Los famosos cigarros ‘toshiba’

Posted by on Nov 28, 2016 in Miradas |

El largo velatorio de Fidel -nueve días de duelo oficial, de silencio y contrición, dan para muchas ocurrencias- ha traído a la memoria una leyenda de mi provincia que se non é vero, é ben trovato, ocurrida en los primeros años confusos de la transición. La democracia sirvió, entre otros fines, para desasnarnos sobre lo que era la política y este aprendizaje tiene matices muy alambicados que nos han arrastrado finalmente a situaciones inimaginables entonces. En aquel periodo 1979-1983, los artífices del nuevo régimen español diseñaron para esta provincia un estatus transaccional, híbrido de antiguo corporativismo y nueva democracia, que, por cierto, quedó para los restos incrustado en el adn de la política regional, según el cual la diputación provincial, aquí foral, se eligió por sufragio universal hasta que se aprobara el estatuto de autonomía, aquí amejoramiento del fuero. El objetivo era evaluar las fuerzas políticas presentes y especialmente el peso del nacionalismo vasco en la región, pero eso importa poco a los efectos de esta historia, como todo lo que tiene que ver con chorradas identitarias porque el poder y los placeres que depara van de otra cosa. En un cierto momento, el presidente de la diputación electa, del partido de la derecha centrista de la época, cursó una visita oficial a Felipe González, entonces recién elegido presidente del gobierno. En los trámites de cortesía, éste preguntó a nuestro preboste si le apetecía tomar algo. Hombre –respondió el visitante-, si me das uno de esos puros toshiba que te manda Fidel.  Felipe, atentamente, abrió la pulimentada caja de exclusivos cigarros cohiba y le ofreció que se sirviera. Aquel presidente de la diputación foral tuvo ocasión de regalarse con el sabor y el aroma de tan selecto tabaco aún antes de que supiera siquiera pronunciar su nombre y, por supuesto, tuviera conciencia de dónde venía y en qué condiciones era producido. El amigo Fidel, con el que nos unían indestructibles razones de fraternidad histórica,  era, básicamente, el proveedor de habanos. A partir de aquel momento, nuestros prebostes, fueran del partido que fueran, han tenido innumerables  ocasiones de llevarse a los labios un cigarro toshiba y lo que cuenta es que fue Fidel y las labores de su isla –bajos salarios, largas jornadas y mucha esperanza en un mundo mejor- el que les proveyó de ese placer. Ignoro si nuestro antiguo presidente ha dejado de fumar, pero sí sabemos que Felipe cambió de proveedor de tabacos y sin duda de placeres y de convicciones. Los únicos que siguen atados a sus bancadas de madera son los tabaqueros de La Habana enrollando la preciosa mercancía con sus manos, a la espera de que una multinacional o una franquicia los despida a...

Leer más

Charla de velatorio

Posted by on Nov 27, 2016 in Miradas |

Hay defunciones en las que parece que todos somos deudos; muertes de rango planetario a cuyo velatorio estamos invitados. No soy lo bastante viejo para haber sido castrista. Sierra Maestra, la gran zafra, el discurso del Che en las Naciones Unidas, bahía de Cochinos, en resumen, la edad de los héroes, son parte de una leyenda que aprendimos cuando aún no estaba forjada en nuestro espíritu la increada la conciencia de la raza, para decirlo con palabras del artista adolescente. La primera experiencia directa del castrismo de la que puedo acordarme data de los setenta  y fue la lectura de Persona non grata, del chileno Jorge Edwards, escrita a raíz del llamado caso Padilla y que le valió al autor la expulsión de la isla, así que puede decirse que inicié mi acercamiento al personaje en escorzo. La paradoja, entonces, es que Fidel nos fue presentado como un dictador, que lo era, mientras nos ocultaban que vivíamos bajo la férula de otro, que, por lo demás, se empeñó y consiguió mantener buenas relaciones con el primero. Franco y Castro fueron en sus momentos de mayor reconocimiento guerreros de la guerra fría, en trincheras enfrentadas y periféricas, que, en lo doméstico no se estorbaban entre sí ni entraban en conflicto. Ahí estaban Fidel y Fraga, el vicario de Franco en la tierra, compartiendo una queimada. La imagen, que era más que una imagen, hacía imposible combatir a uno y defender al otro al mismo tiempo, una disonancia cognitiva que ha lastrado la operatividad de la izquierda de este país. Aunque Cuba nunca dejó de caernos simpática, no sabemos si por su valor o por su sacrifico, que tenía un sentido ambiguo y no exento de mala conciencia en nuestro izquierdismo. Franco y Castro (y algunos otros personajes del siglo veinte que se podrían mencionar) hipostasiaron a su país durante demasiado tiempo, tanto que permitió olvidar los orígenes criminales de uno y heroicos del otro para fijar en la posteridad los logros del primero y las frustraciones del segundo. Lo menos que debemos desear a los pueblos del mundo es que no tengan mandatarios tan duraderos y a los que no puedan echar porque, si bien los jefes se permiten cambiar al albur de las circunstancias de la historia, lo hacen a costa de la inmovilidad de las sociedades que los soportan. Los personajes como Franco y Castro son mutantes. El primero mutó de ambicioso y cruel general africanista a abuelete pacificador y, según sus más fanáticos, protodemócrata. El segundo, de arrojado libertador a reliquia de asilo de ancianos en medio de un país imaginario que ahora se enfrenta a la realidad. No los comparo, y si he de hacerlo prefiero...

