El acompañante

Posted by on Feb 29, 2016 in Miradas |

Domingo por la mañana. La nieve del día anterior ha desaparecido de  calles y tejados. Camino hacia Ripagaina, donde la ciudad se expande. Altos edificios nuevos de viviendas en medio solares yermos, grúas, anchos viales sin tráfico, aceras despobladas, farolas como perchas de ahorcado. Paseo en compañía de ese camarada antaño leal e imperceptible que de un tiempo a esta parte no para de rezongar con una inagotable y ciertamente creativa variedad de señales amenazantes. Un pinchazo en la planta del pie, un inaudible chasquido en la rodilla, una oscilante mosca en el ojo, el entrecortado bombeo del aire en los pulmones, la lengua en la seca caverna del paladar, el cosquilleo de las manos dormidas. Toda esta fastidiosa sobreactuación que estoicamente mantengo a buen recaudo tiene lugar en un escenario urbano que, al unísono con las exigencias de atención de mi acompañante, se torna anodino, repetitivo y extrañamente provisional, hasta que advierto con rencor que me sobrevivirá y que lo único provisional en este trance es mi conciencia y el irritante compañero que le sirve de envoltura. La ciudad, esa vieja cerda que devora a su lechigada, como escribió el otro en ocasión más memorable. Los exabruptos son inútiles. Me asalta una máxima militar que oí a una amiga: cuando el camino se hace duro, los duros siguen caminando. En inglés, como lo dijo ella, suena más resolutivo, más rítmico y marcial. Mi acompañante se encoge de hombros, por decirlo así, ya que en realidad no hace más movimientos que los estrictamente necesarios para el ejercicio en el que estamos empeñados: un pie detrás de otro, atentos a los desniveles del terreno, giro de cabeza a derecha o izquierda al atravesar la calzada, un lengüetazo entre los labios de vez en cuando, alguna mirada distraída que nunca se ve recompensada por el paisaje. Una ciclista, un transeúnte con perro. Gente extraviada sin saberlo. Mi acompañante practica una economía gestual de organismo en hibernación, cuando la vida se convierte en usura. Hubo, sin embargo, un tiempo de derroche, en que esta misma ciudad fue una caja de sorpresas y mi acompañante y yo la recorríamos secundados por una jubilosa cuadrilla de fantasmas: la última película vista, unos rumorosos versos, la cara de un ángel que nos ignoraba, la parla de un amigo, una paisaje del que no queríamos alejarnos… venían tras de nosotros, pugnaban por nuestra atención, nos interpelaban, incluso hablábamos con ellos en voz alta, a riesgo de parecer chiflados. Fragmentos del mundo que mi compañero y yo atrapábamos al paso e intentábamos moldear para construir nuestra imagen. Es curioso lo tonto que suena eso cuando de la imagen no queda más que un abrigo tres cuartos, una...

