¿Qué piensa dios de lo que está pasando? No lo sabremos nunca aunque en el muro de la parroquia junto a mi casa han desplegado un cartelón donde puede leerse que dios no apaga nunca el móvil ni se va de vacaciones. Sin duda es porque no necesita ni lo uno ni lo otro: el móvil es un engorro y las vacaciones solo son para quien trabaja. Pero, si bien no podemos conocer su opinión directamente, sí nos llega algún eco a través de lo que piensan sus vicarios en la tierra: los banqueros. No creo que haya ningún creyente, por imaginativo y entregado que sea, que dé por supuesto que dios es más fuerte, más poderoso, más hermético, más arbitrario y más vengativo que un banquero. Por ejemplo, Francisco González, el jefazo del BBVA, al que entrevistaron el otro día en una emisora nacional. El entrevistador se mostró tentativo y cauteloso, como quien intenta abrir una caja fuerte de la que no conoce la clave, y el banquero ofreció a media voz su visión del país y dio su diagnóstico -ya se sabe, más reformas, es decir, más empleo precario, más despidos, más desahucios, más recortes de gasto público… -, y pasó revista a la plantilla de líderes que aspiran a presidir el próximo gobierno de España en la que hubo pocas sorpresas sobre quiénes son los bienaventurados y quiénes los réprobos. Del más luciferino de los cuatro aspirantes dijo que le gustaría encontrarse con él para explicarle cómo se crea empleo, quizás pensando en la fórmula utilizada para este fin de ocho años a esta parte. ¿Alguien cree que va a disminuir la demanda de camareros en la costa durante el periodo estival si Podemos llega al gobierno? En cuanto a los desahucios, esa obra de misericordia que los bancos ejercitan diariamente con quienes se han entregado al desenfreno financiero por encima de sus posibilidades, el banquero se mostró conforme en colaborar con la alcaldesa de Madrid para rebajar de diez a ocho la media de desahuciados. Aquí alcaldesa se ha comportado como el patriarca bíblico que pidió gracia para las ciudades condenadas si encontraba un justo entre sus habitantes, y ya sabemos cómo acabó la cosa. Los dos amnistiados por el banquero deben ser Lot y su familia. Entre nosotros, dios es un personaje...
Cada mañana
Cada mañana me asombro de lo viejo que soy. La reciente jubilación laboral y un razonable buen estado de salud fomentan una euforia que induce al espejismo de que tienes la vida por delante, pero basta un detalle accidental –el reflejo de la cara en el espejo, por ejemplo- para cerciorarte de que la mayor parte de la vida, y la más jugosa, ha quedado atrás. Sobre esta disonancia cognitiva afrontas la jornada. No tienes nada que hacer y las actividades se multiplican entre las manos. No tienes que ir a ninguna parte y recorres las calles a paso de marcha. No tienes nada que decir y peroras infatigable ante el primero que tiene el infortunio de encontrarte en una esquina. El viejo es un giróvago que zigzaguea en busca de la inexistente puerta que habría de devolverle al tiempo ido. Vive en un presente absoluto en el que espacio y el tiempo constituyen una sola dimensión. Los segundos del reloj son las partículas del aire que respira. Podría creerse en el paraíso si no fuera porque los segundos pasan rápido y el aire resulta insuficiente, y el pesado mobiliario de su existencia –los recuerdos de juventud, los consabidos adoquines que pisa en su paseo matinal, las películas que ve en la tele- está cubierto de una pátina de íntima...
Mis negocios
Vamos a ver, ¿para qué vas a estar en política sino para gestionar provechosamente tus negocios privados? “Tengo derecho a desarrollar mis negocios”, ha afirmado cierta diputada popular como última ratio para justificar la declaración de interés regional de la recalificación como regadío de una finca de la que es copropietaria, con el consiguiente aumento del valor del predio. La recalificación la ha resuelto su amiga, la presidenta en funciones de la región donde está la finca, unos días antes de dejar el cargo y, por supuesto, es legal hasta que un juez no diga lo contrario. Dicen que en lo que dura el último suspiro de un moribundo, su vida entera discurre ante sus ojos. De igual modo, los últimos días de los gobiernos salientes del PP describen con insoportable viveza una secuencia de todas las causas que les ha llevado a perder las elecciones (no se dejen engañar, las han perdido), entre las más notorias, 1) el amiguismo a todo trance, 2) la concepción patrimonial del gobierno, 3) la colusión de intereses privados y resoluciones públicas y 4) el descaro de la propia arbitrariedad. Como dijo en ocasión famosa otra diputada del partido aún en el gobierno: que se...
