A cierta edad, no puedes aprender nada ni maldita la gana que tienes de intentarlo. Si de la cosa nada sabes, también careces de modestia y energía para empezar a conocerla de cero, y si sabes algo, por poco que sea, ya crees que es bastante. Esta indolencia hacia la novedad es compatible con cierta curiosidad que se confunde con la nostalgia por el conocimiento pasado, a menudo enterrado en el olvido. Las relecturas forman parte de esta tentación. ¿Qué conocimientos y experiencias nos han conducido a donde ahora estamos? La indagación distraída del pasado tal vez sea una versión del eterno retorno, que tiene una cualidad menguante. La existencia como una espiral que se dirige al vacío de su propio centro. Un personaje de dibujos animados devora todo lo que le rodea y su insaciabilidad le lleva a devorarse a sí mismo cuando ya nada queda a su alrededor. Es una secuencia, si no se equivoca el memorioso, de la remota película Yellow submarine, basada en la célebre canción de los Beatles. Es curioso que esa imagen de comerse el mundo fuera entonces una metáfora de la ambición juvenil y sea ahora metáfora del hartazgo senil. Viene a cuento este prólogo para introducir la historia del paseante que encuentra en el escaparate de una librería una reedición de los escritos de Antonio Gramsci, el mismo volumen y, según cree, el mismo sello editorial que le llevó a su lectura cuatro décadas atrás. Quizá sea una exagerada frivolidad decir que Gramsci está otra vez de moda, pero no se puede negar que su nombre suena aquí y allá en estos tiempos de mutación como reliquia de una fe emergente. El paseante no puede evitar la tentación de tomar en sus manos el libro –el mismo formato de bolsillo, la misma elegante composición de los textos-, y finalmente lo adquiere para llevárselo a casa como quien recupera a un amigo de juventud perdido. Pero ¿acaso no sabe el paseante lo engorroso que puede ser un amigo de juventud? Los papeles reunidos en el volumen abarcan las dos etapas de la vida intelectual del autor: artículos de agitación y militancia en la prensa y reflexiones desde la cárcel donde fue recluido por el régimen de Mussolini y de la que salió con la salud quebrantada para morir poco después. La atención del lector discurre por los escritos y el efecto inicial es el despertar de una voz conocida, un rumor o un eco sepultado en algún entresijo de la memoria cultural, que probablemente el lector intentó en su juventud traducir a su propia experiencia, pero, a medida que avanza en la lectura, la literalidad del texto se desvanece en la insignificancia y lo que el lector ve es al autor, tísico, la espalda abombada y contrahecha por la artritis tuberculosa, luchando por su supervivencia en cada palabra escrita en el papel que le han concedido las autoridades penitenciarias. La pluma como piqueta para horadar el muro de tu destino es una imagen mil veces más potente que lo que pueda escribir la misma pluma.
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