de Rivera, cuya caída revela la extrema fragilidad del liberalismo político en nuestro país. Debieran recordar lo que dijo otro viejo resentido como Pío Baroja: “En España siempre ha pasado lo mismo, el reaccionario lo ha sido de verdad y el liberal lo ha sido muchas veces de pacotilla”. En esas estamos. La izquierda debiera hacérselo mirar. La mitad de los votos perdidos por el pesoe lo han sido en Andalucía, donde, por último, han sido rebasados por el pepé, y, en cuanto a los podemitas, llama la atención que los mejores resultados los hayan obtenido en Euskadi y Cataluña, las dos circunscripciones donde prima una fuerte conciencia nacional que no se identifica como española, lo que establece cierta similitud con lo ocurrido hace cuatro días en Reino Unido para explicar la geografía de la respuesta a la crisis. Otro rasgo que nos recuerda a lo ocurrido en Inglaterra: Iglesias recurrió el pasado abril a un referéndum de sus bases para confirmar lo que a todas luces fue un error estratégico monumental cuando impidió desalojar al pepé del gobierno. Hay algo, sin embargo, que...

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