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Haz lo que quieras

Posted by on Feb 28, 2016 in Miradas |

La opaca masa, más acomodaticia que inquieta, que es la militancia de un partido político, en este caso el socialista, ha respondido con un, haz o que quieras, chico, a la pregunta de su líder: ¿respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista? Un ochenta por ciento de voto afirmativo entre los votantes puede considerarse un éxito rotundo si se obvia el hecho de que la mitad de la militancia no se ha sentido concernida por la pregunta y ha pasado de acudir a las urnas. Un cincuenta por ciento de abstención ya sería notable en unas elecciones convencionales, así que, qué pensar teniendo en cuenta, a) que era la primera consulta en un partido sobre una competencia clave que venía siendo exclusiva del líder, b) que la base del censo son militantes, es decir, personas a las que se les supone un plus de compromiso con el procedimiento democrático, y c) que la respuesta orienta en una u otra dirección, presuntamente contradictorias, el rumbo del gobierno en los próximos años. Pero, aunque uno sea un camastrón incapaz de levantar el culo del sofá para ir a votar, ¿quién no desea un gobierno progresista y reformista, dicho así, en general? Los que han votado “no”  quizás lo han hecho contra ese concreto gobierno que apunta el pacto con Rivera y contra las medidas acordadas, aunque no lo sabemos, vista la naturaleza de la pregunta. Ni el sí ni el no aclaran nada. Este referéndum de partido, ni siquiera refrendario respecto al asunto consultado e indicativo solo de la encrucijada en la que se encuentra el pesoe, ha servido sin embargo para lo que fue convocado, refuerza a Sánchez frente a sus boyardos hostiles y recuerda a aquel otro referéndum de Felipe González sobre la OTAN, que tuvo un efecto devastador en la izquierda protestataria porque puso en evidencia su inanidad. El referéndum como prueba de autoridad del césar y como herramienta para que la población acate con su voto aquello que íntimamente rechaza. En nuestro país, que no es Suiza tampoco en este sentido, lo que el pueblo soberano vota en un referéndum es siempre lo mismo: no queremos líos, hagan lo que les parezca pero no nos mareen, después de todo, ¿qué va a cambiar? En el caso de la OTAN ya estábamos dentro y en el caso del gobierno de progreso, lo que quiera que signifique, estamos a una distancia inalcanzable. Populismo en estado puro, ahora que ser populista está tan mal visto. La dirigencia socialista se ha crecido tanto con el resultado de la consulta que desafían a los podemitas a que hagan lo mismo en relación con su rechazo al gobierno que intentan...

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Fósiles

Posted by on Feb 27, 2016 in Miradas | 1 comment

Es el artefacto más arcaico del tinglado institucional, creado para pastorear la provincia convertida en distrito electoral. La diputación es una matriarca ocupada en caminos rurales, escuelas primarias, centros asistenciales básicos, guardabosques, políticas municipales y actos recreativos del folclore local: los servicios mínimos para que los vecinos esparcidos por el territorio en diminutos y decadentes núcleos rurales tengan conciencia de pertenencia a una entidad superior y voten en consecuencia. Las diputaciones provinciales fueron instituidas a principios de siglo XIX, en el momento en que la burguesía rampante tomaba el poder, con el fin de implantar sobre el terreno el nuevo régimen liberal de la propiedad y del mercado (“promover la prosperidad”, en los términos originales) y facilitar el control de la población (“el gobierno económico-político de la provincia»). La regulación de cómo había de llegarse a estos objetivos fue retrasada en diversas ocasiones y finalmente quedó como un dictum del gobierno central que dejaba la máquina en manos de las oligarquías provinciales, como una escala hacia Madrid. A estas alturas de la historia, si las diputaciones han pervivido como un provechoso fósil del pasado no es por su funcionalidad ni menos por su representatividad, sino porque su sistema sanguíneo está constituido como una vigorosa red clientelar para la captación de votos en el mundo rural y de empleo público para un ejército de paniaguados afectos. No es extraño que estos armatostes hayan recuperado la visibilidad arrastrados por las andanzas de campeones de la corrupción como Fabra, Baltar o Rus, algunos de los cuales pertenecen a conspicuas sagas de caciques provinciales que se remontan a décadas atrás y que esperaban prolongar en su agradecida descendencia. Pérez Rubalcaba, que es un político perspicaz y un progresista cabal, ya propuso la extinción de las diputaciones para aliviar el gasto público, y encontró el rechazo del pepé por razones que hemos sabido después en los tribunales. Ahora resulta más sintomático que extraño que sean los boyardos enemigos de Sánchez en el pesoe los que le ataquen con el pretexto de que ha pactado con Rivera la supresión de estas anquilosadas instituciones. La oposición viene de Andalucía y Extremadura, donde al partido socialista le es imputable sin duda el calificativo de casta después de casi cuarenta años de gobierno ininterrumpido. Entre las bazas que están en juego en este complicado momento, la renovación del pesoe no es la menor ni la menos importante. Ya veremos qué dice la militancia, la cual debe decidir, no tanto sobre el pacto de gobierno, que parece en todo caso inviable, cuanto sobre la continuidad de Sánchez al frente del...