Leer más

La comunidad

Posted by on Nov 25, 2016 in Miradas | 1 comment

El fallecimiento de Rita Barberá ha devuelto al pepé el sentido de comunidad, momentáneamente enajenado por la presión de la opinión pública y la acción de los tribunales. Corrupta, quizás, nunca lo sabremos, pero sobre todo, una de los nuestros. ¿Y si Rita no murió abrumada por su responsabilidad sino porque los suyos la habían abandonado? No han pasado ni cuarenta y ocho horas de su fallecimiento y Rita presta un último servicio al partido del que fue fundadora y al que sirvió con lealtad, provecho y desatada alegría durante toda su vida, al recordar a los supervivientes quiénes son, cómo llegaron al poder y qué han de hacer para conservarlo. La pregunta que atenaza ahora mismo a los desconsolados populares es, ¿y si lo de Rita es solo un síntoma y estamos ante una epidemia de defunciones entre los innumerables imputados, responsables, beneficiarios, cómplices, causahabientes y autores de esemeeses durante veintitantos años de corrupción sistémica?, ¿a cuántos funerales habremos de asistir, incluido el de cada uno de nosotros? El portavoz popular ya ha reflexionado en voz alta, como se dice ahora cuando aludimos a  una amenaza, de que tal vez haya que darle una vuelta al pacto con ciudadanos en lo referido a cesar a los imputados por corrupción. Es un reconocimiento de la incompatibilidad del poder con la decencia. No hay de qué avergonzarse. Del mismo modo que en la carrera militar tienen poco futuro los demasiado escrupulosos con los derechos humanos, nadie cree que se pueda gobernar una ciudad o un estado durante un cuarto de siglo sin que el lubricante te manche las manos. En cuanto al pacto con Rivera, hasta este chico tan listo debe de haber comprendido ya que es papel mojado, en la cláusula aludida y en cualesquiera otras, por razones que todo el mundo entiende intituitivamente. El pepé necesita dos condiciones para recuperar la hegemonía sobre el país: romperle el espinazo al pesoe y absorber a ciudadanos. Lo primero ya lo ha conseguido, Felipe González mediante, y lo segundo es cuestión de cocina y tiempo en el horno porque ni el más miserable pollo se deja comer mientras está vivo, así que empecemos por darle una vuelta al pacto. Y una vez que volvamos a ser hegemónicos como antes, ¿qué necesidad habrá de discernir entre santos y pecadores? Eso ya lo hará dios, como nos recordó el cardenal Cañizares en la iluminadora homilía del funeral. En estos meses de turbulencias, el pepé ha cometido dos graves errores: fingir ser el partido que no es y apartarse de las enseñanzas de la santa madre iglesia. En el pecado lleva la...

