Divagaciones en el puente

Posted by on Dic 6, 2016 in Miradas |

Semana esmaltada de días de holganza. Puente largo de diciembre, idolatría del cemento y del  ladrillo, que une dos orillas festivas, dos nadas simétricas, como el aeropuerto del abuelo Fabra que trae de ninguna parte y a ninguna parte lleva. Pórtico de las fiestas navideñas. Si no me equivoco, otra promesa incumplida de Rajoy, quien afirmó que iba a racionalizar el calendario laboral. Con lógica ratonera característica, habrá pensado que ni a los jubilados ni a los parados, acaso los dos colectivos más numerosos del país, les urge esa racionalización por razones obvias. Puente de diciembre, pues. Ocasión para subir el precio de la gasolina y anunciar la subida, diferida, del salario mínimo. Penitencia y esperanza porque estamos en adviento, o cerca. Lo que singulariza esta semana es que sus fiestas intermedias –la constitución y la inmaculada, mirándose ceñudamente cara a cara a través de la jornada laboral interpuesta- representan el destartale de la conciencia cívica del país. El día de la constitución es una fiesta que nadie celebra, excepto los políticos que quieren salir en la foto del acto oficial, que no son todos, y ni siquiera coincide con la fiesta nacional, que es el doce de octubre y tampoco gusta a la mitad del paisanaje, y la festividad de la inmaculada concepción de maría, el último y más absurdo mito incorporado al dogma católico, precisamente para frenar el impulso de la modernidad, es fruto de la terquedad de la iglesia y del apocamiento civil y democrático ante su poder. Para el pueblo llano, todo lo que ofrecen estos días es gratis para el estado: carretera y buen viaje, y que trabajen los panaderos y la guardia civil de tráfico. País pintoresco en el que es más fácil saquear las cuentas públicas y podar la educación y la sanidad que mover un santo de su peana. Un país hecho por agregación, de naciones, de taifas, de santos y vírgenes y de fiestas. Una romería perpetua, ya sea a la ermita del patrón o al apartamento de la playa. Caray, releo lo escrito y parezco un discípulo regeneracionista de Joaquín Costa, un personaje fantasmagórico por las muchas veces que se le invoca y lo exótico que resulta. Tal vez Rajoy fue o quiso ser regeneracionista –alguna motivación le arrastraría a la política, aparte de los evidentes placeres que le depara-, antes de que la realidad le llevase a orillar las reformas del país para concentrarse en satisfacer a sus acreedores. En mi pueblo hace hoy una hermosa mañana otoñal, qué carajo, demasiado hermosa para dedicarla a cábalas que no llevan a ninguna parte que no sea otra jornada...

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La famosa escena

Posted by on Dic 5, 2016 in Miradas | 1 comment

Pertenezco a la generación que cruzó los Pirineos para ver El último tango en París. Una cuadrilla de letraheridos y aspirantes a artistas del aire nos veíamos a la busca de cultura y libertad pero en realidad era sexo lo que perseguíamos, aunque, ¿qué cultura libre puede considerarse completa sin sexo? Asistimos a la proyección en un cine de Biarritz y puedo recordar el desconcierto que me produjo. La violencia  sexual aparecía envuelta en una coreografía que más tarde supimos que es la marca de la puesta en escena de las películas de este director. De la famosa escena me quedó grabado, quizás por lo que tenía de gimnástico, el pie del violador, calzado con elegantes botines, que empujaba con el empeine la pastilla de mantequilla para ponerla al alcance de la mano. Luego, he revistado en dos o tres ocasiones la película, cuando se estrenó en los cines españoles y más tarde en la televisión, y definitivamente deja la sensación de una liturgia sombría y desapacible, pero liturgia al fin, a la que el tiempo ha desvaído. El hilo argumental es bronco: un hombre maduro, poderoso y egotista, en una circunstancia de crisis personal, acosa a una joven desnortada y soñadora, la viola, y le exige luego una lealtad amorosa que la muchacha no quiere darle, y, en la última escena, mata a su depredador para librarse del acoso al que la sometía. Una historia de página de sucesos en el que la carga semántica de los roles está sutilmente manipulada. La muchacha representa a la clase burguesa y es un personaje vacío, contradictorio e íntimamente conservador; el tipo que la acosa es un epígono de los americanos en París –Henry Miller y todos esos-, que viene a representar el desarraigo, el instinto vital y, de alguna manera, la libertad. La balanza moral de la historia se inclina hacia el acosador. En primer término, por razones de diseño de la producción, el desgalichado personaje de la muchacha no puede competir a los ojos del espectador con la hermosa y colosal figura de su antagonista, impecablemente ataviado y siempre al borde de la sobreactuación. Asistimos a la dialéctica entre ambos como se asiste en un documental de naturaleza al juego de un leopardo con una cría de gacela; nuestra admiración instintiva se dirige al leopardo mientras dedicamos el rabillo del ojo a no perder de vista las evoluciones de la aterrorizada presa, y al final, la muerte del depredador –en realidad un acto de mera legítima defensa de la muchacha- se contempla como una trágica injusticia. Ahora sabemos que la turbiedad de la película estaba en los sentimientos del espectador. Maria Schneider fue una actriz en agraz, desdichada en...