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La vida junto al muro

Posted by on Feb 26, 2016 in Miradas |

En su última exposición, el fotógrafo Carlos Cánovas dirige su objetivo a un único tema: un solitario y desvalido vegetal –un arbolito, una planta de interior, un arbusto silvestre- se proyecta contra un muro hacia el que parece irresistiblemente atraído, sea para recrearse con la visión de su sombra, para buscar cobijo ante la intemperie o para descansar en la eternidad, como un condenado espera la descarga ante el paredón o moribundo recuesta la cabeza en la lápida de la tumba que habrá de acogerle. Dialéctica y transacción entre el vegetal vivo y el muro inerte, en el que el fotógrafo encuentra un manantial de inspiración que nos ofrece en una serie de fotografías, que se adivina interminable, de hipnótica riqueza de encuadres y tonos, algunas de la cuales son sin duda obras maestras. Cánovas se confiesa un paseante y la muestra se titula, modestamente, Por las mismas calles, pero no es un vagabundo que espera ser asaltado por el beneficio del azar, sino un explorador atento y de mirada paciente y analítica. Un paseante urbano, que recorre los paisajes de la vacilante franja donde la ciudad diluye su nombre, rincones y veredas despojados de utilidad y de encanto propios, en los que toda forma de vida tiene un carácter precario, azaroso y solo esencial para sí misma. Lugares asilvestrados donde las plantas han brotado por accidente o, si son de cultivo, hace tiempo que fueron abandonados por sus cuidadores, y cuya existencia no tiene otro cómplice que la vecina pared que atestigua la trayectoria del sol y el paso de los días. Escenarios que recuerdan el despojado teatro de Esperando a Godot, del que Cánovas ha obviado sabiamente la parla de Vladimir y Estragón para concentrarse en el diálogo del vegetal y la pared, que, como todo diálogo, es apasionado y se dirige hacia la fusión de los hablantes. A medida que avanza el orden de la exposición, se acrecienta la soledad de las plantas de interior que se esfuerzan en exhibir su pretendido exotismo para llamar la atención mientras languidecen en sus forzados contenedores de hierro o arcilla, enfermas de melancolía. Las plantas incultas, por el contrario, colonizan los pies del muro para arrebujarse a su cobijo y las rupícolas, las más osadas, trepan abrazadas a él. La última serie de la muestra, titulada Para una pared y compuesta por catorce fotografías de gran formato y deslumbrante factura, ilustra este postrer acto del drama en el que las ramas y las raíces se han fundido con las anfractuosidades el muro en una sinfonía de formas y texturas en la que resulta indistinguible lo vegetal de lo mineral, lo que respira de lo que no. Imágenes que captan...

