El tocador de narices

Posted by on Nov 2, 2016 in Miradas | 2 comments

Cruz de borgoña, o cruz aspada o de sanandrés. En el mercadillo de las pulgas que es la mesa de trabajo encuentro este vestigio extraído del chirrión (vertedero, en mi pueblo) del pasado debate de investidura. Trájola a colación Iglesias para emparentar a la casa real con el peeneuve, no se sabe a cuento de qué. El tono en que aludió a este emblema heráldico parecía amistoso y seguramente quería decir, no sin razón, que las únicas instituciones que permanecerían intactas después de ese debate serían la corona y el partido nacionalista vasco, como probablemente así ha sido. El portavoz nacionalista, que seguía el debate plácidamente, recibió la alusión con una sonrisa de quien le resbala la gracieta pero las excentricidades de Iglesias tienen una cualidad volcánica y minutos después todo dios estaba hablando de la cruz de borgoña. La conciencia política de este país huye de las abstracciones y se entretiene en las anécdotas, tanto más si forman parte del tocamiento de narices a alguien, y en esta disciplina olímpica no hay duda de que Iglesias es el campeón de la liga nacional. El peeneuve se sumó al jaleo y acusó al líder podemita de insultar a la memoria de los gudaris. Aquí siempre estamos cerca del día de difuntos, otro rasgo nacional. Sin embargo, no le faltaba razón a Iglesias, a su manera sutil, tortuosa e irritante. La primera bandera nacionalista vasca la diseñó Sabino Arana en este pueblo donde vivo, a raíz de una exitosa sublevación de las fuerzas vivas, llamada La Gamazada, contra el intento del gobierno central de cercenar el régimen fiscal privativo de la provincia y, en efecto, ese primer prototipo de ikurriña era idéntico a la bandera carlista: blanca con la cruz roja de sanandrés en el centro, el mismo emblema que portan en su escudo de armas las dos ramas borbónicas, la que reina y la marginal (si bien en el primer caso ya no es verdad: Felipe VI ha quitado del escudo real la cruz que sí exhibía el escudo  de su padre) La razón de esta aparente coincidencia es obvia: en la matriz originaria del nacionalismo vasco está el carlismo. Luego, la ikurriña fue reelaborada hasta su formato actual pero conserva la cruz aspada. Sobre el significado de la ikurriña hay opiniones para todos los gustos; una de ellas, la más convincente, a mi juicio, es que los nacionalistas vascos quisieron hacer un homenaje a la union jack, porque a fuer de no ser españoles querían ser ingleses, pero eso fue antes de que el Reino Unido no hiciera nada por salvar Bilbao durante la guerra civil y mucho antes de que los vástagos de aquel nacionalismo originario se...

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El vagabundo

Posted by on Nov 1, 2016 in Miradas |

El vagabundo ha dejado atrás el escenario de la pelea y se aleja hacia el punto de fuga de un paisaje vacío en un plano general que anuncia la palabra fin. Así terminan las películas de Charles Chaplin. El mensaje del comediante es ambiguo: el personaje parece dirigirse hacia la libertad pero viene de la derrota. Como Pedro Sánchez, que, si ha cumplido su propósito, ya debe estar en carretera. Ha puesto el vehículo en marcha sin saber si es un mesías, un peregrino, un vagabundo o un fracasado. Lo único cierto es que ha partido ligero de equipaje, casi desnudo, después de despojarse abruptamente de su inmediato pasado ante los telespectadores. Va en busca de la militancia, un referente abstracto, un ente imaginario, como la gente o el pueblo, una fantasmagoría, ahora que estamos en Halloween. La política y los negocios del poder los hacen estructuras organizadas y él debe saberlo bien, porque se ha criado en una de ellas. Los habitantes de ese hormiguero del que hasta ayer él era el patrón ya han empezado a tirarle piedras, y aún no ha dado la vuelta a la esquina. Los sedentarios detestan a los trashumantes, y más si prevén que van a merodear en su corral. Sánchez, vagabundo del dharma, se ha revelado un personaje tenaz y pundonoroso, pero no es un ideólogo ni un estratega, y el orgullo herido es mal consejero en política. También eso debe saberlo porque ahora él es el cadáver que pasa ante la puerta de Rajoy, cuyo papel en la corrupción calificó, no sin razón, de indecencia, sin que al aludido se le moviera ni un músculo de la cara. Las declaraciones de Sánchez son siempre obvias, de vuelo gallináceo, y delatan su educación política en una organización de modelo leninista: un lenguaje pragmático y adaptativo, de madera, se dice ahora, un doblepensar, para expresarlo en términos orwellianos, que sirve para un objetivo y para su contrario según las circunstancias.  El territorio de la izquierda está hoy devastado, como después del paso de un ciclón, y no es raro que por él pululen individuos desnortados en busca de cobijo, aunque es más dudoso que lo encuentren. Después de las pedradas de sus correligionarios, Sánchez ha encontrado entre los podemitas una respuesta que quiere ser vagamente comprensiva pero que se parece mucho al dios le ampare con que antaño eran recibidos y despedidos en un mismo instante los mendigos excedentes de cupo. Vivimos una época convulsa, en la que casi cualquier acontecimiento es posible, como se ha visto, pero resulta improbable que Sánchez pueda arrastrar tras de sí a un pequeño, forzosamente pequeño, ejército de sans coulottes procedente de los desencantados del pesoe...

