Ludopatía

Posted by on Jul 27, 2016 in Miradas |

Entre las dos opciones que tiene nuestro inmarcesible líder –negociar (y ceder, claro) con quienes podrían apoyarle y dejar que pase el tiempo hasta que llegue la hora de unas terceras elecciones-, todo indica que se ha inclinado por la segunda. Si todo el mundo juzga, al menos de boquilla, que una tercera convocatoria a las urnas sería una catástrofe, Rajoy la considera apenas un “rídiculo mundial” y una “insensatez que no olvidaríamos nunca”. Una vez más, el lenguaje, neutro y elusivo, le traiciona sobre su verdadero deseo. Las insensateces, al contrario que las catástrofes, se olvidan pronto pero, en todo caso, no vamos a olvidar nunca lo que está ocurriendo, haya o no terceras elecciones, porque lo que demuestra este reiterado e interminable impasse es que el sistema político está gripado, y ningunas elecciones lo van a arreglar. Entretanto Rajoy y los demás están a lo suyo, y en el caso Rajoy, lo suyo es forzar la apuesta para mejorar su posición en un nuevo envite. La fortuna ha convertido a este jugador de aspecto mostrenco en un ludópata. De ser el segundón malquerido en la sucesión de Aznar, el azar quiso que heredara el partido, lo que en el pepé significa el poder absoluto; en este rol, perdió dos elecciones generales seguidas que hubieran convencido a cualquiera menos querencioso del poder de su falta de idoneidad para el empeño, pero, zas, el adversario tiró la toalla a la tercera y Rajoy recibió una inesperada mayoría absoluta. A los mandos de esta máquina ha dirigido el país durante el periodo más siniestro y desmoralizante de la historia reciente: desempleo desbocado, desmontaje del estado del bienestar, fracaso en los objetivos macroeconómicos, fractura de la unidad constitucional, corrupción política rampante y gobernanza destinada a hacer retroceder los derechos civiles y políticos adquiridos. Cualquiera diría que vivimos una pesadilla, menos el líder inmarcesible, que la gestiona con la misma profesionalidad imperturbable que el demonio gestiona el infierno. Al primer envite de las urnas después de esta ejecutoria, pierde la mayoría absoluta, pero no la relativa, lo que le permite creer que aún tiene fichas suficientes para seguir en la mesa de juego. La sorpresa es que sus adversarios de partida son más torpes e ineficientes que él con sus bazas. Segundas elecciones, vuelta  a barajar, misma partida, mismos jugadores, mismas reglas. Rajoy mejora su posición relativa, más fichas para sí y menos para sus adversarios, y aún hay algo mejor, éstos están desmoralizados y resentidos entre ellos. Pueden ganar la jugada, pero no saben cómo o no quieren intentarlo. Es más, ha conseguido inficionar entre los espectadores la idea de que la tediosa partida se prolonga porque los demás no se...

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Hoy es mi día

Posted by on Jul 26, 2016 in Miradas |

Toma ya, resulta que hoy es mi día. Me he enterado por el doodle de Google, que lo ilustra con unos entrañables gatitos. Hoy es el día de los abuelos. La noticia me ha sumido en una excitación sin objeto. No sé si salir a la calle muy ufano o quedarme sentado en casa como un vegetal, si acicalarme o permanecer como un adán doméstico, si saltarme la pastilla o engullir tres de golpe, si esperar la llamada y los guasapes de mis nietas o echarme al monte y vagar unas horas por esas cumbres, como hace mi amigo Quirón el día de su cumpleaños para soslayar la untuosidad de las (escasas) felicitaciones que le esperan. Me siento como un paralítico cerebral el día de los paralíticos cerebrales o como un sanfermín el siete de julio. Sé que tengo que hacer algo pero no se qué, ni cómo, ni, sobre todo, para qué. Esta singularización crónica y festiva de mi condición, y de la de otros congéneres en la misma circunstancia, reconoce el vacío en el que buceamos el resto del tiempo. Si un día eres abuelo, quiere decir que el resto del año no eres nada, y lo mismo puede decirse si eres donante de sangre, logopeda, mujer, trabajador, asmático, homosexual, lumbierino, fumador, etcétera. El calendario como recurso para la inclusión social. El deseo de todo el mundo es vivir en la espuma de los días, que es un lugar cálido, acariciante y distraído, y, mientras la generalidad de los humanos  lo intenta en vano, algún ente filantrópico –la ONU, la UNESCO, la OMS, El Corte Inglés- dedica un borborigmo de la bañera para que los que habitan el fondo puedan subir momentáneamente a la superficie y respirar durante unas horas. La existencia está jalonada de hitos excepcionales de los que colgamos el despojo de las horas y los días: goles irrepetibles en la cancha de fútbol,  faenas de muleta memorables en las plazas de toros, victorias heroicas en el campo de batalla, referendums patrióticos en el sopor de la ciudadanía, inluso apariciones de la virgen en un castaño, de las que solo de una manera vicaria podemos ser partícipes, como espectadores, como aficionados, como oyentes, como telón de fondo. El día de… acerca la lupa –el zoom, mejor dicho, o el doodle de google- a los detalles de ese telón indiferenciado para que puedas reconocerte en la imagen de la multitud: yo estoy ahí, yo soy ese calvo de bigote blanco, el tercero por la izquierda de la segunda fila en el colectivo de abuelos. Visitar Internet no es sino buscarse a uno mismo. Entras en el laberinto a través del doodle de google y ya formas...