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Un rato con Kandinsky

Posted by on Feb 25, 2016 in Miradas |

Wassily Kandinsky fue un artista azacaneado por la historia. Nacido burgués en la última Rusia de los zares, abogado y economista inclinado a las artes plásticas, constructivista expulsado por la revolución de su país, profesor y teórico en Alemania de la Bauhaus, la escuela de arquitectura y diseño que intentó hacer habitable la vertiginosa mutación hacia nadie sabía dónde que registró Europa en el primer tercio del siglo pasado, y, por último, exiliado en París de la barbarie nazi, que terminó por alcanzarle. Los ojos actuales identifican de inmediato su obra con lo que vagamente llamamos las vanguardias, ese estadio en el que el arte cabalgaba sobre un tigre y en el que a menudo los artistas creyeron que llevaban las riendas. Lo que caracteriza la obra de Kandinsky es que él nunca parece creerlo. Su pintura es tentativa, leve, propia de un pensador que busca la formulación de una verdad que no está en los objetos ni en las figuras, pero que tampoco encuentra en dimensiones más abstractas, como si el modo de expresión que ha elegido fuera insuficiente para alcanzar el objetivo. En sus lienzos aparecen apuntadas figuras geométricas –conos, dameros, escalas, segmentos circulares- entre manchas de color que siguen un patrón arbitrario o en todo caso desconocido. Inasible, incluso para el autor. Sus lienzos pueden verse como representaciones primitivas de las imágenes que captan los grandes telescopios actuales y sobre las que astrofísicos intentan sentar patrones matemáticos. En esta pugna irresuelta entre la razón científica y el carácter proteico de la realidad radica el encanto que identifica su obra, que, por lo demás, no es placentera ni consoladora. Frente a un kandinsky es más fácil quedarse perplejo que extasiado. Al contrario de lo que ocurre en la pintura tradicional, el enigma del cuadro no está oculto en la cosa representada sino directamente plasmado en el lienzo, como una fórmula o una ecuación y, en consecuencia, cualquier interpretación que se le aplique es provisional porque depende, como se diría en el principio de Heisenberg, de la posición del observador. Para Kandinsky, esta búsqueda a la que dedicó su actividad pictórica debió resultar extenuante. Al final de su vida, el mundo que lo rodeaba no avanzaba hacia la claridad científica -por más que fuera contemporáneo de algunos de los descubrimientos de cuya luz aún dependemos- sino hacia la oscuridad más absoluta, una mezcla de mitos arcaicos y milenaristas y brutalismo político y social. En la estación término de su vida, con su refugio parisino invadido por quienes le habían expulsado de Alemania, se dejó llevar hacia la pintura intrauterina que le inspiró...

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Ladrón de bicicletas

Posted by on Feb 22, 2016 in Miradas |

Fragmento de conversación atrapado en la calle, una mañana de la semana pasada: “Me he comprado una bicicleta”. “A ver si te la roban”. “Tengo un candado bien gordo”. Los que hablan son dos trabajadores inmigrantes, ecuatorianos o peruanos, dos indios, que hubiera dicho mi abuelo. Uno, el que se ha comprado la bici, ataviado con los arreos de un operario de la construcción; el otro parece que fuera a la busca de algo, con unos papeles en la mano. Uno parece ufano; el otro, preocupado. Ambos se miran con empatía, no son amigos sino probablemente compañeros de fatigas, que entrecruzan en sus palabras la satisfacción y el resentimiento. Los dos están, entre esperanzados e inquietos, a mitad de un camino que no saben a dónde les lleva. Pero uno tiene una bici y el otro no. Estamos en un mundo que nunca creímos que volveríamos a tener tan cerca; el mundo de Ladrón de bicicletas. Entretanto, seguían las negociaciones en el puente de mando de la UE para alcanzar un acuerdo con el premier británico que permita a David Cameron manipular a su favor el referéndum del Brexit. El acuerdo se ha alcanzado típicamente en el último minuto, de milagro, como dice un cronista, y después de sesiones maratonianas (el maratón aplicado a la política es, al parecer, lo único que queda en Europa de la herencia griega, lo que significa que vamos echando el bofe y quizás caigamos reventados al llegar a la meta) y las concesiones para el acuerdo han sido al módico precio de rebajar un poco más, otro poco más, los derechos y las rentas de los trabajadores, esta vez estigmatizados como inmigrantes. El núcleo del acuerdo ha sido que el gobierno británico pueda reducir las prestaciones a los trabajadores comunitarios. Los movimientos secesionistas han calado en las sociedades europeas; la crisis ha dado cuerpo a sentimientos nacionalistas que vienen de lejos y una opinión, quizás no mayoritaria pero sí significativa, quiere hacer realidad la creencia de que fuera de la casa común viviremos mejor. La culpa de lo que ocurre la tienen los otros, ya saben, Madrid, Bruselas, el administrador de la finca, etcétera. El primer paso para hacer efectiva la secesión es identificar al otro y arrebatarle lo que ha conseguido, lo que hemos conseguido todos, para establecer una nueva justicia privativa y separada. Cameron ya tiene la bicicleta del inmigrante como botín para convencer a sus secesionistas que en Europa aún se pueden hacer buenos...

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