Siria

Posted by on Abr 7, 2017 in Miradas |

Firmo una petición para que sea archivado el expediente disciplinario abierto al bombero que se negó a la vigilancia de un cargamento portuario que transportaba armas con destino a Arabia Saudí. El expediente, que puede concluir con una suspensión de dos años de empleo y sueldo, lo que tendrá severas consecuencias para el bienestar de su familia y de los dos hijos pequeños del bombero, es señal de que la guerra de Oriente Medio empieza a causar daños colaterales en la vieja Europa, como dicen los cursis. Arabia Saudí es una dictadura teocrática empeñada en una guerra punitiva en Yemen que ha provocado numerosas víctimas civiles. Este es el argumento del funcionario sancionado para actuar como lo hizo, con el que es fácil simpatizar a priori, si no fuera porque esa guerra a la que iban dirigidas las armas solo es una parte, y quizás no la más importante en cuanto a sus consecuencias, del enroscado y enrocado conflicto que es oriente medio, donde todos los demonios parecen haber despertado hasta el mismo tiempo. Una mezcla de confusión y horror empaña nuestra mirada sobre este punto del planeta hasta el punto de que el detestado Trump ha conseguido su primera victoria en política internacional lanzando un racimo de misiles sobre una base militar del dictador sirio como represalia a los recientes bombardeos con armas químicas sobre la población civil. Las acciones del bombero y de Trump son igualmente estériles para frenar el conflicto pero avanzan en direcciones opuestas y no hay que ser necesariamente pesimista para comprender que será el camino emprendido por Trump el que tendrá más recorrido. No tenemos más recurso para explicarnos lo que ocurre en el presente que nuestro conocimiento del pasado y Siria se parece, al menos en nuestra imaginación histórica, a la España de la guerra civil: un conflicto geográficamente circunscrito pero en el gravitan intereses internacionales; una cancha de pruebas para medir la resolución y la fuerza militar del adversario; un contexto de crisis económica y de eclosión de fuerzas sociales marginadas e inéditas hasta ese momento, y, por último, un dilema político que parece resumido en dictadura o caos. La pregunta es en qué momento y en qué medida la implicación europea será inevitable. Por ahora, nos ha tocado gestionar la crisis de los refugiados, que carecen de armas y a los que se puede negar impunemente el asilo y la esperanza. También por esa experiencia pasaron los españoles. En aquel tiempo hubo que aprender qué cosa eran fascistas y comunistas. Ahora toca enterarse de qué son suníes y chiíes. Nada será igual para nadie después de esta guerra, ni para los sirios, ni para los árabes, ni para nosotros, los...

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La revelación de Heredia

Posted by on Abr 5, 2017 in Miradas |

Un clásico de este tiempo de zozobra. Un político o un preboste cualquiera larga a calzón quitado en una circunstancia que considera su zona de confort, digamos, en una reunión de correligionarios, un encuentro de compiyoguis del gimnasio alrededor de una cerveza, o, como en este caso, en una sesión de teórica ante las juventudes del partido, los cachorros que han de aprender pronto la instrucción básica para sobrevivir en la jungla y con los que parece apropiado utulizar un lenguaje de sargento chusquero, mientras un artilugio electrónico invisible, inaudible, graba sus palabras, que semanas más tarde serán expuestas como ropa sucia en el tendedero de la plaza pública. Así le ha ocurrido al tipo que funge de vicejefe del grupo parlamentario socialista en el parlamento cuando exponía un rudimentario pensamiento político con la fiereza de quién arenga para la guerra a los jóvenes reclutas y que ha regado la prensa de titulares: estos son nuestros enemigos, este es su jefe y es al que hay que atacar, el otro es solo el adversario, así ejecutamos al traidor que ocupaba la secretaría general, a los catalanes hay que borrarlos del mapa, la zorra esa no es de los nuestros y el jefe de filas y yo, que soy el subjefe, a veces nos preguntamos qué estamos haciendo en esta mierda. El desahogo de Heredia es un gemido de desesperación y de impotencia. Se habla mucho de la desafección del pueblo hacia las instituciones pero no se habla tanto del desarreglo entre las instituciones y quienes las encarnan. Tampoco se habla de la crisis de la razón dialéctica como arma para el discurso político. Palabras contundentes, opiniones furiosas, argumentos rudimentarios y acciones resueltas, tal parece el bagaje del político actual con el que, además,  se imparte doctrina a las juventudes del partido. La excepción es Rajoy, que ni habla, ni argumenta, ni parece actuar siquiera. En un tiempo en que resulta imposible cohonestar los hechos y las palabras que los nombran sin contar una historia horripilante, nuestro bienamado presidente ha conseguido que hechos y palabras vayan por su camino, independientes entre sí, y ahí radica, al parecer, la clave de su éxito. En términos estrictos, la perorata del diputado socialista –o calentón, como la han calificado piadosamente algunos benefactores de la humanidad- no aporta información significativa. Todos sabemos que el enemigo del pesoe es podemos, que Sánchez fue liquidado porque se salió del guión, que los fichajes femeninos que hizo éste son un maldito engorro y que los catalanes constituyen un lío inmanejable, así que lo que nos ofrece la revelación de Heredia es un mapa del paisaje lunar y sus innumerables cráteres que constituye el suelo del pesoe. Una...

