Cada día se extinguen no sé cuántas especies vivas en la naturaleza que habitamos y todo indica que estamos asistiendo a la extinción de una de las más conspicuas del ecosistema europeo: la socialdemocracia. Las causas de la extinción en cada especie son muy variadas y a menudo operan interrelacionadas. Se registran agentes externos que modifican gravemente el entorno ambiental, y dificultades internas para la reproducción, y mutaciones en los hábitos de los individuos de la especie, entre otras, y todas llevan a un estado de aflicción por el pasado perdido y a un estéril intento de recuperarlo cuando las condiciones actuales son irreconocibles para la mirada adiestrada en los patrones del pasado. Lo que suelen obviar los individuos supervivientes es que hace tiempo que dejaron sin saberlo de pertenecer a la especie de la que ahora se reivindican. Es el dinosaurio que aún no sabe o no acepta que se ha convertido en un ágil pájaro de plumas polícromas y desenvuelto vuelo o el caniche que se niega a verse de otro modo que no sea como un lobo estepario. Las elecciones primarias en el pesoe, que culminan mañana, no son más que la escenificación de un agónico proceso de incapacidad para reconocer el verdadero rostro de la realidad. Nadie sabe a qué sirven estas elecciones excepto para dirimir un enconado conflicto entre dos facciones que se odian ni siquiera cordialmente, con un tercero de comodín que ha convertido su presencia en la pelea en un seguro para continuar en el machito cualquiera que sea el ganador. En el pesoe, la frustración política y el sentimiento de declive se ha encarnado en dos caras idénticas excepto en los modos y en las redes clientelares que tienen detrás y a las que, gane quien gane, no podrán dar plena satisfacción por falta de botín para la recompensa. Si hemos de fiarnos de lo visto y oído en el debate del pasado lunes, ningún candidato tiene un programa político que merezca tal nombre y, en cuanto a lo que puedan hacer para remodelar el partido y convertirlo en una herramienta útil para la sociedad, el margen de maniobra que da una organización esclerotizada y enfrentada es mínimo. El pesoe está emparedado entre fuerzas emergentes y los muros de una fortaleza, bien que agrietados pero aún fuertes, y lo que todo el mundo cree entender que se juega en estas elecciones internas es la política de alianzas, es decir, de quién debe ser socio el partido, y aquí los dos candidatos principales ocultan sus verdaderas intenciones, entre otras razones porque no tienen respuesta y esperan que el albur de las circunstancias los guíe en una u otra dirección. Estamos en un bosque boreal en algún momento del jurásico o del cretácico y asistimos a la lucha a muerte de un macho y una hembra alfa de una especie de la que tenemos noticia por los libros de historia de que antaño dominó estas tierras, ¿y del resultado de la lucha hemos de esperar nuestro futuro? He aquí un arcano de la evolución.
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