El príncipe

Posted by on Oct 22, 2016 in Miradas |

Entre las hebras, no sé si de realidad o de fantasía, que me sirven para tejer los petachos de esta bitácora, encuentro en el cajón de la costura una en la que puede leerse: ser príncipe me ayuda a mejorar el bienestar común. Es el titular de una entrevista periodística de días atrás a Carlos Javier de Borbón-Parma, que da noticia de que el personaje había llegado a Barcelona para presentar a su hijo recién nacido, heredero de la causa, al pueblo carlista (sic). Barcelona es un polo turístico donde hay gentes de todas clases así que no hay que dudar de que también habrá pueblo carlista, pero si quiere encontrar algún vestigio arqueológico de esa entelequia tendría que venir, como debe saber bien, a esta remota provincia subpirenaica desde la que escribo. Aún me encuentro y saludo por la calle a algún viejo que sirvió con desencantada lealtad al padre de este caballero holandés llegado a Barcelona al que en las postrimerías del franquismo sus partidarios trataban de alteza y tenían por la gran esperanza blanca para el país. El partido carlista tardó en ser legalizado en la transición porque los que repartían carnés de demócrata en Madrid no querían tener un lío dinástico, aunque fuera de mentirijillas, que estorbara la entronización del otro borbón, como había ocurrido en el aciago siglo diecinueve, pero lo cierto es que el carlismo venía arrastrando un irreparable declive desde que acabó la única guerra civil que ha ganado de las varias que emprendió. El carlismo fue básicamente un movimiento colérico, además de reaccionario. Franco encasquetó por decreto la boina roja a su guardia pretoriana y colmó de prebendas a los caudillos carlistas que le habían servido, si bien no al pretendiente y a su familia, y ahí acabó el carlismo como movimiento político. El final sociológico llegó un poco más tarde, en los años sesenta, cuando la industrialización del país transformó en obreros fabriles a las bases campesinas que constituían los músculos del partido. Esta mutación social dio lugar a que los militantes carlistas desencantados de las expectativas de su partido se pasaran a las numerosas otras siglas que eclosionaron en la transición, a derecha e izquierda porque, en el desguace ideológico del movimiento, había carlistas para todos los gustos. El carlismo dio, incluso, carácter a un fenómeno político nuevo que conservó la cólera prístina pero cambió de retórica y que vino a conocerse como izquierda abertzale. La fecha oficial de defunción del carlismo histórico fue el nueve de mayo de mil novecientos setenta y seis y el funeral, sangriento, tuvo lugar en Montejurra, la montaña que se eleva sobre la ciudad que fue capital y corte carlista en la tercera...

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La espera

Posted by on Oct 21, 2016 in Miradas |

Un ministro, dizque el intelectual del gobierno, ya lo ha anunciado: habrá elecciones el próximo tres de mayo si el pesoe no apoya los presupuestos. Esta cuestión es en realidad el mar de fondo de la decisión que este domingo deberá adoptar la cúpula socialista. La abstención en la investidura para que continúe el gobierno de Rajoy está descontada; lo que se debate es con qué postre tendrán los socialistas que tragarse este sapo en cuya digestión les va la supervivencia. Aceptarán la capitulación pero no el impuesto de gobernabilidad que conlleva. De modo que estamos ante un nuevo tiempo de espera, hasta mayo, que los dos partidos de la casta aprovecharán para reagrupar fuerzas y reanudar la batalla. Este es un escenario que, probablemente, los emergentes no habían previsto. El pepé, desde el gobierno, seguirá acumulando estrategias y argumentos para acrecentar su espacio toda vez que ha descubierto que ha salido indemne de la crisis y está en racha de crecimiento. A su turno, los socialistas esperan cohesionar el partido durante el tiempo muerto y encontrar un o una líder ilusionante, como se dice en la neolengua  al uso, para empezar otra vez, y van ¿cuántas, desde Zapatero? Entretanto, la economía, que ya ha demostrado estos meses que es indiferente a la situación política, seguirá a su bola y los votantes seguiremos con las manos en los bolsillos a la espera de que abran las urnas otra vez porque nos hemos convertido en yonquis de la democracia. Lo que ha ocurrido este año se puede resumir con sencillez: la izquierda, o si se quiere, los partidarios del cambio y de las reformas, que representan de largo a la mayoría de la sociedad, no han sido capaces de desalojar al gobierno más hosco, corrupto y punitivo que ha tenido el país en cuatro décadas. Unos por exceso de entusiasmo y autoconfianza, otros por falta real de ganas a pesar de lo que proclamaban, y todos por nula capacidad para articular una alternativa. La situación, léase la crisis social  y política que ha venido derivada de la gran crisis económica, no se arreglará en estos siete meses, pero quizás sea una buena idea establecer un régimen de prórrogas sucesivas y sin término, con unas elecciones tras otras cada pocos meses, para mantener en tensión a la clase política y alienada a la población en expectativas que nunca se cumplen, hasta que cambie el sentido del ciclo económico o nos hayamos extinguido como...