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Tendencias

Posted by on Dic 3, 2016 in Miradas |

España está de moda en política. Su arquitectura institucional y el comportamiento de los partidos que la administran marcan tendencia en la Europa mediterránea. Otro día hablaremos del socialismo francés, que parece seguir la senda del pesoe. Pero hoy toca Italia, cuyo primer ministro, Renzi, intentará mañana validar mediante referéndum una reforma constitucional que persigue lo mismo que ya tiene Rajoy aquí, un gobierno fuerte, que no necesite a la oposición ni para bien ni para mal y pueda moldear a su gusto otros poderes del estado, como el tribunal constitucional, sin menguar un ápice el enjambre de cargos y carguetes públicos a dedo que constituyen la viga maestra del régimen clientelar sin el que la política es inimaginable a orillas del cálido mar Mediterráneo. El sistema constitucional italiano data de 1948 y, como nos ha recordado en innumerables ocasiones Enric Juliana, fue diseñado para evitar el retorno de cualquier nueva tentación mussoliniana, así que es densamente parlamentario. Dos cámaras legislativas fuertes y gobiernos débiles, que cambian sin necesidad de apelar a nuevas elecciones. Un gobierno tras otro, coaliciones diversas y oportunistas, hasta que el mecano funciona. El resultado es mareante para quienes, fuera de Italia, no lo han experimentado, pero ha dado estabilidad y ha servido al país durante setenta años, y comparado con otros países, por ejemplo el nuestro, no puede decirse que haya dado malos resultados. Renzi quiere mutar esta estructura a favor de un gobierno fuerte, mediante la conversión del senado en un consejo sin competencias legislativas, abierto a cargos regionales -diputados de las regiones y alcaldes, es decir, consolidación de las redes clientelares- y una ley electoral que prime a la minoría mayoritaria para hacerla mayoría de gobierno. Es el viejo sueño de Rajoy de que el partido ganador gobierne aunque sea minoritario y tenga enfrente a la mayoría absoluta de los electores, y que Rajoy no ha podido llevar a la ley electoral pero sí a la práctica, merced a la colaboración de los socialistas. La crisis global que nos envuelve achica el espacio de maniobra de los estados nacionales y la tendencia de los partidos que han venido gobernando, y que aún son representativos del sistema, es arrojar por la  borda la alternancia derecha-izquierda y demás florituras típicas del sistema parlamentario de antaño, y fuera populistas, a favor de un conglomerado de intereses bajo un ejecutivo fuerte, dicen que para mejorar la eficacia de la acción de gobierno. Eficacia, ¿para qué y hacia dónde? Ah, las preguntas de una en una. El riesgo de Renzi radica en que se ha visto obligado a llevar la reforma constitucional a refrendo de la ciudadanía y es sabido que, en estos tiempos, estos artilugios los...

