Caperucita roja

Posted by on Abr 1, 2017 in Miradas |

¿Cómo hemos llegado hasta aquí para que unas gracietas inanes, chistes viejos y resecos como un bacalao sobre un suceso que ocurrió hace cuarenta y cuatro años y que, hay que decirlo, llenó de júbilo y de esperanza como poco a la mitad de la sociedad, sean objeto de una condena de cárcel y una dilatada inhabilitación para su autora, la cual trata a Carrero Blanco con la familiaridad y el conocimiento con que podría tratar a Recaredo o a Almanzor? La sentencia ha abierto un debate que afecta, no al terrorismo ni a su enaltecimiento, sobre cuyo rechazo hay un acuerdo social unánime, sino al consenso en que se fundamenta nuestro sistema democrático. El artículo 578 del código penal, por el que ha sido condenada la tuitera Cassandra contempla hechos acaecidos desde 1960, en un contexto político que muy poco tiene que ver con el actual, nacido precisamente de una amnistía de los delitos cometidos durante la dictadura y de la que se beneficiaron principalmente los criminales que la sirvieron y la propia naturaleza de esta, sobre la que cayó una espesa desmemoria que aún dura, al menos oficialmente. Así se da la paradoja de que una muchacha de menos de treinta años sea condenada a pena de cárcel por evocar en tono ligero un suceso histórico del que sus autores materiales fueron amnistiados. Según esta lógica, el hecho de que el código penal no haya retrotraído su efecto hasta los años cuarenta del pasado siglo es lo que hace posible que el portavoz parlamentario del pepé no haya sido juzgado por sus insultantes opiniones sobre las víctimas de la represión franquista que esperan en ignotas cunetas. ¿Tiene algún significado este corte temporal de la norma que castiga el enaltecimiento del terrorismo? La actividad terrorista de eta, pues es de ese terrorismo del que hablamos, aunque hoy se haya extinguido, fue tan larga, tan cruel y tan contumaz que, en los años noventa, dio ocasión a un nuevo consenso: los demócratas se definían solo por su oposición a eta y, en consecuencia, todos los que se oponían o se habían opuesto a la banda terrorista, y tenían víctimas entre sus filas, eran demócratas, y esta consideración se remontaba al momento en que la banda inició sus atentados, en pleno franquismo. En este marco, el comisario Melitón Manzanas, un policía de la brigada política, notorio torturador y colaborador de la Gestapo en la frontera de Irún, asesinado por la banda en 1968, recibió en 2002 la medalla al mérito civil en su condición de víctima, otorgada a título póstumo por el gobierno del pepé, que en este viaje ha estado siempre acompañado del pesoe, que también estaba en la...

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El dino

Posted by on Mar 31, 2017 in Miradas |

En la provincia experimentamos en ocasiones el mensaje del célebre microrrelato de Augusto Monterroso: cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Abres el periódico local un día cualquiera y ahí está de rabiosa actualidad el personaje retirado de la vida pública hace un montón de años, o eso anunció, y al que creías dedicado a alguna actividad lúdica propia de su edad y condición, como la filatelia o el mantenimiento de un blog donde descargar recuerdos borrosos y ocurrencias arbitrarias. Bien es cierto que este espécimen jurásico carece de la connotación amenazadora o pesadillesca que parece tener en el cuento de Monterroso y más bien es un dino de dibujos animados, un juguete despeluchado y mordisqueado por esa mascota doméstica que es la historia, pero que mantiene intacto el afán de notoriedad y protagonismo que ha sido el rasgo definitorio de su carrera pública. Ahora es noticia porque la cúpula del pepé que anida en la calle Génova le ha vetado para el cargo de presidente honorario del partido en la provincia, cargo para el que había sido propuesto por militantes locales. ¿Para que querría el dino ser presidente honorario de un partido que está a noventa y tres centésimas de voto de ser extraparlamentario en la provincia? La respuesta es muy simple: para estar ahí, como el dinosaurio de Monterroso. La decisión de la directiva del pepé ha dado ocasión al dino para salir a la prensa con una buena dosis de impostada indignación y disparar una salva de fogueo: el veto es una decisión estalinista.  Como poco. Y aún ha dicho más, para reforzar los méritos de su candidatura: el pepé ha sido mi partido de toda la vida. Bueno, veamos. Inició su carrera política en un grupúsculo autodenominado socialdemócrata foral, con él como cabeza de filas, faltaba más, que más tardé se sumó a la constelación de grupúsculos del ámbito de la derecha que formaron ucedé y con esta sigla ocupó sus primeros cargos públicos hasta que los propios componentes dinamitaron el partido de Suárez, cuando ya el dino estaba enemistado con la practica totalidad de sus correligionarios, así que se aferró a otra sigla, esta demócrata cristiana popular,  de la que también fue cabecera del cartel local. La apuesta no funcionó y, para continuar en la carrera, hubo de arrimarse al partido regionalista upeene que en la provincia era hegemónico de la derecha y en el que estuvo muchos años vetado por cierta quisicosa legal impresa en el estatuto de autonomía de la región, que él había promovido. Por fin, el veto declinó y pudo formar parte de la sigla regionalista hasta que está rompió con el pepé y, en el proceso de divorcio, él...