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Desde

Posted by on Oct 19, 2016 in Miradas |

Enciendo la tele, ese vicio del que no consigo librarme, y aparece una dama socialista, presidenta de algo o quizás senadora o diputada, cuyo nombre olvido de inmediato. Interviene como portavoz invitada en el programa matinal de tve1 para tranquilizar a los contertulios explicando y defendiendo la abstención en la investidura de Rajoy. Es la suya una parla didáctica, parsimoniosa, machacona, en la que los argumentos aparecen precedidos de la preposición desde. Así, los socialistas van a abstenerse desde el dolor, desde la responsabilidad, desde la humildad, desde la solidaridad, etcétera. Diríase que la preposición señala cada una de las estaciones del vía crucis en el que el psoe se ha metido con plena conciencia y perfecto cálculo. La preposición desde tiene en la jerga de los políticos un uso mayestático y ha dejado de significar el punto de origen del que parte un relato, como reza la definición de la rae, para convertirse en una partícula topográfica, una especie de otero o plataforma lingüística estática que sitúa al hablante por encima de quienes le escuchan.  Lo que quería decir la dama socialista es que su partido está más dolorido y es más humilde, responsable y solidario con su abstención que el ancho pueblo que le pide otra cosa. El partido está arriba, sobre una cascajera de valores morales desde la que observa a la humanidad desconcertada, como un cristo en el gólgota. Ya se entiende que los tertulianos no iban a conformarse con este discurso franciscano y han aprovechado una alusión de la dama para salivar una pregunta a cargo de una periodista notoriamente ubicada en la extrema derecha: ¿Quiere decir que los diputados que voten no a la investidura deben abandonar el partido? Sí, eso es exactamente lo que la dama socialista había dicho, pero, claro, no podía repetirlo descarnadamente porque significaba nada menos que dividir a la propia militancia entre afectos al pepé y réprobos del pesoe, así que la dama se embarca en circunloquios desde el respeto, desde el afecto, desde la fraternidad con los posibles disidentes  a la espera de que la agonía de su tiempo televisivo de intervención acabara de una vez, como así ha sido. De repente la tertulia se había convertido en un documental de naturaleza en el que el dragón de Komodo se zampa a una presa no identificada (ahora mismo no se sabe qué es el pesoe) desde la cabeza a los pies, y aquí si está utilizada con propiedad la dichosa preposición. En este momento, el dragón impasible no sabe si alegrarse más por conservar el gobierno del ecosistema a precio gratis o por la consecuente destrucción de su principal competidor...