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Despertar

Posted by on Dic 2, 2016 in Miradas |

El ciudadano equis regresa de la anestesia, ese beatífico estado de la nada que tanto querríamos que se pareciera a la muerte, sin truculencias ni abismos, ocasionada en este caso por una rutinaria intervención clínica, rodeado de manos eficientes y voces tranquilizadoras del personal sanitario. Las neuronas que se desperezan le llevan, quizás por el ruido mediático del momento, a pensar en Cuba, donde no ha estado nunca, el único país pobre de la tierra que dispone de servicios análogos y gratuitos a los que él está recibiendo en la agrietada Europa. El protocolo médico exige que el paciente permanezca un cierto tiempo en la sala que en el argot sanitario llaman de despertar y, en este tránsito,  el pensamiento inicial del resucitado deriva hacia el recuerdo de cierta pregunta insidiosa de un diplomático español a un exiliado cubano: ¿por qué sigue habiendo tantos partidarios de Fidel? El exiliado, invitado a un programa radiofónico de vitola -en realidad un avispero de reaccionarios- no resulta tan dócil a la propaganda como se esperaba y el diálogo termina a la española y/o a la cubana, con intercambio de epítetos ad hominen  entre los contertulios. Con una pinza en el dedo índice, dos tubitos insertos en las fosas nasales y diversos parches en el tórax que conectan con una titilante maquinita a la vera de la camilla, el ciudadano paciente se ofrece a sí mismo la respuesta a la pregunta del malintencionado diplomático, que éste, por lo demás, ya debe conocer porque lo hemos experimentado aquí durante la famosa transición. En un régimen dictatorial y a la vez protector, la desaparición del dictador provoca en la sociedad un sentimiento de orfandad y de incertidumbre que es la única manifestación visible en los primeros días y durante meses. Si el país entra en un proceso de democracia parlamentaria con pluralidad de partidos esta unanimidad se resquebrajará y se podrá ver la división de la sociedad de acuerdo con las necesidades e intereses de cada clase y ya veremos entonces cuántos cubanos quieren renunciar a la educación y a la sanidad gratuitas a cambio de un empleo de crupier, que parece ser el colmo de la aspiración laboral en estos tiempos trumpistas, no sólo en Cuba, donde hay una tradición prerrevolucionaria de casinos de juego que abolió el castrismo, sino también en España, donde las mayores inversiones parecen proceder en exclusiva de empresarios del ocio. El exiliado cubano se encendió ante la provocación del diplomático y perdió una ocasión de oro para responder a su mala fe. Bueno, esto ya está, comenta el enfermero mientras desconecta al paciente de los chismes a los que ha permanecido uncido mientras peroraba consigo mismo, hoy no trabaje...