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Mesa de disección

Posted by on Oct 31, 2016 in Miradas |

Las series policíacas de la tele se desarrollan alrededor de la mesa de disección. Sam Spade, Miss Marple y Pepe Carvalho,  incluso el tristísimo y deprimente Kurt Wallander, han sido sustituidos por médicos forenses que operan en rutilantes e hipertecnificados templos en cuyo altar reposa mansamente la víctima con las tripas a la intemperie, y las pistas fatigosamente recogidas en el pasado en callejones mugrientos o en casas con mayordomo están ahora contenidas en un montón de casquería cuyo lenguaje descifra un o una científica (esta última encaramada a unos vertiginosos zapatos de tacón) ante la mirada atónica de sus colegas, los polis de toda la vida. Esta traslación del enigma policiaco desde la calle, donde viven los asesinos y sus víctimas, a la sala de disección es resultado de dos cultos – al cuerpo y a la ciencia- que envuelven nuestra existencia y que confluyen en la celebración mayor de la muerte, que no es vista como una pérdida, ni siquiera como algo particularmente doloroso, sino como un pretexto necesario para que reine la justicia, el orden y el progreso, lo que quiera que signifiquen estas palabras. Esta afición a los detectives de las postrimerías tiene que ver también con la urgencia impuesta por el desarrollo de la comunicación. Las nuevas tecnologías conspiran contra el relato –el modo Twitter es el patchwork o el mosaico- y la disección forense se aplica también a la política, como puede comprobarse asistiendo a otro afamado bloque de la programación televisiva: las tertulias, que han dejado de ser, si alguna vez lo fueron, un reposado espacio para el intercambio de opiniones (la memoria me ofrece la arqueológica La Clave, de José Luis Balbín) para convertirse en una agitada competición de analistas enfebrecidos que con gran alboroto sajan, extraen, escrutan, sentencian y por último arrojan el despojo al cubo de aluminio. La tradicional mesa de redacción se ha convertido en mesa de disección donde las noticias que antes se construían ahora se deconstruyen. El pasado sábado, Sánchez anunció su resurrección como peregrino del futuro pesoe en una sentida comparecencia, lágrimas incluidas, pero ha bastado que trasladaran la noticia a la mesa de las tertulias para que su anunciada iniciativa quedara reducida a sus factores primos. Lo que queda se lo han llevado los piratas informáticos, los últimos invitados de la cadena trófica. Ningún guionista de series de detectives forenses se ha atrevido aún a formular la audacia argumental de que, al final del capítulo, el difunto se levante de la mesa de autopsias, recoja sus vísceras como quien recoge los papeles del atril de oradores y regrese tan pancho a sus negocios. Pues bien, eso ha ocurrido en la realidad, pregúntenselo a...