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Bochorno

Posted by on Oct 18, 2016 in Miradas |

La desafección hacia las instituciones, o a la política en general, se ha convertido en un tópico explicativo del sindiós que reina en este tiempo, aquí y en otras partes. Pero no conviene dejarse engañar por las opiniones espontáneas de desapego o de ira ciudadana que se oyen por doquier. A la postre estamos atados a la democracia y la gente escucha a los políticos, hace cálculos sobre sus querencias, intereses y expectativas y al final vota, o se abstiene, que es una manera de votar, a menudo no menos explícita. Hobbes advirtió que el estado moderno es un monstruo necesario para evitar que el hombre sea un lobo para el hombre y, cuatro siglos después, el estado democrático es un monstruo construido con la participación de todos. Una vez más, el miedo al lobo nos guía en esta empresa. Votamos para no sentirnos inermes ante los poderes que planean sobre nuestras cabezas y que no desaparecen ni duermen jamás: los grandes mercaderes y banqueros, la administración pública, la clerecía, los militares, la delincuencia organizada, sea la corrupción o el terrorismo, que usufructúan los aparatos de los estados y llegan a confundirse con ellos. En este escenario repetido, el voto es mayoritariamente medroso y pactista. No quiere transformar la realidad ni contrariar a quienes la fabrican, solo negociar con ellos una rendición honorable, que es, valga el ejemplo, a lo que aspira hoy el pesoe, pero que es también la esperanza del grueso de la población. Haced lo que queráis, pero dejad de jodernos más, podría ser una consigna expresiva de lo que cree necesitar y quiere la mayoría. La famosa desafección de la política aparece cuando el margen de maniobra de la ciudadanía frente a la realidad de los hechos  se achica hasta llegar a cero. Los valores cívicos que han sostenido la democracia hasta ayer mismo, típicos de la clase media –trabajo duro y honesto, negocios legales y ganancias razonables, confianza en los contratos, empleo justamente retribuido, cumplimiento de la ley, ascenso por mérito y capacidad, etcétera-, han sido burlados y escarnecidos por la acción de las elites. ¿Qué posibilidad hay de alcanzar mediante el ejercicio del voto una sociedad más igualitaria, más libre, más compasiva y más próspera? La falta de respuesta a esta pregunta explica la mesa de casino en que se ha convertido la política y la asombrosa fauna de políticos que nos gobiernan o aspiran a hacerlo, convertidos en caricaturas de sí mismos y empeñados en navegar la ola, incluso en agitarla,  más que oponerle un dique de contención. Trump es el ejemplo más ostentoso de esta nueva especie caníbal, inédita en el mundo occidental desde los dictadores totalitarios del siglo pasado, y...

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El campo de batalla

Posted by on Oct 17, 2016 in Miradas |

Si los podemitas creían que, en el carajal que atraviesa la política del país, la prensa, mayoritariamente hostil, iba a olvidarse de ellos y de sus quisicosas internas, se equivocaban de pleno. Cualquier cerilla vale para incendiar el bosque. La última, un intercambio de tuits entre Iglesias y Errejón a propósito de la gestualidad del partido. El primero es partidario del puño cerrado; el segundo, de la v formada por los dedos índice y corazón. Angela Davis frente a Winston Churchill en la iconografía del, llamémosle así, debate. Por cierto, que no son las únicas alternativas gestuales ensayadas por los líderes podemitas. Quien esto escribe ha visto en un mitin de los morados en mi pueblo a Monedero saludar al respetable con el brazo extendido y la palma de la mano con los dedos abiertos y tensos. Imagino que se trataba de un creativo signo de inclusión de tendencias diversas, pero también era un remedo indescifrable de otro gesto que a los más imaginativos de mi generación les pone los pelos de punta. Esta pelea tuitera me ha devuelto el recuerdo de otra, muy remota, con espadas de madera en la que estábamos enfrascados dos bandos de la chiquillería de las escuelas del Ave María cuando empezó a llover copiosamente y nos pusimos a cubierto para seguir la guerra bajo techo hasta que uno ordenó, tenemos que ir al campo de batalla. El listillo de la clase se atrevió a argumentar que el campo de batalla es cualquier lugar donde luchan dos ejércitos enfrentados, pero los demás le miraron con unánime y soberbia incredulidad y trasladaron la guerra al campo literal, un barrizal contiguo donde, además de guerrear, nos empapamos la ropa y nos rebozamos hasta las cejas. Las que perdieron la batalla ese día fueron nuestras madres –el pueblo llano, o la gente, como se dice ahora-, que tuvieron tarea extra de lavandería sin lavadora. Todo indica que los podemitas no solo luchan con espadas de madera a tuitazo limpio sino que no tienen una idea clara que dónde está el campo de batalla. En la primavera pasada cometieron un error estratégico monumental al no permitir el desalojo del pepé del gobierno y desde entonces quedaron al pairo. Todo el mundo cree saber a estas alturas que hay una lucha de poder en la cúpula del partido, desmentida más por Errejón que por Iglesias, seguramente por razón de sus respectivos caracteres, pero no es fácil aventurar  de qué clase de debate se trata y en qué términos, cuando los discursos (que dieron tanto Davis como Churchill, ambos formidables oradores y escritores) se ven reducidos al tamaño de un tuit. Es como si creyéramos que formamos parte de los rolling...