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Comunicación

Posted by on Dic 1, 2016 in Miradas |

Píldoras verbales, perdigonadas semánticas, titulares, tuits, consignas, ocurrencias de argumentario, mensajes de no más de veinte palabras, o mejor aún, de ciento cuarenta caracteress, constituyen el nutriente de la información que nos envuelve, el andamiaje de la opinión con la que operamos. Copio un par de titulares de prensa congelados en una libreta de notas: Hemos de celebrar que sigue habiendo locos, o este otro, El independentismo catalán nos enseña a crear una utopía disponible. Sartas de palabras que, más allá de su corrección sintáctica, no significan nada, utilizadas al buen tuntún para provocar cierto impacto emocional en gentes que se crean locas, independentistas, catalanes y utopistas, por este orden, y sin embargo pretendían atraernos a un relato coherente y articulado. Estamos en el grado cero del discurso, en el que las palabras flotan inermes  y casi nadie penetra en la fronda de la cuestión después de haber sido picado por el titular o el tuit. Durante todo el siglo pasado estuvo vigente el clásico paradigma de la comunicación: emisor – canal – receptor, al que los estudiantes con ganas de sacar nota añadían al comienzo de la cadena la fuente y al final, la respuesta (más finamente, feed back). En este esquema, la atención se dirigía al emisor y al canal porque se consideraba que la comunicación era vertical, una arquitectura de dominación en la que el mando lo ostentaba el que producía el mensaje y lo más importante para sus intereses no era el contenido, porque decía lo que le daba la gana, sino la potencia de los medios que empleaba para difundirlo (el canal) porque la penetración del mensaje era la medida de la eficacia de la comunicación. Tardamos en entender que el receptor, considerado el factor pasivo del proceso, tenía estrategias propias y activas, derivadas de sus intransferibles intereses y de su situación lingüística, cultural o social, que redimensionaban el mensaje, lo ampliaban o lo ignoraban según reglas a menudo inextricables. ¿Qué hace que una noticia cree opinión y qué opinión crea?, ¿por qué funciona determinado eslogan publicitario y no otro? Eran preguntas típicas de antaño, cuando el receptor era una masa potencial y de matices costosamente discernibles. Ahora, el mando (a distancia, nunca mejor dicho) de la comunicación lo tienen los receptores. El dispositivo móvil no solo atomiza la audiencia de los mensajes sino que convierte a cada receptor en emisor y dueño de un canal susceptible de multiplicarse infinitamente. Es un artefacto tan complejo y poderoso que a menudo solo sirve para que el usuario se comunique consigo mismo. Con un móvil en la mano, cualquier individuo se convierte en una pequeña potencia mediática autosuficiente. En términos militares es una mina unipersonal frente...

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Mendicidad patriótica

Posted by on Nov 30, 2016 in Miradas |

Un mendigo aborda al viandante y, ante el instintivo gesto de retracción de éste, extiende el brazo con la palma abierta de frente, en señal de paz y concordia, y se presenta: no soy de los malos. El viandante se detiene y escruta con previsible desconfianza a su interlocutor. Un hombre bajo, de barba escasa y cana, rostro quemado por el sol, ataviado con todos aditamentos de un vagabundo: gorro de lana y anorak astrosos, mochila a la espalda y gran bolsa de plástico en la mano que promete un surtido de objetos de cuya utilidad solo el propietario entiende. Aún no ha terminado el viandante su cautelosa inspección y el mendigo ya ha iniciado su perorata. Es un peregrino a Santiago que no ha podido alojarse en el albergue porque estaba lleno de esa gente, polacos y rumanos, ya sabe, pero yo soy de aquí y ya me han reservado cama para dentro de dos días, y arreglaré el jardín, porque soy jardinero y les he prometido que lo arreglaré pero ahora necesito algo para un café. El viandante, más fascinado que conmovido, le da dos euros que el mendigo agradece antes de despedirse. Todo en la historia de este hombre era falso excepto su necesidad y el odio a los extranjeros –los malos– que compiten con él en el angosto mercado de la limosna. El viandante está perplejo al comprobar la ubicuidad del fino polvo de la xenofobia porque también él ha cedido al discurso del mendigo y le ha alargado una limosna que niega a otros que pueblan las esquinas de su barrio, en efecto, mujeres rumanas, inmigrantes subsaharianos, algún alcohólico ruso que vegeta en los bancos de la plaza bajo su casa. El viandante es un izquierdista pasado de moda, que detesta la mendicidad porque degrada la condición humana y cree, o creía, que las necesidades básicas universales deben ser atendidas por el estado porque para eso él y la sociedad entera pagan impuestos. Pero ahora está jubilado, su pensión está amenazada por el expolio de la caja a manos de la codicia de los bancos y de los fondos de inversión, y los vecinos que trabajan, cuando tienen empleo, lo hacen por sueldos de miseria, así que nadie quiere pagar impuestos, el estado se queda sin recursos y en consecuencia los sintecho son arrojados a la calle y el viejo izquierdista tiene que encontrar un soporte moral para resolver el dilema entre su anticuada conciencia de lo que debe ser la justicia social y la realidad que tiene ante los ojos. En esa tesitura, le asaltan los clichés difundidos por los voceros del sistema, ya saben, que si las mafias que controlan a esta...

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