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Viaje espacial

Posted by on Abr 4, 2017 in Miradas | 1 comment

Horas ojiplático ante la pantalla y aún no sé si el señor ese calvo ha dimitido o no, ni de qué, ni qué significar dimitir en ese punto de la galaxia al que nos dirigimos. El canal está saturado de ruido y me parece entender al tipo calvo que se ha echado a un lado, unos centímetros nada más, porque permanece al frente del grupo y quien le sustituye en el puesto que ocupaba es un clon suyo pero con tupé y barba y aspecto de pelota que de inmediato anuncia su lealtad al dimitido/apartado. Tiii. Zsss. La señal es débil, la perdemos. Ya vuelve. Otro espécimen de pelo engominado y cara de cuñado afirma enfáticamente a un auditorio que no vemos, que es una injusticia, lo repite varias veces, una injusticia que produce rabia, y la rabia debe convertirse en energía positiva para ganar las elecciones. Zssss. Aló, base, ¿qué es un tripartito? No encontramos el término en el compendio léxico del ordenador de la nave. Aló, aquí base, no sabemos qué quiere decir, algo en tres partes, debe ser jerga del planeta ese, ¿es importante? No sé, el calvo dice que se retira para evitar que un tripartito gobierne, ¿un tripartito es materia orgánica?  Ni idea, cíñanse a lo esencial. Aló, base, aquí puede haber algo importante, el calvo dice que lo que ha hecho es por salvar a los murcianos y a las murcianas, que es lo único que le importa. Aló, aquí base, repita, por favor, ¿marcianos y marcianas? Parece que sí, el auditorio que no vemos parece formado por marcianos que aplauden al calvo, es evidente que le quieren mucho. Aló, aquí base, confirme, ¿murcianos o marcianos?, es importante. Aquí nave, parece lo mismo, el lingüística de a bordo dice que la confusión se debe al acento del habla de la región. Aló, nave, si es así, corrijan el rumbo, ustedes no van a marte. Aló, base, tampoco querríamos ir a murcia y aquí estamos, atraídos por la fuerza de la gravedad, a punto de estrellarnos en un paisaje poblado de seres bidimensionales al que ellos mismos no cesan de llamar  en clave pepé. Aló, aquí base, ¿hay atmósfera respirable en pepé? Aquí nave, ya lo creo, a juzgar por la cantidad de oxígeno que consumen dando discursos, aplaudiendo, abrazándose y palmeándose la espalda, la atmósfera debe ser riquísima en nutrientes sólidos, líquidos y gaseosos. Aló, nave, recibimos un informe de nuestra inteligencia galáctica en el que se dice que el jefecillo calvo es un presunto delincuente. Ja, ja, permítame que me ría, base, eso es imposible, no hay ningún indicio de que haya publicado tuits. Allá vamos. Murcia a...

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¿Duro o blando?