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Una reflexión bajo las nubes

Posted by on Oct 16, 2016 in Miradas |

Es una localidad industrial  situada en el corredor atlántico de esta remota provincia subpirenaica. Antiguo nudo ferroviario, fue durante el primer tercio del siglo veinte una plaza socialista rodeada por un entorno campesino de pequeñas poblaciones carlistas y vascoparlantes, donde los militares sublevados de julio de 1936 y sus aliados locales desataron una represión memorable. El socialismo desapareció del paisaje y el integrismo carlista se transformó, por mor de la industrialización de los años sesenta y setenta, en una suerte de carlismo-leninismo etiquetado como izquierda abertzale, que ha actuado durante cuarenta años bajo el mandato de la banda terrorista eta, y que ha conservado en la zona una presencia notable y en ocasiones mayoritaria. En 1979, fue asesinado el ex alcalde de otra localidad cercana por los disparos de un comando en el que participaba un sobrino suyo, militante de la banda, que, después de cumplir condena, fue recibido en el pueblo como un héroe por las fuerzas gobernaban la localidad. Estos hechos, que dan idea de la fractura de la sociedad de la zona, han vuelto torrencialmente a la memoria con la noticia de la agresión a dos guardias civiles fuera de servicio y a sus parejas mientras, al parecer, tomaban alguna consumición en un bar de la localidad. Hace ya bastantes años, más de veinticinco sin duda, varios vehículos, entre lo que estaba el que conducía quien esto escribe, atravesábamos el casco urbano de la localidad cuando fuimos apedreados por un grupo de jóvenes al grito de, cabrones, iros de aquí. Quizás aquellos jóvenes eran los hermanos mayores de los que han perpetrado la agresión de ayer. No importa que los agresores no fueran tantos como se dice en la nota oficial porque aunque hubieran sido la quinta parte ya serían muchos; ni que el gobierno de Madrid haya utilizado el suceso para hacer un despliegue mediático de fuerza policial en la localidad destinado a tranquilizar a su clientela política, ni que el presidente del gobierno, que tanto desearía la impunidad de la corrupción que enfanga a su partido, haya afirmado que la agresión no quedará impune. Lo que cuenta es el cerrilismo y la mentira que caracteriza la actuación de esta juventud alegre y combativa, como rezaba un autocomplaciente eslogan de la izquierda abertzale. Los agresores pertenecen o actúan  bajo la cobertura de una agrupación o tribu que se llama a sí misma Ospa Mugimendua, en traducción libre, movimiento para la expulsión (ospa se traduce por largo, fuera) de las fuerzas policiales del estado, un residuo orgánico de una de las exigencias prístinas de eta, y, a partir de este dato, es imposible creer las alegaciones de los inspiradores de la agresión, la cuales recuerdan la...

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