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La lista

Posted by on Oct 30, 2016 in Miradas |

Día manso y soleado, en el que los árboles se han vestido por fin con las galas de otoño. A media tarde, la atención errática se dirige a la lista de los mejores libros en español de los últimos veinticinco años, que publica el diario de referencia con ocasión del aniversario de su suplemento cultural. Estas relaciones canónicas son, por definición, arbitrarias y, en este caso concreto, el resultado es poco sorprendente. Hay un consenso en la crítica española sobre lo que se debe leer y a quién se puede ignorar o ningunear sin riesgo. La razón hay que buscarla en la estructura clientelar de los grupos editoriales y de comunicación, que cada vez están más concentrados  y en consecuencia son más poderosos. La crítica periodística suele ser elusiva y complaciente y casi nunca está fundamentada, como si el crítico se sintiera sin autoridad y sobre todo sin competencia para emitir un juicio que pueda llamarse así. Por alguna razón que merecería ser esclarecida, ninguno de nuestros críticos ejerce el magisterio que ejercieron Edmund Wilson, Susan Sontag, Reich-Ranicki o Bernard Pívot, por ejemplo, no se sabe si porque el tiempo de esta clase de profesionales ha pasado o porque serían imposibles en este ecosistema donde reina la improvisación. La reseña de libros nace de un compromiso cauteloso por el que ningún agente concernido en la operación debe resultar perjudicado, ni el autor, ni el editor, que a menudo lo es también del medio que publica la crítica, ni el reseñador mismo, que es el eslabón más débil de la cadena devenido, en muchos casos, mero divulgador de novedades editoriales. Estamos ante un género periodístico muy restringido y dedicado a productos de una estrecha franja literaria que ignora vastos espacios de lectura,  algunos muy frecuentados por el pueblo lector, al que no se tiene en cuenta. Es una crítica literaria dotada de fuero, que no se siente obligada a mostrar las premisas desde las que realiza su labor. ¿Un libro es interesante por sí mismo o porque lo escribe un latinoamericano, una mujer, un colaborador habitual del periódico, una joven promesa o un difunto prematuro? Estamos ante una lista canónica sin canon. Hasta donde conozco los títulos publicados en el primer tramo de la lista, no se puede negar su atractivo y calidad, no siempre indiscutible y en bastantes casos ni siquiera memorable, al menos para este lector. Pero, si en conjunto forman la constelación de la excelencia literaria del último cuarto de siglo, habremos de convenir que las letras hispánicas de los mejores años de nuestra vida están aquejadas de raquitismo. La tarde avanza, la oscuridad temprana del cambio de hora ha caído sobre estas ocurrencias y la lista...

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The Sun also rises

Posted by on Oct 29, 2016 in Miradas | 2 comments

El título de esta entrada me ha asaltado apenas concluida la entronización de Rajoy como presidente del gobierno, otra vez. Como es sabido, la frase está sacada del Eclesiastés (1-15: 11) y es el título original de la novela de Ernest Hemingway que en España conocemos como Fiesta,  y ha debido ser sin duda el contraste entre el carácter festivo que en nuestra lengua se atribuye a la historia y la melancolía que destila en inglés lo que la ha traído a la memoria. Después de todo, la fiesta de la democracia, como dicen los cursis, ha terminado hoy en un resultado ramplón, cínico y desesperanzado, y aún nos queda una larga y gris resaca, que se ha anunciado en la tribuna del congreso, para la que, en efecto, no queda más consuelo que el que sugiere el biblista: el sol sale y el sol se pone, y se apresura al lugar de donde vuelve a salir. Mañana, domingo, hará un día soleado y es todo lo que podemos esperar del futuro. Reconozco haber sido víctima en estos meses de una pasión política propia del viejo que se enamora de una jovencita, y sin duda el delirio se ha trasladado a esta bitácora de jubilado al que no le atraen las obras callejeras ni el juego del dominó. Aprietas los dientes, encoges los hombros, hincas las manos en los bolsillos de la chaqueta y te parapetas en un argumento perogrullesco por lo demás real y razonable: ha ocurrido lo que quiere la sociedad y la clase política que la representa porque de otro modo el resultado hubiera sido distinto. Este tramo de casi un año en el que parecía que el sol iba a alterar su órbita antes de volver al mismo lugar de donde saldrá de nuevo mañana nos ha debido servir para conocer mejor las entretelas de lo que somos como comunidad política, pero el conocimiento de la realidad no necesariamente lleva a la voluntad de cambiarla, como postula el pensamiento progre. Lo curioso en esta ocasión es que los partidarios del cambio y de las reformas eran más numerosos que los reaccionarios, pero han preferido rendirse a estos. Pliegues de la condición humana que es necesario conocer también. Ya está dicho que uno de los vencedores de este lance ha sido el cinismo. Para los más jóvenes, para nuestros hijos, la interminable formación del gobierno ha sido su rito de paso político: quizás les ayude a comprender lo que fue la transición de 1978 a la que desprecian y para la que no tienen más que juicios derogatorios, y eso que ahora parecía mucho más fácil. Volvamos al Eclesiastés: Lo que fue, eso será, y lo...

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