No hay peor pesadilla para un viejo que obligarle a volver al tiempo de su juventud. Los felices ochenta. Años confusos, tramposos, horrendos en algún caso, en cuyas aguas braceamos para alcanzar la orilla, cualquier orilla con tal de que fuera tierra firme, y de los que no queda más nostalgia que el recuerdo de las primeras pelis de Almodóvar.
Reales ficciones vs. ficciones reales
La monarquía es una ficción interpretada por actores muy buenos y muy competentes en lo suyo, que se baten a brazo partido por mantener en cartel la función, como un divo de ópera o una estrella de cine harían para no ser desalojados del reparto. La monarquía es también un arte arcaico, medievalizante, cuyo desempeño es competencia familiar y cuyos roles se transmiten de padres a hijos, de una generación a otra, por vía sanguínea.
Realidades y sueños
En Budapest se decide la puesta en marcha del llamado plan de recuperación europeo, es decir, los fondos de la unión para salir lo menos maltrechos posible de lo acaecido en este desgraciado año. Los fondos están retenidos por la actitud de Polonia y Hungría, que no aceptan que su efectividad esté condicionada a un modelo constitucional que sus gobiernos detestan.
Ruido de sables
Es posible que el viejo y desacreditado Marx tenga al fin razón cuando escribe en el 18 Brumario que ‘la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa’ pero no consuela ante la evidencia de que nuestra generación saldrá del escenario con el puto ruido de sables grabado a fuego en la memoria.
Fascinados por el vampiro
Un tópico de la literatura vampírica presenta a las víctimas de Drácula inermes y complacidas ante el poder y la seducción que ejerce el rey de las tinieblas. El partido republicano norteamericano ha caído en ese estado de sumisión hipnótica ante las manipulaciones de Donald Trump.