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Descrédito de la historia

Posted by on Mar 30, 2017 in Miradas |

Quirón nos cuenta que da clases particulares de refuerzo en historia a una adolescente, hija de unos amigos a los que se prestó a hacer este favor. La alumna, siendo despierta y aventajada en matemáticas y latín, es tarda y desentendida cuando de historia se trata. A cierta edad joven se es inmune al paso del tiempo y lo que ha ocurrido fuera del inmediato presente es percibido como un hecho legendario en el que los acontecimientos se solapan y los personajes y sus roles se confunden en un relato plano y sin sentido. No es solo un problema de inmadurez juvenil sino un signo de esta época calificada de postmoderna y caracterizada por el rechazo al historicismo que reinó en el discurso político y académico hasta, digamos, los años noventa del pasado siglo. Entonces, un sabio oportunista decretó el final de la historia y todo el mundo tomó nota; hasta las series de televisión, que mezclan desenfadadamente a emperadores romanos, guerreros medievales y extraterrestres de orejas puntiagudas en relatos fusión, como en gastronomía, cuyos ingredientes están disponibles en el vasto supermercado de estereotipos de la nube. La historia que se estudiaba en el bachiller de antaño era una sucesión de acontecimientos disruptivos, generalmente bélicos, que marcaban la cronología y el paso de las épocas, pero la pax americana bajo la que hemos vivido desde hace más de medio siglo en esta parte noroccidental del planeta (y que claramente está a punto de terminar) ha ayudado a la creencia de que vivimos en un presente continuo y al consiguiente descrédito de la historia como maestra de la vida. Ayer, los pregoneros anunciaron unánimemente que vivíamos un día histórico pero los mismos protagonistas del acontecimiento se comportaron como si no lo fuera. Un protocolario intercambio de cartas diplomáticas, una anodina sesión en el parlamento y algunas declaraciones  rutinarias llenaron la agenda internacional del día. Doña May, artífice de este negocio, actuó con la fingida naturalidad de quien quiere hacer creer que todo sigue igual pero bajo las untuosas fórmulas de cortesía lanzó a su interlocutor una propuesta amenazadora: un acuerdo comercial amplio y favorable a sus intereses o la retirada de toda colaboración en materia de defensa, seguridad y lucha antiterrorista. Un chantaje típicamente mafioso: o pagas o tu tiendecita de chuches arderá con una lata de gasolina, y es que la mafia es una de esas instituciones por las que no pasa el tiempo, y, como los nacionalismos, también define su ambición por el control de un territorio. Sonámbulos es el título de un libro de historia que relata el modo aparentemente inconsciente como los gobiernos europeos, dirigidos por reyes, emperadores y zares que eran primos entre sí, encaminaron...

