Día manso y soleado, en el que los árboles se han vestido por fin con las galas de otoño. A media tarde, la atención errática se dirige a la lista de los mejores libros en español de los últimos veinticinco años, que publica el diario de referencia con ocasión del aniversario de su suplemento cultural. Estas relaciones canónicas son, por definición, arbitrarias y, en este caso concreto, el resultado es poco sorprendente. Hay un consenso en la crítica española sobre lo que se debe leer y a quién se puede ignorar o ningunear sin riesgo. La razón hay que buscarla en la estructura clientelar de los grupos editoriales y de comunicación, que cada vez están más concentrados y en consecuencia son más poderosos. La crítica periodística suele ser elusiva y complaciente y casi nunca está fundamentada, como si el crítico se sintiera sin autoridad y sobre todo sin competencia para emitir un juicio que pueda llamarse así. Por alguna razón que merecería ser esclarecida, ninguno de nuestros críticos ejerce el magisterio que ejercieron Edmund Wilson, Susan Sontag, Reich-Ranicki o Bernard Pívot, por ejemplo, no se sabe si porque el tiempo de esta clase de profesionales ha pasado o porque serían imposibles en este ecosistema donde reina la improvisación. La reseña de libros nace de un compromiso cauteloso por el que ningún agente concernido en la operación debe resultar perjudicado, ni el autor, ni el editor, que a menudo lo es también del medio que publica la crítica, ni el reseñador mismo, que es el eslabón más débil de la cadena devenido, en muchos casos, mero divulgador de novedades editoriales. Estamos ante un género periodístico muy restringido y dedicado a productos de una estrecha franja literaria que ignora vastos espacios de lectura, algunos muy frecuentados por el pueblo lector, al que no se tiene en cuenta. Es una crítica literaria dotada de fuero, que no se siente obligada a mostrar las premisas desde las que realiza su labor. ¿Un libro es interesante por sí mismo o porque lo escribe un latinoamericano, una mujer, un colaborador habitual del periódico, una joven promesa o un difunto prematuro? Estamos ante una lista canónica sin canon. Hasta donde conozco los títulos publicados en el primer tramo de la lista, no se puede negar su atractivo y calidad, no siempre indiscutible y en bastantes casos ni siquiera memorable, al menos para este lector. Pero, si en conjunto forman la constelación de la excelencia literaria del último cuarto de siglo, habremos de convenir que las letras hispánicas de los mejores años de nuestra vida están aquejadas de raquitismo. La tarde avanza, la oscuridad temprana del cambio de hora ha caído sobre estas ocurrencias y la lista...
The Sun also rises
El título de esta entrada me ha asaltado apenas concluida la entronización de Rajoy como presidente del gobierno, otra vez. Como es sabido, la frase está sacada del Eclesiastés (1-15: 11) y es el título original de la novela de Ernest Hemingway que en España conocemos como Fiesta, y ha debido ser sin duda el contraste entre el carácter festivo que en nuestra lengua se atribuye a la historia y la melancolía que destila en inglés lo que la ha traído a la memoria. Después de todo, la fiesta de la democracia, como dicen los cursis, ha terminado hoy en un resultado ramplón, cínico y desesperanzado, y aún nos queda una larga y gris resaca, que se ha anunciado en la tribuna del congreso, para la que, en efecto, no queda más consuelo que el que sugiere el biblista: el sol sale y el sol se pone, y se apresura al lugar de donde vuelve a salir. Mañana, domingo, hará un día soleado y es todo lo que podemos esperar del futuro. Reconozco haber sido víctima en estos meses de una pasión política propia del viejo que se enamora de una jovencita, y sin duda el delirio se ha trasladado a esta bitácora de jubilado al que no le atraen las obras callejeras ni el juego del dominó. Aprietas los dientes, encoges los hombros, hincas las manos en los bolsillos de la chaqueta y te parapetas en un argumento perogrullesco por lo demás real y razonable: ha ocurrido lo que quiere la sociedad y la clase política que la representa porque de otro modo el resultado hubiera sido distinto. Este tramo de casi un año en el que parecía que el sol iba a alterar su órbita antes de volver al mismo lugar de donde saldrá de nuevo mañana nos ha debido servir para conocer mejor las entretelas de lo que somos como comunidad política, pero el conocimiento de la realidad no necesariamente lleva a la voluntad de cambiarla, como postula el pensamiento progre. Lo curioso en esta ocasión es que los partidarios del cambio y de las reformas eran más numerosos que los reaccionarios, pero han preferido rendirse a estos. Pliegues de la condición humana que es necesario conocer también. Ya está dicho que uno de los vencedores de este lance ha sido el cinismo. Para los más jóvenes, para nuestros hijos, la interminable formación del gobierno ha sido su rito de paso político: quizás les ayude a comprender lo que fue la transición de 1978 a la que desprecian y para la que no tienen más que juicios derogatorios, y eso que ahora parecía mucho más fácil. Volvamos al Eclesiastés: Lo que fue, eso será, y lo...