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La calidad de la misericordia

Posted by on Jul 25, 2016 in Miradas |

¡Cómo soslayar la curiosidad por lo que oculta un término tan misterioso y evocador!  La calidad de la misericordia es el título de un opúsculo en el que el director de teatro Peter Brook ofrece sus reflexiones sobre la obra de Shakespeare, del que ha firmado dieciocho grandes puestas en escena desde 1945. Shakespeare vivió tiempos vertiginosos y crueles, como los nuestros, así que no parece mala idea internarse en su laberinto aunque solo sea para escapar de las emanaciones del telediario. Brook es un gigante en su oficio, como saben todos los aficionados al teatro, y sus inconfundibles y ambiciosos montajes están recorridos por una suerte de viento hecho de sorpresa, creatividad e irrepetibles hallazgos. Seguir el hilo de sus azarosas reflexiones en las páginas de este libro nos lleva al meollo del diálogo que el director de escena mantiene con el texto, con los personajes e intérpretes, y con la historia teatral que arrastra la propia obra, y que viene a constituir su identidad en la imaginación de los espectadores, con el fin de reconstruirla para extraer la verdad que contiene. Verdad es aquí un término intuitivo y lábil que, si se alcanza, aplaca la inquietud del comediante y recompensa la búsqueda que ha realizado a través de los parlamentos de la obra y de su gestualidad sobre el escenario. Un chispazo, una revelación, que vuelve misericordiosa la realidad hosca y fantasmal en la que trabajan los actores, y también los que actuamos fuera del escenario. El diálogo que emprende Brook con las obras de Shakespeare no es sistemático ni profesoral, sino experimental, tentativo, mezcla de modestia, experiencia y audacia, y el resultado es a la vez intrigante y muy entretenido. Cada capítulo del libro relata una experiencia de su carrera, hecha de conocimiento histórico, curiosidad técnica, competencia lingüística y autoridad innata en escena. No creo que haya un destino más deseable que el que representa Peter Brook, y esta es la razón que me ha llevado a dedicarle esta nota. El librito es algo más que una curiosidad para aficionados al teatro. He aquí alguien guiado por una vocación cierta y la firmeza que da el conocimiento de un oficio duramente adquirido; lo bastante modesto para aceptar los interrogantes y lo bastante seguro para darles una respuesta; capaz de ofrecer creatividad en la tradición, y lo bastante sabio para comprender que la vida se construye sobre una rara armonía de palabras y gestos que se desvanecen en cuanto cae el...

