Bloomsday

Posted by on Jun 16, 2016 in Miradas |

Los vecinos de Dublín celebran hoy, dieciséis de junio, el Bloomsday, el día en que se desarrolla, en el año 1904, la acción de la novela Ulises de su compatriota universal, James Joyce.  Me lo recuerda mi amigo Javier López de Munáin, el más ferviente joyceano que conozco por estos lares. En esta fecha, los dublineses forman comparsas ataviados a la usanza de principios del siglo pasado y recorren las calles y rincones de la ciudad siguiendo los pasos del extraviado Leopold Bloom, el protagonista de la novela, navegante de su ciudad, que se encuentra con unos y con otros, hace compras, gestiona negocios, comparte barra de bar y otros establecimientos públicos con sus paisanos y todos hablan, gesticulan y deliberan incansablemente como peces en un océano de palabras. Ulises es una historia particularmente indicada para los jubilados que aún conserven erectas sus facultades lectoras, por dos o tres razones, y no solo porque era una de las lecturas acreditadas de Marilyn Monroe. En primer término, porque la actividad ambulatoria del protagonista de la novela encuentra analogías con las propias del lector de clases pasivas. Bloom es un urbanita en la mitad de su vida –una creencia que compartimos los jubilados respecto a nosotros mismos- del que no se sabe si trabaja o está desempleado, si tiene o no familia, si es de aquí o de fuera, si va o si viene, y para saberlo hay que entregarse al cotilleo febril de las páginas de la novela, como en la vida misma. El segundo argumento que abona la recomendación de la lectura es que se trata de un librote de mil páginas y de prosa a la vez grácil y prolija, lo que exige tiempo, paciencia y la provisión de una lupa, sea real o figurada y mejor si es las dos cosas, para su disfrute. Todos recursos al alcance de un jubilado medio. Y por último, Ulises es el más logrado intento literario de atrapar el tiempo,  no de contarlo, ni de evocarlo, ni de sugerirlo, sino de atraparlo como a una mariposa  en la red, la cual  exhibe ante nuestros ojos, durante un instante, toda la plenitud de la existencia antes de formar parte de la inerte colección del entomólogo. La acción de la novela discurre en una jornada cualquiera, hoy mismo, a través de un solo personaje que se entretiene con diversos otros en actividades triviales y ocurrencias pasajeras y cuando termina -la novela y la jornada-, todo ha terminado. Bloom es cada uno de nosotros y mientras tecleo estas palabras que se desvanecerán en breve en el limbo de la red estoy celebrando el Bloomsday. P.S. En la imagen, la librería Shakespeare and Company de...

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La huella

Posted by on Jun 15, 2016 in Miradas |

Recuerdo la emoción que me embargó cuando vi por primera vez una huella de dinosaurio. Más tarde, los dinosaurios entraron en nuestra vida cotidiana en todos los formatos y materiales, tan familiares como cualquier mascota, y entre las proezas de mi existencia está la de haber acariciado, junto a otros millones de turistas distraídos, un hueso de uno de estos bichos legendarios expuesto a este fin como una reliquia en cierto museo de ciencias naturales, ahora que el llamado pensamiento científico aspira a ocupar el lugar del pensamiento mágico, volviéndose mágico él mismo. Pero mi primera visión de la huella de dinosaurio sobre el terreno en La Rioja fue una epifanía anterior al imperio del parque jurásico en el que las autoridades de esa provincia han convertido el entorno del lugar. Fuimos de excursión guiados por nuestra amiga bióloga Itziar Agirrebeitia y ahí estaba la huella, clara y profunda en el lecho de un antiguo arroyo entre otras de menor nitidez, de una gallinácea gigantesca que parecía que hubiera pasado hace un instante quizás ahuyentada por nuestro grupo de curiosos excursionistas. En aquella visión había una ironía casi cómica: el paso atropellado de un pollo que huía de su depredador hace doscientos cincuenta millones de años había dejado en la tierra una impronta infinitamente más intensa, más antigua, más veraz y más duradera que las pirámides egipcias o mayas, las catedrales medievales y, desde luego, los monumentales adefesios que ornamentan nuestras rotondas de carretera. La huella del dinosaurio estableció de manera insoportablemente plástica en mí una nueva dimensión entre la finitud y la eternidad, en la que la especie humana y sus afanes no pintan gran cosa. Me ha asaltado el recuerdo de aquel día al leer que geólogos suecos han encontrado un fragmento de menos de diez centímetros del meteorito que hace cuatrocientos setenta millones de años chocó con otro en un cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter y provocó sobre la Tierra una lluvia de pedruscos que dio lugar a la mayor explosión de vida en forma de diversidad de especies jamás registrada, de la que salieron los dinosaurios que un montón de millones de años más tarde, no me pregunten cuántos, serían aniquilados por otro meteorito desorientado. Hay algo exultante en estas inimaginables dimensiones del tiempo y del espacio y el azar que las gobierna, y algo extrañamente gratificante en el exilio al que nos confinan. Podemos velar celosamente por nuestras existencias porque, bien mirado, es lo único que tenemos, pero, no sé usted, desocupado lector, pero si yo pudiera elegir mi propio final, optaría sin dudarlo por un buen encontronazo con un meteorito que no dejara de mí y del mundo en el que...

