¿Se nos olvida algo? Ah, sí, el recibo de la luz, la factura de la energía que avanza como un tiburón blanco entre los bañistas, devora la frágiles conquistas salariales y vuelca la durmiente inflación, la tabla de surf sobre cuya planitud reposa una incierta esperanza de bienestar.
Inteligencia
La inteligencia es una cualidad de los seres vivos que se gusta mucho a sí misma y propende al ensimismamiento: cualquier cangrejo cree que es el más listo del océano. En resumen, los inteligentes somos nosotros. Una consecuencia de este bucle mental es cierta tendencia a despreciar al otro, amigo o enemigo. La inteligencia occidental está empapada de supremacismo.
Que le quiten el tapón
El ‘negacionismo’ se ha convertido en un motor ideológico potentísimo, el viento en las velas de la pujante extrema derecha, que, entre otros éxitos políticos, ayudó a ganar las elecciones a doña Ayuso en Madrid. Y de nada vale predicar que los negacionistas son una peligrosa horda de imbéciles malintencionados. El ‘negacionismo’ se tiñe de ‘libertarismo’ y deja de ser una pose incivil para convertirse en, cómo decirlo, un proyecto político.
Bombas para la despedida
Los dos atentados con bomba en el aeropuerto de Kabul, previstos e incluso anunciados, han amargado aún más las últimas horas de la coalición occidental en Afganistán y han espoleado, por si fuera necesario hacerlo, la voluntad de salir de aquel país a escape. En esta circunstancia, la amenaza de míster Biden a los autores suena penosamente a impotencia y fracaso.
Razas y colores
Este último y modesto vestigio del estado del bienestar parece que tiene los días contados si la rampante extrema derecha consigue imponer la creencia de que somos víctimas de una conspiración de las elites mundiales para sustituir a la raza blanca por razas coloreadas procedentes del profundo sur y del extremo este.