Turismo de otoño
Tiempo de regreso a la osera para la hibernación. El partido rocoso -el calificativo se debe al propio Rajoy, dicho en la sesión de investidura, sin duda porque el cemento se ha revelado como un privilegiado valor de uso y de cambio en el pepé-, el partido rocoso, decimos, se ha adueñado por último del paisaje y se acabó el atribulado estío. El tempero es todavía cálido y soleado, y las hojas, ya mustias, posponen la muda de color y prefieren engañarse aferradas a sus tallos en la rama. Pero la fauna sabe que ha llegado la hora de aparcar la esperanza y ahorrar energía al cobijo de la madriguera. Algunos moscardones revolotean pesadamente queriendo eludir al destino pero sabemos que no verán la próxima primavera. La calle Estafeta de mi pueblo está recorrida por bandadas de turistas de cabeza de color ceniza, jubilados que vienen, no a experimentar la fiesta que se celebra en julio, ni siquiera a contemplarla, pues ningún vestigio queda de ella en las rutinas del vecindario, sino a evocarla. Sus pies, cansados y torpes, pisan los mismos adoquines que sirven de escenario a la competición de toros y corredores entrevista en la tele. Es un turismo de la memoria, típico del otoño, que necesita de las ruinas para realizarse, y sirve a los turistas para entender lo que son, pero sobre todo, lo que no son y, desde luego, no son corredores del encierro. Turismo del desengaño. El pesoe podría organizar para su gente un tour a esta provincia, en el que, con ayuda de guías locales, los viajeros seguirían el itinerario de su destino político. En esta mínima comunidad de algo más de medio millón de habitantes, la federación regional del pesoe ha atravesado todos los avatares imaginables desde que emergió en los años ochenta y que pueden resumirse en la impotencia para definir un proyecto político propio, autónomo y diferenciado de la derecha. Aquí, un temprano y sonoro episodio de corrupción y su secuela años más tarde desalojó por dos veces a los socialistas del gobierno y malbarató durante dos décadas la posibilidad de una alternativa de centroizquierda, además de cercenar la expansión del partido en una sociedad en la que los trabajadores y las clases medias dependientes del sector industrial son mayoría. Aquí también, el pesoe local intentó sobrevivir –por responsabilidad, como se dice ahora- mediante toda clase de pactos con la derecha, acuerdos de gobierno, gobiernos de coalición, acuerdos de legislatura, pacto educativo y todo el catálogo de fórmulas colaborativas imaginable, incluida la venta de su apoyo al módico precio de unas partidas de gasto público para alimento de sus redes clientelares. Aquí también padecimos en 2007 un interminable proceso...