Posted by on Abr 3, 2017 in Miradas |

Es la pregunta del proctólogo que inquiere sobre las deposiciones del paciente inquieto por su dolor de tripas y los términos de moda para definir la naturaleza de esa reciente enfermedad europea que llamamos brexit y que tanto se parece a una cagada. También se podría preguntar: ¿sanglant, al punto o muy hecho? Los sentados a la mesa de negociación están aterrorizados pero nadie quiere pasar por menos macho que el otro, así que la opción preferida es de entrada la primera. Doña May y doña Merkel apuestan por lo duro. Es el momento de tirarse el farol y los cuchillos están lo bastante afilados. Qué carajo, como en toda negociación de divorcio, la cuestión es quién se queda con la casa, la cubertería de plata, la cuenta corriente y la colección de vinilos, y no vale adoptar de entrada una posición concesiva que pueda interpretarse como que el otro tiene razón. Porque aquí se juega, por decirlo así, la razón histórica, el futuro radiante que nos espera después de que conquistemos la cosa, así que, flaquezas, las mínimas. Los isleños se han lanzado a la aventura con la carraca del imperio traqueteándoles en la cabeza y los continentales, carcomidos por partidos y gobiernos de extrema derecha que querrían seguir el ejemplo británico, afrontan el trance desconcertados y divididos, accionando nerviosamente la palanca de cambio de velocidades. La excepción a esta inicial exhibición de colmillos la ha aportado el gobierno español, que preferiría un brexit blando. En realidad, como el escribiente Bartleby, preferiría no hacerlo, con tan mala suerte que el reino unido ha subido la apuesta y ha amenazado con declarar la guerra al reino de españa para reconquistar gibraltar. Incluso su mismísima majestad irá a la guerra por esta causa, si es necesario. Ahí tienen a los habitantes del planeta oxbridge practicando la haka maorí, que debieron aprender de sus colonizados neozelandeses. Pero no crean que solo los británicos hacen el idiota. Un senador del pepé, presidente de la comisión de asuntos exteriores de la cámara alta, asistió ahora hace tres años en Buenos Aires a un acto de exaltación de la guerra de las malvinas, que, como recordarán, inició un dictador militar, en el marco, dice la crónica del acto, de los esfuerzos del pepé por seguir hostigando a Gibraltar, una causa común contra un enemigo común, el Reino Unido. Faltan dos años para que culmine eso que llamamos brexit, así que cualquier cosa puede ocurrir, y hay precedentes para todos los...

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La guerra de los trapos

Posted by on Abr 2, 2017 in Miradas |

Nada hay más estúpido y potencialmente tanatógeno que una bandera y las emociones que suscita. La cuestión se resume así con una pregunta. ¿para qué blandir una bandera si no puedes atizarle a alguien con el asta? Las que cuelgan en las fachadas de las sedes del gobierno y de los edificios administrativos debieran ser sustituidas por señales indicativas de los servicios que se prestan en el interior, al modo de esas viñetas gráficas de reciente implantación en las mismas fachadas para orientar a las personas aquejadas de autismo. Un cartel indicador o un ideograma son más tranquilizadores que una bandera, pues esta no puede sacudirse de su connotación bélica de pica en flandes. En la remota provincia donde paso mis días, las banderas y las guerras consiguientes son una tradición histórica muy arraigada y tienen su origen en la resistencia al paso del tiempo. Empezaron cuando el país pasó del feudalismo medieval al estado moderno de los reyes católicos y han seguido hasta hoy mismo. El tiempo, desde luego, no ha dejado de discurrir pero tampoco el flamear de banderas. Aquí siempre hay alguien con una bandera alternativa, ya sea bajo la monarquía absoluta, la dictadura militar, la república de los trabajadores, o un régimen democrático constitucional. Ya lo cantó el poeta Manuel Machado en ocasión famosa, cuando las gentes de esta tierra heroica se levantaron jubilosamente contra la república: latigazos de banderas / desplegadas al viento, / destellos de bayonetas. Luego, como ocurre con todos los objetos de la memoria, no se acuerdan de qué significaba aquel trapo aunque aún sientan la emoción de sus colores. Estos días han ocurrido por aquí dos hechos significativos y de alguna manera relacionados: uno, una polémica en la prensa sobre lo que fue y significó el carlismo durante la guerra civil y dos, la derogación de la ley regional de símbolos oficiales que permitirá que la ikurriña ondee en los ayuntamientos que así lo decidan, en una suerte de simbolismo oficial a la carta. Lo que relaciona estos dos acontecimientos es un hecho generacional: los hijos y nietos de los carlistas cuyo papel histórico se revisa ahora son los que forman el grueso sociológico que impulsa a la nueva bandera oficial, sobre todo en poblaciones pequeñas, que es donde probablemente se hará efectiva la oficialidad del nuevo símbolo (extraoficialmente lo ha estado siempre) en los balcones de los consistorios y que operará como una señal para el viajero de que ha entrado en territorio comanche, o carlista, o abertzale, o como se llame en ese momento. Nada que vaya a perturbar la paz social pues estas guerras banderizas están jalonadas de treguas, pactos y abrazos de vergara, que no menguan...

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