Fun with flags

Posted by on Oct 10, 2016 in Miradas | 2 comments

La bandera de la unión europea está ausente de la fachada del parlamento de esta remota provincia subpirenaica desde hace medio año. El popurrí de izquierdas que gobierna la institución decidió  arriarla en protesta por la política de las autoridades comunitarias en relación con los refugiados. Desde esa fecha, la opinión pública, tanto europea como de la provincia, ha seguido a sus asuntos, indiferente al cambio de drapeado, y no se tiene noticia tampoco del efecto que este enfurruñamiento institucional haya tenido a favor del bienestar de los refugiados. Al contrario, el  gesto ha coincidido perversamente con un crecimiento de la desafección europea protagonizado por la derecha nacionalista y xenófoba, desde el Brexit hasta la rebelión del gobierno húngaro y el ascenso de los movimientos xenófobos en Francia, Alemania y otros países. ¿Quiere decirse que nuestra novedosa izquierda provincial comparte objetivos con la vetusta derecha europea? No, sin duda, pero interpretar correctamente el arriado de la bandera, un gesto antieuropeísta en todo caso, obliga a un complicado ejercicio de desciframiento que nadie hace. En esta provincia exigimos a las banderas que sean algo más que un indicador administrativo, tienen que emocionarnos, revolvernos las tripas. Es una herencia del integrismo carlista que todos, ay, portamos en el adn, como el bocio en las comunidades endogámicas. Durante las últimas tres o cuatro décadas, las fiestas patronales de por aquí estuvieron precedidas de una guerra de banderas, nada amistosa, por cierto, pero tan esperada como los encierros de vacas o los fuegos artificiales. Ahora, que, al parecer, ha decaído este entretenimiento doméstico, emprendemos la guerra con Europa, a lo grande. Pronto se sumará a los consabidos sondeos provinciales de opinión identitaria la pregunta, ¿se siente usted más europeo que navarro, igual, menos? Los promotores del arriado de la bandera europea dicen de sí mismos que constituyen la generación más preparada de la historia y sin duda es cierto. Lo que permite encontrar analogías en su compartimiento con el de los personajes de la hilarante serie televisiva Big Bang Theory en la se cuentan las andanzas de un grupito de aventajados jóvenes científicos cuya comicidad reside en el contraste entre su altísimo coeficiente intelectual y su absoluta torpeza en sus relaciones con la realidad, lo que hace que todos los mensajes que emiten hacia los demás resulten equívocos y de consecuencias desastrosas y frustrantes. En esta ficción, Sheldon Cooper, el personaje protagonista y un solipsista absoluto, ha puesto en marcha un programa de vexilología en internet titulado diversión con banderas, en el que utiliza las banderas del mundo para divagar sobre sus cuitas personales. Fun with flags, como en el parlamento soberano del reyno, con...

