¡Cómo soslayar la curiosidad por lo que oculta un término tan misterioso y evocador! La calidad de la misericordia es el título de un opúsculo en el que el director de teatro Peter Brook ofrece sus reflexiones sobre la obra de Shakespeare, del que ha firmado dieciocho grandes puestas en escena desde 1945. Shakespeare vivió tiempos vertiginosos y crueles, como los nuestros, así que no parece mala idea internarse en su laberinto aunque solo sea para escapar de las emanaciones del telediario. Brook es un gigante en su oficio, como saben todos los aficionados al teatro, y sus inconfundibles y ambiciosos montajes están recorridos por una suerte de viento hecho de sorpresa, creatividad e irrepetibles hallazgos. Seguir el hilo de sus azarosas reflexiones en las páginas de este libro nos lleva al meollo del diálogo que el director de escena mantiene con el texto, con los personajes e intérpretes, y con la historia teatral que arrastra la propia obra, y que viene a constituir su identidad en la imaginación de los espectadores, con el fin de reconstruirla para extraer la verdad que contiene. Verdad es aquí un término intuitivo y lábil que, si se alcanza, aplaca la inquietud del comediante y recompensa la búsqueda que ha realizado a través de los parlamentos de la obra y de su gestualidad sobre el escenario. Un chispazo, una revelación, que vuelve misericordiosa la realidad hosca y fantasmal en la que trabajan los actores, y también los que actuamos fuera del escenario. El diálogo que emprende Brook con las obras de Shakespeare no es sistemático ni profesoral, sino experimental, tentativo, mezcla de modestia, experiencia y audacia, y el resultado es a la vez intrigante y muy entretenido. Cada capítulo del libro relata una experiencia de su carrera, hecha de conocimiento histórico, curiosidad técnica, competencia lingüística y autoridad innata en escena. No creo que haya un destino más deseable que el que representa Peter Brook, y esta es la razón que me ha llevado a dedicarle esta nota. El librito es algo más que una curiosidad para aficionados al teatro. He aquí alguien guiado por una vocación cierta y la firmeza que da el conocimiento de un oficio duramente adquirido; lo bastante modesto para aceptar los interrogantes y lo bastante seguro para darles una respuesta; capaz de ofrecer creatividad en la tradición, y lo bastante sabio para comprender que la vida se construye sobre una rara armonía de palabras y gestos que se desvanecen en cuanto cae el telón.
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