El espectáculo delata a demasiados actores interpretando una obra que no entienden, en un escenario que no conocen, pero este caos no justifica que el actor principal amague con echar el telón y empezar de nuevo la función. Ya basta de confundir despotismo y democracia.
Restauración
Don Sánchez asiste a este pedrisco a cubierto en su despacho presidencial en la Moncloa y espera de sus hipotéticos aliados que no le obliguen a salir a la calle sin paraguas mientras con su silencio intenta tranquilizar a sus adversarios. El lema implícito de este momento histórico es: Pedro Sánchez es lo menos malo que nos puede ocurrir a todos.
El podólogo
La aplicación y el usuario mantienen un diálogo equívoco, una suerte de dialéctica invertida del amo y el esclavo en la que el aparatito lleva la batuta. Finge ignorar que los huesos se calcifican en su envoltura de carne cada vez más floja y avanzan hacia una dimensión donde el tiempo se torna en eternidad y el movimiento en quietud fosilizada, mientras él continúa con su insomne conteo de los pasos y sus absurdos hitos y celebraciones autorreferenciales.
Memoria de gloriosas batallas
Este año, los cronistas se han entretenido en observar los intercambios de miradas entre los dirigentes que formaban la primera fila de dignatarios asistentes a la conmemoración del desembarco de Normandía. El cuadro ofrecía una cierta disonancia cognitiva. Los invitados representan figuras del pasado en un escenario del presente ¿Cuánto se parece esta situación a la de entonces?
La losa
Los recuerdos reprimidos provocan reacciones neuróticas, gestos idiotas y sentencias judiciales inexplicables para quien está sano, y nuestra democracia se instauró sobre la amnesia forzada de la dictadura y sus obras y pompas. El precio de esta deliberada ignorancia histórica fue una torcedura en el fuste civil y una abdicación de la decencia democrática que, en último extremo, ha configurado la doctrina de los altos jueces.