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El relato

Posted by on Oct 8, 2016 in Miradas |

Las entradas de esta bitácora tienen de promedio entre cuatrocientas y quinientas palabras pero al sistema operativo que las sube a la red no le gustan. Entre las innumerables aplicaciones y artilugios que tiene wordpress, uno, bien visible a la derecha de la página de edición, me advierte en un rojo llamativo e ineludible cada vez que cargo un texto: la legibilidad necesita mejoras. Agobiado por la insistencia del censor que debe estar alojado en alguna covachuela del sistema y temiendo que, en efecto, lo que escribo resulte ilegible (ininteresante ya lo sé pero eso va de fábrica y no tiene remedio), le pregunté a Xabi, mi benemérito informático de cabecera, sobre el significado de la advertencia y desestimó mi preocupación. No te preocupes, me dijo, es que no pones puntos y aparte, toda la entrada es un solo párrafo y le parece demasiado espeso. Toda mi vida he tenido a alguien sobre mi hombro diciéndome lo que tenía que hacer y ahora esta opresiva función la ejerce un algoritmo, convertido en crítico literario y preceptor de estilo. Pero es obvio que el algoritmo sabe más que yo sobre las querencias y capacidades de los usuarios de la red, cuya atención hacia los mensajes está atraída por el fulgor del titular, el destello de la imagen y el tópico del contenido, y dura apenas unos segundos. El conocimiento servido a través de la red ha dejado de tener profundidad para ganar en extensión; dicho en clave de dos dimensiones, es más horizontal que vertical. En la papilla de la red, un texto como este que ahora lee usted –mon frère, mon semblable- es inevitablemente un grumo de difícil digestión.  Falta un relato es una frase hecha que menudea en estos tiempos para significar que los partidos políticos y los líderes que nos representan carecen de un discurso sobre sus propuestas y planes. Un joven podemita al que traté se reía con ganas de este presunto déficit. Para todas las generaciones, el mundo se crea en el momento en que nacen y para la de los menores de cuarenta y cinco el mundo es una constelación de tuits, pantallazos y capturas en un caladero digital infinito y promisorio. Hacer un relato de todo este material, sería como pretender vaciar el agua del mar en un agujero en la arena, que diría un cura de los de antes. No les falta razón. Lo que no obsta para que produzcan y cuelguen en la web textos larguísimos y prolijos, al gusto de la izquierda desde la revolución francesa. Si no hay un relato, hay sin duda una añoranza de relato porque es imposible ordenar la realidad sin un marco narrativo. Así que...

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El cuadro de las lanzas

Posted by on Oct 7, 2016 in Miradas | 1 comment

A estas alturas ya debe estar cerrado el acuerdo por el que pesoe se abstendrá en la investidura de Rajoy y solo queda encontrar el método más discreto para que no sean evidentes el canibalismo del vencedor y la rendida sumisión del vencido. La opinión pública no soporta los espectáculos gore, que mancillan el sacrosanto consenso de la transición, así que la función de ambos socios en el pacto consiste en escenificar una nueva versión de la rendición de Breda en la que las picas siguen en alto, pero como mero decorado de fondo. Los visitantes del museo del Prado advierten en primer término el bosque de lanzas enhiestas pero, para comprender la historia, es necesario fijarse en la pose de los dos protagonistas del cuadro, apeados de sus monturas e inclinados uno ante el otro, en la que no se sabe quién está invitando a quién a tomar el té. Lo que se representa ahora es lo contrario de lo que significa el cuadro de Velázquez en el que es la ciudad sitiada la que se rinde a quienes la asediaban y aquí son los que se creyeron sitiadores los que se rinden a los sitiados. Pero, a quién demonios le importan esos matices de la historia. Javier Fernández, el presidente de la gestora socialista, en el papel cambiado de Justino de Nassau, tiene ahora la misión de convencer a su gente de que la rendición es una victoria histórica. La imagen pública de Fernández es la un componedor de maneras suaves y talante prudente (otra cosa son las bambalinas del personaje), así que en voz baja y de uno en uno tendrá que convencer a los diputados renuentes a la abstención que es eso o un mal futuro para sus intereses personales. La combinación de organización leninista y familia mafiosa que da carácter a los dos grandes partidos españoles  se va a poner a prueba en estos pocos días que quedan antes de que sea inevitable la convocatoria de nuevas elecciones, y no hay duda del resultado. El vencedor, Rajoy, ha tenido que apagar los ardores de sus pretorianos que querían patear al vencido, y lo ha hecho, no porque no le gustara la idea, sino porque es innecesario. A la abstención en la investidura seguirá la aprobación de los presupuestos y, por último, la aceptación de las condiciones para una nueva tanda de recortes del gasto impuesta por Bruselas, y en todos esos trámites tendrá de su lado al pesoe, no sin alguna escenificación de protestas en los medios y cierta farfolla en el parlamento. En esta provincia desde la que escribo, ya experimentamos una crisis de la federación socialista local idéntica, tal cual, a la...