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Fútbol

Posted by on Jun 14, 2016 in Miradas |

Ocupa, invade, contamina o simplemente tizna, según sea el grado de exposición del sujeto, cualquier pliegue de nuestra compartida imaginación, lo que ahora se llama imaginario. Acabo de leer en el rincón más inesperado de un periódico nacional una crónica del debate televisivo de ayer entre los candidatos a la presidencia del gobierno, en la  la que el periodista juega con la atribuida analogía de los caracteres de Vicente del Bosque y Mariano Rajoy y, como nada sé de las maneras y tácticas del seleccionador nacional de fútbol, no he entendido ni una palabra de lo que el cronista quería decir del presidente del gobierno en funciones y candidato del pepé. Me imagino que eran buenas noticias porque tanto Del Bosque como Rajoy conservan su puesto, ¿y qué mejor noticia puede haber que esa? Fútbol y política. El último intento de negar este machiembramiento fue de la delegada del gobierno en Madrid: el fútbol no debe ser un escenario de lucha política, dijo, tan ufana, después de prohibir ciertas banderas que le incomodaban entre los seguidores de uno de los equipos enfrentados en un partido de relumbrón. Un prefecto romano no hubiera dicho semejante sandez, que el circo no es política. Otra cosa es que el poder considere el fútbol como un reposo de caudillos que comparten sillones y canapés en el palco. Pero, ¿qué puede hacer la plebe en las gradas excepto agitar las banderas y sus emociones? Lo que ocurre en la cancha está dirigido a tener una virtud bautismal: dos equipos iguales en número, enfrentados en un espacio delimitado y sujetos a reglas precisas y conocidas bajo la autoridad de un árbitro, y para los que la victoria es motivo de ensalzamiento pero la derrota no lo es de humillación. Muy edificante, pero ¿quién se siente satisfecho con solo eso? Ni los del palco pueden evitar hacer negocios con el tinglado ni los de la grada pueden liberarse de la servidumbre de su afición. Nunca he entendido la famosa reflexión de Albert Camus según la cual el campo de fútbol era el único lugar donde se sentía inocente. El escritor jugó de joven en alguna liga provinciana de la remota Argelia y se puede imaginar que la inocencia solar que impregna sus primeras novelas le invadiera también cuando vestía calzones y botas entre camaradas del barrio en una cancha de césped agostado. Pero ¿cómo pensar en la inocencia cuando se asiste a las brutales batallas entre seguidores ingleses, rusos, etcétera, que tienen lugar estos días durante los encuentros del opulento campeonato que se celebra en Francia? ¿Cuánta inocencia hay en la decisión de llevar el mundial de fútbol a Qatar,  un país sin tradición futbolística alguna,...

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¡Mueran los patriotas!