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Un acto de locura

Posted by on Jul 24, 2016 in Miradas |

Un tipo avanza amorrado a la pantalla luminosa de su dispositivo móvil en persecución de pokémons cuando recibe un balazo entre los ojos que lo deja tendido en la acera. Un episodio de lo que llamamos conflicto de civilizaciones. El ensimismamiento infantiloide e hipertecnológico de occidente frente al oscuro resentimiento de oriente. Entre el victimario y la víctima, un mar cálido, plagado de pateras a ninguna parte y de cadáveres a la deriva; la laguna Estigia que separa la vida y la muerte. La confusión alcanza a la calificación misma del atentado: ¿ha sido provocado por un comando yihadista, por una célula durmiente, por un lobo solitario? Todas las hipótesis, formuladas en términos muy evocadores, son posibles, como impepinablemente declara la policía de inmediato. Más adelante, la misma fuente decreta que el atentado fue un acto de locura de un muchacho con antecedentes clínicos por depresión. Pero la locura no es un término científico y no impidió que el sujeto organizase la emboscada a sus víctimas con extraordinaria pericia a través de facebook y que tuviera munición suficiente para llevar la matanza tan lejos como le permitieron las circunstancias. Durante unas horas, el homicida fue dios; un dios elusivo y vengativo, como el que cualquiera puede experimentar cada día. La afirmación de que no tenía nada que ver con redes yihadistas, difundida por la policía, quiere ser tranquilizadora. Ya se han registrado otros ejemplos de contigüidad entre la motivación islamista y otras menos aprehensibles en matanzas perpetradas por tiradores en Estados Unidos. Pero, ¿qué es el yihadismo sino un juego de rol? ¿Qué significa el baile de máscaras de un joven alemán, hijo de exiliados iraníes, que mata alemanes para reivindicar su alemanidad? Dos placas tectónicas entrechocan bajo nuestros pies: una sostiene la sociedad abierta, el bienestar económico, los derechos del individuo y la alta tecnología; la otra, la tribu, el paraíso que nadie ha visto y el desierto que devora los sembrados. No tienen una ubicación física precisa, como lo demuestra el atentado de Munich y, el mismo día, el de Kabul -la ciudad que los buenos occidentales liberamos de no se sabe qué, hace no sé cuántos años- y que ha provocado ochenta muertos más el correspondiente terrorista suicida. Los homicidas de Munich y Kabul demuestran que se puede tener un pie posado en cada uno de los dos mundos. Una conciencia escindida, que tiene por fuerza efectos  alucinatorios: detestan el mundo en el que viven, pero temen más al mundo que les han prometido, así que su objetivo es salir de este embrollo llevándose por delante a los que pasaban por ahí. Una actitud no muy distinta a la del piloto de la Lufthansa que estrelló...

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Los abajo firmantes

Posted by on Jul 23, 2016 in Miradas |

Todo parece indicar que el manifiesto de los intelectuales como medio de intervención en la política conserva intacto su añejo prestigio… entre intelectuales. Una nutrida y florida nómina de esa específica clase de ciudadanos ha puesto su firma bajo uno de estos documentos en demanda de la pronta formación de un gobierno, no importa cuál, ni cómo, ni para qué. Este senado autoconstituido a pulsiones de teléfono móvil y de correo electrónico se alza en un plinto sobre el pueblo y su parlamento y conmina: “Alejados de la funesta manía de dar consejos no solicitados, nos atrevemos a indicar algunas cuestiones de primera necesidad que deberían atenderse de inmediato en la nueva legislatura”. A renglón seguido los abajofirmantes se declaran “urgidos”, “persuadidos”, “conscientes” y “decididos” “para hacer un llamamiento a los electos”.  El lector ya tiene, a estas alturas, el ánimo encogido, como cuando escuchaba al predicador de los ejercicios ignacianos. El imperativo gobierno deberá ocuparse, según el ciceroniano papel, de la estabilidad económica, de medidas sociales correctoras de la desigualdad, de la crisis de los refugiados, del Brexit, etcétera. Se ve que los firmantes leen los periódicos. Y subrayan que “las fuerzas políticas se concentren con preferencia en orientaciones básicas como las ya mencionadas, sin distraerse con otras”. Trémolo final: “Sepan, pues, todos los líderes y todos los partidos, que han competido ya por dos veces en las urnas, que están obligados a realizar todos los esfuerzos y todos los sacrificios que fueren necesarios, incluso los más personales, para poner fin a esta improrrogable situación del sin gobierno”. Imaginamos a Rajoy dejando un momento de lado el Marca para echarle un vistazo al manifiesto y, aludido por lo de “los sacrificios que fueren necesarios, incluso los más personales”, comentar para su coleto, ¡pero qué se habrán creído estos capullos! El manifiesto, para su tranquilidad y la nuestra, no va dirigido a Rajoy sino a Sánchez, el líder menguado y vicario al que los suyos han echado a la cancha atado del dogal. Los abajofirmantes del manifiesto representan –repasen los nombres– de manera conspicua lo que en la jerga política anglosajona llaman establishment (y que aquí designamos durante un tiempo con un término perecedero, la casta). Todo el proceso político y electoral que venimos padeciendo ha sido un denodado esfuerzo por mantener en pie y operativo el establecimiento que nos ha arrastrado a la situación actual de corrupción política, inepcia administrativa, desigualdad social y descrédito institucional, y con las últimas elecciones se ha conseguido el objetivo de neutralizar el principal riesgo de reversión del statu quo: el populismo podemita (con su concurso, desde luego). Solo falta que entre por el aro lo que queda del pesoe. El manifiesto de...

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