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Unas palabras sobre Europa

Posted by on Oct 6, 2016 in Miradas |

La Europa que queremos y que necesitamos es el título de una conferencia dictada hoy en mi pueblo por el periodista Joaquín Estefanía en el marco del programa del Foro Gogoa. El conferenciante ofrece una exposición impecable en clave socialdemócrata de los males que aquejan a las sociedades europeas y de los déficits de este tinglado institucional que llamamos unión europea. El curso de la disertación aparece esmaltado de referencias que solo los más viejos del lugar podemos saber a qué se refieren: el informe sobre los límites del crecimiento del Club de Roma, el pci de Enrico Berlinguer, etcétera, y el economista John Maynard Keynes, al que el conferenciante dedica un dilatado y sentido homenaje. Al comienzo de la disertación, Estefanía fija la atención en la brecha generacional que recorre las sociedades europeas y al hecho de que, por primera vez en varias generaciones,  los jóvenes padecen una existencia más precaria que la que tuvieron sus padres, pero no hay ningún joven para escucharle. La sala donde se desarrolla el acto está llena a rebosar de público, que forma un lago de cabezas de color ceniza. Jubilados, como el mismo conferenciante, que, según cuenta, recibió un aplauso de homenaje de los funcionarios de la caja de pensiones cuando, al solicitar su pensión, declaró que acumulaba un monto de cuarenta y cuatro años de trabajo activo y de cotizaciones continuadas a la seguridad social. El último mohicano de los buenos viejos tiempos del trabajo estable y de las empresas robustas y duraderas, debieron pensar los empleados de la caja de pensiones cuando le ofrecieron su aplauso. Esta es la primera paradoja de la conferencia. La Europa que queremos y necesitamos no es ni será la de la gente que llenaba la sala de conferencias. La segunda paradoja es que la conferencia se produce el mismo día en que la primera ministra británica masajea las glándulas xenófobas de sus seguidores en el congreso del partido conservador anunciando un siniestro repertorio de medidas destinadas a marginar y, por último, a expulsar a los trabajadores extranjeros de Gran Bretaña, presuntamente para que sus puestos los ocupen trabajadores ingleses, y lo dice en un país con menos de un cinco por ciento de desempleo y apenas un ocho por ciento de población extranjera plenamente integrada. Esta vez el llamado populismo, lo que quiera que signifique esa necia palabra, se ha criado en la public school y habla con un aterciopelado acento Oxbridge. La brecha generacional, la revolución tecnológica, los abismos de la desigualdad, la juventud precarizada, el nacionalismo xenófobo, la insolencia de las elites, la codicia de los ricos, etcétera, demasiadas grietas por las que se escurren las palabras. ¿Hay alguien ahí que...