Posted by on Jun 13, 2016 in Miradas |

Le invito a examinar, desocupado lector, cómo resuena en usted la consigna que titula esta entrada.  Si no me equivoco, descubrirá sentimientos encontrados, contradictorios y seguramente confusos. Hay pocos términos como éste en el vocabulario político más íntimos y en consecuencia más inextricables y potencialmente conflictivos. Patria designa el espacio geográfico donde se ha nacido o en el que se vive de antiguo, cuya población está organizada de acuerdo con un sistema político y jurídico común: Hasta aquí ningún problema. Pero la etimología de la palabra procede del femenino del adjetivo latino patrius que significa relativo al padre, lo que arrastra connotaciones de tribu, linaje, propiedad y dominación. Este grumo significante enraíza el término patria en el antiguo régimen. Las revoluciones liberales del diecinueve democratizaron su significado haciéndolo común y compartido por la nación, es decir, por el conjunto de la población sin distinción de linajes y castas. Hasta aquí tampoco hay problema. Pero en nombre de la patria, la burguesía explotó de manera inmisericorde al proletariado y envió legiones de ciudadanos como carne de cañón a guerras imperialistas y coloniales, así que el internacionalismo socialista que vino después proscribió el término hasta que más tarde la reacción antiilustrada que nutrió el fascismo puso la patria en el frontispicio de su programa totalitario. En España, este baldón estuvo vigente con la dictadura franquista hasta los años setenta del pasado siglo y condicionó a la generación que hizo la transición, la cual, en un ejercicio de political correctness, sustituyóel término patria por otros más neutros y aparentemente funcionales, como país o estado. La última vez que se utilizó el término patriota como seña de identidad política fue en este rincón de la península (es lo que significa la palabra abertzale en vascuence) y estuvo directamente asociado al asesinato y el hostigamiento de los adversarios políticos en lo que quizás sea la última expresión, por ahora, del fascismo europeo. En resumen, a los denostados progres de nuestra generación, entre los que me cuento, la patria nos produce una alergia instintiva, en gran medida irreflexiva; y, a su turno, la derecha neoliberal también ha abandonado el término fetiche por otro más pertinente a sus intereses y tan omnipotente como lo fue antaño la patria: los mercados. Y he aquí que la palabra proscrita es elevada al candelero por los podemitas. El coletas ha echado mano de una vieja y olvidada prenda del armario de la historia y se la ha calzado para salir a la calle. Gran escándalo en el establecimiento. Los tiempos de cambio se caracterizan por un reencuentro de viejos significantes con nuevos significados. No hay nada nuevo bajo el sol… excepto quienes disfrutan de su energía y le ponen...

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Sondeos y tanteos

Posted by on Jun 12, 2016 in Miradas |

Son los sondeos demoscópicos y no los programas políticos los que marcan la agenda electoral. No lo que dicen los candidatos sino lo que dicen los sociólogos que piensan los votantes es lo que caracteriza la oferta. Las empresas de exploración demoscópica registran una actividad frenética estos días. A quién esto escribe, que en cuarenta años nunca había sido objeto de los encuestadores, lo han sometido dos veces a interregotario; la segunda, muy brevemente porque el inquisidor ya tenía bastantes testimonios de este rango de edad.  La multiplicación de opciones políticas ante las urnas ha abocado a una extraña situación de parálisis Hay más donde elegir pero el menú permanece inamovible. Ni la experiencia de las elecciones anteriores ni el prolijo y estéril proceso de la fallida formación de gobierno durante esta primavera pasada han arrojado, al parecer, ninguna enseñanza. La famosa murga de la necesidad de pactos, acuerdos, cesiones, etcétera, por el bien del común, no ha dado ningún resultado. Y lo que tenemos son dos ejércitos enfrentados que componen la no menos famosa polarización, que no es sino la consecuencia de la fractura de la sociedad derivada de las inclementes políticas de gestión de la crisis básicamente dirigidas a triturar a los de abajo. Al final, aprendemos de nuevo lo que sabíamos desde siempre, que el poder es una cuestión de correlación de fuerzas. Los podemitas, cuyo estado mayor está al parecer dirigido por un formidable equipo de estrategas, ha dado un paso por ahora determinante en la acumulación de fuerzas en su bando con la asimilación, o como se llame, de la menguada formación de la izquierda histórica y un temblor de pánico ha recorrido el establecimiento. Entre los estrategas de este bando hay un consenso creciente sobre la necesidad de crear un ejército más ágil, con mayor capacidad para contraataques y envolventes, pero topan con la estructura granítica de la principal fuerza en este campo, el pepé, amurallado en una fortaleza corroída por la corrupción y la ineficiencia pero aún muy sólida porque su alcaide es el que mejor gestiona el instinto de conservación dominante, pánico incluido, de los beneficiarios del establecimiento. Hasta ahora, los intentos de provocar una rebelión interna en la fortaleza desde extramuros han resultados estériles y contraproducentes. Ni el calificativo de indecente proferido por Sánchez en la tele, ni la llamada a la rebelión popular hecha por Rivera en sede parlamentaria han tenido ningún efecto real en el liderazgo de Rajoy, sin duda el tipo que mejor conoce la gigantesca masa de intereses que empolla el partido del gobierno y la psicología que guía a sus votantes. Los partidos de derecha, si lo son de pura cepa y no inventos de...

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