Leer más

Lecturas interesantes

Posted by on Nov 24, 2016 in Miradas | 1 comment

La primera vez que oí hablar de Oulipo fue una tarde lluviosa de los años setenta en una cafetería madrileña de la carrera de San Jerónimo y mi informador era Javier Mina, que entonces cursaba estudios de literatura en La Sorbona. Hasta donde recuerdo aquel encuentro, su pasión de panegirista fue pareja a mi confusión. Oulipo no es el nombre de un extraterrestre encontrado en el patio trasero de la casa de Mina, como me pareció entonces, sino un movimiento o cofradía de escritores contemporáneos, franceses en su mayoría, que practican el oficio de acuerdo con ciertas reglas restrictivas o propositivas a fin de estimular la investigación y la creatividad en el texto. Por ejemplo, urdir un relato en el que esté ausente una determinada letra del abecedario o escribir un mismo cuentecillo en todos los estilos imaginables, desde el bíblico hasta el telegráfico, por citar dos productos canónicos del movimiento. A estas experiencias de literatura festiva, y diría que ociosa si no fuera una redundancia, la cofradía le pone nombres como lipograma, tautograma, etcétera, destinados sin duda a pasar la vejez en algún diccionario de literatura. Después, y antes también, de aquella tarde lluviosa, Mina ha practicado con tenacidad y a su aire disciplinas literarias y pictóricas,  de las que ha acumulado una obra copiosa. amena y muy variada, y en los últimos años ha escrito libros de ensayo que yo no dudaría en calificar de oulipianos. Esta tarde se presenta en la librería Walden el último, Libros para la guerra, cuyo título es más explícito que el contenido. Si no me equivoco, el plan de Mina para redactar estos ensayos consiste en adoptar un lugar común, una especie de plataforma nocional o de premisa propositiva, y rastrear su huella por todo el espacio y el tiempo conocidos, desde la prehistoria hasta la post modernidad y desde el desierto de Gobi hasta la playa de la Concha en San Sebastián. Así lo hizo con los tiranos y la tiranía (Tigres de papel), con parejas de individuos aquejados de simetrías existenciales (Vidas paralelas), con la ceguera (La mirada fósil), con el pensamiento ensayístico (Montaigne y la bola del mundo), con los paseantes literarios (El dilema de Proust)  y ahora con la literatura belicosa. El lector puede imaginar la cantidad de material documental en el que es preciso escarbar para escribir un libro así (y si no consigue imaginarlo, puede consultar la bibliografía al final para tener una idea del esfuerzo). El resultado está entre lo interesante y lo sorprendente. Lo interesante radica en la torrentera de historias que se ofrece en las páginas de estos libros.  El lector es aquí transportado por un tour operator de la literatura a...

Leer más

La que se nos viene encima

Posted by on Nov 23, 2016 in Miradas |

Distraídos en nuestras quisicosas domésticas -ya conocen el repertorio de zarzuela: Pedro y Susana, Pablo e Iñigo, Soraya y María Dolores– y ofuscados por la antipatía instintiva que sentimos hacia Nicolás Sarkozy, hemos recibido con una tibia mezcla de satisfacción e indiferencia el resultado de las primarias en la derecha francesa, en las que el hiperactivo ex presidente de la república ha sido derrotado por quien fuera su primer ministro, François Fillon. Al contrario que su adversario electoral, Fillon no es glamoroso ni necesita coturnos para pasear con su chica, sino que presenta la apariencia respetable, grisácea, ligeramente cargada de hombros, el rostro ojeroso, típica de un enarca francés, así que, por alguna razón, parece más inofensivo que su derrotado contrincante. Los politólogos, esa chusma en declive, no previeron su victoria (¿les suena de algo?), de modo que tuvieron que leerse su programa aprisa y corriendo para descubrir, caramba, que el candidato cree que estamos en la tercera guerra mundial, esta vez contra el totalitarismo islámico y que hay que emprenderla con cualquier método, aunque sea antidemocrático, léase mediante una alianza con Putin y el dictador El Assad en Siria para seguir pulverizando Alepo, como durante la segunda guerra mundial pulverizaron Berlín, Hamburgo y Dresde con el concurso de Stalin. La querencia rusa está en el adn de la política de estado francesa y se manifiesta en cada ocasión a riesgo de tergiversar la historia. Lo cierto es que la alianza de las democracias occidentales con Stalin fue reticente y tardía (entre otras razones porque durante un periodo crítico Hitler y Stalin fueron aliados) y, en último extremo se hizo para liberar Europa occidental, es decir, el propio territorio de Francia, del dominio nazi al que obsequiosamente había abierto la puerta el gobierno francés de la época. Pero, ¿qué territorio hay que liberar ahora? El proponente parece olvidar que ya se liberaron Irak y Afganistán, con los resultados sabidos. Una intervención militar masiva –mundial, en la terminología de Fillon- en los países árabes sería vista por sus aparentes beneficiarios como una reedición del colonialismo para el que Fillon tiene palabras obscenamente naïves: la colonización se hizo para compartir con otros pueblos nuestra cultura. Es un lugar común que tiene de antiguo su versión paródica en francés. Nos ancêtres les Gaulois era la fórmula patriótica que tenían que aprender los niños de Senegal y Costa de Marfil en la escuela primaria de la colonia, y el último que la enunció en esta misma campaña electoral fue el húngaro Sarkozy, lo que provocó grandes carcajadas de la progresía nacional. En fin, esta es la derecha que se nos viene encima porque lo que va a ocurrir en las presidenciales francesas es...

Leer más