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Genética de izquierdas

Posted by on Oct 5, 2016 in Miradas |

La izquierda española tiene un rasgo genético que es preciso tener en cuenta para prever su comportamiento en situaciones de crisis. Estamos ante una especie cainita y antes de que los adversarios de la derecha la aplasten definitivamente, celebran un penúltimo capítulo del desastre con una sangrienta batalla interna, tan minuciosa y cerril que cuando el enemigo vencedor ocupa la plaza no queda nada en pie excepto el borbor del odio que alimentará un nuevo enfrentamiento en la próxima ocasión que se presente. No se conoce con exactitud el origen de este gen, quizás debido a una mezcla de indigencia intelectual, milenarismo inflamado y oportunismo congénito pues la izquierda recurre con frecuencia a una visión novelesca de sí misma para reconocerse ante el espejo. Lo curioso es que esta patología se manifiesta con mayor virulencia cuanto mayor es la fuerza política del portador del gen. Mientras la izquierda es perseguida y ninguneada, el odio permanece en estado larvario, lo que ha dado lugar a la conocida opinión de que la izquierda española solo está unida en la cárcel o ante el paredón. En el siglo pasado hubo dos notorios episodios de recidiva de esta patología, muy cercanos entre sí y ambos letales, ocurridos en Barcelona en mayo de 1937 y en Madrid en marzo de 1939. Después del último, la izquierda pudo disfrutar de cuarenta años de unidad en la cárcel o en el paredón. Los tiempos que corren son menos recios que aquellos, pero el gen sigue operativo e impertérrito. Dejemos de lado, por estar suficientemente comentada, la crisis fratricida del pasado sábado que ha dejado al pesoe maltrecho para los restos y desplacemos la atención a la otra orilla de la izquierda. Ante la inminente victoria de Rajoy, los podemitas han sentido el brusco y jubiloso despertar del gen suicida y se han apresurado a romper su acuerdo de gobierno con los socialistas en Castilla-La Mancha y han amenazado con hacer lo mismo en otras comunidades. ¡Menos mal que no habíamos armado a las respectivas milicias con mosquetones máuser!  Pero, probablemente, el episodio más grotesco, por ahora, de esta confrontación patológica sea el ocurrido en Andalucía, donde podemos y pesoe han presentado en el parlamento regional sendas propuestas de ley contra la homofobia de contenido idéntico, lo que ha llevado a ambas facciones a acusarse de robo, oportunismo y otras edificantes lindezas. El pasado domingo, después de la sarracina socialista, se publicó un sondeo de opinión que confirmaba la previsión de una más abultada victoria del pepé, junto con el descenso de votos de la izquierda. Los podemitas conseguían un mezquino adelantamiento sobre sus rivales socialistas (el sorpasso de los cojones) pero la fuerza de ambos sumada...

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Liberales

Posted by on Oct 4, 2016 in Miradas |

Los liberales como Isaiah Berlin o Ralf Dahrendorf -que nada tienen que ver con los liberales ful, como Esperanza Aguirre- sostienen en sus escritos que, en un sistema democrático, las elecciones no son tanto para entronizar al mejor gobierno posible cuanto para desbancar al que no nos gusta. Las elecciones son así un juego de prueba y error. El gobierno siempre es malo, pero la democracia permite elegir, provisionalmente y hasta los próximos comicios, al menos malo, a juicio de los electores. Parece una concepción pesimista pero es funcional y efectiva; primero, porque conserva la autonomía de la sociedad civil y con ello la libertad de opinión y decisión, y segundo, porque lo que llamamos la clase política carece de esa impregnación mafiosa que tiene entre nosotros. El diputado o la diputada se están jugando todos los días el puesto ante la población que le vota y a la que atienden directamente, o deben hacerlo. Es posible que esta opinión de los padres del liberalismo solo pueda entenderse en un sistema electoral como el británico, que funciona por circunscripciones unipersonales y por mayorías absolutas en cada circunscripción, en el que el candidato (no una lista cerrada y bloqueada, sino un individuo) más votado gana el escaño sin otro trámite. Luego, son los diputados electos los que determinan la acción del gobierno y del partido al que representan, y no al revés, como ocurre aquí, donde puede decirse sin duda alguna que un 70% de la población española no quiere a Rajoy al frente del gobierno porque de lo contrario hubiera votado a su sigla. Pues bien, el sistema español permite la repetición mecánica de las elecciones una y otra vez, con los mismos candidatos que han demostrado su incapacidad en intentos anteriores, hasta que la fatiga haga rectificar su decisión al cuerpo electoral. En esas estamos. Las elecciones aquí no son, en primer término, para cambiar al gobierno sino para acomodar a unas elefantiásicas estructuras clientelares a las que llamamos partidos en el reparto del botín institucional en el que el premio gordo absoluto se lo lleva el partido que ocupa el gobierno. El sistema proporcional vigente se justifica porque, al contrario que el mayoritario, abre el juego a más fuerzas políticas y les reconoce la representatividad que les dan las urnas. Esta especie de barra libre electoral se ve, sin embargo, restringida en este caso por dos mecanismos legales: la corrección en la asignación de escaños, que favorece a los partidos mayoritarios y al bipartidismo, y el fuero constitucional de que disfruta el gobierno, prácticamente invulnerable al control del parlamento, aun en minoría, una vez que ha sido votado por el mismo parlamento. Esta realidad convierte en una...

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