Banderas
Las banderas aún conservan su prestigio para nuestro cerebro reptiliano. En una sociedad en la que el individuo debe responder a infinidad de estímulos contradictorios y racionalizar procesos de una complejidad inimaginable para sobrevivir cada día, las banderas, esos trapos de colores elementales, mantienen intacta su calidad como señuelos de un inapelable código binario que arropa a los nuestros y expulsa a los otros. Para un político, la bandera es un hecho instrumental y hará suya la que considere que pueda concitar mayor adhesión en el público expectante. Así han debido discurrir el líder del PSOE y sus asesores de imagen para convertir la bandera constitucional en bandera de partido para la presentación de su inapelable candidato a las elecciones generales. El riesgo de esta apuesta está, no solo en la suma de adhesiones y rechazos que este gesto concite sino en que la bandera misma conserve en el futuro el exultante significado que se la ha querido dar en la pista del teatro-circo Price. Después de todo, es la misma bandera bajo la que un gobierno anterior, del mismo partido que ahora la hace ostentosamente suya, cambió la Constitución de la noche a la mañana tras recibir una amenazadora llamada de un grupo de banqueros. Así que, ardor guerrero, poco. Sin embargo, los asesores de imagen sabían lo que hacían: la sorpresa de la rojigualda y el runrún consiguiente ha permitido que pasara de rondón la insoportable vacuidad del discurso del...
Mosaico de ‘emoticonos’
Es sabido que la memoria y la historia son vías distintas, cuando no contradictorias, de recuperación del pasado. La historia es una reconstrucción virtual de los hechos a partir de pruebas documentales de valor universal, contrastadas de acuerdo con un método científico. La historia no siempre puede contar toda la verdad por falta de pruebas suficientes, pero lo que cuenta debe ser solo la verdad para ser considerada historia. La memoria, por el contrario, es una adaptación de los hechos pretéritos al estado de conciencia y a las expectativas de quien la ejerce. Es un relato que incurre en olvidos, lapsos y tergiversaciones con el único fin de no lastimar más allá de lo soportable a quien lo recita. Nadie memoriza hasta arrancarse la piel a tiras. Nadie recuerda para condenarse a sí mismo y no es casualidad que un antiguo terrorista haya titulado el recuento de su pasado como Lo difícil es perdonarse a uno mismo (Editorial Península, 2015). Por eso, el término memoria histórica no es a menudo sino un oxímoron. Estas premisas alimentan el escepticismo sobre el valor de la voluntariosa iniciativa del gobierno vasco para que los ciudadanos envíen a través de su dispositivo móvil un breve vídeo con el testimonio de su experiencia en algún momento de los años de vigencia del terrorismo. La iniciativa va a ocasionar un mosaico de emoticonos para alguna futura exposición audiovisual y, en el mejor de los casos, proporcionará cierto material bruto para historiadores profesionales, pero también corre el riesgo de nublar la realidad. La sociedad vive un periodo de amnesia impulsada por la necesidad psicológica de alejar lo más posible un pasado atroz y estéril y no se entiende por qué quienes callaron entonces habrían de sentir la necesidad de hablar ahora. Los que apoyaron en silencio el terror porque no querrán pasar por canallas y los que callaron por miedo porque nadie quiere fungir de cobarde. En cuanto a los indiferentes, ¿qué razón habría para salir de su indiferencia? Uno de los cargos públicos promotores de esta iniciativa oficial fue en los noventa el portavoz de una “coordinadora popular” dirigida a torcer el brazo de las instituciones democráticas en el trazado de la autovía que comunica Gipuzkoa y Navarra con el apoyo de la banda terrorista y la colaboración de la entonces naciente kale borroka, que sembraron las obras de atentados con bomba y de amenazas a las constructoras. Cada vez que veo la cara de este cargo público revivo la ansiedad de aquella época de confusión, amenazas, miedo y corrupción, ¿es grave, doctor?, ¿cree que podría explicarlo en un...
Tuits
Los tuits no tienen contexto, se reproducen por generación espontánea. Son proliferantes, pegajosos, reiterativos o víricos, si se prefiere, pero carecen de marco discursivo. Quedan prendidos en la Red, como morralla, independientemente de que lloviera o hiciera sol el día en que se emitieron. Al contrario de los trinos de los pájaros, a los que remedan, no pueden cartografiarse según las estaciones del año, las horas del día o la vegetación del paisaje. Tampoco cumplen una función vital; no sirven para buscar pareja, ahuyentar a los predadores o mantener unida a la prole. Los tuits son la expresión momentánea, impremeditada, del estado de ánimo de un solitario, como una exclamación, un exabrupto o un pedo, y se producen en un microclima de irresponsabilidad. En resumen, no son un lenguaje sino un borborigmo. Por eso son tan perturbadores cuando retorna su eco. Nadie puede alegar, como hizo el concejal madrileño, que sus injuriosos tuits antisemitas y contra las víctimas del terrorismo y la delincuencia debían ser entendidos en el contexto de un debate sobre los límites del humor negro. Contexto y debate son términos restrictivos, que aluden a un orden y un sentido incompatibles con los vertidos que se arrojan a la Red. Al final, el concejal pidió perdón a quien pudiera sentirse herido por sus ocurrencias y retuvo el acta municipal para ejercerla en un cargo menos conspicuo que el de responsable de cultura. El nuevo político salió del trance sin advertir que lo que había resultado irreparablemente dañado por él mismo era su propia reputación como representante...