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La impostora

Posted by on Mar 29, 2017 in Miradas |

Una joven abre el populoso y populista acto, cien por cien pesoe, en el que se entronizó a Susana Díaz como candidata oficialista a la secretaria general. Rubia, de melena lacia y fular al cuello, la naciente oradora que ocupa la tribuna es una versión núbil de la protagonista del acto, que intervendrá después. La joven se llama Estela, como una metáfora del momento que vive el partido y es una muestra biológica de su reserva generacional, que se remonta desde los orígenes de la vida, que la joven encarna, hasta la primera fila de los asistentes al mitin, ocupada por las momias de los ancestros, el santoral al completo del puño y la rosa, de Felipe para abajo. Todos dispuestos a escuchar a la joven y, sobre todo a aplaudirla, diga lo que diga. La presentación que la oradora hace de sí misma es rápida, atropellada, juvenil. Primero, su nombre y procedencia. Aplausos. Segundo, su cargo: directora del observatorio de salud pública de su comunidad autónoma. Más aplausos. Tercero, su biografía de joven rebelde pero desorientada que a los dieciséis años encuentra el camino correcto afiliándose a las juventudes socialistas. Aplausos, alaridos triunfales. Y, por último, sin más preámbulos, la consigna casi a voz en grito hasta el clímax final: tenemos que ganar, recuperar lo que nos hizo grandes, porque a nuestra generación se nos prometió que si estudiábamos, si nos formábamos, tendríamos el futuro asegurado y se nos engañó… Argumentación podemita y solución socialista: una elección personal de la candidata Díaz, que ha supervisado el elenco de oradores del acto. Fin de la historia: la joven telonera ha tenido que dimitir del cargo público de directora del observatorio de salud pública de su comunidad porque falseó el currículo académico. La encendida oradora no es licenciada en biotecnología, como había dicho. Un sentimiento de déjà vu asalta al lector de la noticia y es que no se puede ser viejo. El jubilado pasea por las calles de la ciudad; hace cuarenta años se sumó a los fundadores del partido socialista de la provincia e invitaba a sus amigos y colegas a acercarse también al grupo con el señuelo de que había cargos para todos. En efecto, en 1982, cuando el pesoe obtuvo la masiva victoria electoral que ahora quiere revivir Susana, dispuso de más cargos públicos a ocupar que militantes censados. Llegado el momento, aquel joven, que también había encontrado su camino en el pesoe, como la oradora de la noticia, fue nombrado inspector general de enseñanza de la provincia, cargo al que no pudo acceder porque carecía de la titulación universitaria requerida. No se quedó en la calle y su vida activa discurrió en el interminable escalafón...

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¿Debemos preocuparnos?

Posted by on Mar 28, 2017 in Miradas |

Alguien cuelga en facebook un vídeo en el que se ve a un tipo golpeando a otro que lleva una bata blanca mientras profiere algunas palabras en una lengua improbable. El difusor de la noticia ofrece un comentario explicativo de lo que el usuario de las redes sociales está viendo: Musulmán dando las gracias por su acogida en Europa en un centro de salud español. Imágenes que televisión española no difunde para no caer en la alarma social. Bien, resulta que todo es falso: el agresor no es un árabe airado sino un ruso ebrio y la escena no sucede en un centro español sino en Novgorod. Entretanto, el mensaje ha cosechado tres millones de visitas. El emisor tiene nombre propio y es un canalla o un idiota, o ambas cosas a la vez. ¿Debemos preocuparnos? Los medios de comunicación tradicionales y las cátedras académicas han puesto en circulación un término nuevo y desapacible, posverdad, para designar esta forma de comunicación en el que el enunciado de la noticia no se corresponde con la realidad de los hechos. El neologismo, bajo el efecto del tsunami Trump, merció el año pasado el título de palabra del año del diccionario Oxford. Posverdad tiene una connotación temporal pues el prefijo pos parece aludir a una época pasada en la que la verdad resplandecía naturalmente en la comunicación pública y evocarlo nos sume a todos en un melancólico estado de ánimo. ¿Fue así en realidad? La posverdad sería el efecto político y social de un fenómeno de que habría de ocuparse la agnotología o estudio de la fabricación premeditada de desconocimiento, según otra autorizada opinión. ¿Existe tal fábrica de mentiras como un hecho inédito? En el mismo diario de referencia en el que se lee esta opinión colabora una ex ministra española que, en cierta ocasión, dijo estar segura de que el régimen de Irak tenía de armas de destrucción masiva,  y no lo comentó en el salón de estar de su casa sino en la tribuna del consejo de seguridad de las naciones unidas, falsedad en cuya difusión también participó su compañero de gabinete, Mariano Rajoy Brey, con las consecuencias sabidas. Las toscas afirmaciones de Sean Spicer en la época de la posverdad, no son más  inciertas que los galimatías de Ronald Rumsfeld sobre lo que sabemos o dejamos de saber para justificar la mentira de la guerra de Irak de la que nuestro gobierno fue cómplice. El vídeo aludido más arriba en esta entrada es idéntico al que difundieron los telediarios semanas atrás en el que un energúmeno daba una atroz paliza a su novia. ¿Por qué habríamos de creer en la verdad de este segundo vídeo y descreer del primero? ...

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