Ojos verdes
Una mujer afgana de cuarenta y tantos, asilada en un campo de refugiados en el vecino Pakistán, afana unos documentos de identidad falsos para sí y para otras dos personas, al parecer hijos suyos. Es descubierta, detenida, encarcelada y está a la espera de juicio que puede significar desde la expulsión del país hasta una condena de siete años. El episodio no debe ser infrecuente en la azarosa existencia diaria de millones de refugiados en todo el mundo (solo en Pakistán, casi un millón y medio de refugiados afganos, de los que cerca del millón están en situación ilegal). Pero la razón de que este caso concreto haya reclamado nuestra atención al otro lado del mundo es que la mujer posee unos hermosos ojos verdes. De hecho, unos ojos icónicos, como lo fueron, digamos, las piernas de Cyd Charisse, por mencionar un icono de la época juvenil de quien esto escribe. Lo que distingue los ojos de esta mujer de las piernas de Cyd es que a ella no le han servido para ganarse la vida, ni en la industria del cine ni en ninguna otra. Y, sin embargo, son unos ojos muy famosos, universalmente conocidos, que le han otorgado una identidad superpuesta a la real pues ¿a quién que no sea poli paquistaní o maniático de la wikipedia le dice algo su verdadero nombre, Sharbat Gula? Un reportero fotografió en 1985 esos ojos engastados en el óvalo de la cara de una niña y la revista National Geographic público la imagen en portada y de ahí a la eternidad. Lo que los voyeurs occidentales buscamos en esta clase de publicaciones de lo exótico son emociones fuertes, ya sean provocadas por la belleza o por el horror, y tanto mejor si en un destello de belleza en medio del horror. A los ricos que pueden pagárselo les gustan los diamantes, aunque sean de sangre, pero a los demás nos excita precisamente que sean de sangre. Saberlo tiene en nosotros el efecto de un buen estornudo que nos permite excretar un nódulo de indignación por las fosas morales, después de lo cual se respira mejor. Diecisiete años después de captar la famosa imagen, el fotógrafo reencontró a la mujer de los ojos verdes. La noticia que leímos de este encuentro destacaba en el titular que Sharbat nunca había visto a Bin Laden. Es un apunte chusco y de difícil interpretación, que parece querer informar que el líder de Al Qaeda no tenía costumbre de fotografiarse con las celebridades locales, como hacen nuestros políticos. Los ojos verdes seguían en la cara pero la asombrada curiosidad que expresaban en la niña se había convertido en la recelosa mirada de una mujer adulta...
Sobre la libertad
La edad lleva a la desafección, y personas y cosas a las que creías estar vinculado por sentimientos y experiencias compartidas se tornan indiferentes, ajenas, lejanas. Hace ya tiempo que he dejado de leer el diario de referencia, que ha sido mi compañero y mi alimento intelectual durante cuatro décadas. No soporto la parcialidad, el resentimiento y la mala fe que destilan sus páginas hacía lo que es nuevo; no soporto su impostado liberalismo que le hace pasearse por la realidad con los ojos orgullosamente cerrados. No soporto que se haya convertido en un viejo engolado y avaricioso de sus rentas, que hace aspavientos cada vez que los hechos empíricos contrarían sus intereses. Pero, ay, aún habitan sus páginas algunas, no muchas, de las firmas a las que debo iluminaciones memorables y me resulta imposible sustraerme a la atracción de su lectura por si conservaran la energía que me inspiró antaño. Una de estas firmas es la del historiador José Álvarez Junco, al que debemos un libro impagable –Mater dolorosa– sobre los orígenes y la naturaleza del nacionalismo español. En las páginas de opinión de la edición de ayer, este autor escribía un artículo titulado Sobre la libertad, que era una glosa de la obra del mismo título de John Stuart Mill. Leí la pieza con impaciencia, maliciándome el sentido del discurso, que era, en efecto y como se descubría en el último párrafo, una argumentación ad hominen contra el líder podemita por los sucesos de la universidad autónoma de Madrid. ¿Es pertinente una lección de moral política de primero de carrera para juzgar estos hechos?, ¿no hay más matices en el hecho juzgado que el concepto de libertad que formula Stuart Mill?, ¿no ha habido otros desarrollos posteriores sobre la noción de libertad, por ejemplo, los que contemplan la desigualdad material que la hace imposible? Dejemos de lado, para no caer en la demagogia, que el autor escribe en defensa de la libertad de expresión de quienes le pagan el artículo. La primera apariencia del suceso de la uam es que se trata de un teatrillo. Veamos: dos de los personajes políticamente más poderosos del país, que disponen a diario de cuantos foros de opinión quieran, concurren juntos a un innominado acto académico del que no se ha explicado ni el contexto, ni la naturaleza, ni el propósito, cuando son boicoteados por quizás dos docenas de estudiantes, provistos de la correspondiente parafernalia de pancartas y embozados con unas ridículas máscaras de cartón. El boicot, no exento de algunos forcejeos de los boicoteadores con los ujieres de la universidad, tiene lugar en un estrecho y abigarrado pasillo frente a la puerte de lo que parece ser el aula donde...